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Stieg Larsson: La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina (Destino, 2008)

Stieg Larsson: La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina (Destino, 2008)

    TÍTULO
La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina

    AUTOR
Stieg Larsson

    EDITORIAL
Destino

    TRADUCCCION
Martin Lexell y Juan José Ortega Román

    OTROS DATOS
Barcelona, 2008. 752 páginas. 22,50 €



Stieg Larsson

Stieg Larsson


Reseñas de libros/Ficción
Stieg Larsson: La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina (Destino, 2008)
Por Juan Antonio González Fuentes, martes, 6 de enero de 2009
Hay un viejo refrán español que dice “segundas partes nunca fueron buenas”. La frase, como todos los tópicos, se sustenta en un elevadísimo porcentaje de aciertos producidos a lo largo del tiempo; y ejemplos al respecto podríamos dejar aquí apuntados hasta aburrirnos. Sin embargo, hay otro tópico de nuestra sabiduría popular que viene a apostillar con sentido el primer refrán: “la excepción confirma la regla”. Pues bien, aferrándonos a esta última filosofía popular respecto a las cosas de la vida, sólo puede decirse que la segunda entrega de la anunciada trilogía Millennium, del autor sueco Sietg Larsson (1954-2004), y cuyo largo título responde a La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina (Destino, Barcelona, 2008), es mucho mejor y más entretenida que la primera novela de la serie, libro también con título bastante enigmático, y del que ya tratamos por extenso en estas mismas páginas hace no mucho tiempo: Los hombres que no amaban a las mujeres.
La sencilla paradoja es que ambas novelas presentan las mismas características, los mismos ingredientes, los mismos protagonistas (Mikael Blomkvist y Lisbeth Salander), e incluso comparten muchos de los principales personajes. Tal es así que, sin ser absolutamente imprescindible la lectura del primer volumen para seguir con claridad el argumento del segundo, sí aporta dicha “cita previa” conocimientos (no información) que enriquecen considerablemente la nueva aproximación al mundo ideado por Larsson. Entonces, ¿por qué es mucho mejor esta segunda entrega? ¿Es mejor, por ejemplo, la trama, el argumento? No, no creo que sea cuestión de trama o argumento. En esta segunda novela Lisbeth Salander disfruta de unos días supuestamente tranquilos en el Caribe, y Mikael Blomkvist, trabaja en el lanzamiento de un número especial de la revista Millennium sobre un tema candente: una dura y terrible historia de prostitutas provenientes de algunos países del Este. Bien, este sería el punto de partida inicial de la trama principal por la que circula la nueva historia de Larsson, pero hay tantos afluentes, hay tantos asuntos paralelos, que resulta muy difícil, si no materialmente imposible, recorrer en pocas líneas todos los recovecos del contenido de la narración que comentamos. Y además no tendría mucho sentido.

No, como cualquier lector avezado sabe perfectamente, el interés de un libro no reside jamás del todo en lo que cuenta, descansando siempre una muy buena parte del interés en cómo lo cuenta. Y aquí es donde la escritura de Larsson ha madurado mucho en este segundo episodio de la trilogía. Recordemos que nuestro autor comenzó a escribir ficción en el 2001, y que, como contó él mismo en la única entrevista literaria que concedió antes de morir (*), dio el paso por pura diversión, después de llevar pensándolo desde los años 90.

Larsson empezó entonces a escribir un texto sobre los viejos detectives Hernández y Fernández, de la serie Tintín. Y dándole vueltas a cómo escribir sobre la célebre pareja, surgió la idea de crear una “pareja detectivesca” formada por una chica y un hombre. A la hora de concebir el personaje de la chica, Stieg Larrson se preguntó cómo sería su compatriota Pippi Langstrump, y así nació Lisbeth Salander, de veinticinco años, una chica que se siente como una extraterrestre entre la gente, que no conoce a nadie ni tiene ninguna capacidad social para relacionarse con normalidad.

Sí, Larsson, el artesano de la novela negra, logra en su segunda secuela dentro del proyecto Millennium, que todo funcione como un reloj de precisión


Luego Larsson creó el contrapunto de su joven Pippi Langstrump antisocial, Mikael Blomkvist, un periodista de cuarenta y cinco años que es, a todas luces, un remedo del propio Larsson. Un periodista trabajador, competente, buena persona, que trabaja en su propia revista, llamada Millennium. En torno a estos dos personajes principales Larsson construyó algunos mundos paralelos, con sus personajes emblemáticos, sus escenarios, sus geografías: el de la revista Millennium, que tiene seis empleados; el de Milton Security, una empresa de seguridad privada para la que hace trabajos esporádicos Salander; los policías que llevan las investigaciones, etc…, cada uno de estos subgrupos se transforma a la vez en coprotagonista de las historias planteadas en las novelas de Larsson, cada uno constituye un afluente que tras describir diversos meandros desemboca en la gran corriente narrativa que cohesiona la novela.

Nuestro autor escribió siguiendo el esquema esbozado tres novelas antes de morir de un ataque cardiaco. Las dos ya aparecidas, y una tercera, la última, titulada La reina en el palacio de las corrientes de aire (que en español se publicará dentro de unos meses), páginas en las que se acaban entendiendo todos los pormenores y detalles de lo narrado en la trilogía Millennium, aunque los tres libros son historias que pueden leerse de forma independiente.

Pero cuál es en mi opinión la causa de que la serie Millennium haya tenido tanto éxito y haya enganchado a tantos miles de lectores. ¿Por qué es mejor, más eficaz en el logro de sus objetivos el segundo volumen que el primero?

¿El resultado? Un entretenimiento ameno, un juego que atrapa toda nuestra atención e interés, y que, para colmo, nos enseña que sociedades aparentemente casi perfectas, justas, ricas y solidarias, como las escandinavas, encierran, como todo compendio humano, lo mejor y lo peor, en dosis que casi, casi se contrarrestan

Para dar explicaciones a estas preguntas concurren varios elementos, y casi todos los reveló el autor en la entrevista que concedió. Allá vamos. Larsson leyó historias de detectives toda su vida, y enseguida supo discernir qué le gustaba de ellas y qué le dejaba indiferente o molestaba. La construcción de estas historias frecuentemente tienen que ver con un número de personas concretas, pero por lo general dichas historias no dicen nada de la sociedad en la que tienen lugar. Las novelas de Larsson sí ponen de manifiesto los lados más oscuros, terribles, de la en apariencia tranquila y sana sociedad sueca: violaciones, drogas, fascismo, corrupción política y económica, manipulación periodística, trata de blancas, violencia… En un gran número de novelas de detectives al uso, jamás aparecen las consecuencias de lo que ocurre en las historias siguientes. En la trilogía de Larsson sí.

Según nuestro autor escribir novelas de detectives era sencillamente escribir literatura de puro entretenimiento, nada de perderse queriendo dar con el camino de la literatura clásica. Pero si además de entretener se dice algo más o menos importante, mejor que mejor. Escribir novelas de detectives, así planteado, es artesanía sin mala conciencia, una labor que requiere maña, dedicación y mucho oficio. Es como hacer zapatos, y espero que se entienda la comparación. El par de zapatos número doscientos casi necesariamente saldrá mejor que el número uno. Así, a Stieg Larsson, el estupendo artesano sueco de las novelas de detectives, manejando los mismos ingredientes en su primera y segunda novela, le salió mejor, más redonda, más sin fisuras, la segunda entrega que la primera, así de sencillo, así de fácil.

Sí, Larsson, el artesano de la novela negra, logra en su segunda secuela dentro del proyecto Millennium, que todo funcione como un reloj de precisión. Ya se ha dicho que en lo esencial los ingredientes utilizados son los mismos, y la trama es primo-hermana de la primera, pero en La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, nos ahorramos dimes y diretes, elucubraciones al margen, y todo va más deprisa y al grano, sin dejarle al lector tiempo para el resuello. Larsson construye en esta novela un puzzle complejo y fascinante de los que tienen miles de piezas. Larsson las lanza todas sobre la mesa desconcertando al lector, pero con suma rapidez, no dando un respiro, va colocando las distintas partes del puzzle a lo largo y ancho de la mesa. El lector sigue desconcertado, pero no puede dejar de observar con sumo interés cómo las piezas van, a su ritmo, esbozando figuras, paisajes, delineando una historia compleja y sencilla a la vez. Con habilidad de prestidigitador, nuestro autor sigue colocando piezas ante un lector que ya no puede dejar de observar la mesa de juegos, y ante él, todas las piezas, hasta las de forma más inverosímil, van encajando. ¿El resultado? Un entretenimiento ameno, un juego que atrapa toda nuestra atención e interés, y que, para colmo, nos enseña que sociedades aparentemente casi perfectas, justas, ricas y solidarias, como las escandinavas, encierran, como todo compendio humano, lo mejor y lo peor, en dosis que casi, casi se contrarrestan.

Lo he pasado francamente bien leyendo esta nueva voluminosa entrega de Stieg Larsson. Si como ha demostrado en ella, el oficio va a más, y los productos resultantes se benefician de la mayor maestría del artesano, sólo puedo decir que espero ya con impaciencia la tercera y última entrega de Millennium. Ya estoy sentando esperando!!

(*) Primera y última entrevista con Stieg Larsson, realizada por Lasse Winkler el 27 de octubre de 2004, y publicada en el número 18/04 de Svensk Bokhandel.



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