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Toni de la Rosa: <i>Los que no importan</i> (Ediciones Carena, 2011)

Toni de la Rosa: Los que no importan (Ediciones Carena, 2011)

    AUTOR
Antonio de la Rosa Botaya

    LUGAR Y FECHA DE NACIMIENTO
Badalona (España), 1964

    BREVE CURRICULUM
De familia emigrante, cordobés por un lado y altoaragonesa por otro. Estudió el catalán de forma voluntaria en el colegio. Es licenciado en Geografía e Historia y desde 1991 da clases en el barrio en el que nació, Llefià. Lleva más de una década de experiencia en la gestión directiva de diferentes ámbitos sociales y educativos de la ciudad de Badalona. Ha publicado La escuela rota (2008) y Lomboko (2010), ambas novelas en Ediciones Carena



Toni de la Rosa

Toni de la Rosa


Creación/Creación
Toni de la Rosa: Los que no importan
Por Toni de la Rosa, martes, 1 de marzo de 2011
Una mañana, los funcionarios de Quatre Cantons encuentran muerto en su celda a un chaval de Badalona. Su familia recibe la versión oficial, pero entre las galerías empieza a circular la verdad, y pronto traspasa los límites de los muros de la prisión. Un periodista investiga el tema, un cura se interesa por la muerte del chico, una madre exige justicia... En Santa Eulalia de Gállego, en la provincia de Zaragoza, un chico emprende un largo viaje a pie, tras el asesinato de su padre. En la calle de Cervantes de Badalona, una chica ve cómo los milicianos se llevan a sus familiares. Zouzou, un alumno marroquí, investiga sobre la Guerra Civil española, y un par de profes discuten sobre lo divino y lo humano en un restaurante chino del barrio del Gorg. Un grupo de chavales de todo origen charlan animadamente en la plaza de Pep Ventura, y alguien mira con rabia desde la ventana. La guerra, la posguerra, la Transición democrática, el maltrato doméstico... se reúnen en la novela de Toni de la Rosa, Los que no importan. Los odios del pasado que se transforman en el presente. Las historias se entremezclan en el espacio y en el tiempo, pero la tonada es la misma: la vileza está viva, como lo está también la grandeza; la injusticia sigue, pero también pervive la esperanza.

UN ENCUENTRO INESPERADO

Santi había ido como tantos días a dar una vuelta por el Màgic de Badalona. Estaba lo bastante cercano de casa como para no coger el autobús y lo suficientemente lejano como para prescindir de hacer allí compras voluminosas. Normalmente entraba por la planta baja, en la que se hallaba una horchatería, salvo cuando decidía ir al cine a ver una película, que lo hacía a través del ascensor situado al lado del gimnasio. En ocasiones evitaba la golosa tentación de una horchata fresca o de de un dulce vaso de leche merengada, dando una vuelta aún mayor para acceder al recinto.

Santi pensó que hacía tiempo que no iba al cine. Con lo de internet había bajado bastante su consumo de gran pantalla y también de televisión, pero, sin duda, lo que se había desplomado era lo de comprar cedés, sobre todo cuando, con sumo disgusto, compró el último y su sistema anticopiado impidió su reproducción en un legítimo aparato de alta fidelidad.

Inmerso en sus pensamientos, Santi pensó que, por la hora, sería difícil ver a nadie ese día. El Màgic era un lugar de encuentro frecuente, en el que no era imposible ver a antiguos alumnos del instituto e incluso a chicos del centro de Badalona amantes del cine que se veían obligados a desplazarse hasta allí, después del cierre de los Picarol, frente al antiguo edificio de la Casa de la Vila.

Sus pasos le llevaron hasta la cartelera del Màgic, donde cogió instintivamente un folleto con la programación semanal. Se dio cuenta que no había visto varias de esas películas y se fijó en los horarios de un par de ellas, pensando que, tal vez, podría escaparse durante la semana para verlas. Sabía, no obstante, que no siempre era posible cumplir ese deseo durante el curso, ya que tenía diversos frentes que atender y al normal trabajo del curso, se sumaban los cursillos y otros compromisos. Ya no trabajaba en Llefià y la laboriosidad de los chicos de su nuevo le suponía una mayor tarea de corrección, infinitamente más que cuando estaba en su anterior colegio.

Mientras leía el folleto, vio que alguien se acercaba a su lado hasta ponerlo en una situación de incomodidad. Tuvo una sensación de fastidio, pero no se atrevió a levantar la vista del papel. Al final, el inoportuno visitante acercó el dedo índice y tocó la cadera de Santi.

-¡Dame las pelas!

Santi dio un respingo y se giró, poniendo una cara de sorpresa que luego transformó en sonrisa.

-¡Joder tío, vaya susto !

Ante él estaba Dani, un antiguo alumno de La Salut. No era la primera vez que lo veía ni tampoco era la primera que intentaba darle un susto, como el día que, en el súper, le puso el dedo índice en su indefensa espalda y le espetó una frase parecida.

-¿Qué tal Dani?
-Bien profe, ¿Y tú? ¿Sigues en el cole?
-No, qué va, ahora estoy en el centro de Badalona.
-¿Estás en La Plana?
-Sí, por allí. Estoy bien.
-Un poco pijos ¿no?
-Son chavales como todos, mucho mejores de lo que piensa la gente de por aquí.
-Más tranquilo ¿no?
-Bueno, estudian más, hablan en catalán todos. En fin, es muy diferente. Trabajan más. ¿Y tú? ¿Qué haces?
-En el paro profe, joder, ya sabes, si hubiese estudiado como tú me decías.
-No es tarde nunca. Puedes estudiar. Tienes la escuela de adultos del Gran Sol.
-Si, pero ahora ya tengo un niño y es difícil.
-¿Ya tienes un niño? – Santi se asombraba de la rapidez con la que algunos traían hijos a este mundo.
-Sí, ya tiene un año y bueno, ahora encima, en el paro.
-Mira, esta crisis va para largo. Prepárate para algún oficio que tenga salida. Tú nunca has sido un tonto, sabes.
-Ya, pero es que no me iba estudiar. Fui un idiota.
-La vida es larga Dani, ya verás como al final se abren caminos.
-¿Sabes lo de Rafa, profe?

A la mente de Santi acudió rápidamente la imagen de un chico gordito zampabollos y de un par timidillos, más bien rubios y de ojos claros, pero le era imposible saber a quién se refería Dani, ya que las promociones se le mezclaban en la cabeza. Pensó furtivamente en que en la provincia de Córdoba era un nombre muy usual y, en un flash recordó cómo, cuando empezó a dar clases, todavía había niños que hablaban aún con un acento de la Campiña, que distinguiría entre mil. Era el habla de su familia.

-¿Uno gordito bajo?
-No profe, uno rubio. Que tenía una hermana.
-Recuerdo un par... ¿Cómo se llamaba de apellido?
-No recuerdo. Aquí en el barrio era el Tusi.
-Pues yo por el mote sí que no lo recuerdo. Sabes, no ha habido tantos rafas, es un nombre que hace años que no se pone demasiado, pero que en la primera inmigración llevaban muchos chicos de origen cordobés.
-Seguro que te acuerdas de él, anda que no fuimos a tu despacho.
-Las caras siempre me ayudan más que los nombres.
-¿Sabes lo que le ha pasado?
-No
-Ha muerto
-Joder, me dejas parado, ¿Qué le ha pasado? – Santi recordó entonces a uno que siempre estaba con el ventolín, pero no, no podía ser él. Aquel chico no era de los de bajar al despacho.
-Sí, uno que estaba siempre con las psicólogas del cole.

Santi dio un respingo y, de pronto le vino un flash. Rafa cobró forma en su mente y lo recordó. No hacía tanto que ese chico había acabado la ESO y tal vez hacía cuatro o cinco años que se lo había encontrado por la Vila Olímpica.

-¿Qué le ha pasado? ¿Un accidente?
-Ha muerto en la cárcel.
-¡Joder!
-Sí, no sé qué le ha pasado. Lo enterraron la semana pasada.

Santi demudó la expresión. De repente se agolparon en su memoria las veces que había hablado con él, con su madre, con su hermana, las charlas con la maestra que le hizo seguimiento tutorial...
-¿Estaba enfermo?
-No lo creo. En Navidad salió de permiso. Estaba bien. Rafa estaba limpio de mierda y estaba con una niña.

Santi sabía que el chico había andado metido en líos. Recordaba perfectamente que, cuando lo vio en la Vila Olímpica, el chico trabajaba. Fue su mismo jefe, allí presente, quien le dijo que había estado en problemas, pero que ya estaba bien y trabajando seriamente. Recordó que pensó que tal vez los problemas habían sido dentro de la misma empresa y pensó que, tal vez, Rafa no había sabido aprovechar las oportunidades que la vida le había dado. Pocas oportunidades, por lo que parecía. Y poco tiempo.

Santi se quedó pensativo y Dani quiso especular sobre aquel tema.

-Tal vez sí murió de enfermedad, pero lo que se corre por el barrio es que lo han matado.
-¿La policía?
-Profe, esos sitios no son una broma.
-¿Sabes por qué estaba allí?
-No lo sé, pero cuando dejó el insti se juntó con lo peor. Lo trincaron. Estaba ya hacía años en el talego.
-Pero ¿qué edad tenía?
-24, como yo.

Santi pensó que, cuando Rafa llegó al instituto, a los 12, justamente estaba en la mitad de su vida y que, cuando salió, estaba a sólo dos legislaturas de acabar muerto en uno de los centros penitenciarios que el sistema reservaba para los chicos de clase baja. No pudo evitar pensar en que otros tal vez correrían mejor suerte entre rejas, tal vez habiendo hecho más, simplemente porque, a diferencia de Rafa, no eran lo que el sistema consideraba chusma de barrio. Un flash le hizo pensar en asesinos adolescentes que se habían vuelto mediáticos y que tal vez acabarían en los platós de Telecinco vociferando al lado de la Esteban.

Santi y Dani se despidieron.

-Si te enteras de algo me lo dices, ¿vale? Envíame si quieres un mensaje por Facebook. Me gustaría poder contactar con su familia.
-Vale profe.
-¿Te tengo como amigo, no?
-Sí, profe, pero yo entro poco.
-Haces bien.

Santi y Dani se despidieron con un apretón de manos.



Nota de la Redacción: agradecemos a Ediciones Carena en la persona de su director, José Membrive, la gentileza por permitir la publicación de este fragmento del libro de Toni de la Rosa, Los que no importan (Carena, 2011), en Ojos de Papel.
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