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Bernabé Sarabia es Catedrático de Sociología de la Universidad Pública de Navarra

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F. W. Murnau

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Leni Riefenstahl

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Robert Capa

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Henri Cartier-Bresson

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W. Eugene Smith

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Margaret Mead

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Gregory Bateson

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Tribuna/Tribuna libre
Imagen y texto como agua y aceite: la sociedad visualizada
Por Bernabé Sarabia, martes, 7 de febrero de 2006
Distintos autores sitúan la “invención” de la fotografía en 1816, 1826 o en 1839. Desde una perspectiva sociológica, la fecha realmente significativa es 1925, año en el que aparecen las cámaras de 35 milímetros, y tanto Kodak como otros fabricantes ponen al alcance de la cultura de masas la posibilidad de reproducir lo que ve el ojo humano de un modo barato y eficiente. En ese periodo de entreguerras, el cine se consolida como el gran espectáculo de masas poco costoso y asequible a cualquier cabeza. Se construyen estudios gigantescos y el magnífico cine de Murnau brilla en las pantallas de todo el orbe. El ascenso del fascio italiano y del nacionalsocialismo alemán fascina a millones de personas en buena medida por el sabio uso que hacen de la imagen como instrumento de propaganda. Instrumento bien probado en la eficaz filmografía soviética a cargo de Eisenstein y de otros directores de un enorme talento puesto al servicio de la causa comunista.
La Guerra Civil española, la II Guerra Mundial o la de Indochina consagran a la Leica como la gran máquina de los reporteros de guerra. Robert Capa, Eugene Smith, Cartier-Bresson y tantos otros hacen de ese prodigio de la tecnología alemana el instrumento con el que visualizan los conflictos y la belleza de una época en la que imagen va ganando presencia. La generalización de la televisión hace ya algo más de medio siglo y la utilización del color en fotografía, cine y televisión contribuyen a que en la sociedad la presencia de lo visual gane y gane terreno.

Vencido el siglo XX, la generalización de las nuevas tecnologías de la información da un empujón trascendental a la visualización de la comunicación en todas sus dimensiones. La fotografía analógica entra en un callejón sin salida y el cine ya está temblando ante la digitalización. Las viejas cámaras de cine de 35 milímetros están en las últimas, apenas sostenidas por una industria que lucha por sobrevivir. Es tal el empuje de la representación visual del individuo y de la sociedad que hasta un periódico de referencia como es Le Monde en Francia, el país de los intelectuales, ha tenido que admitir imágenes y grafismos en todas sus páginas.

En la actualidad la imagen es un soporte insoslayable de las estrategias de persuasión, de uniformización del gusto y de control del mercado. Desde las ciencias sociales y de la comunicación ha ido tomando cuerpo, con dificultades tanto conceptuales como metodológicas, una ciencia visual

Esta visualización de la sociedad es hoy un hecho. No se puede discutir, lo que sí cabe es preguntarse si los seres humanos estamos preparados para entender ese alud de imágenes. Si tomamos la televisión como caso de estudio, veremos que los análisis de sus programas y de sus efectos son torpes por no decir miopes. Se analiza de un modo tosco a base de contar cuánta gente contempla un programa en un momento dado o de contabilizar cuánto tiempo aparece tal o cual político en pantalla. Los periodistas analizan poco y mal. A título de ejemplo, basta leer el famoso informe que el presidente Rodríguez Zapatero encargó a un comité de sabios encabezado por el profesor Emilio Lledó y otras luminarias para reformar la deficitaria y corrupta Televisión Española (bien es verdad que las televisiones autonómicas han seguido el mismo modelo de déficit público y de dependencia de la publicidad). Al final su diagnóstico alumbra bien poco.

No cabe pensar que Lledó o el mismísimo Fernando Savater sean precisamente unos zotes, luego analizar la imagen y convertirla en texto es harto difícil. Si nos tomamos la molestia de examinar lo que desde las ciencias sociales se ha avanzado en el estudio de la imagen, se verá que es poco y decepcionante. Veamos algunos ejemplos. En 1927, Frederic Trasher, un sociólogo de campanillas, publica The Gang, una investigación en torno a bandas de delincuentes que emplea fotos para ilustrar su trabajo de campo. Desde entonces la utilización de imágenes por parte de los sociólogos como fuente de información para su labor de investigación se vuelve escasa. La gran antropóloga Margaret Mead y su segundo marido el antropólogo inglés reconvertido en el genial teórico de sistemas de Palo Alto, California, Gregory Bateson, publicaron en 1942 Balinese character: A photographic analysis, un trabajo de corte etnográfico en el que se sirvieron tanto de fotografías como de películas.

Con el paso de los años, el enorme crecimiento de la información visual siguió empujando a los científicos sociales a investigar sobre la importancia creciente de los datos visuales. En la actualidad, como ya hemos señalado, la imagen es un soporte insoslayable de las estrategias de persuasión, de uniformización del gusto y de control del mercado. Desde las ciencias sociales y de la comunicación ha ido tomando cuerpo, con dificultades tanto conceptuales como metodológicas, una ciencia visual. Ahí está un fino sociólogo como Howard Becker con su artículo de 1974 “Photography and sociology” y su interesante e imaginativo libro de 1986 Doing Things Together. En ambos textos plantea la sociología visual como un instrumento destinado a la obtención de datos, pero a la vez afirma la posibilidad de utilizar las imágenes en sí mismas para analizar la sociedad actual. En esta misma dirección cabe situar a Jon Wagner y Douglas Harper. Entre nosotros, la antropóloga Maria Jesús Buxó y Jesús M. de Miguel se plantean interesantes problemas para avanzar en el análisis de lo visual. La dependencia de una referencia material constituía el rasgo distintivo de la fotografía analógica y del documental. Desde hace unos años el desarrollo de las nuevas tecnologías digitales permite eliminar esa referencia a la realidad externa. Ahora puede ser muy difícil distinguir lo verdadero de lo falso, el original de la copia. En este contexto se está produciendo un nuevo discurso sobre lo visual que puede entreverse en textos de Frederic Jameson, Jean Baudrillard, Guy Debord o Paul Virilio. Mientras tanto convivimos con unos medios de comunicación de masas cada día más presentes, más construidos sobre imágenes y estamos más necesitados de una ciencia de lo visual como instrumento analítico y reflexivo.
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