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Juan Jacinto Muñoz Rengel: <i>El sueño del otro</i> (Plaza y Janés, 2013)

Juan Jacinto Muñoz Rengel: El sueño del otro (Plaza y Janés, 2013)

    TÍTULO
El sueño del otro

    AUTOR
Juan Jacinto Muñoz Rengel

    EDITORIAL
Plaza y Janés

    OTROS DATOS
ISBN: 9788401353574. Barcelona, 2013. 299 páginas. 17,90 €




Reseñas de libros/Ficción
Juan Jacinto Muñoz Rengel: El sueño del otro (Plaza y Janés, 2013)
Por José Cruz Cabrerizo, jueves, 1 de agosto de 2013
Como no he consultado a ese big brother del conocimiento inmediato que es la red, no sé si la trepanación del cráneo tiene como fin reducir la presión intracraneal originada por una acumulación excesiva de líquido bulborraquídeo o por una inflamación de la masa encefálica. En cualquier caso, y en términos de presión, El sueño del otro, de Juan Jacinto Muñoz Rengel, bien podría ser una muy necesaria trepanación en el cráneo social con resultado de evacuación del miasma que nos quieren hacer pasar por realidad y administrarnos en dosis no precisamente homeopáticas. Página 59: “Había dos órdenes de cosas, las que parecían regirlo todo y las que de verdad lo regían. La realidad, la auténtica realidad, siempre es invisible”. Íbidem: “Le parecía mentira que todas aquellas personitas que caminaban como si fueran a alguna parte todavía no supieran cómo de verdad era el mundo en el que vivían”.

Tan invisible es la auténtica realidad como las artes de engaño ficcional invisible que maneja el buen escritor. “Engaño ficcional” y “rendimiento por página”, parámetros que alcanzan en este libro elevadas cotas. Se trata de echar cuentas:

 

Muñoz Rengel se sirve tan solo de dos personajes troncales a los que dedica capítulos alternos y con ellos arma una novela urticante e incómoda, que escarba en cuestiones tan inasibles, complicadas, antiguas, y trilladas como son la identidad, la existencia del doble y la percepción de la realidad (y eso sin recurrir a tramas retorcidas ni giros copernicanos, ni a los materiales ambientales del thriller sicológico). En la faja/cinturón que abraza el libro se dice de esta obra que es “una inquietante historia en la que vuelve a alterar los géneros y sorprender al lector”. La frase, necesariamente rápida e impactante habla de alteración, pero por asombroso que parezca, esta novela ha mantenido los géneros contundentes, intactos, monolíticos, y lo que ha conseguido es un pegamento, una interface narrativa, una pasarela segura que nos permite pasar del fantástico al realismo social contemporáneo, transitando por la pregunta existencial, y eso  sin  turbulencias.

 

Fantástico: la vida de dos hombres polarmente opuestos conectada por el vaso comunicante del acto físico del sueño, que por la vía del sueño mental y con absoluta reciprocidad se convierte en la vida del otro, merece por sí solo una capítulo aparte en alguna enciclopedia electrónica o impresa de las que no he mirado para referirme al término “trepanación”.

 

Existencial: sobran las explicaciones, ¿qué es en realidad la realidad?

 

Realismo social contemporáneo: los medios de manipulación, antes llamados “medios de información”. Juan Jacinto Muñoz Rengel elabora un manual de instrucciones que pone al lector en la pista con que poder trazar la propia hoja de ruta de lo que hasta ahora ha sido su autoengaño.  Y no se autoengañe usted: esto no es un libro de autoayuda dentro de una novela.  Es una cerilla que se enciende en un pequeño tabuco cerrado donde durante un buen rato se han dejado un bidón de gasolina abierto.

 

Algunas de las pocas personas que tiran piedras contra su propio tejado me inspiran confianza. El autor ha lanzado al suyo propio, verdaderos adoquines. Los mismos que en mayo del 68 se arrancaban diciendo que debajo estaba la hierba y luego caían sobre la pasma, la misma que a día de hoy sigue dispersando manifestantes en esta rueda del Samsara que es el mundo. Decía que aún hay quienes se arriesgan a ser despellejados socialmente por su envidiable incorrección política, nacida esta las más de las veces desde dentro del propio entorno como reacción a las derivas, a las sinergias que el propio sistema es capaz de generar para neutralizar fagocitando, digiriendo y regurgitando a su imagen y semejanza aquellos instrumentos que hacen peligrar al propio sistema. “Algún día la corbata también os ahogará a vosotros”, nos respondió hace tantos años aquel político del partido del que empezábamos a recelar por el cambio de tornas. Por eso me resulta tan sano que Juan Jacinto Muñoz Rengel, sin despeinarse, tome una muestra de un elemento altamente sensible para radiografiarlo  en la figura de su mandamás encorbatado. El elegido como paradigma al que me he referido ya digo que no podría ser menos inocuo: una ONG a la que se ha conseguido desnaturalizar. Ya sé que tiene poca gracia. La misma que pasearse por las páginas web de muchas agencias de la ONU y encontrarse que lo primero que ofertan al candidato a funcionario de ese sancta sanctorum  cifrado y de puertas inencontrables, no es un lugar en el Olimpo de los que han contribuido a un mundo mejor, sino una brillante “professional career” donde si chico, chica que empiezas aquí, tu sí que vales porque puedes llegar hasta allí.

 

El sueño del otro (no sé si me estoy repitiendo) nace de un hecho fantástico que altera los presupuestos para atar al lector a la realidad más palpable, esa en la que las agencias de calificación derrocan gobiernos. A pesar del lío que estoy armando no es difícil de leer. Solo altera los nervios, los sacude y destempla: un revulsivo periodista llamado André Bodoc, especie de “Pijoaparte” pero este del lado yuppi, que detesta entrar en los bares de barrio, que en el pasado, por status y pasta gansa ha traicionado la elemental ética personal, el código deontológico básico de la profesión, a día de hoy (a la par que vive el martirio de vivir/soñar la vida de Xavier Arteaga), se erige en pureta autodestructivo, en adalid de la verdad a la vez que en sirena que mediante poderosos sintetizadores genera unos cantos que engañan a las mismas criaturas a las que luego va a diseccionar en la mesa de operaciones de su ordenador, tratándolos de imbéciles profundos (vista cansada le va a provocar esta reseña,  pero a veces hay que caracolear tanto para no decir lo que hay que callar a tiempo...)  El personaje más compacto y sin fisuras que uno se ha podido echar a las gafas en muchos lecturas.

 

Si André Bodoc le altera el pulso, del “insignificante” profesor de instituto Xavier Arteaga que se da cuenta de que ha disfrutado de “una felicidad hecha de fines de semana acudiendo a un centro comercial”, que ha habitado “un barrio destinado a aquellos que sentían que su función primordial en el mundo era procrear”, le indignará ver cómo la vida que ya lo había empequeñecido presurizándolo hasta extremos inaguantables, lo arroja al abismo de experimentar una existencia paralela. Obligado a habitar desde el sueño la vida de otro (el André Bodoc que en su “grandiosidad” desprecia la falta de arrojo de su “siamés” Arteaga, porque los débiles eso es lo único que merecen ser aplastados por nuestro puño), se le obliga además a asomarse a otras ventanas de la “realidad”. Por citar una: ¿son finitas las posibilidades combinatorias de los tipos biológicos y por tanto se repiten? No se me inquiete, que es que no sé qué otras palabras ponerle.    

 

Mentira parece que el núcleo de una ficción que no pretende ser social pueda poner palabras a la rabia social del lector. O que entre la mentirijilla de la novela se nos cuele una evidencia: la del vacío sistémico que orbita en  la explicación del neurólogo en torno al sentido de la realidad, o el empecinamiento de un sicoanalista que enarbola el algo que podría ser el “no existe nada más allá de lo que yo explico”. La cabeza en la incertidumbre y los pies en la tierra, con zapatos de hormigón con que los mafiosos calzan a sus víctimas antes de arrojarlos a las aceitosas aguas del puerto. Página 229: “¿Crees que a los hospitales y a las consejerías de salud les interesa que se sepa? Los trasplantes visten mucho, dan votos, subvenciones, buena imagen.”

 

Si solo morimos cuando los otros ya no nos recuerdan, cuando dejan de nombrarnos, es posible que llevada por el torrente editorial esta novela deje pronto de existir, pase a mejor (peor) vida. Pero por fortuna, los brillantes pixeles en la pantalla de alta definición de la  historia oficial quizá no deslumbren la futura fuente de intrahistoria unamuniana que debería ser El sueño del otro. “Parece mentira que no lo sepas: la realidad no es nunca lo que parece”.
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