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Arcadi Espada y Ernesto Hernández Busto (Eds.): <i>El fin de los periódicos</i> (Duomo, 2009)

Arcadi Espada y Ernesto Hernández Busto (Eds.): El fin de los periódicos (Duomo, 2009)

    TÍTULO
El fin de los periódicos

    EDITORES
Arcadi Espada y Ernesto Hernández Busto

    AUTORES
Arcadi Espada, Jill Lepore, Philip Meyer, Eric Alterman, Jeff Jarvis, Bree Nordenson. Gary Kamiya y Paul Starr

    EDITORIAL
Duomo

    TRADUCCCION
Juan Carlos Castillón y Verónica Puertollano

    OTROS DATOS
Barcelona, 2009. 160 páginas. 16 €



Arcadi Espada

Arcadi Espada

Ernesto Hernández Busto

Ernesto Hernández Busto


Reseñas de libros/No ficción
Arcadi Espada y Ernesto Hernández Busto (Eds.): El fin de los periódicos (Duomo, 2009)
Por Bernabé Sarabia, martes, 1 de diciembre de 2009
En su papel de profesor de Periodismo en la barcelonesa Universidad Pompeu Fabra, Arcadi Espada publicó en 2008 Periodismo práctico, un exitoso texto dedicado a precisar y aclarar los puntos de inflexión básicos que debe dilucidar un periodista en su trabajo cotidiano. El fin de los periódicos está construido con el traductor, ensayista y blogger Ernesto Hernández Busto (La Habana, 1968). Ambos han seleccionado siete artículos de periodistas norteamericanos, publicados entre 2008 y 2009 en revistas del prestigio del The New Yorker. La suma de dichos trabajos a la introducción escrita para la ocasión por Arcadi Espada da como resultado una extensa y sincera panorámica de los males que aquejan a la prensa distribuida en papel.
En el panorama del periodismo español Arcadi Espada (Barcelona, 1957) ocupa un lugar de privilegio. Su espíritu crítico, su independencia y un punto de cinismo le han convertido en una referencia obligada para entender las fuerzas tectónicas que mueven la prensa y la política en España. Fue columnista en el diario El País hasta que su posición crítica con el nacionalismo imperialista catalán chocó con los intereses políticos y económicos de un periódico que ha invertido, sin buenos resultados, grandes sumas de dinero en su edición catalana y le viene muy bien su alianza estratégica con el catalanismo del cotidiano La Vanguardia. En la actualidad publica en El Mundo, sigue con su blog y acaba de cofundar un periódico digital de pago, Factual.

Durante más de dos siglos editar periódicos ha sido muy rentable. Por un lado producían dinero y por otro influencia política y social. Un negocio redondo que, como ha escrito en las páginas de El Mundo Antonio Fernández-Galiano, presidente de la Asociación de Editores de Diarios Españoles (AEDE), presenta síntomas de extenuación. El modelo de negocio que guió en su día la gloriosa expansión de la prensa está, en su opinión, agotado.

Al situar la corriente postmoderna la verdad y la mentira en el plano de las categorías culturales, la veracidad de las noticias queda como una interpretación que descoloca necesariamente al periodista como sujeto que debe mediar la producción de la realidad a través de los medios

La crisis de la prensa en papel no afecta únicamente a los propietarios. Como señala Arcadi Espada en su capítulo introductorio, los periodistas han ocupado lugares de privilegio en la sociedad, posiciones que sólo se pueden comparar a las alcanzadas por los políticos. Ahora ese mundo se desploma y “el periodista ya no es el contrapunto del político sino su cómplice”. Políticos y periodistas son vistos con sospecha por la opinión pública. Se lee menos periódico de pago y se vota menos.

Como ejemplo de la época dorada del periodismo, Espada recoge en sus páginas el contrato que The Washington Post ofrece en 1972 al columnista Walter Lippmann cuando tenía 73 años: casa, dinero, secretarias y unos privilegios que hoy ni se imaginan. A finales de 2009, este gran periódico no podría poner sobre la mesa una oferta semejante. Se ha visto obligado a cerrar, con fecha 31 de diciembre sus últimas delegaciones, las situadas en Los Ángeles y Chicago. Su intención es hacer un periódico mas centrado en la información que genera la capital de Estados Unidos. Conviene recordar que The Washington Post es el quinto periódico norteamericano con una tirada de 582.000 ejemplares diarios, que se transforman en 822.000 los fines de semana.

La irrupción de Internet supone otro orden de cosas. Ha quebrado la confianza en los periódicos, ha reducido la publicidad y ha servido para echar a parte de los periodistas y trabajadores

En el actual proceso de desregularización, de relativismo, contempla Arcadi Espada una de las causas centrales de la crisis de la prensa escrita. Al situar la corriente postmoderna la verdad y la mentira en el plano de las categorías culturales, la veracidad de las noticias queda como una interpretación que descoloca necesariamente al periodista como sujeto que debe mediar la producción de la realidad a través de los medios.

La primera de las contribuciones de los periodistas norteamericanos se refiere a los comienzos del periodismo en los Estados Unidos del siglo XVIII. Interesante desde un punto de vista histórico pero demasiado patriótica y mitinera. En la segunda, se abre fuego contra los bloggers y se les acusa de utilizar demasiado el “corta y pega” y de no ir a las fuentes y a la comprobación de las noticias. En la tercera, Eric Alterman define muy bien su contribución desde el mismo título: “Agotado. Vida y muerte del periódico norteamericano”. Es rotundo al afirmar que para los propietarios de periódicos de ciudades medias norteamericanas, los diarios han sido licencias para imprimir dinero. La irrupción de Internet supone otro orden de cosas. Ha quebrado la confianza en los periódicos, ha reducido la publicidad y ha servido para echar a la calle a más de la cuarta parte de los periodistas y trabajadores. A ello se suma que los jóvenes no leen periódicos. Como señala Alterman “la edad media del lector de periódicos norteamericanos es de cincuenta y cinco años, y, añade, con tendencia a subir”. Se desmenuza con detalle en esta misma contribución el caso del Huffington Post, un nuevo periódico digital que desde la costa oeste, con sólo cuarenta y seis empleados, está barriendo en todo el país y acumulando lectores.

En las restantes contribuciones se continúa el análisis de las características del periodismo realizado sobre Internet como soporte de distribución. Es interesante anotar que Jeff Jarvis afirma que el artículo ya no es la unidad básica del periodismo. La unidad sería ahora el post : “innumerables granos de información, opinión e ideas, todos con su enlace permanente, de forma que puedan ser conectados a algo mas grande”. En su opinión, en los periódicos de papel se podía dar más o menos realce a un artículo en función de su posición en el conjunto de la superficie de cada una de las hojas. Una noticia o una opinión colocada en portada, contraportada o página de la derecha recibían un realce cuyo significado no podía escapar al lector. En las publicaciones digitales el significado de la distribución espacial queda mucho más difuminado.

El problema de la especialización en nichos es que la exposición a noticias no deseadas es mínima o nula. Tropezarse con información no buscada a priori, es tener menos oportunidades para seguir y vigilar la acción ciudadana y política

Crear redes de todo tipo, redes locales o redes internacionales y buscar la especialización es la receta mágica que sobrenada este recopilatorio. Es el modo de triunfar en el nuevo periodismo digital. No obstante la excesiva concreción tiene una doble cara. El problema de la especialización en nichos es como señala Bree Nordenson que la exposición a noticias no deseadas es mínima o nula. Tropezarse con información no buscada a priori, algo que al pasar las páginas de un periódico de papel es inevitable como bien apunta Paul Starr en su artículo de cierre, es tener menos oportunidades para seguir y vigilar la acción ciudadana y política y, en definitiva, vigilar menos el bien común. La lacra de la corrupción vive mejor con una prensa anémica. Si los periódicos en papel se quedan sin dinero y sin recursos para poner en marcha reportajes de investigación o de verificación de noticias, es evidente que la salud democrática de la humanidad se vuelve más frágil.

Lo que este iluminador y agudo texto no aclara es la posición del lector de prensa. No se trata de saber si los periódicos en papel van a subsistir. Es evidente que ya no serán el negocio de antaño pero su presencia está asegurada. Tampoco es esencial saber si la cultura del gratis total se acabará apoderando de la web. O si, al contrario, como pretende Rupert Murdoch al negociar con Bill Gates la salida de sus periódicos a través de Bing, será necesario pagar por leer sus periódicos en Internet. Ni siquiera es central ahora mismo considerar la posibilidad apuntada por Pablo Rosenberg de convertir a la prensa escrita en un conjunto de entidades sin animó de lucro.

Lo esencial es saber qué quiere el público, la gente que lee periódicos. Como viene señalando David Morley a lo largo de su excelente obra dedicada al análisis de la televisión y sus audiencias, los medios de comunicación deben tener información de lo que necesita y desea el público. ¿Cuáles son los supuestos cognitivos y emocionales de una gente que da por supuesto que la información debe ser un bien gratuito? ¿Cuánta gente afirma que no tiene tiempo de leer los periódicos? ¿Es muy numeroso el público que cree saber todo lo que necesita para ir tirando por la vida? ¿Está aumentando el número de personas que no quiere informarse? Abandonar la idea de que es importante conocer y analizar al lector de prensa escrita o digital es un despropósito y seguramente una perdida de dinero. La gente no es tonta y además cruza datos.
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