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Philipp Blom: <i>Años de vértigo: cultura y cambio en Occidente, 1900-1914</i> (Anagrama, 2010)

Philipp Blom: Años de vértigo: cultura y cambio en Occidente, 1900-1914 (Anagrama, 2010)

    TÍTULO
Años de vértigo: cultura y cambio en Occidente, 1900-1914

    AUTOR
Philipp Blom

    EDITORIAL
Anagrama

    TRADUCCCION
Daniel Namjías

    OTROS DATOS
Barcelona, 2010. 680 páginas. 29,50 €



Philipp Blom nació en 1970 en Hamburgo y se formó como historiador en Viena y en Oxford

Philipp Blom nació en 1970 en Hamburgo y se formó como historiador en Viena y en Oxford


Reseñas de libros/No ficción
Philipp Blom: Años de vértigo: cultura y cambio en Occidente, 1900-1914 (Anagrama, 2010)
Por Alejandro Lillo, lunes, 4 de julio de 2011
Años de vértigo: cultura y cambio en Occidente, 1900-1914 es un ejercicio intelectual y narrativo extraordinario. Philipp Blom ha escrito un ensayo sobre los primeros años del siglo XX en Europa desde una óptica cultural, que pone el énfasis en los cambios que la sociedad de masas estaba provocando en una sociedad predominantemente burguesa y aristocrática. El historiador alemán dibuja un panorama muy completo de un mundo fascinante con el que hoy, para bien y para mal, estamos en deuda. Lo hace de forma amena, intercalando anécdotas y toques de humor con análisis brillantes y rigurosos.
Vértigo es esa sensación que se experimenta cuando todo lo que le rodea a uno gira a gran velocidad. La impresión de mareo y desconcierto se apodera de la persona, impidiéndole formarse una idea clara de lo que hay a su alrededor, imposibilitándole para actuar de una manera decidida y ordenada. En este sentido, pues, el vértigo está relacionado con la velocidad, con el cambio rápido, con el descontrol. Pero el vértigo también es esa otra sensación, mezcla de angustia y miedo, que se desata cuando uno se asoma al abismo. En este caso lo que prima no es el movimiento rápido, sino la contemplación hipnótica y paralizante. La combinación de estas dos impresiones se convierte en una excelente metáfora para describir el ambiente que se respiraba en la Europa de principios del siglo XX, aquellos años que desembocaron, en 1914, en lo que conocemos como Primera Guerra Mundial.

Por aquellos tiempos nadie sospechaba lo que le esperaba a Europa a la vuelta de la esquina. Hoy, en cambio, sabemos lo que sucedió, y puede resultar tentador interpretar el período que va de 1900 a 1914 en función de ese enfrentamiento que arruinó millones de vidas. La Gran Guerra –nombre con el que fue conocida por quienes la sufrieron- aparecería así como algo inevitable, como el final natural a tanta tensión y despropósito. Sin embargo, las cosas no son tan sencillas, las relaciones causales no son tan claras, y mucho menos cuando hablamos de historia. Philipp Blom, en cualquier caso, no entra a dilucidar los orígenes y las causas del doble enfrentamiento europeo que marcó el siglo. El historiador alemán realiza un apasionante recorrido por aquel período intentando captar y transmitir cómo los contemporáneos vivieron e interpretaron los sucesos que acontecían, evitando en todo momento explicar los hechos desde nuestro cómodo presente. Es fácil analizar el pasado retrospectivamente, justificando o desmintiendo lo que creemos o pensamos. No es el caso de Años de vértigo. En sus casi seiscientas páginas no hay ni una sola referencia a la Primera o la Segunda Guerra Mundial, aunque sí se presentan toda una serie de elementos, conceptos y actitudes que apuntan a aquel desastre y que permiten comprender mejor todo lo que vino después.

Las masas comenzaban a hacerse visibles, a dejarse ver, a organizarse. Protestando o consumiendo, ocuparon por primera vez el espacio público, forzando a la élite dirigente y a la propia sociedad a adaptarse y articular medidas para integrarlos o hacerles frente

Había una sensación de desorden, sí, de decadencia, pero solo entre las clases dominantes, entre aristócratas, políticos de primera fila y algunos intelectuales. Para otros muchos colectivos eran tiempos de cambios y oportunidades, de luchas, reivindicaciones y mejoras. Fue una época de trascendentales avances científicos, de discusiones enconadas entre los partidarios de Darwin y los defensores de las tesis lamarkianas, con el concepto de eugenesia ocupando una posición central en los debates; fue un tiempo de graves tensiones internacionales, del horripilante genocidio del Congo y de un imperialismo feroz y salvaje, de conflictos coloniales y una militarización en aumento, pero nadie sabía a ciencia cierta qué resultaría de todo ello.

Los descubrimientos, los cambios, se sucedían a una velocidad vertiginosa, sin apenas tiempo para asimilarlos; las ciudades crecían a pasos agigantados al tiempo que las masas comenzaban a hacerse visibles, a dejarse ver, a organizarse. Protestando o consumiendo, ocuparon por primera vez el espacio público, forzando a la élite dirigente y a la propia sociedad a adaptarse y articular medidas para integrarlos o hacerles frente. Los aristócratas, los burgueses y los potentados de los países europeos, obsesionados con la idea de decadencia, optaron más bien por lo segundo, pues para ellos las masas iletradas de trabajadores representaban un peligro: la degradación en la que vivían y sus altas tasas de natalidad amenazaban el futuro de los imperios europeos.

Sin embargo, dos de los mayores retos que tuvo que hacer frente la sociedad de principios del Novecientos, estaban muy interrelacionados: un mundo estaba desapareciendo mientras otro pugnaba por emerger. La gran amenaza para el modo de vida viril y repleto de confianza hacía sí mismo tan propio del XIX lo representaba el auge del feminismo. Las reivindicaciones políticas y sociales de las mujeres, sobre todo en Inglaterra, pero también en Francia, Alemania y Austria-Hungría, fueron constantes ya desde principios de siglo. Aunque centrado en el sufragio, el movimiento feminista ponía en cuestión todo un modelo de organización social que relegaba a las mujeres al ámbito de lo doméstico, subordinándolas totalmente al marido. Estas reivindicaciones femeninas contribuirán a trastocar esa autoconciencia masculina, tan pagada de sí misma.

La vida en la ciudad, con el anonimato, los peligros, las oportunidades y los cambios que conlleva, fracturó en mil pedazos la identidad individual y social de quienes allí acudían, generando distintas ventajas pero también no pocos problemas

Cuando los cambios se suceden unos a otros de forma constante la inseguridad y la incertidumbre aumentan. Estas transformaciones no solo son científicas y técnicas, sino propiamente sociales y, por tanto, también culturales: la llegada masiva de gentes a las ciudades significó también la ruptura con la mayoría de sus lazos familiares y afectivos, con sus formas tradicionales de vivir y relacionarse. La vida en la ciudad, con el anonimato, los peligros, las oportunidades y los cambios que conlleva, fracturó en mil pedazos la identidad individual y social de quienes allí acudían, generando distintas ventajas pero también no pocos problemas. No sólo obligó a la creación de espacios de sociabilidad y al establecimiento de distintos vínculos identitarios, sino que abonó el camino para la aparición de nuevos trastornos neuróticos y la propagación de ideas que a la postre resultarían catastróficas.

Sobre todos estos procesos habla Blom en su excelente ensayo, aunque también de muchas otras cosas. Los capítulos, organizados cronológicamente, toman un acontecimiento como punto de partida para hablar de aquel fascinante mundo repleto de posibilidades y amenazas. El autor combina con sabiduría la explicación de la vida de emperadores y monarcas con la de los ciudadanos de a pie; las intrigas palaciegas con los movimientos revolucionarios, la aparición y el desarrollo del cine como forma de entretenimiento con las maniobras de la alta política; las atrocidades coloniales con las reivindicaciones feministas; los cotilleos sobre amoríos de personajes públicos con las elevadas corrientes filosóficas y artísticas que despuntaban en la época y que venían a confirmar o a desmentir la deriva de las naciones, sus miedos, frustraciones y esperanzas; Blom consigue mezclar, sin dejar de lado la vida de las grandes personalidades, los logros de la cultura, de la ciencia y del pensamiento con la experiencia cotidiana de los habitantes de los principales estados de Europa, sus referentes populares y su lucha diaria por sacar adelante a sus familias o medrar en un mundo cada vez más competitivo y avasallador.

El recorrido es abrumador: Alemania, con su militarización creciente y sus peculiares relaciones con Gran Bretaña; Austria-Hungría, un país complejo, que apunta a una desintegración que contrasta con su rica y variada vida cultural; Francia, que trata de ocultar su inquietud por los nuevos tiempos que se avecinan con la Exposición Universal que inaugura el siglo; Gran Bretaña, dominada por una profunda sensación de decadencia que no hace más que acentuarse tras el deceso de su reina, y una Rusia que, incapaz de concertar los aires de modernidad con unas estructuras e instituciones de corte medieval, comienza a verse agitada por el espectro de la revolución.

El historiador mezcla los análisis políticos y sociales de amplio espectro y calado con las noticias diarias de la presa, biografías, cotilleos, alta política, así como la vida íntima y cotidiana de todas las capas sociales, produciendo como resultado una obra magnífica

Junto a este panorama inquietante y descorazonador, Blom nos habla de la miseria en la que estaban inmersos el campesinado y el proletariado ruso, y no se explica cómo dada la represión de las minorías, la frustración de las clases medias y los intelectuales y la incompetencia de los dirigentes políticos y militares, “la revolución no se produjera mucho antes”. El historiador alemán también es capaz de trasladarnos a la bulliciosa Viena de principios de siglo y realizar, insertándolo perfectamente en su contexto, un impresionante análisis de las teorías psicoanalíticas de Sigmund Freud, y cómo entre el médico vienés, Wittgenstein y el filósofo políglota Fritz Mauthner, trastocaron la percepción que se tenía del conocimiento y de los límites del lenguaje. Ese epígrafe, titulado “1902: Edipo rey”, y dedicado al análisis de la doble moral burguesa, es sencillamente extraordinario. Lo mismo puede decirse de otros muchos capítulos, como el que se ocupa de la militarización creciente de Alemania e Inglaterra, que contiene una divertidísima e increíble –por absurda y disparatada- descripción del funcionamiento de la alta política germana; o el dedicado a los desmanes de los imperios coloniales y al genocidio del Congo. En este apartado Blom no se limita a describir y analizar las brutalidades que los imperios europeos cometían en sus colonias, tampoco se contenta con relatar la vida y los esfuerzos de quienes trataron de denunciar todos aquellos excesos, sino que va más allá: capta cuál era la impresión que aquella política producía en la experiencia cotidiana de la gente, lo que pensaba el ciudadano de a pie de esos desmanes.

Sin embargo, el análisis de Blom no se detiene ahí. Con una facilidad pasmosa pasa de la disertación filosófica y arquitectónica de Viena, a explicar algunos de los descubrimientos científicos más importantes del siglo: el del radio y el polonio realizado por el matrimonio Curie; la enunciación de la teoría de la relatividad de Einstein, o la importancia científica que tuvo el descubrimiento de los rayos X en el imaginario cultural e intelectual europeo; realiza un retrato magistral del final de la Inglaterra victoriana, de la personalidad de Guillermo II y su peculiar forma de conducir el Imperio alemán; de las vanguardias artísticas y la vida bohemia en tantas ciudades de Europa, de la homosexualidad y del problema judío, que alcanzan un punto álgido con el caso Dreyfus en Francia; de la velocidad y la espiritualidad; de las corrientes pseudocientíficas que argumentaban sobre la superioridad de la raza blanca; Blom traza un panorama realmente impresionante, y lo hace con un leguaje claro y elegante, cargado de referencias y conexiones, pues en la Europa de entonces todo estaba ya interrelacionado.

El historiador mezcla los análisis políticos y sociales de amplio espectro y calado con las noticias diarias de la presa, biografías, cotilleos, alta política, así como la vida íntima y cotidiana de todas las capas sociales, produciendo como resultado una obra magnífica. Años de vértigo es un ensayo altamente recomendable para quien se interese por la cultura en general, fundamental para quienes disfrutan de los buenos libros de historia, y un referente inexcusable para todos aquellos interesados en esa extraordinaria época, que, al fin y al cabo, también es la nuestra.
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