Tribuna libre
Cuando hace unos días Juan Antonio González Fuentes me llamó a Lyon para proponerme escribirle el prólogo de su nuevo poemario, Haikus sin estación, fue doble mi reacción. La primera es que me sentí verdaderamente muy honrado por la propuesta de un creador que conozco desde hace algún tiempo a través de dos de sus poemarios, La luz todavía (2003) y La lengua ciega (2009), que me llamaron la atención por su forma poética, que combina artes visuales y plásticas con la poesía, y de los que pude decir para el lector francófono “la luz invade los versos y logra hacer emerger lo indecible a través de las palabras y de los espacios en blanco entre las palabras ” (1). Pero al mismo tiempo, me sorprendió doblemente la petición del poeta. Primero porque sabe que como universitario que soy, iba a “descuartizar” su texto y algo inesperado por su parte podía salir y no corresponder a lo que uno se puede esperar para el prólogo de su libro. En efecto, como simple lector de literatura que ante todo soy, siempre me gusta tener una primera lectura que califico de “placentera” con sólo un lápiz a mano subrayando lo que me llama la atención, lo que me gusta; pero a esta primera lectura siguen otras muchas más temibles y terribles para el texto y su creador, la del estudioso universitario que, con sus herramientas de analista, sus pinzas, escalpelo, tijeras, va leyendo y releyendo los textos a la luz de varias teorías literarias (semiótica, narratología, mitodología…), y sólo después de estas “segundas lecturas” puedo afirmar si el texto “resiste o no resiste” a la crítica, si de verdad es interesante y merece la pena, porque a cada nueva lectura el texto ofrece otras posibilidades de interpretaciones, un pozo sin fin de significados ocultos a las primeras lecturas y que se van revelando. Esas obras son pocas, y Haikus sin estación de Juan Antonio González Fuentes es una de ellas. Y si me lo permite el lector de este prólogo, le propongo ir mano a mano a través de los setenta y cinco haikus que componen el poemario, y juntos explorar este texto tan hondo que nos deja siempre con las ganas de volver a leerlo sabiendo que, seguro, encontraremos otros significados y otros y otros.