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miércoles, 12 de marzo de 2008
¡Adiós Rajoy, adiós!
Autor: Juan Antonio González Fuentes - Lecturas[3442] Comentarios[0]
Mariano Rajoy debe presentar su dimisión al frente del PP. Rajoy, registrador de la propiedad aburridamente honesto, lleva años hablando de “sentido común” en la patria de Paquirrín y Chikilicuatre

Juan Antonio González Fuentes

Juan Antonio González Fuentes

Vivimos en un mundo globalizado, y parte importante de la argamasa que lo globaliza y unifica es el espectáculo, lo llamativo, la imagen, la puesta en escena, lo festivo, los fuegos artificiales, el dar bien en pantalla, eso tan recurrente de que “una imagen vale más que mil palabras”, lo escandaloso, lo visualmente impactante, lo que conecta con todos, el chiquichaca, las ocurrencias, eso de que sin tetas no hay paraíso, etc, etc… España no sólo no está al margen de lo dicho, sino que su día a día ofrece múltiples y variopintos ejemplos de lo mucho que le gusta a significativa parte de su sociedad zambullirse en la corriente globalizadora y globalizada.

Somos el país en el que los amores del hijo de una tonadillera y un torero muerto en plaza, los amores de todo un chicarrón sin arte ni parte, sin oficio ni beneficio, Paquirrrín, con una chica que protagoniza espectáculos lésbicos, ocupa centenares de portadas de revistas y días y días, semanas y semanas enteras de televisión. Aquí triunfa el humor de Chiquito de la Calzada contando chistes en analfabeto, o el de los Morancos llamando a gritos a un tal niñato de nombre Joshua. Pedro Zerolo, en cántabro mitin electoral, nos habla de los orgasmos que le “proporcionan” su “marido” y el señor presidente del Gobierno. Un personaje de un programa televisivo de humor se disfraza de idiota para cantar una idiotez y es votado mayoritariamente por los espectadores para que nos represente en un festival europeo de la canción; me refiero a Chikilicuatre, metáfora y encarnación espléndida de tantas y tantas cosas. En nuestro Parlamento partidos con el doble y el triple de votos que otras formaciones obtienen muchísimos menos diputados. Años de televisión nos contemplan en los que nos han informado de hasta el color de las inmundicias descompuestas de famosos y famosas. Centenares de miles de jóvenes atraviesan la geografía española de parte a parte esperando formar parte de “realities” que les conduzcan al dinero fácil y el famoseo jacarandoso, soez e inmediato. Una alcaldesa de un pueblo en una de cuyas calles se ha asesinado con un tiro en la nuca a unos de sus vecinos deja el puesto la horas necesarias para no tener que estar presente en los funerales. La hija del muerto pide a voz en grito que nadie manipule electoralmente el execrable asesinato de su padre, pero acto seguido pide el voto para los socialistas. El famoseo nacional se deja perder en un isla, y sus largas horas de reflexión tumbados en la orilla de una playa caribeña concita el interés de parte del país...

Podría seguir escribiendo líneas y líneas con ejemplos y situaciones semejantes. No crean, lo mismo o parecido ocurre en otros países de nuestro inmediato entorno. Recordemos sin ir más lejos al nuevo presidente de la República Francesa dándose un “filete” televisado con una maniquí susurradora muy mona y esbelta que hoy es la primera dama francesa. Insisto en el meollo del asunto. Vivimos en un territorio globalizado, y la general globalización se logra, entre otros elementos, con gestos, con imágenes. A principios del pasado siglo el cine globalizó en los EE.UU. el acceso al entretenimiento colectivo de millones de inmigrantes con culturas e idiomas distintos entre sí. Los fotogramas del tartazo en la cara a Buster Keaton o a Charlot era comprensible para todo el mundo. El éxito fue inmediato, alucinante, gigantesco, industrial. La caída de bruces al suelo de Chaplin era entendido perfectamente igual por los chinos que por los italianos, por los alemanes y los apaches, por los rusos y los mejicanos.

Mariano Rajoy

Mariano Rajoy

Esa globalización colectiva cultural hubiera sido imposible, o lentísima y traumática si se hubiera intentado realizar por medio de la palabra escrita. La palabra escrita demanda reflexión, demanda esfuerzo, atención, un nivel alto de exigencia. La imagen, la puesta en escena visual es inmediata, automática, efectiva y efectista.

Por esta razón principal Mariano Rajoy debe presentar su dimisión al frente del Partido Popular hoy mismo. Rajoy es un registrador de la propiedad de puesta en escena aburridamente honesta que lleva años hablando de “sentido común” en la patria de Paquirrín, Chiquilicuatre y Chiquito. El Partido Popular, y el consejo se lo doy completamente gratis, debe buscar entre sus filas a alguien con imagen, alguien con chispa, un tipo que no sea aburrido y correcto hasta en su extremaunción. Lo ideal es alguien del estilo y con el punch de Sarkozy. Tienen que encontrar entre sus filas a un tipo entre 40 y 50 años (una mujer queda de momento descartada en la buena España de nuestras entretelas, por motivos tristemente múltiples), con aspecto interesante, quizá incluso llamativo por alguna razón al primer golpe de vista; un tipo campechano, jocoso, de sonrisa amplia..., su formación y conocimientos de momento dan igual por completo. Debe ser fotogénico y “dar perfectamente bien” encuadrado por el objetivo de una cámara. Y muy importante, debe ser escogido y aclamado de alguna forma por las bases del partido, no impuesto a dedo por la dirección o direcciones. Yo procuraría además que fuese soltero, y que con alguna frecuencia fuera objeto de chismorreos y alguna que otra maledicencia socarrona y machista en algún programa del corazón. Alguien con pegada entre las mujeres, que supiera transmitir cálido compañerismo y camaradería con gays y lesbianas, que se mantuviera convenientemente alejado de las opiniones emitidas por la jerarquía de la Iglesia Católica, que su situación con respecto a la política exterior norteamericana tuviera algo de distante chulería, y que en materia económica no fuese más allá de decir que, vengan como vengan dadas, el Estado hará de eficaz colchón amortiguador para las clases más desfavorecidas. Vamos, un New Deal hispano y perpetuo en vez de iluminado con películas de Capra iluminado por las de un Garci cualquiera con algún nuevo Bardem no progre. En cuanto a la idea de España y su unidad, lo más sencillo es no mentarla y capear el temporal con frases comunes cuando arrecien los temporales nacionalistas. ¿Una frase eficaz para que el nuevo candidato repita y repita como un latiguillo afortunado? Fácil, “todo el mundo es bueno”. Su eficacia reside en que no significa nada, pero a la vez puede significarlo todo, y en que emplea tres palabras maravillosamente abiertas a cualquier cosa: todo, bueno y mundo, que juntas avalan un “buenismo” globalizado, todo y todos buenos, ¡no puede fallar!

En serio, Mariano Rajoy debe dimitir ya, y dejar el camino abierto a la renovación completa, efectiva y eficaz de la imagen y discurso de su partido. Lo primero es no volver a hablar de sentido común bajo ningún concepto. Las mil aburridas y sensatas palabras de Rajoy deben dar paso a un sola imagen, nueva, con tirón mediático y refrescante. Una imagen tal vez vacía pero que será a todas luces más eficaz que miles de libros, artículos y discursos plúmbeos sazonados de sentido común. El Partido Popular, si quiere ser algún día de nuevo alternativa de gobierno debe encontrar su propio Chikilicuatre, o su propio Charlot o Keaton si elevamos en altura el cínico nivel del ejemplo. Me entienden, ¿o no? 


NOTA: En el blog titulado El Pulso de la Bruma se pueden leer los anteriores artículos de Juan Antonio González Fuentes, clasificados tanto por temas (cine, sociedad, autores, artes, música y libros) como cronológicamente.


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