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Clint Eastwood: Gran Torino (2008)

Clint Eastwood: Gran Torino (2008)

    GÉNERO
Cine

    TEMA
Crítica de Gran Torino, película de Clint Eastwood (por Juan Antonio González Fuentes)

    OTROS DATOS
País: EEUU. Año: 2008. Duración: 116 minutos. Género: Drama. Reparto: Clint Eastwood (Walt Kowalski), Christopher Carley (padre Janovich), Bee Vang (Thao), Ahney Her (Sue), Brian Haley (Mitch), Geraldine Hughes (Karen), Dreama Walker (Ashley), Brian Howe (Steve). Guión: Nick Schenk; basado en un argumento de David Johannson y Nick Schenk. Producción: Clint Eastwood, Robert Lorenz y Bill Gerber. Música: Kyle Eastwood y Michael Stevens. Fotografía: Tom Stern. Montaje: Joel Cox y Gary D. Roach




















Magazine/Cine y otras artes
Gran Torino, película de Clint Eastwood
Por Juan Antonio González Fuentes, miércoles, 01 de abril de 2009
Con casi ochenta años de edad, Clint Eastwood (1930) está rodando en Sudáfrica El factor humano, un acercamiento a la figura de Nelson Mandela, la que será su película número treinta como director. Treinta películas entre 1971 y 2009, entre Escalofrío en la noche y este El factor humano que se nos anuncia para diciembre de este mismo año. Treinta películas que conforman una de las filmografías más sólidas del cine norteamericano de las últimas décadas; una obra que pide a gritos ya toda una retrospectiva completa y analítica para empezar a valorarla en toda su importancia, en toda su dimensión.


El peso y la importancia de Clint Eastwood en la cinematografía norteamericana contemporánea se consolidó de forma definitiva en 1992 tras el estreno de Sin perdón, sin duda una de las obras maestras del cineasta, y uno de los escasos western de nuestro tiempo a la altura de los grandes de toda la historia del género. A partir de Sin perdón Eastwood fue tomado muy en serio por la crítica especializada y también por el gran público, logrando así algo realmente difícil en los tiempos que corren: cosechar prestigio y a la vez espectadores en las salas de todo el mundo.

Tras Sin perdón, Eastwood debió esperar más o menos una década para alcanzar definitivamente la consideración de gran maestro del cine norteamericano actual, el último heredero, el último representante del gran cine clásico americano. Mystic River (2003), Million Dollar Baby (2004) y Banderas de nuestros padres (2006) tuvieron la culpa. En apenas cuatro años Eastwood rodó tres obras maestras, tres grandes películas que por doquier cosecharon alabanzas de la crítica internacional y además grandes recaudaciones en taquilla.

Un juego que le ha servido a Clint Eastwood para volver a reflexionar con calma, con épica y lirismo, sin trascendencias bobaliconas y grandilocuentes, en voz queda y sosegada en la emoción plena, alejada por completo de chillonas altisonancias, sobre prácticamente todos sus temas favoritos

Con la consagración definitiva, cada nueva entrega del prolífico director levanta una grandísima expectación, pues de él parece esperarse un suma y sigue de obras maestras, otra definitiva y subrayada vuelta de tuerca de grandeza cinematográfica sin interrupciones. En este sentido todo indica que las dos últimas entregas del maestro han decepcionado bastante, no han logrado alcanzar los objetivos esperados. Tanto El intercambio como Gran Torino, ambas producciones de 2008, no han despertado en España el entusiasmo esperado, y han sido, cómo decirlo con pocas palabras tras leer críticas y comentarios de todo tipo, algo decepcionantes para todo el mundo, un paso atrás, o cuando menos un respiro, en la carrera del gran Clint

Y sin embargo creo que la apreciación es definitivamente injusta. Sí, Clint Eastwood pide a gritos una retrospectiva, la revisión una por una, y en sentido cronológico, de todas sus películas. El resultado, estoy seguro de ello, iba a arrojar más de una sorpresa, entre las que no descarto alguna décima de punto a la baja en las llamadas “obras maestras”, y el alza de muchos enteros en otras películas de su filmografía que, creo, no han sido del todo bien ponderadas, adecuadamente valoradas. Cito a continuación algunas de las películas de Eastwood que piden a gritos una nueva crítica que las situará, no tengo la menor duda, muy por encima de donde hoy las tenemos colocadas, agrandando la importancia y trascendencia de Eastwood como director de cine: Escalofrío en la noche (1971), El fuera de la ley (1976), Bronco Billy (1980), Aventurero de medianoche (1982), Impacto súbito (1983), El jinete pálido (1985), Bird (1988), Cazador blanco... (1990), Un mundo perfecto (1993), Los puentes de Madison (1995), Medianoche en el jardín del bien y del mal (1997), Ejecución inminente (1999), Space cowboys (2000), Cartas desde Iwo Jima (2006). Todas me parecen películas más que estimables, repletas de detalles de gran cineasta, todas narradas con trazo sólido y la imprescindible emoción, y todas con un aroma a contemporaneidad que las sitúa muy lejos de ser meros remedos de la forma clásica hollywoodiense de contar historias.

Eastwood sí, es un clásico, pero es un clásico mucho más moderno de lo que pudiera parecer en un primer momento, tras una primera toma. Algunas de las historias mencionadas, por ejemplo el western El jinete pálido, la road movie Un mundo perfecto, o el melodrama Los puentes de Madison, las situó más cerca de la perfección que las admitidas o asimiladas por todos como obras maestras, estableciendo así que la década que va de 1985 a 1997, es decir, de El jinete pálido a Medianoche en el jardín del bien y del mal, es muy probablemente la más interesante y más rica de toda su filmografía.

Este guión de rara perfección ha encontrado en los modos y tempos narrativos del viejo maestro Eastwood su inmejorable traductor en fotogramas

En este mismo contexto es donde sitúo Gran Torino (2008), una “película menor” de Clint Eastwood llamada a estar entre las “grandes” cuando se la revisite dentro de algún tiempo. Califico de “menor” Gran Torino sencillamente por su envoltorio, pues a todas luces no estamos ante una historia que haya necesitado ni de grandes despliegues en la puesta en escena ni de grandes inversiones.

La acción se sitúa en un barrio periférico de una ciudad industrial norteamericana en la actualidad. En casas de aspecto descuidado y un poco cochambroso, conviven gentes de distintas razas, culturas, idiomas, visiones vitales…, gentes sin grandes recursos que están obligadas a convivir en los márgenes del conflicto social o en los de la indiferencia y el recelo mutuo. En este contexto hay que situar al protagonista de Gran Torino, un anciano ex combatiente de la guerra de Corea de origen polaco, un viudo cascarrabias eternamente malhumorado, un racista irredento y superficial, un tipo chapado a la antigua que se rige por viejos y perdidos valores estadounidenses, un verdadero hijo de puta al que no quieren sentir cerca ninguno de sus hijos, nueras, nietos y demás familia. Un tipo solitario que ya sólo le pide a la vida el poder beber cervezas sentado tranquilamente en el porche junto a su vieja perra, y mirar de reojo a su Ford Gran Torino aparcado junto a la acera de su casa, automóvil que simboliza tantas y tantas cosas en esta historia. Un tipo con malas pulgas que no está dispuesto a aguantar nada ni a nadie.

Este “antipático” protagonista de Gran Torino es el que encarna Clint Eastwood en el que él mismo asegura es su último papel, su despedida del cine como actor a la altura de los ochenta años de edad. Un personaje (despedida, adiós) que está construido como compendio físico y moral de los distintos personajes que hicieron de Eastwood un icono reconocible en cualquier lugar del globo terráqueo. El viejo protagonista de Gran Torino no es otro que el inspector Harry “el sucio” ya jubilado, o el pistolero de gatillo rápido del salvaje oeste retirado a otro tiempo con canas, poco pelo y arrugas mil. Clint Eastwood, por medio del viejo y mal encarado ex combatiente de Gran Torino, se ha construido un completo auto homenaje cargado hasta casi los mismos bordes del vaso de autoreferencias y autocitas en gestos, miradas, poses. Un auto homenaje alejado por completo de la parodia, pero no exento, ni mucho menos, de sana y sabia ironía, como cuando apunta a los “malos” con el dedo de la mano y dispara con la boca como cuando los niños juegan a indios y vaqueros, a policías y ladrones. Y es que el papel protagonista de Eastwood en Gran Torino es como un juego, un juego muy, pero que muy serio.

En mi opinión Gran Torino es una obra maestra, o cuando menos una gran, gran película. Una obra maestra alejada, sí, en sus hechuras y dimensiones, de las estructuras sinfónicas, o mejor dicho, polifónicas de trabajos como Mystic River o Million Dollar Baby

Un juego que le ha servido a Clint Eastwood para volver a reflexionar con calma, con épica y lirismo, sin trascendencias bobaliconas y grandilocuentes, en voz queda y sosegada en la emoción plena, alejada por completo de chillonas altisonancias, sobre prácticamente todos sus temas favoritos: la familia, la vejez, la enfermedad, la juventud, la tradición, la violencia gratuita, la violencia como ultima ratio, la amistad, el amor, la religión, la política, la convivencia entre razas, la memoria propia y colectiva, la intolerancia, el fanatismo, la generosidad y entrega a los demás, el sacrificio, el honor, la profesionalidad, la autoestima, la enfermedad, el desamparo, la camaradería, el patriotismo, la (in)justicia, la delincuencia, la enseñanza, la necesidad imperiosa de comunicación humana…

Todas estas cuestiones están imbricadas en un guión extraordinario, conciso y preciso, de extrema complejidad muy bien disimulada, disfrazada en la sencilla apariencia de un esquema archiconocido y manoseado, pero convertido aquí con suprema y eficaz habilidad en un cuento heterodoxo dentro de la ortodoxia. Y este guión de rara perfección ha encontrado en los modos y tempos narrativos del viejo maestro Eastwood su inmejorable traductor en fotogramas. Ritmo ajustado, trazo seco, viril, épico…, sobriedad expositiva, crescendo emocional perfectamente medido, elegancia sin subrayados, contención, lirismo profundo, alejamiento radical de la superficialidad y la reiteración, cámara sosegada…, en definitiva, una dirección transparente, que no llama la atención jamás sobre sí misma, concentrada tan sólo en transmitirle con eficacia al espectador emociones, latidos, pulsaciones de vida y reflexión, y a la vez, muy preocupada por contar la historia sin amaneramientos ni jerigonzas, con claridad y sencillez, pero haciendo casi de cada plano un continente cargado de contenido.

No, no voy a desvelarle al lector el argumento, secretos y emociones de la película. Tan sólo diré que la cotidianeidad de la existencia obligará al viejo cascarrabias racista a reconsiderar su actitud y opiniones, a darle un vuelco completo a su propia vida, y a salir en defensa de los más débiles, de los oprimidos, de los diferentes, de los otros, de los demás. Y que esa defensa, amparo de los demás (de la vida que no quiere, no puede detenerse ante la violencia gratuita y la injusticia) le obligará a un hermosísimo y significante duelo final con el “mal”, un duelo final en el que los aficionados al western sin duda reconocemos la inspiración en el duelo final entre Rock Hudson y Kirk Douglas de la película El último atardecer, de Robert Aldrich.

Gran Torino es una pequeña película muy compleja, muy rica en significados y significantes, lírica y épica a partes iguales (herencia del más grande, John Ford); serena, lacónica en su puesta en escena; emocionante en su esencia contenida, desbordante de sabiduría cinematográfica, humanística.

En mi opinión Gran Torino es una obra maestra, o cuando menos una gran, gran película. Una obra maestra alejada, sí, en sus hechuras y dimensiones, de las estructuras sinfónicas, o mejor dicho, polifónicas de trabajos como Mystic River o Million Dollar Baby. Lo que nos llevaría a pensar en Gran Torino como una obra de cámara, como uno de los complejísimos últimos cuartetos de Beethoven, por ejemplo, inagotables en propuestas de lectura, de entendimiento. Sí, no me cabe la menor duda, Gran Torino de Clint Eastwood es una pequeña obra maestra, un prodigio de ideas y emociones pensado para pocos pero muy afinados instrumentos.

NOTA: Recomendamos que visionen la versión original subtitulada debido al desastroso doblaje que maltrata la película:



Tráiler subtitulado en español de Gran Torino, película de Clint Eastwood (vídeo colgado en YouTube por Disenodepaginasweb)



Tráiler en español de Gran Torino, película de Clint Eastwood (vídeo colgado en YouTube por keane43)
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