Director: Rogelio López Blanco      Editora: Dolores Sanahuja      Responsable TI: Vidal Vidal Garcia     
  • Novedades

    Mala, CD de Devendra Banhart (por Marion Cassabalian)
  • Cine

    Millennium 1: Los hombres que no amaban a las mujeres, película de Niels Arden Oplev
  • Sugerencias

  • Música

    Ols Ideas, CD de Leonard Cohen (por Marion Cassabalian)
  • Viajes

  • MundoDigital

    La creación de contenidos web en la era de la economía de la atención
  • Temas

    Los límites de la revolución biotecnológica
  • Blog

    Luigi Boccherini, ese desconocido (Blog de Juan Antonio González Fuentes)
  • Creación

    Poemas de Daniel Riu
  • Recomendar

    Su nombre Completo
    Direccción de correo del destinatario




    AUTOR
Eduardo Mendoza

    GÉNERO
Novela

    TÍTULO
Mauricio o las elecciones primarias

    OTROS DATOS
Barcelona, 2006. 365 páginas. 19 €

    EDITORIAL
Seix Barral



Eduardo Mendoza

Eduardo Mendoza


Reseñas de libros/Ficción
Eduardo Mendoza: "Mauricio o las elecciones primarias" (Seix Barral, Barcelona, 2006)
Por Inés Astray Suárez, miércoles, 03 de mayo de 2006
Barcelona, mediados de los años 80: Mauricio Greis lleva un año escaso trabajando como dentista en una conocida clínica y las cosas le van lo bastante bien como para independizarse de su relativamente acomodada familia. Bien, pero, a decir verdad, un poco aburridas. En los años que pasó en Madrid, estudiando la especialidad de estomatología, se desconectó de sus amigos de juventud y ahora se encuentra en una especie de volver a empezar. En esos tiempos de universitario, casi es innecesario decirlo, simpatizó con las ideas izquierdistas, pero sin llegar a militar en ningún partido: nunca fue hombre de mucha iniciativa, y, además, ahora se da cuenta, carecía de un auténtico afán de destruir el capitalismo.
A través de un antiguo compañero de colegio recibe la oferta de presentarse, de relleno, en las listas del partido socialista para las elecciones autonómicas. Acepta en parte por cortesía, en parte para recobrar los viejos ideales y, sobre todo, por tener algo que hacer los fines de semana. Esto es, coger el metro hasta la última parada y, desde allí, dirigirse a uno de esos barrios donde las ciudades se deshilachan entre desmontes y carreteras de circunvalación, bloques de pisos y antiguas huertas, la tierra de la clase obrera, vamos. Sus compañeros de actuaciones serán mosén Serapio un cura obrero, achacoso y un poco crápula, y Brihuegas, un viejo militante todoterreno. Cualquiera de los dos tiene el mismo futuro en el partido que el ¡OTAN NO! Gozan, eso sí, de una cierta libertad de discurso; la cúpula del partido está excesivamente ocupada como para controlar el producto que se vende entre clientela tan poco conspicua. Con su aspecto de niño pijo y el tratamiento de doctor que le dan sus compañeros de arenga, Mauricio pone un poco de glamour en aquellas cutres sesiones electorales. Hilvanando generalidades sobre el progreso social y convivencia justa con consejos médicos y citas de Trotsky y Bakunin, desarrolla una cierta elocuencia que podía abrirle un futurillo dentro del partido, ahora que el pedigrí revolucionario ya no lo es todo. Finalmente vuelve a ganar Jordi Pujol. Fue una experiencia ligeramente decepcionante, pero entretenida, al fin y al cabo. Punto y aparte. Mauricio Greis abandona la política sin ambiciones ni rencores. Zapatero a tus empastes (que la Seguridad Social no los cubre) y a ganar dinero, que, después de todo, tampoco es pecado. ¿Les suena la historia?
Mauricio o las elecciones primarias, no renuncia al humor. Pero es un fondo suave que te mantiene con una ligera sonrisa desde la primera página hasta la última, que aligera la historia y le quita todo dogmatismo. Mendoza se desliza con esa discreción, casi diríamos esa modestia, de los grandes narradores

Esta breve incursión en la política le da ocasión de establecer nuevas amistades y, sobre todo, de entrar en relación con dos mujeres. Una de ellas es Clotilde, una joven y atractiva abogada que procede, como el propio Mauricio, de una familia de clase media barcelonesa, que trata de hacerse camino en un mundo que todavía es bastante de hombres, debatiéndose entre dedicar su actividad profesional a defender a asesinos pobres o a asesorar a financieros ricos (delincuente por delincuente, pagan mejor). Rechaza airadamente cualquier insistencia de Mauricio como un intento de dominación intolerable, pero puede emocionarse hasta las lágrimas en una boda con vals. Frente a ella, la Porritos representa el discreto encanto del proletariado. Por las noches, cantando canción protesta sobre el estrado, antes de empezar un mitin, puede resultar encantadora, por las mañanas, cuando se despierta en el interior de su sucio y destartalado apartamento, también, pero menos. Duda mucho menos que Clotilde, no puede permitírselo. Mauricio sabe que cada una de ellas representa una faceta de su personalidad a la que no tiene porque renunciar, pero, en el fondo, sabe también que, como dice su compañero de clínica, cliente habitual de prostitutas, quiere tener a dos mujeres y que le salgan gratis. Ya se pueden imaginar cómo termina la historia.

Todo ello contado con el estilo del que, para mi, es el mejor Mendoza. Me refiero al que no escribe en clave paródica. Entiéndaseme bien, Sin noticias de Gurb, me parece una bendición divina. Es el sueño de todo bibliotecario. La garantía de que vas a recomendar una obra de gran calidad y que les va a gustar incluso a las personas que no les agrada leer, adolescentes o adultos, que son legión. Puedo desternillarme de risa, con un capítulo de El laberinto de las aceitunas sin dejar de admirar la lúcida visión que trasluce, pero llega un momento en que me resulta desquiciante.

Mauricio o las elecciones primarias, no renuncia al humor. Pero es un fondo suave que te mantiene con una ligera sonrisa desde la primera página hasta la última, que aligera la historia y le quita todo dogmatismo. Mendoza se desliza con esa discreción, casi diríamos esa modestia, de los grandes narradores. Probablemente no falta una coma ni sobra un adjetivo, pero se deja leer como si fuera un relato casual, que no requiera excesiva atención. Es una crítica a toda una generación que pensó cambiar el mundo y se limitó a acomodarse en él lo mejor posible. Como todas probablemente, no hay moralinas, Mauricio es un buen tipo después de todo…
  • Suscribirse





    He leido el texto legal


  • Reseñas

    Oscar Wilde: Impresiones de Yanquilandia (por Francisco Fuster)
  • Publicidad

  • Autores

    Yo maté a Carvalho