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José Membrive: <i>El Homo Transcendente</i> (Ediciones Carena, 2013)

José Membrive: El Homo Transcendente (Ediciones Carena, 2013)

    AUTOR
José Membrive

    LUGAR Y FECHA DE NACIMIENTO
Andújar (Jaén, España), 1953

    BREVE CURRICULUM
Poeta, escritor, editor, ex profesor de literatura, ex director de instituto, articulista. Reside en Barcelona. Es responsable de Ediciones Carena. Se licenció en Literatura y Lengua Española en la Univ. de Granada. Su actividad docente se prolongó durante casi treinta años. En 1984 se incorpora a la tertulia literaria Azor, del poeta José Jurado Morales, que tendría su continuación en Diálogos Literarios. En la actualidad; José Membrive coordina la tertulia Carena

    LABOR EDITORIAL
En 1992 funda, junto a la poeta Araceli Palma-Gris, Ediciones Carena, una editorial muy activa que propugna una literatura ligada a la vida, a los derechos humanos, pero, sobre todo, a los valores artísticos. Sus colecciones principales son: narrativa, poesía, filología, ensayo social, música, viajes y cine

    OBRA
Ha publicado los siguientes poemarios: Del amor y la noche (Ed. Rondas, 1985), Reductos de silencio (Devenir, 1991), Besos.com (Ediciones Carena, 2002), El Pozo (Ediciones Carena, 2006) y el libro de narrativa, El rockero de Mollet y otros relatos (Ediciones Carena, 1999). Como articulista ha publicado en diferentes medios de comunicación, hoy día participa en revistas literarias y culturales (Ojos de Papel, Ritmos XXI…) y en su propio blog besos.com




Tribuna/Tribuna libre
El Homo Transcendente
Por José Membrive, lunes, 03 de junio de 2013
El Homo Transcendente, sexto libro de José Membrive, constituye una profunda reflexión sobre la condición humana, y, a la vez, una propuesta de renovación individual y social. Su tesis se centra en la constatación del desplome de la dualidad y el resquebrajamiento interno que caracteriza a la civilización actual. El homo sapiens está a punto de desparecer, presa de sus contradicciones entre lo corporal y lo anímico. Apelando a los valores derivados del arte (ética, pasión y estética) y a la búsqueda de coherencia interna como vía de fortalecimiento, en el ensayo se establecen las bases de una nueva cosmovisión propiciadora de la alianza entre el instinto y la nueva moral. En función de esta autenticidad interna, no solo recobramos el sentido y el goce de vivir, sino que establecemos las bases de una nueva manera de producir bienes, de amarnos y de relacionarnos. Desde la banca a la religión, desde los impulsos primarios al misticismo, este ensayo supone toda una revolución.


 

El planeta de los simi-humanos (SH)

 

Lo que ha sido creído por todos siempre y en todas partes, tiene todas las posibilidades de ser falso.
P. Valery

 

El mono interior

 

A media tarde salgo a gestionar mi baja en el Departament d’Ensenyament, que está a dos calles de donde vivo. El analgésico me produce una especie de animoso malestar, como aquel a quien su estómago le recrimina el exceso de alcohol que alegra su mente. Al bajar en el ascensor, percibo una luz amarilla, justo en el punto donde alguien me hurgó durante la siesta. Tal vez sea un efecto del fluorescente del techo.

 

Ando lento, grávido, en esta hora de calor intenso. De pronto, al pasar delante de una librería, creo ver en el escaparate un animal con aspecto goriláceo. Sonrío, ¿hasta dónde nos puede llevar el afán de vender? Al acercarme, me desconcierto porque el primate no está en el interior, sino que se refracta, a modo de espejo y se agranda a medida que me aproximo, por lo que no tengo más remedio que admitir que el simio soy yo, o, mejor dicho, está dentro de mí. Lo veo a través del vidrio, sentado a la altura de mi estómago, visiblemente malhumorado, descargando patadas en el punto más sensible de mi lumbalgia, ahora me lo explico todo. Es sucio, pesado, viscoso y parece empeñado en causarme dolor.

 

-Necio, ¿qué haces? –le digo desde el otro lado del cristal.

 

El gorila da un salto de sorpresa. Primero trata de ocultarse, después, viéndose descubierto, adopta una postura agresiva.

 

-Apaga la luz que llevas en la frente, si no quieres morir  –la voz emerge ronca de mi propio interior.

 

-¿Quién eres tú? –le pregunto a mi okupa, muy enfadado.

 

-Soy tu Yo, el de antes de que te dejaras colonizar por ese grumo de basura sentimentaloide que corrompe tu cerebro -mi mono está indignado, echa espuma por la boca.

 

-No necesito que ninguna bestia me diga lo que tengo que hacer –advierto, con un punto de extraña osadía, mirando al reflejo de sus ojos.

 

-Sin mi protección no irás a ningún sitio, soy tu parte fuerte, la que te ha permitido superar a las demás especies.

 

-No preciso de tu fuerza. Eres tan musculoso como bobo –le respondo con rabia por el daño que me inflige.

 

-Oiga, señor, aléjese de mi vitrina, si no quiere que llame al manicomio –interviene el librero, que sale de la trastienda.

 

-No se preocupe, ya voy yo por mis propios medios –bromeo. Pero la sonrisa se me queda helada, al ver que él también está habitado por otro antropoide que ruge con fiereza al mío.

 

En el departament de “ensañament”

 

Al abandonar el establecimiento, con la agilidad que me proporciona la ingesta de otra pastilla, constato lo que ya me temía: la ciudad es un zoo y los ciudadanos, unas máscaras de carne edulcorada, tras las cuales, los primates implantan su civilización. Estamos habitados por monos, ellos son quienes manejan nuestro timón. Las aceras son pasarelas por donde desfilan, al ritmo que marca su simio interno, multitud de personas impecablemente ataviadas. La ciudad es una selva plagada de los simi-humanos (SH), una clase de homínidos muy avanzados, en cuyo entrecejo, no obstante, exhiben un área vedada a la colonización animal que en unos se muestra levemente iluminada y en otros completamente opaca. El color del pelaje es bastante variado, con predominio de las gamas foscas, entre la plebe, y de los cárdenos y rojizos entre los pudientes.

 

Hablando entre sí, doblan la esquina un sacerdote y un militar. El pavoneo con que se exhiben muestra el orgullo de sus respectivos monos, recubiertos de púrpura. Todo apunta a que este color sea un signo distintivo de poder. Tiemblo. La espalda vuelve a darme problemas, así que me siento en un banco público, cerca de un abuelo que musita imprecaciones. Su mico interior ya no está para trotes, se conforma con pasar desapercibido.

 

……………

 

Entonces, una mano se posa con suavidad sobre mi espalda. Alzo la cabeza y me percato de que estoy en la puerta del departamento de Enseñanza de la Generalitat, en la Vía “Angustias”. Hay gente a mi alrededor, algún rostro conocido me mira entre pasmado y divertido.

 

-Pepe, ¿te ocurre algo? ¿Llamo a la asistencia médica?

 

Es mi amiga Mari Ángeles la que, con gesto compungido, tirando de mí, me conduce hasta su despacho.

 

Al entrar, creo encontrarme en una gran jaula, por donde pulula toda una manada de humanoides enredados en un permanente y penoso rifirrafe de todos contra todos. Logro sentarme con dificultad. Estoy hecho una piltrafa, pero contento por mis nuevos descubrimientos. El mundo se me revela en dos dimensiones: por un lado veo a los trabajadores, más o menos aplicados, moviendo papeles sobre sus respectivas mesas y, por otro, contemplo a sus correspondientes simios, en actitud hostil, disputándose con ferocidad las pequeñas parcelas de poder.

 

En el rótulo alguien ha cambiado la “e” por la “a”. Ya no pone ensenyament, sino “ensanyament”. Me hallo en el centro de un vórtice de violencia silenciada, en el que cada persona intenta mitigar los efectos devastadores de la triple guerra: contra los de abajo, para abortar conjuras de quienes pretenden desbancarlos; contra los iguales, para disputarse las simpatías de los dirigentes y, contra éstos, para arrebatarles el puesto, aprovechando cualquier descuido. Carnicería entre gorilas mientras que, en la dimensión humana, unos se sonríen, otros se niegan la palabra y todos detestan, temen y envidian a quienes ocupan los despachos de la planta alta. En general, cuando un individuo se cruza con otro, sus respectivos cuadrúmanos se ponen en pie de guerra y, el que se considera más fuerte, se suele lanzar a la yugular del contrario, esgrimiendo unos colmillos de dimensiones proporcionales al poder que detenta.

 

Podemos decir que la civilización primate ha instalado su cuartel general en el inconsciente colectivo humano, y desde esta invisibilidad maneja el mundo a sus anchas.

 

“Toma de posesión”

 

En un momento dado todos hacen un alto y miran atemorizados cómo desciende por la escalinata, haciendo alarde de su condición, otro gran simio de proporciones colmillescas inusitadas, revestido de una deslumbrante aura purpúrea, ante la que todos se rinden. Aparece flanqueado por una cohorte de colaboradores, mientras los empleados se lanzan como posesos a ordenar sus escritorios y a maquillar sus sonrisas de sumisión. El partido ganador de las recientes elecciones ha nombrado al “Conseller” que, protegido por su séquito, avanza de mesa en mesa, instaurando el nuevo orden. Esgrime curvos caninos, una consistente capa de afeites para disimular antiguas dentelladas y una fálica vara de mando, al mismo tiempo que alardea ante los efluvios viscosos del miedo emanado de sus súbditos. Estoy asistiendo a la repetición, en versión humana, de la toma de posesión del documental.

 

Los acólitos del triunfador, disfrutan como monos de la efímera gloria, marcada por el capricho del gran colmilludo y la versátil voluntad de los votantes. Todo ha de hacerse deprisa, el vaciado de arcas, el premio a los aduladores, el abuso sobre las huestes de los vencidos…

 

Los veo aproximarse con solemnidad hacia la oficina de mi amiga. Los cachorros derrotados en la batalla política están siendo aniquilados y sus líderes, después del disgusto, se acicalan para pactar y así seguir ocupando un cargo prominente, bajo los auspicios del reciente ganador. Es la ley del poder primate.

 

Mari Ángeles tiene más suerte, en su interior, una atractiva simi-hembra atrae la atención del victorioso que, con ojos arrobados, le comunica su ascenso. Él no sabe el porqué, pero su simio interno sí.

 

Lentamente se me aproxima un orangután, habitante del cuerpo de un antiguo director que no mostraba mucha simpatía hacia mí. Me ve descalabrado y el sabor de mi sangre excita sus glándulas salivares. No obstante, parece no querer ensuciarse y, mediante un gesto, ordena a uno de los suyos que se ocupe de mí, de modo que la secretaria del inspector médico improvisa una excusa para echarme.

 

La proliferación de jaulas

 

No me asusta el verme rodeado de SH, ni me preocupa que los monos se increpen entre sí y estén permanentemente obsesionados por el poder. Pero el asunto se complica porque, al salir del “Departament”, advierto que toda la ciudad está poblada de jaulas. En cada establecimiento constato la existencia de un colmilludo dominante, que, al modo de Yavé, ha puesto a sus trabajadores a “cultivar” su paraíso, mientras los vigila desde arriba con una triple obsesión: primera, hacer que permanezcan fieles, ya que depende del trabajo de estos; segunda, mantenerlos pobres para que necesiten imperiosamente de un salario y, en tercer lugar, propiciar su división para facilitar su control.

 

Nuestra “incivilización” se sostiene sobre celdas en cuyo interior se cultiva intacta la semilla de la sociedad primate. En efecto, la gran mayoría de empresas, entidades financieras, partidos políticos y núcleos de poder, responden al esquema organizativo emanado de la narración bíblica, tan vívidamente ilustrado por el documental.

 



Nota de la Redacción: agradecemos a Ediciones Carena su generosidad por autorizar la publicación de este extracto del libro de José Membrive, El Homo Transcendente (Carena, 2013), en Ojos de Papel.
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