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Mario Vargas Llosa: <i>La civilización del espectáculo</i> (Alfaguara, 2012)

Mario Vargas Llosa: La civilización del espectáculo (Alfaguara, 2012)

    TÍTULO
La civilización del espectáculo

    AUTOR
Mario Vargas Llosa

    EDITORIAL
Alfaguara

    OTROS DATOS
Madrid, 2012. 226 páginas. 17,50 €



Mario Vargas Llosa

Mario Vargas Llosa

Bernabé Sarabia es catedrático de Sociología de la Universidad Pública de Navarra

Bernabé Sarabia es catedrático de Sociología de la Universidad Pública de Navarra


Reseñas de libros/No ficción
Mario Vargas Llosa: La civilización del espectáculo (Alfaguara, 2012)
Por Bernabé Sarabia, lunes, 9 de julio de 2012
Mario Vargas Llosa es el gran superviviente de una generación extraordinaria de escritores latinoamericanos. Octavio Paz, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Gabriel García Márquez o Carlos Fuentes son sus referentes. Con todo, ninguno de ellos ha recibido tantos galardones: Príncipe de Asturias (1986), Miguel de Cervantes (1994) y Nobel de Literatura en 2011, año en el que el Rey de España le ennobleció con un marquesado hereditario.

Galardonado sobre todo por su obra de ficción, sus artículos en periódicos y sus ensayos no desmerecen a sus novelas o dramas. Su labor periodística, su docencia y sus múltiples apariciones en público se articulan con una extensa obra y le dan fuerza. Ya en 1958, con veintidós años, aparece Bases para una interpretación de Rubén Darío. En 1971 publica García Márquez: historia de un deicidio, libro derivado de la tesis doctoral presentada en la Universidad Complutense -universidad que le acogió en 1958 como becario. En 2001 sale a las librerías El lenguaje de la pasión, volumen que algún crítico considera un precedente de La civilización del espectáculo. El conjunto de su monumental obra pasará a la historia como un ejemplo de dedicación difícil de igualar.

 

En esta entrega, la primera tras la obtención del Nobel, Vargas Llosa reordena una vieja inquietud. Formatea y da consistencia a algo que ha preocupado a todo pensador a través del cambio generacional: el mundo cambia y el orden se trastoca. Sigmund Freud (1930) con El malestar en la cultura o José Ortega y Gasset (1930) con La rebelión de las masas son dos ejemplos de una lista que podría ser interminable.

 

Vargas Llosa arma La civilización del espectáculo sobre un primer capítulo en el que transita desde el T. S. Elliot de 1948 al Frédéric Martel de 2010. Entre uno y otro “la cultura atraviesa una crisis profunda y ha entrado en decadencia”. El Elliot que lee Vargas Llosa está en la “alta cultura”, concebida  como el producto de una élite que la transmite a través de la familia y del cristianismo que han construido Europa a lo largo de la historia. El texto de Martel, Cultura Mainstream (Taurus, 2011), es un formidable trabajo sobre la masificada y vulgar producción cultural actual. Su conclusión deja poco resquicio a la concepción “clásica” de cultura: “Todo se acelera y nada será como antes”, “Estamos en medio de una revolución cuyo final no conocemos”. 

 

Entre Elliot y Martel, Vargas Llosa sitúa en el libro de Guy Debord (1967), que interpreta el mundo como espectáculo, el inicio de una deriva que “implica un empobrecimiento de lo humano” que el Mayo de 1968 no hará sino acentuar en un tránsito en el que, como señalan Gilles Lipovetsky y Jean Serroy (Anagrama, 2010), la imagen y el sonido a través de las múltiples pantallas que pueblan la vida cotidiana actual, se hacen el soporte casi universal de la cultura.

 

Concebir la cultura como espectáculo implica su banalización. Supone entronizar la idea de entretenimiento en su concepción más frívola. Añadamos masificación y tendremos a la cocina, a la moda o al fútbol ocupando el espacio público y la inteligencia privada que debería corresponder a la literatura, al pensamiento y a la presencia de unos intelectuales desplazados a la periferia social.

 

Con el agua que se lleva la alta cultura y la crítica desaparece también el erotismo, y se hace imposible convertir el acto sexual en arte. Banalizado también el sexo, reconducido a lo “puramente instintivo y animal”, lo genuinamente humano se disuelve. Sólo así es posible que se den ciertos disparates. La Junta de Extremadura, en 2009, con el apoyo de la Junta de Andalucía, organiza dentro de su plan de educación sexual, “unos talleres de masturbación para niños y niñas a partir de los catorce años”.

 

Diseñadas las grandes líneas de lo que Vargas Llosa entiende como el gran desastre cultural de nuestro tiempo, el lector se encuentra con la agradable sorpresa de una serie de textos recogidos por el autor desde 1996 y que se entreveran muy bien con el hilo narrativo del libro. Hilo que cose distintas situaciones, experiencias y reflexiones por las que ha ido pasando Vargas Llosa. Política, poder, educación, medios de comunicación, nuevas tecnologías y religión pasan un escrutinio que en ocasiones es de extrema dureza.

 

La situación actual del arte, de la crítica y de los expertos que han contribuido a crear una burbuja que en su artificiosidad y malicia tiene muchos puntos en común con la de la construcción, le proporciona a nuestro autor un amplio arsenal. La Bienal de Venecia y sus disparates “artísticos” le ofrece munición abundante para disparar contra la artificiosidad de muchos de los creadores contemporáneos.

 

Podría pensarse en un Vargas Llosa que sobreactúa desde el torreón de su fama y su vida. Hay quien le ha llamado panfletario. Tal vez, pero las voces de alarma ante la transformación de la cultura y la civilización occidental no hacen sino subir de tono. Un escritor de talla y de sensibilidad artística como Manuel Vicent contempla la escena cultural actual invadida por la ligereza y la visualización. La cultura parece hoy demasiado comestible, demasiado digital, demasiado inane y con una carga de erotismo superflua en demasiadas ocasiones. Tanto da el festival de Salzburgo o de Bayreuth como el último concierto de Beyoncé o Lady Gaga. La energía individual y colectiva está cambiando y se siente el ulular de las sirenas.
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