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viernes, 19 de junio de 2009
La nueva democracia liberal europea tras la II Guerra Mundial
Autor: Juan Antonio González Fuentes - Lecturas[24100] Comentarios[1]
Al término de la Segunda Guerra Mundial en el Occidente industrializado se produjo el triunfo de la democracia liberal, si bien bajo una forma diferente al liberalismo de antaño. A escala política esto es indudable: la elección por sufragio universal completo se convierte en norma, por mucho que en algunos países se trate de una fachada. Por otra parte, la democracia liberal, sobre todo en Europa, quiere ser además portadora de valores sociales, lo que es una faceta totalmente nueva


Juan Antonio González Fuentes 

Juan Antonio González Fuentes

Al término de la guerra mundial en el Occidente industrializado se produjo el triunfo de la democracia liberal, si bien bajo una forma diferente al liberalismo de antaño. A escala política esto es indudable: la elección por sufragio universal completo se convierte en norma, por mucho que en algunos países se trate de una fachada. Por otra parte, la democracia liberal, sobre todo en Europa, quiere ser además portadora de valores sociales, lo que es una faceta totalmente nueva. Otro elemento nuevo es que la democracia sabe entonces que es frágil (se encuentra con la rivalidad y la oposición del comunismo), intentando por ello competir diplomática y moralmente con el bloque socialista y presentándose, bajo la égida de EEUU, como la forma de gobierno del mundo libre.

Sin duda fue una buena noticia para la democracia liberal su instauración en los tres grandes países del fascismo. Alemania, la cuna del nazismo, pasó a ser después del conflicto un territorio ocupado por los ejércitos de los países vencedores. El desacuerdo entre soviéticos y occidentales sobre el destino del país facilitó que, paulatinamente, y sobre todo en razón de las necesidades de la revitalización de la economía, las cuatro zonas de ocupación dieran origen a dos entidades vinculadas a cada uno de los bloques en que se dividió el conjunto aliado en la guerra. Mientras en el Este los soviéticos vincularon su zona de ocupación al bloque socialista, en el Oeste las iniciativas americanas cuajaron en la creación de un nuevo Estado que adoptó el estatuto de democracia liberal. La vida política, bajo la tolerancia de los ocupantes, se articuló en torno a tres fuerzas políticas esenciales: el partido cristianodemócrata, el socialdemócrata y el liberal, en este orden de importancia. La zona occidental pasó a ser finalmente en 1949 un nuevo Estado, la República Federal de Alemania (RFA), después de unas elecciones que dieron la mayoría a los cristianodemócratas (CDU) encabezados por Konrad Adenauer, canciller del nuevo Estado alemán. Éste se configuró como antimodelo del nazismo, estableciéndose como un estado federal constituido por diez Länder cada uno con su constitución y su asamblea. A la descentralización hay que añadir una Constitución que insiste en los principios democráticos y en los derechos humanos: dignidad de la persona, rechazo de discriminación por motivos de ascendencia y raza, garantía de las libertades fundamentales… En suma, una democracia parlamentaria clásica, con un gobierno federal responsable ante un Parlamento elegido por sufragio universal.

Italia también paso a ser una democracia liberal, lo que era más significativo por cuanto en su tradición no había ninguna experiencia de democracia auténtica, dada la corta y poco efectiva vida del sufragio universal proclamado en 1919. Con la caída del fascismo en 1943 y su derrota definitiva en 1945, se impuso la cultura política del antifascismo. También la monarquía pagó el precio de su alianza de veinte años con el fascismo, al votarse en junio de 1946 un referéndum sobre la forma de gobierno en el que por un estrecho margen venció la República, inmediatamente proclamada. En seguida el país se dotó de un régimen democrático a la francesa, con dos cámaras, un Senado elegido mediante sufragio indirecto, una Cámara de Diputados designada mediante sufragio universal, un presidente de la República elegido por las dos asambleas y un presidente del Gobierno apoyado en la confianza de los diputados. Como en Alemania, la Constitución otorga carta de naturaleza a las regiones, considerándose la descentralización indispensable para el ejercicio de las libertades locales, si bien este principio tardó veinte años en ser aplicado. Otra de las deficiencias de la democracia liberal italiana fue que, establecido un sistema de partidos con dos grandes fuerzas a la derecha y la izquierda del mismo, la Democracia Cristiana y el Partido Comunista, la lógica de la guerra fría impidió la llegada de éste en momento alguno al gobierno, que fue ejercido de forma continuada por una DC erigida sobre una compleja trama de influencias y corrupción.

En el campo de las viejas democracias, Francia constituye un caso particular. Fue la única de las grandes democracias liberales en las que el período de entreguerras presenció virulentos ataques al régimen democrático y parlamentario, surgiendo movimientos fascistas relevantes y una extendida cultura política derechista autoritaria. De estos elementos surgieron los apoyos del gobierno de Vichy, en el que vieron un antídoto a la debilidad y la ineficacia que achacaban a la democracia parlamentaria. Como reacción, entre la Resistencia y los sectores que combatieron al nazismo se produjo una revaloración de las formas democráticas. En 1946 se aprobó una nueva constitución, inaugurando de esta manera la IV República, con un régimen democrático liberal basado en la preeminencia parlamentaria, siendo derrotada la opción de un ejecutivo fuerte que defendía De Gaulle.

Konrad Adenauer en 1952 (foto wikipedia)

Konrad Adenauer en 1952 (foto wikipedia)

En el resto del mundo occidental, las viejas democracias restauraron sin dificultad un régimen que no había sido puesto en tela de juicio y unas instituciones que, en la mayoría de los casos, no habían dejado de funcionar. EEUU y Gran Bretaña no habían registrado ninguna crítica relevante contra sus instituciones, que salieron fortalecidas de la guerra. La democracia liberal se mantuvo o fue restablecida en los países escandinavos, tanto en Suecia (que se había mantenido neutral), como en Dinamarca (donde se mantenido formalmente pese a la ocupación) e incluso en Noruega (donde se había implantado la dictadura títere de Quisling). De igual manera, Bélgica y los Países Bajos volvieron a ser democracias liberales, si bien la polémica acerca de la actitud del rey Leopoldo III durante la guerra originó una “cuestión real” que complicó la vida política belga y se resolvió en la abdicación del monarca a favor de su hijo Balduino. Finalmente, los nuevos estados creados tras la guerra adoptaron generalmente el estatuto de democracia liberal de tipo parlamentario, caso de Islandia (1944) y de Israel, (1948). Esta reconstrucción política vino acompañada de la reconstrucción económica en un hermanamiento exitoso entre lo político y lo económico.

Los años de 1950 a 1974 estuvieron marcados en todo el mundo desarrollado por el crecimiento económico, que consolidó la democracia liberal en los países donde triunfó y originó unas exigencias democráticas que produjeron la caída de la dictadura en los países donde se había mantenido o se había instaurado el autoritarismo. El fenómeno del crecimiento tuvo grandes consecuencias en la sociedad y la vida política. El crecimiento garantizó a la mayoría de los ciudadanos la satisfacción de las necesidades fundamentales y la población accedió a un tipo de consumo que pocos años antes era un lujo reservado a una minoría, quitando tensión a la lucha de clases y cambiando las prioridades del debate político. Ante la cuestión de la distribución de la riqueza se fueron forjando dos escuelas: la que ante todo cuenta con los mecanismos del mercado (liberalismo) y la que juzga que corresponde al Estado corregir la desigualdad por medio de la hacienda redistributiva (socialdemocracia). Como resultado de este nuevo contexto en Europa se produjo un fuerte ajuste tanto de las fuerzas conservadoras como de las izquierdas, que se renovaron a lo largo de estos años hasta configurarse como democracia cristiana y socialdemocracia. Otro resultado del crecimiento fue el declive de la audiencia de los partidos comunistas, con las excepciones de Francia e Italia.

En estos años el crecimiento de la democracia liberal tuvo lugar también de otras formas: como nuevas dimensiones de la democracia que fueron alimentadas por el debate entre la vía liberal y la socialdemócrata. El espectacular crecimiento de los países capitalistas inspiró a los teóricos y a los políticos de muchos países una fe inquebrantable en los mecanismos de la economía de mercado, considerando que sus efectos en la creación de riqueza se propagaban por la sociedad entera, aunque fuera desigualmente. La vía liberal fue el planteamiento político-económico seguido por los países que más confianza pusieron en el funcionamiento del mercado sin grandes restricciones ni intervención del poder público. El argumento en defensa de esta vía se basaba en el hecho de que los Estados que mantenían con más fuerza el liberalismo y limitaban al máximo la intervención conseguían un mayor triunfo económico. Esto fue cierto sobre todo en el caso de EEUU, cuyo éxito económico se correspondía con una sociedad de clases medias con un nivel de vida elevado en la que los controles administrativos, la presión fiscal y el esfuerzo redistributivo fueron mínimos por parecerles un desestímulo para los más emprendedores. También fue el caso de Japón, el país que experimentó el crecimiento económico más espectacular en la posguerra (un crecimiento anual del 10% a partir de 1950) bajo el signo de los grandes principios de la economía liberal (la protección social a escala nacional era inexistente y la intervención estatal muy discreta).

En el caso de Alemania, devastada tras la guerra, se aplicó a su recuperación procediendo a la implantación de una economía liberal basada en una reforma monetaria deflacionista, la creación de una nueva moneda (Deutsche Mark) y la liberalización de precios e intercambios. Al tiempo, mantuvo los salarios a niveles bajos utilizando la abundante mano de obra procedente de los refugiados que procedían del Este y estimuló las inversiones extranjeras. Todo con un discurso social que situó el encauzamiento económico bajo la inspiración de una “economía social de mercado”, reivindicando el principio de solidaridad sobre la lucha de clases. Gracias a todo ello, creció al 9% anual (el “milagro alemán”) desde comienzos de los cincuenta y se convirtió de nuevo en una potencia económica.

Charles De Gaulle en 1942 (foto wikipedia)

Charles De Gaulle en 1942 (foto wikipedia)

La estrategia socialdemócrata, al contrario que la liberal, consideraba necesaria una fuerte intervención del Estado en la economía y en la sociedad. Esta política requería partidos socialdemócratas muy fuertes y representativos de la población asalariada, que mantuviesen estrechos contactos con los sindicatos. Un buen ejemplo es el del Reino Unido, donde los laboristas, en el poder desde 1945, establecieron un tipo de sociedad basado en el Estado provisor, traducido en las inversiones en educación, la modernización de la administración, la mejora de los subsidios, etc., al tiempo que respetando los fundamentos del libre mercado y la iniciativa privada. El consenso alcanzado en torno a este sistema llevó a que fuese una política compartida en lo esencial por laboristas y conservadores, al menos hasta la aparición de algunos problemas en los años sesenta.

En Alemania fueron los cristianodemócratas quienes gobernaron con holgura durante las dos décadas siguientes a 1945. Los socialdemócratas, con un programa de nacionalizaciones y planificación, parecían condenados a la oposición, lo que les acabó llevando en 1959 (Congreso de Bad-Godesberg) a renunciar el marxismo y la lucha de clases, declarándose como el partido de todo el pueblo, además de aceptar la Ley Fundamental de la República Federal, la propiedad privada y la defensa nacional. Este cambio le permitió acceder al poder en 1966 dentro de una gran coalición con los cristianodemócratas y pasar a encabezar el gobierno (Willy Brandt) en 1969, gracias a una alianza con el Partido Liberal. Desde entonces, y a pesar de los inicios de la crisis económica internacional, desarrollaron una política de marcado carácter social e intervencionista: extensión de la cogestión a todas las empresas de más de 2000 empleados, aumento de los derechos de los trabajadores en la empresa, aumento de la progresividad fiscal, subida de las pensiones, garantías para los empleados de empresas en quiebra, prestaciones para los parados, medidas favorables a la educación...En suma, el gobierno socialdemócrata no modificó los fundamentos liberales de la economía alemana, pero le dio una dimensión social sin precedentes.

De todas maneras, la necesidad de llegar al consenso social fue generalizada en estos años en el mundo de las democracias liberales, marcando la política de los países escandinavos, de Francia y de Italia (donde en los años sesenta se estableció una amplia coalición de centro integrada por la democracia cristiana, republicanos, liberales y socialistas).

Muy diferente fue el caso de las dictaduras del sur de Europa, ligados al bloque occidental y de economía capitalista, pero bajo sistemas autoritarios: Portugal (dictadura de Salazar desde los años veinte), España (desde 1939 bajo la dictadura de Franco) y Grecia (régimen de los coroneles, impuesto en 1967). Las tres dictaduras estaban alineadas con el bloque occidental en el marco de la Guerra Fría. A finales de los años sesenta, estos países experimentarán grandes transformaciones debido al crecimiento económico, el turismo y el mayor contacto con el mundo occidental. Este fenómeno concernió poco a Portugal, confrontado además a guerras coloniales en sus posesiones africanas, que acabaron por arruinar sus finanzas públicas. Pero en Grecia el despegue económico fue indiscutible, muy facilitado por las ingentes ayudas norteamericanas. E igualmente en España, que en los años sesenta experimentó un fuerte crecimiento que comportó un aumento importante del nivel de vida de la población, un mayor poder de las clases medias y una amplia urbanización, si bien originó también fuertes desequilibrios sociales. El fenómeno vino acompañado por una reivindicación en favor de un régimen político democrático, que empezó a abrirse paso con el derrumbamiento de las dictaduras en el bienio 1974-1975. En Portugal la transición fue más brutal, pues la falta de apertura del régimen y el descontento originado por las guerras coloniales acabaron con un golpe militar revolucionario contra la dictadura en 1974, la conocida “Revolución de los Claveles”, que abrió un proceso de muchas tensiones que transformó en pocos años a Portugal en una democracia liberal. En Grecia el descontento con el régimen de los coroneles culminó con el fracaso de su política en Chipre (con su invasión por tropas trucas y posterior partición), que les llevó a abandonar el poder en 1974, restableciéndose la democracia. En España la muerte del dictador Francisco Franco dio lugar a un proceso de transición política, con la celebración de elecciones libres en 1977 y la aprobación de una Constitución democrática al año siguiente. De este modo al acabar los años setenta la democracia liberal había sustituido a la dictadura en toda la Europa meridional.

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Últimas colaboraciones de Juan Antonio González Fuentes en Ojos de Papel:

-LIBRO: Jesús Pardo, Borrón y cuenta vieja (RBA Libros, 2009)


NOTA: En el blog titulado El Pulso de la Bruma se pueden leer los anteriores artículos de Juan Antonio González Fuentes, clasificados tanto por temas (cine, sociedad, autores, artes, música y libros) como cronológicamente.


Comentarios
16.08.2009 17:47:59 - renfejose



mi interés en este artículo es encontrar alguna solucion a la crisis que estamos viviendo en España.como nacion no hemos sido valientes de recordar a los banqueros-usureros que se olvidaron de su experiencia: ¿como se podia prestar dinero a un chaval dinero para un coche deportivo cuyo valor disminuye a razon de un 15% anual?, como llegar a engañar a hacienda haciendo que creditos hipotecarios fueran parte de ellos a la compra de bienes superficiales?. No me vale decir que también él que pedía tenía su culpa: si yo me quería independizar que tenía que hacer?. Pues pedir a quien daba. Y ahora para colmo no dan dinero a las empresas: NO TENGO PALABRAS PARA DECIR MI OPINION DE ELLOS.










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