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Jesús Pardo: <i>Borrón y cuenta vieja</i> (RBA Libros, 2009)

Jesús Pardo: Borrón y cuenta vieja (RBA Libros, 2009)

    TÍTULO
Borrón y cuenta vieja

    AUTOR
Jesús Pardo

    EDITORIAL
RBA Libros

    OTROS DATOS
Barcelona, 2009. 320 páginas. 22 €



Jesús Pardo

Jesús Pardo


Reseñas de libros/No ficción
Jesús Pardo: Borrón y cuenta vieja (RBA Libros, 2009)
Por Juan Antonio González Fuentes, lunes, 1 de junio de 2009
Jesús Pardo (Santander, 1927) es un escritor tardío. Bueno, seamos más precisos, es un escritor muy precoz que publicó su primer libro con 55 años. Pardo, desde muy joven supo que su vida estaría siempre, de alguna u otra manera, ligada a su única y obsesiva vocación: los libros. Con 21 años abandonó para siempre Santander y la gran biblioteca de su tía Curra, en la que aprendió a leer en español y en algún otro idioma, y a escribir con alguna soltura. Pardo llegó a Madrid con esa edad y acabó en el oficio de escritor de un día para otro, es decir, en el de periodista. En la capital de España frecuentó la gran época del café Gijón y comenzó las colaboraciones modestas en diversos periódicos. Como algo sabía de inglés, a partir de 1953 se marchó a Londres de corresponsal de los diarios Pueblo y Madrid. En Londres, según propia confesión, dejó poco a poco de ser un jovencito fascista, aprendió mejor el inglés, comenzó a escribir algo en serio y a hacer de la profesión de corresponsal un pasable modo de vida. Ginebra y Copenhague lo conocieron como hombre de la agencia EFE, y diversos países de la Europa comunista, los EEUU, países escandinavos, centroamericanos y de Oriente Medio lo registraron como corresponsal volante.
A punto de morir el general Franco, Jesús Pardo recaló de nuevo en Madrid tras más de dos décadas como ciudadano londinense. En la capital lo contrató el Grupo 16, y en él fundó y dirigió la revista Historia 16, cargo que ocupó durante tres años seguidos, volviendo al cabo de ese tiempo a la agencia EFE, donde lo alcanzó la jubilación a los sesenta años de edad. Para entonces ya había publicado su primera y quizá mejor novela, Ahora es preciso morir (1982) en la que cuenta su infancia santanderina y realiza, en mi opinión, uno de los mejores análisis literarios con los que el lector pueda encontrarse de la burguesía española de los años 1930 y 1940.

Como ya ha quedado dicho esperó Pardo hasta 1982 para dar a la imprenta su primer libro, pero una vez que quitó el tapón de la continencia, se reveló como un autor prolífico en varios campos y géneros. Así Pardo ha publicado novelas, ensayos, libros de poesía, libros de cuentos, una trilogía de novelas históricas de ambiente romano, decenas de traducciones de idiomas diversos (inglés, alemán, francés, sueco, finés, rumano, húngaro…), y tres libros de memorias memorables en su conjunto: Autorretrato sin retoques (sin duda uno de los más singulares trabajos del género en la cultura española contemporánea), Memorias de memoria, y este Borrón y cuenta vieja (RBA, Barcelona, 2009) que aquí nos convoca.

Autor de una novela estupenda, la ya mencionada Ahora es preciso morir, y de páginas muy aceptables en géneros diversos como ya se ha subrayado, es sin duda su trilogía memorialística la que exige una parada y fonda en el acercamiento contemporáneo a género tan tradicionalmente maltratado en España

Vaya por delante este comentario: no es Jesús Pardo a nuestro juicio un autor imprescindible, categoría a la que por razones obvias sólo tienen acceso un restringido número de autores en cada idioma. Pero también es verdad que Pardo es un autor que merece más y mejores lecturas, y con toda probabilidad una reubicación en el panorama literario español. Autor de una novela estupenda, la ya mencionada Ahora es preciso morir, y de páginas muy aceptables en géneros diversos como ya se ha subrayado, es sin duda su trilogía memorialística la que exige una parada y fonda en el acercamiento contemporáneo a género tan tradicionalmente maltratado en España.

Las claves de la maquinaria memorialística del escritor santanderino descansan a mi entender en los cuatro grandes puntos que siguen: Primero, Pardo cuenta con crudeza la verdad, o mejor dicho, su verdad, lo que él mismo cree a pies juntillas que es la verdad de lo por él vivido, y lo hace sin adornos, sin medias palabras, sin sonrojos, sin miedo a herir susceptibilidades, reputaciones y egos. Segundo, Pardo con quien más inmisericorde se muestra es consigo mismo, personaje a quien vapulea casi con saña desde la más impúdica intimidad. Tercero, Pardo, como corresponsal en Londres de importantes medios escritos, como escritor, como periodista viajero, estuvo en contacto directo, pero desde la salvaguardadora periferia, con buena parte de la inteligencia política y cultural de la España franquista y de aquella de la transición a la democracia, por lo que tiene muchas cosas que contar y desde una visión o posicionamiento peculiar: el del testigo directo pero ajeno. Y cuarto, Jesús Pardo escribe con mucha gracia, con un sentido del humor mitad exquisitamente británico y mitad maliciosamente castizo; con un uso del lenguaje y las palabras en el que con aparente naturalidad, casi con ingenuidad, se ponen todos los dedos cargados de sal en la yaga para que esta sangre a borbotones y sin posibilidad alguna de coagulación.

xxxx“Cuando muera, me voy a echar de menos”, es además del epitafio que para sí ha pensado Jesús Pardo, tan sólo una muestra de las decenas de frases, ocurrencias..., con las que nuestro autor trufa las páginas de estas memorias, y que esparcidas por ejemplo por dos o tres películas de Woody Allen hoy serían ya patrimonio de la humanidad

En el primer y mejor tomo de sus memorias, Pardo se encarga de realizar un aguafuerte con su propia sangre y la de sus conocidos en el que los principales decorados son el Santander de su infancia y adolescencia, el Madrid de su juventud y el Londres en el que se exilió como periodista. El segundo volumen, menos intenso y menos tenso, lo dedicó a estampanar en el papel en blanco su regreso al Madrid con ansias de libertad. Y este último y final tercer volumen, más sereno, infinitamente más interno y menos externo, está por completo dedicado a los tres grandes acontecimientos de su vejez: una depresión que lo dejó rodilla en tierra y escuchando la cuenta de protección en un rincón del cuadrilátero de la vida; el regreso a la religión y a Dios; y su propia muerte, acontecimiento que narra y dispone con natural naturalidad en unas páginas que suponen un verdadero hito en la literatura española contemporánea.

En los tres volúmenes abundan los elementos señalados arriba, pero en este Borrón y cuenta vieja los acontecimientos y sucesos externos del vivir quedan reducidos a la mínima expresión, ocupando casi todo el protagonismo las tres “vivencias” subrayadas. Esta característica a bote pronto creo que perjudica sobremanera el posible interés del libro para un lector cualquiera. La experiencia depresiva de Jesús Pardo, junto a su enganche con la religión y la narración de su muerte, a priori, sólo pueden llamar la atención de quienes conozcan de algo al personaje, cerrándole el paso a un lector cualquiera. Aquí creo que Pardo quizá se ha equivocado si buscaba lectores nuevos, y no sólo reenganchar a algunos de los que llegaron hasta sus dos anteriores entregas.

Pero si el lector improvisado de este libro logra él mismo imponerse al personaje que se le ofrece de sopetón, logra dominarlo y colocarse por encima de él para dejarse subyugar por las confesiones sabias e irónicas de un hombre que ha sabido hacerse viejo poseído por la curiosidad y lleno de inquietudes, entonces disfrutará de lo lindo de estas páginas cargadas de inteligencia, cultura, ternura, reflexión, análisis crítico, y un sentido del humor que en no pocas ocasiones bebe directamente a grandes sorbos de las más cristalinas aguas de la genialidad.

“Cuando muera, me voy a echar de menos”, es además del epitafio que para sí ha pensado Jesús Pardo, tan sólo una muestra de las decenas de frases, ocurrencias, epigramas…, reflexiones con las que nuestro autor trufa las páginas de estas memorias, y que esparcidas por ejemplo por dos o tres películas de Woody Allen hoy serían ya patrimonio de la humanidad, parte del acervo cultural colectivo de nuestro occidente. Si algo ha demostrado Jesús Pardo en este Borrón y cuenta vieja (qué título!!!) es que es un filósofo del sentido común, todo un Sancho Panza que a los ochenta años se descubre don Quijote, o casi mejor, un don Quijote santanderino bastante aventado, idealista y chapucero del día a día que de repente se redime en un Sancho Panza jocoso, sarcástico, cachondo y elevado que no ha perdido ni un ápice de su aristocrático porte británico, del niño feliz que atrincherado en la biblioteca portentosa del chalet sardinerino de su tía, se soñaba escritor y pensador mecido por la sinfonía del mar Cantábrico.
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