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jueves, 9 de julio de 2009
El hundimiento de la URSS y los estados postsoviéticos (I)
Autor: Juan Antonio González Fuentes - Lecturas[6215] Comentarios[0]
Con la llegada de Mijaíl Gorbachov al poder en 1985, la URSS acometió el más importante y profundo proceso de reformas conocido en su historia. Su realización fue más un signo de debilidad que de fuerza y, además de no conseguir enmendar la marcha degenerativa del sistema soviético, abrió en el mismo grietas que aceleraron su caída. El debate acerca de las reformas acometidas por Gorbachov ha dado mucho que hablar; aquí lo que nos interesa es descartar sobre todo sus limitaciones, razón en la que estriba en buena parte su fracaso final desde el punto de vista de la finalidad que persiguió: la superación por el sistema comunista de su crisis


Juan Antonio González Fuentes 

Juan Antonio González Fuentes

Con la llegada de Mijaíl Gorbachov al poder en 1985, la URSS acometió el más importante y profundo proceso de reformas conocido en su historia. Su realización fue más un signo de debilidad que de fuerza y, además de no conseguir enmendar la marcha degenerativa del sistema soviético, abrió en el mismo grietas que aceleraron su caída. El debate acerca de las reformas acometidas por Gorbachov ha dado mucho que hablar; aquí lo que nos interesa es descartar sobre todo sus limitaciones, razón en la que estriba en buena parte su fracaso final desde el punto de vista de la finalidad que persiguió: la superación por el sistema comunista de su crisis.

La URSS se hallaba en una situación de estancamiento económico y de deterioro del bienestar de la mayoría de la población. Sin duda, las dificultades de abastecimiento cotidiano y el recurso frecuente al mercado negro para obtener productos de primera necesidad, constituía una gran contradicción en un país que contaba con una poderosísima maquinaria militar y con un ambicioso programa espacial. Estas dificultades –eran interminables las colas ante las tiendas-, que se tradujeron en el desabastecimiento y el racionamiento de productos básicos, todo ello debido a las deficiencias del sistema de producción y distribución, suponían en cierta medida un retorno del país a los duros años de la posguerra. Las viejas estructuras económicas, que en otros tiempos habían funcionado mal que bien, dejaron de proporcionar ese mínimo bienestar.

En medio de la conciencia de la crisis y de un clima de crítica a la etapa de Breznev, Gorbachov llegó al poder y anunció la puesta en marcha de una política de perestroika (reestructuración) y glasnost (transparencia). El principal objetivo de la perestroika en su etapa inicial fue superar el anquilosamiento de la economía soviética, por lo cual se procedió a un recorte del gasto militar que fue acompañado necesariamente de importantes cambios en la política internacional (retirada de Afganistán, detención de la carrera armamentista), lo que a su vez se tradujo en una distensión y en la mejora de las relaciones con EEUU. Asimismo fue acompañada de importantes cambios internos, sobre todo en el PCUS, objeto de una depuración de sus dirigentes más conservadores. Así, Gorbachov consiguió en 1988 acumular todo el poder al lograr ser nombrado presidente del Soviet Supremo.

Mikhail Gorbachev, 1987 (foto wikipedia)

Mikhail Gorbachev, 1987 (foto wikipedia)

Con ese poder, acometió importantes reformas económicas, aunque no una modificación de los mecanismos fundamentales del sistema. Gorbachov prosiguió con la política de Planes Económicos de Crecimiento, con el inicio en 1986 del 12º Plan Quinquenal, que ponía especial énfasis en el incremento de la productividad. Con ese fin se permitía la existencia de algunos servicios privados (pequeños talleres, restaurantes, taxis), se concedió a los koljoses la posibilidad de comercializar directamente toda la producción, se legalizó parte de la economía sumergida, se desarrollaron las cooperativas familiares, se procuró eliminar la excesiva burocratización y frenar la corrupción, se promovió una mayor autonomía de las repúblicas de la Unión. Se trataba de cambios importantes, dirigidos en todo caso a la continuidad del sistema socialista, pero que tuvieron escaso éxito, cuando no resultaron contradictorios o agravaron las dificultades económicas. Lejos de mejorar, con el paso de los meses la situación se deterioró cada vez más. A partir de 1988 numerosos productos de consumo fueron racionados y los almacenes de las tiendas estaban cada vez más vacíos. A lo largo de 1989 se produjeron dos huelgas de mineros en las principales cuencas del país, obteniendo considerables aumentos salariales.

Paralelamente, en las repúblicas de la periferia afloraban serios conflictos de tipo étnico o nacionalista. El primero fue en Azerbaiyán, donde en febre­ro de 1988 se produjeron violentos enfrentamientos entre la minoría arme­nia, que vivía en la región montañosa de Nagorno Karabaj, y la mayoría azerí, enfrentamientos que se saldaron con la muerte de muchos armenios (se iniciaba así un conflicto que duraría mucho y provocaría mucho derra­mamiento de sangre). En el verano se produjo otro conflicto entre la mayoría uzbeka y la minoría turca en Uzbekistán. Pero también había otras repúblicas donde los conflictos se daban entre la población indígena y los rusos residentes, afectando a la relación entre cada república y el gobierno central de Moscú. Así sucedió en Georgia, don­de en 1989 la policía y el ejército abrieron fuego contra los ma­nifestantes independentistas, con 20 muertos. Otro área de conflictos era la del Báltico: en agosto de 1987, con ocasión del aniversario del pacto Ribbentrop-Molotov de 1939, se produjeron en las tres repúblicas bálticas imponentes manifestaciones de protesta y en junio de 1988 se constituyo en Lituania el movimiento nacionalista Saijudís, mientras que en Estonia y Letonia se formaban sendos «frentes populares». En un primer momento ninguno de ellos presentó la reivindicación de la independencia, pero pidieron la retirada de las tropas soviéticas de sus territorios. En la primavera de 1989, las tres repúblicas bálticas proclamaron su «soberanía», con la negativa a aplicar las leyes promulgadas por Moscú. De la «soberanía» a la independencia el camino sería corto.

Pero tanto Georgia como los países bálticos, ambos situados en !a periferia de la Unión, constituían unos casos límite. Ni las repúblicas de Asia central, mucho menos Ucrania o Bielorrusia, daban señales de querer despegarse de Moscú. En la primera mitad de 1989, pocos hubiesen podido prever que en el plazo de dos años la Unión Soviética se disgregaría. Pero el curso de los acontecimientos había entrado ya en una fase de brusca aceleración impulsada sobre todo por la caída del Muro de Berlín, que dio paso a la reunificación alemana.

***

Últimas colaboraciones de Juan Antonio González Fuentes en Ojos de Papel:

-LIBRO: Stieg Larsson: Millennium 3. La reina en el palacio de las corrientes de aire (Destino, 2009).

-PELÍCULA: Niels Arden Oplev: Millennium 1: Los hombres que no amaban a las mujeres (2009).

Más de Stieg Larsson:

-Millenium 1. Los hombres que no amaban a las mujeres (Destino, 2008)

-Millennium 2. La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina (Destino, 2008)


NOTA: En el blog titulado El Pulso de la Bruma se pueden leer los anteriores artículos de Juan Antonio González Fuentes, clasificados tanto por temas (cine, sociedad, autores, artes, música y libros) como cronológicamente.


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