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Natsume Soseki: <i>El caminante</i> (Satori, 2011)

Natsume Soseki: El caminante (Satori, 2011)

    TÍTULO
El caminante

    AUTOR
Natsume Soseki

    EDITORIAL
Satori Ediciones

    INTRODUCCION
Carlos Rubio

    TRADUCCCION
Yoko Ogihara y Fernándo Cordobés

    FICHA TÉCNICA
Gijón, 2011. 412 páginas. 24 €



Natsume Soseki en 1912 (fuente: wikipedia)

Natsume Soseki en 1912 (fuente: wikipedia)

Ana Matellanes García

Ana Matellanes García


Reseñas de libros/Ficción
La pérdida de la identidad: El caminante de Natsume Soseki (Satori, 2011)
Por Ana Matellanes García, jueves, 1 de diciembre de 2011
Vivir es cambiar. Experimentar. Caminar en una dirección no siempre clara. Un recorrido incomprensible en el que irremediablemente asalta al “caminante” el desaliento, el aislamiento y la angustia. El tema principal que subyace en las páginas de El caminante (1912), del escritor japonés Natsume Soseki (1867-1916), es pesimista y devuelve al lector un reflejo que impone reflexiones complejas, pero demuestra una vez más la honda preocupación humanista de su autor y anticipa en su argumento algunos de los temas tratados en una de sus mejores obras, Kokoro (1914). El caminante, novela que inaugura la colección Maestros de la Literatura Japonesa de Satori Ediciones, deslumbra pese a la estática composición de trama y personajes, y nos permite ahondar más en la psicología e intereses del escritor nipón.
Publicada como novela por entregas en el diario japonés Asashi Shimbun entre 1912 y 1913, El caminante construye su trama a partir de una mínima y sutil historia: las desavenencias entre el narrador-protagonista, Jiro, y su hermano mayor Ichiro, motivadas por la sospecha de que entre su joven esposa Nao y Jiro existe una relación adúltera. Un punto de partida a priori poco atractivo que sin embargo dará paso al verdadero eje de la obra, la compleja personalidad de Ichiro, un inseguro intelectual cuya angustia vital impregna todo el libro y cuyo viaje final dará cierto sentido al título de la novela.

Una lectura superficial podría llevar a la errónea conclusión de que en El caminante no sucede nada. La narración es, en cierto modo, estática en prácticamente todos los cuadros que componen los cuatro capítulos del libro, un hecho que resulta extraño para un lector occidental acostumbrado a un mayor dinamismo y fragmentación de la acción en un género como la novela por entregas. Sin embargo, no es en la historia sino en el interior de los personajes y en su incomunicación con los demás donde se “cuece” la verdadera trama. Los protagonistas (sobre)viven sus conflictos dentro de sus propios límites personales y sociales, en silencio: las mujeres, como Nao, aisladas por una serie de convencionalismos y tradicionales que las ahogan; los hombres, como Ichiro, inmersos en una nueva sociedad (la resultante de los cambios de la revolución Meiji) que no reconocen y que les genera una angustia vital que, pese a ser común, no pueden compartir con otros seres humanos. Y ahí radica uno de los intereses temáticos y narrativos del libro.

Los valores tradicionales que definen a la sociedad japonesa del XIX han quedado obsoletos bajo los nuevos aires de la revolución Meiji, provocando el cuestionamiento de la identidad

Para entender estas contradicciones a las que hacemos referencia, así como el propio conflicto de los protagonistas, hay que conocer la complejidad del Japón de finales del XIX y principios del XX. Uno de los epicentros del origen de la angustia vital de los personajes de Soseki reside en las consecuencias de lo que se conoce como bunkei kaika (civilización y progreso), motivadas por el empuje del ansia modernizadora del Japón de la era Meiji. En este nuevo contexto en el que los gobernantes de Japón deciden abrir sus fronteras físicas e intelectuales a la influencia occidental, lo asiático y lo tradicional comienzan a oponerse a una nueva fuerza renovadora que impulsará la apertura a Occidente del país nipón, creando conflictos entre los intelectuales japoneses que perciben este nuevo “resurgir” como una pérdida de la identidad. Los valores tradicionales que definen a la sociedad japonesa del XIX han quedado obsoletos bajo los nuevos aires de la revolución Meiji, provocando el cuestionamiento de la identidad que durante siglos se ha definidos por valores que han dejado de ser primordiales en la nueva era de la occidentalización.

En este sentido, el tema central del libro es, como pone de manifiesto el profesor Carlos Rubio en el prólogo, el aislamiento, pero también la pérdida de identidad y la angustia como síntoma y epicentro de los problemas vitales de los personajes. E incluso del propio Soseki quien, como sus criaturas, también vivió esa angustia generada por un complejo sentido de pérdida de identidad. En este contexto, el escritor japonés explora esa angustia a través de personajes representados por intelectuales, como lo es el Ichiro de El caminante, el sensei de Kokoro o el propio Soseki. Intelectuales, como señala Carlos Rubio, “hundidos en las contradicciones de la modernidad japonesa”. Testigos de un Japón que en muy pocos años ha cambiado unos modelos políticos y sociales tradicionales por otros valores modernos y “exportados”, los intelectuales nipones perciben ese relevo como una sustitución y pérdida de la propia identidad más que como una evolución. Lo cual provoca conflictos y contradicciones que son las que modelan la psique de personajes como el Ichiro de El caminante, definiendo su angustia a partir de un mundo que vivieron y que se ha transformado en algo que no reconocen. Así, “Los héroes típicos de Soseki son intelectuales a caballo entre los valores del pasado que han quedado destruidos, pero que no se pueden identificar con los valores de una sociedad basados en el éxito material.” (1).

El caminante es una nueva muestra de la maestría literaria de Natsume Soseki, un autor que ya es bien conocido entre los lectores de habla hispana

En esta novela ese héroe al que alude Carlos Rubio no es su narrador-protagonista, Jiro, sino Ichiro, su atormentado hermano. Planteado como secundario durante los tres primeros capítulos del libro (los narrados en primera persona por Jiro), se convierte en verdadero protagonista en el cuarto capítulo. En éste surge un sutil y complejo análisis psicológico del personaje, permitiendo comprender sus contradicciones y el origen de su aislamiento y angustia. La complejidad de las relaciones familiares, la sospecha de que no existe la posibilidad de una verdadera comunicación en un matrimonio, la angustia ante un mundo que se desmorona.

Pero, pese a ese foco puesto en el personaje de Ichiro como símbolo de la angustia que muchos intelectuales japoneses vivieron ante los cambios de su país, la obra queda deliberadamente abierta y se cierra con una serie de conflictos sin resolver, obligando al lector a plantearse varias preguntas que quedan sin respuesta. ¿Cuál es realmente la historia de El caminante? ¿El conflicto entre dos hermanos por una mujer? ¿La angustia vital de un personaje como Ichiro? Y, ¿quién es el “caminante” de la obra?

En definitiva, El caminante es una nueva muestra de la maestría literaria de Natsume Soseki, un autor que ya es bien conocido entre los lectores de habla hispana. Merece la pena acercarse a este “caminante” no sólo para disfrutar de un relato rico y complejo, sino también para comprender la significación de un momento histórico y social del Japón del siglo XX como fue el periodo Meiji.

NOTAS:
(1) Rubio, Carlos, Claves y textos de la literatura japonesa. Una introducción, Cátedra, Madrid, 2007, p. 630. 
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