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viernes, 23 de febrero de 2007
Elogio del dormir por Miguel de Unamuno
Autor: Juan Antonio González Fuentes - Lecturas[7157] Comentarios[0]
Nunca me he topado con un texto más hermoso, conciso y a la vez metafísico sobre el sueño, que este escrito por Unamuno en 1922 y que aparece reproducido en el último trabajo de Luciano G. Egido.

www.ojosdepapel.com

Juan Antonio González Fuentes

Llevo unos días enfrascado en la lectura del libro de Luciano G. Egido Agonizar en Salamanca, Unamuno, julio-diciembre de 1936, texto que cuenta los últimos seis meses de vida del profesor y poeta en la ciudad donde ejercía de Rector universitario y conciencia española.

El libro me está fascinando y revolviendo en mi interior muchas cuestiones que parecían adormecidas, o que en otros casos ni siquiera sospechaba de su existencia, pero no voy a hablar ahora de él, prefiero acabarlo cuanto antes y emitir después un juicio justo y personal. Sin embargo, no me resisto a transcribir en esta página unos párrafos que se reproducen en el mismo, y quiero hacerlo porque me parece que reflejan espléndidamente tanto la actitud y la aptitud literaria del gran escritor vasco.


www.ojosdepapel.com

Miguel de Unamuno


Se trata de unos líneas escritas en 1922, cuando el autor contaba casi sesenta años, y que tratan de un tema en principio baladí, el sueño, pero entendido éste en su sentido más físico, inmediato y reparador, no en el freudiano o más especulativo y onírico. No, Unamuno habla en las líneas que reproduciré a continuación de dormir, de descansar, de echar la siesta, de perder la conciencia metido en la cama..., y tal asunto lo eleva con su palabra y su sentido a cuotas realmente deslumbrantes de belleza e interés. O al menos a mí así me lo parece, y por eso quiero compartirlo con ustedes, y preguntarles de alguna manera si no se sienten identificados con lo leído, si no han vivido en alguna ocasión lo narrado por Unamuno, casi con plena exactitud.

Escribía en 1922 Unamuno: “Levanta uno la manta encimera, mira el lecho de la cama –cauce de remanso- y siente por todo el cuerpo correrle el dulce presentimiento del reposo... Se mete uno en la cama entre las sábanas, se retuerce en un escalofrío y se acurruca, se apelotona, se pone en la postura que el feto tiene en el claustro materno. Y así se prepara a la llegada de la inconsciencia, esto es: de la inocencia, de la vuelva al limbo. Porque la cama es la añoranza del limbo, del claustro maternal. No en una yacija cualquiera, no, sino la cama con sus mantas, con sus sábanas, con el calorcito maternal con que nos envuelve... Pero si no se filosofa en la cama, al acabar de acostarse, acurrucadito en postura de feto, esperando el sueño, ¿cuándo se va a filosofar? Y uno se echa a la derecha, sobre el hígado, y otro a la izquierda, sobre el corazón, y otro de espaldas, cara al techo. Y hay quien sueña que está despierto... Y hasta hay quien se mantiene insomne –y aterrado-, espiando el momento preciso en que se le anegue la conciencia... Es muy frecuente soñarse muerto. ¿Y no te ha sucedido, lector, soñar que íbas remontando la vida, de hoy a ayer, hacia el pasado, volviendo a vivirla del revés, las aguas del río hacia el manantial, y otra vez niño y por fin desnacer?”.

Dormir, dormir, tal vez soñar..., jamás he encontrado página más hermosa, y a la vez física y metafísica sobre el sueño que esta del pensador español, un prodigio de belleza, de concisión narrativa y, a la vez, de lirismo alucinado y alucinante.

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NOTA: En el blog titulado El Pulso de la Bruma se pueden leer los anteriores artículos de Juan Antonio González Fuentes, clasificados tanto por temas (cine, sociedad, autores, artes, música y libros) como cronológicamente.


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