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Irène Némirovsky: <i>El caso Kurílov</i> (Salamandra, 2010)

Irène Némirovsky: El caso Kurílov (Salamandra, 2010)

    TÍTULO
El caso Kurílov

    AUTORA
Irène Némirovsky

    EDITORIAL
Salamandra

    TRADUCCCION
José Antonio Soriano Marco

    OTROS DATOS
Barcelona, 2010. 160 páginas. 13 €



Irène Némirovsky

Irène Némirovsky


Reseñas de libros/Ficción
Irène Némirovsky: El caso Kurílov (Salamandra, 2010)
Por Juan Antonio González Fuentes, sábado, 1 de mayo de 2010
Se me hace cada vez más complicado el que algo de la narrativa actual me interese, es decir, me conmueva. Por un lado abundan las banalidades sonrojantes e incluso mal redactadas. Y por otro no son pocas las escrituras de carácter metalingüístico que casi precisan de un manual de instrucciones para sacarles algún provecho. Lo reconozco, y en este sentido admito cualquier calificativo que se me quiera otorgar, la narrativa que más me interesa es la escrita entre finales del XIX y las cuatro o cinco primeras décadas del XX.
Y dentro de dicho panorama, últimamente tengo especial predilección por las novelas escritas por ciudadanos europeos que vieron desaparecer su mundo, sus países, sus estados..., en el conflictivo pero fascinante mundo de entreguerras. Incluso parece que hay editorial que se han especializado un poco en ellos, y pienso en la barcelonesa Salamandra, sello que ya pasará a la historia de la más reciente edición en español por haber redescubierto a dos autores que hoy son de culto: Sándor Márai e Irène Némirovsky.

El caso de esta última es ciertamente singular, y su historia parece un melodramático guión cinematográfico con final absolutamente trágico. Némirovsky llegó a ser una escritora apreciada y con prestigio en la Francia de los años 1930. Nació en 1903 en la capital de Ucrania, Kiev, entonces parte de la Rusia zarista. De familia acomodada y de origen judío, recibió una educación primorosa, y su destino muy probablemente era el de ser una mujer cultivada y ocioso, diletante entre los miembros de las clases acomodadas en ciudades como Moscú, San Petersburgo o la propia Kiev. Pero llegó la Revolución bolchevique, y la familia de Irène debió marchar al exilio, estableciéndose en la entonces capital del mundo, París. El nuevo contexto de Irène le permitió licenciarse en Letras en la Sorbona, escribir su primera novela, David Golder, y hacerse un significativo hueco en las letras francesas del momento.

El conocimiento de la naturaleza humana de la escritora es de primer orden, y su capacidad para construir un escenario adecuado a la evolución y desenvolvimiento de dicha naturaleza es excepcional

Pero la caída de París en manos de las tropas alemanas de Hitler supuso el comienzo del final. Némirovsky fue apresada junto a su marido y los dos deportados al campo de concentración de Auschwitz. Nunca más se volvió a saber de ella. Sin embargo, la escritora le había dejado a sus dos hijas una maleta llena de manuscritos, maleta que ellas conservaron, y donde encontraron el manuscrito de Suite francesa, la novela que cuando fue publicada en Francia en el 2004 se convirtió en todo un fenómeno social y cultural, obteniendo numerosos premios en toda Europa. No se ha dicho en ningún sitio, que yo sepa, pero la novela que aquí reseñamos había permanecido hasta ahora inédita, por lo que me será lícito deducir que el original de El caso Kurílov también estaba en la famosa maleta llena, por lo que se ve, de tesoros escondidos.

El caso Kurílov es la sexta obra de Némirovsky que publica Salamandra. Las he leído casi todas, y creo poder aseverar con alguna rotundidad que el nivel medio siempre es excelente. La Némirovsky domina el arte de contar y, para colmo, tiene cosas que contar. Su fuerte está en dibujar un telón de fondo más que interesante para que sus personajes actúen delante de él, y esos personajes no sólo están muy bien delineados, configurados tanto en sus rasgos físicos como morales, sino que además, evolucionan con una sutileza realmente sobrecogedora a lo largo de la trama. En este sentido, el conocimiento de la naturaleza humana de la escritora es de primer orden, y su capacidad para construir un escenario adecuado a la evolución y desenvolvimiento de dicha naturaleza es excepcional.

La novela es sencillamente prodigiosa en la creación de los personajes y en el escenario en el que se mueven. No hay buenos ni malos, no hay razones, más bien sinrazones, y la ideas ocultan el latir de los impulsos humanos más elementales

El caso Kurílov es una novela breve, casi una nouvelle y para quien no sepa nada de la literatura de Némirovsky se me antoja una prueba de fuego magnífica, pues estas páginas son la autora en estado puro, y la muestran en el esplendor máximo en el manejo de sus habilidades. El escenario general es la Rusia zarista de la revolución comienzos de siglo, en los meses previos a la guerra ruso-japonesa. En San Petersburgo y alrededores viven el zar y su corte, incluido el sanguinario y poderoso ministro de Instrucción Pública Valerian Alexándrovich Kurílov. León M., un anarquista revolucionario que desde niño ha mamado la violencia revolucionaria, recibe el encargo de asesinar al ministro. León M. consigue hacerse pasar por médico suizo y con el nombre falso de Marcel Legrand logra acceder a la confianza y trato de Kurílov. Y a partir de ese instante, con el paso del tiempo y el trato, tanto Kurílov como Legrand establecen una relación humana que va revelando poco a poco las verdades humanas de cada uno de ellos, sus miedos, miserias, amores y sueños.

La novela es sencillamente prodigiosa en la creación de los personajes e, insisto, en el escenario en el que se mueven. No hay buenos ni malos, no hay razones, más bien sinrazones, y la ideas ocultan el latir de los impulsos humanos más elementales. Todo es barbarie y razones de estado, todo es en beneficio de construcciones abstractas: el Estado, el Pueblo, la Monarquía, el Imperio, la Libertad..., pero en el fondo todos los personajes son seres humanos capaces de comprenderse en las bajezas y heroicidades cotidianas del vivir, del amar, del soñar, de querer, de tener miedo a morir.

Tanto Kurílov como el terrorista Legrand se convierten en dos caras de la misma moneda, en dos formas de ser humanos, y al lector Némirovsky no le da opción ninguna de decantarse, no le resuelve, por así decirlo, la partida moral y ética que comienza a jugarse en su cabeza, en su corazón. Kurílov y Legrand se transforman ante el lector en dos entes inolvidables, y Némirovsky queda retratada en estas páginas como una mujer sabia en el manejo de los hilos más sensibles y escondidos de la naturaleza humana, de cómo ser humano, aunque uno se empeñe en no serlo en el ejercicio brutal del poder omnímodo o en el salvajismo libertario de un terrorista. Y detrás de estos personajes, y de otros de construcción primorosa como el príncipe Nelrode o el ambicioso Dahl, el lector comprende y vislumbra sin recargas eruditas la realidad histórica de la Rusia zarista y de la Revolución que estaba por llegar: le quedan impregnadas a fuego en el corazón y en la memoria la dirección hacia la que siempre conducen el despotismo y la barbarie.
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