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Eva Perón

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Carlos Malamud es profesor Titular de Historia de América Latina de la UNED e investigador principal del Real Instituto Elcano

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Enrique Krauze: El poder y el delirio (Tusquets, 2008)

Enrique Krauze: El poder y el delirio (Tusquets, 2008)

Enrique Krauze

Enrique Krauze


Análisis/Política y sociedad latinoamericana
Lugares comunes latinoamericanos: ¡patria o antipatria! ¡revolución o muerte! ¡conmigo o contra mí!
Por Carlos Malamud, martes, 6 de enero de 2009
Juan Domingo Perón construyó buena parte de su campaña electoral de 1946, la que le condujo por primera vez a la presidencia argentina, en torno a una dicotomía: “Braden o Perón”. Braden, que fue embajador de Estados Unidos en Argentina en 1945 era la perfecta encarnación del imperialismo, es decir del mal. Por el contrario, Perón representaba todas las virtudes de la Patria, es decir del bien. De esta forma maniquea el corolario era contundente: todo aquel que no estaba con Perón, que no estaba con la Patria, era un traidor y un antipatriota. Esta sencilla fórmula, que impide o coarta el disenso y alienta hasta el extremo la polarización social y las fracturas internas de una sociedad, ha sido recuperada por los populismos modernos y es una de las principales bazas de sus éxitos electorales.
Tal planteamiento tiene un profundo componente antipolítico y antipartido, sumamente enraizado en el discurso “movimientista” de los populismos. De este modo, los movimientos populistas intentan ocupar el mayor espacio posible de la escena política, de ser posible desde la extrema izquierda hasta la extrema derecha, en un intento de representar al “pueblo” de forma monopólica y sin ningún tipo de intermediarios. “El Peronista trabaja para el MOVIMIENTO. El que en su nombre sirve a un círculo, o a un caudillo, lo es sólo de nombre”. Esta idea queda clara en las Veinte verdades del peronismo (la anterior es la tercera), una especie de catálogo de las virtudes del buen peronista. Desde esta perspectiva, la verdad segunda dice: “El Peronismo es esencialmente popular. Todo círculo político es antipopular, y por lo tanto, no es Peronista”, por eso queda meridianamente claro lo que puede sonar como una obviedad, pero en el fondo no es tal “Para un Peronista no puede haber nada mejor que otro Peronista” (verdad sexta).

Ahora bien, para que la antinomia “Patria Antipatria” funcione es necesaria la coacción. De ahí que la siguiente frase de Eva Perón, “A la fuerza brutal de la antipatria opondremos la fuerza popular organizada”, haya sido convertida en bandera de numerosos movimientos autoritarios en Argentina, dada la propensión que tiene de incitar al diálogo permanente entre las partes. En su momento los Montoneros la hicieron suya, y en la actualidad el grupo La Cámpora, de la Juventud Peronista también la ha incorporado. Se da la casualidad de que el impulsor y uno de los principales dirigentes de La Cámpora es Máximo Kirchner, hijo de la pareja presidencial argentina. Otro slogan favorito de estos grupos, y otros semejantes, es el de “¡Patria sí, colonia no!”, que permite otorgar a estos movimientos la correspondiente nota de color nacionalista y antiimperialista.

Hugo Chávez ha hecho de su programa semanal Aló, Presidente una tribuna de intolerancia

Este lenguaje que apela claramente a la confrontación es utilizado de forma corriente por Hugo Chávez, que ha hecho de su programa semanal Aló, Presidente una tribuna de intolerancia. Durante la campaña para las elecciones locales y regionales de fines de 2008, el presidente dijo de forma contundente: “somos los continuadores de una batalla contra los antipatrias, los traidores, los que se venden, la burguesía, los pitiyanquis y a estos partidos viejos que ahora se visten de nuevos, pero son la misma macolla, de los godos, de la cosiata; éstos que hoy están desesperadamente tratando de reeditar el Pacto de Punto Fijo… Hay que decir que ese pacto murió el 4 febrero de 1992”. Los traidores, sin embargo, no son sólo los opositores, los traidores también son aquellos que osan disentir de los postulados del líder máximo bolivariano. En un terreno marcado por la polarización social y la crispación no hay lugar para las medias tintas. Por eso, “Quien traicione a Chávez se muere políticamente. Aquí no hay chavismo sin Chávez. En Venezuela en este momento no hay terceras posiciones. El que no está con Chávez está contra Chávez”.

Esta situación está muy bien descrita por Enrique Krauze en su excelente libro El poder y el delirio (Tusquets, 2008): “Chávez ha asumido frente a la oposición una actitud que recuerda a la Contrarreforma: quienes disienten no son adversarios políticos sino enemigos de la verdad, herejes de la religión oficial: “escuálidos”, “pitiyanquis”, “traidores a la patria”, “vendepatrias”. Contra ellos lanza sus invectivas dominicales en Aló, Presidente. Contra ellos tiene sus propios tribunales de la inquisición: el programa de televisión La Hojilla y los sitios de Internet como aporrea.org, donde los usuarios chavistas no sólo descargan sus odios teológicos contra los “escuálidos” sino que expulsan a sus propios correligionarios que se desvían de la pauta canónica. La lógica de este sitio y de otros afines se debate entre la intolerancia y el victimismo. Lo más increíble es que tiene a gala “no aceptar propaganda opositora ni golpista”. Además, los usuarios más veteranos de “Aporrea” tienen la opción de expulsar a los que consideren usuarios problemáticos, saboteadores y opositores encubiertos” (p. 336).

La lógica binaria es palmaria y aplastante y las dos opciones son ser masista (del MAS) o fascista

Esta es la misma línea que lleva adelante el gobierno boliviano de Evo Morales. En una alocución el pasado diciembre, de cara al referéndum para aprobar su proyecto de Constitución, el presidente Morales señaló: “Sabemos que la derecha se va preparando para enfrentarnos en las próximas elecciones nacionales”, y ante esa situación, de por sí normal en cualquier país democrático, a los dirigentes sociales del campo y de la ciudad, según la interpretación presidencial, sólo les quedan dos caminos. Se trata de la más pura lógica binaria, donde tampoco hay lugar para opciones intermedias o para introducir matices. La lógica es palmaria y aplastante y las dos opciones son ser masista (del MAS) o fascista. En palabras de Morales: “Si son fascistas, estarán con los vende patrias y si son masistas, (como) brazo del pueblo para garantizar este proceso revolucionario”.

Es éste el contexto donde, más allá de lo que pueda decirse o manifestarse, no hay lugar para la política. Es éste el contexto en el cual las elecciones sólo sirven y son legítimas si se ganan. Sólo con potentes organizaciones sociales y con partidos políticos bien organizados y mejor gestionados, apartados de cualquier sospecha de corrupción, será posible que la palabra vuelva a convertirse en el mejor camino para solucionar y dirimir los conflictos. Mientras tanto, sin instituciones de por medio, sin los célebres checks and balances de los anglosajones, predominará la ley del más fuerte, lo que en este contexto significa la ley de quien controla el poder del Estado. El problema de fondo de tanta polarización social es que resulta muy fácil dividir a la sociedad, pero suturar las profundas heridas causadas puede demandar el esfuerzo de varias generaciones.

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Hugo Chávez en Aló, Presidente (vídeo colgado en YouTube por cronicas117)
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