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Francisco Fuster: <i>América para los no americanos: lecturas sobre los Estados Unidos de Barack Obama</i> (Ediciones Idea, 2010)

Francisco Fuster: América para los no americanos: lecturas sobre los Estados Unidos de Barack Obama (Ediciones Idea, 2010)

    TÍTULO
América para los no americanos: lecturas sobre los Estados Unidos de Barack Obama

    AUTOR
Francisco Fuster

    EDITORIAL
Ediciones Idea

    OTROS DATOS
Santa Cruz de Tenerife, 2010. 173 páginas. 16,90 €



Francisco Fuster

Francisco Fuster


Reseñas de libros/No ficción
Francisco Fuster: América para los no americanos: lecturas sobre los Estados Unidos de Barack Obama (Ediciones Idea, 2010)
Por Ángel Duarte, martes, 1 de febrero de 2011

Yeeeaahh I took a trip down to L'America…

Esa invitación perifrástica de los Doors a acercarse a una de las Américas posibles, fechada en 1971 y emitida en nombre de L.A., fue causa de balumba entre quienes, tan jóvenes entonces, sentíamos una en absoluto menor atracción/repulsión por (casi) todo lo que pasaba en los USA. Confundíamos, como resultado de nuestro intransferible desconcierto político y lingüístico, ideológico y cultural, la parte con el todo. La venta de abalorios con lo sustantivo. Percibíamos la distancia entre la frontera y el universo WASP, pero poca cosa más.

A estas alturas de la historia, nuestra confusión de entonces, importa poco. En rigor, gracias a esa llamada, entre muchas otras -recuerdo a Bob Dylan, ¡cómo no!-, entramos en lo relevante, América, desde un estado de confusión alarmante. Lo hicimos. Nos acercamos al centro. Otros hubo antes, y otros vinieron después, que incurrieron en no menores distorsiones y deformaciones.

Francisco Fuster, en América para los no americanos, opera de manera mucho más equilibrada y, con toda seguridad, sistemática que Jim Morrison. No hace falta decir que -aunque haya americanos que se resistan a admitirlo, en esta vida no se puede tener todo- no de manera tan embriagadora. Afortunadamente, corro a añadir. Los tiempos, ahora mismo, siguen siendo americanos. Como ya acaecía en tiempos de Alexis de Tocqueville, aunque sin duda de otra manera, el mundo moderno se anticipa al otro lado del océano, en dirección a occidente. Los Estados Unidos sigue operando, por lo tanto, como un laboratorio en el cual poder estudiar cada uno de los aspectos de la vida moderna. Aunque sólo fuera por eso, precisamos de mapas que, en saliendo de la provincia, nos orienten, nos permitan adentrarnos en dicho territorio y no perdernos en él, procurarnos viajes serenos y reflexivos. No es menos cierto que las percepciones distorsionadas, los prejuicios y los escrúpulos siguen siendo enormes. De ahí que los ejercicios de clarificación no sean baladíes.

Fuster, a diferencia de Morrison, es un cicerone ordenado. Fascinado por lo que parecía ser una novedad genuina, un cambio de ciclo personificado en el ascenso de Barack Obama al estrellato mediático como novedad política del siglo XXI, el historiador valenciano se enfrentó, entre 2007 y 2009, mediante el género de la crítica de libros -entre otros desde Ojosdepapel-, a la labor de procurar desmantelar algunos de los tópicos que ahora, como siempre, enturbian nuestra –por europeos- mirada a lo americano, a los Estados Unidos. Su arma, pues, es la lectura. La lectura pausada de las novedades editoriales, de los ensayos políticos, de las reflexiones críticas para con un mundo en cambio acelerado.

Probablemente, Obama tenga buena parte de responsabilidad en el otear de Fuster. En algún momento debió creer que era un faro con luz propia, y se le nota. Está fascinado por el personaje, la personalidad y la obra. El leedor, en mi opinión, hará bien en tomar distancia. El autor ya lo hace. Es cierto. La pasión no le resta un ápice de juicio al crítico y al historiador

La complejidad de los materiales con los que se enfrenta Fuster es atrayente. Trabaja con los que, como Martin Amis, -desde una perspectiva europea y de tonos suavemente socialdemócratas se miran con estupefacción la cultura, y hasta el sentido del humor, de los americanos -no sé yo si es que los entiende o, como apunta Fuster, no. Brega con quienes, como Joe Bageant, desde su pasado contracultural van al encuentro del lado oscuro de la Luna: la América trabajadora, la de clase baja por degradada, la de los blancos amantes de las armas, del enriquecimiento, tantas veces efímero, siempre insuficiente, como perspectiva vital. Trajina las reflexiones, tan distintas en cuanto a la perspectiva analítica, tan cercanas en la obtención de un resultado que permita encarar (¿fiscalizar?) el legado Bush, como las del economista Paul Krugman o el periodista Jacob Weisberg al afrontar las interioridades de la saga. Se encarga de señalar los rasgos centrales de algunos de los analistas de referencia en la endiablada política internacional de 2001 en adelante – Fareed Zakaria, Ahmed Rashid- o a los canonólogos -si me permiten el neologismo para referirme a Harold Bloom- que combaten el relativismo y la ausencia de criterio, en ocasiones con un criterio ciertamente particular.

El itinerario lector de Fuster nos retrotrae a los clásicos, no en vano la historia explica, aunque no encierre, al presente. No en vano son también objetivo del crítico aquellas novedades que lo que hacen es recuperar textos basales de la sociología contemporánea -desempolvar sería en este caso un verbo inadecuado: del Werner Sombart que se interrogaba, en la primera década de 1900, sobre los porqués de la ausencia de socialismo en la vida americana hasta la Betty Friedan que, a principios de los Sixties, como figura destacada de la segunda ola del movimiento de mujeres ponía en evidencia el carácter alienante de la mística de la feminidad.

Probablemente, Obama tenga buena parte de responsabilidad en el otear de Fuster. En algún momento debió creer que era un faro con luz propia, y se le nota. Está fascinado por el personaje, la personalidad y la obra. El leedor, en mi opinión, hará bien en tomar distancia. El autor ya lo hace. Es cierto. La pasión no le resta un ápice de juicio al crítico y al historiador. Limítese, es mi consejo al lector, a añadirle un ápice de escepticismo. El de aquellos seres humanos libres que, en la carretera, solos o en compañía de otros, decidían hacer un viaje -Yeeeaahh- y no llegarían a entender, como bien señala Fuster, los homenajes que se les tributan. Tampoco los póstumos.

En suma, el de Fuster es un trabajo responsable, un libro muy de agradecer, una guía para entender algo más de nuestro tiempo.
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