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Mathew Weiner: <i>Mad Men</i> (AMC, 2007)

Mathew Weiner: Mad Men (AMC, 2007)

    TÍTULO
Mad Men

    GÉNERO
Drama

    PAIS
Estados Unidos

    CREACIÓN
Matthew Weiner

    PRODUCCIÓN
AMC

    REPARTO
Jon Hamm, Elisabeth Moss, Vincent Kartheiser, January Jones, Christina Hendricks, Bryan Batt, Michael Gladis, Aaron Staton, Rich Sommer, John Slattery, Mark Moses

    TEMPORADAS
Cuatro












Magazine/Cine y otras artes
Mad Men, relecturas desde la nostalgia
Por Carlos Abascal Peiró, martes, 4 de enero de 2011
Mad Men (Mathew Weiner, AMC, 2007) apunta más allá del virtuosismo estético y, mediante la solvente arquitectura dramática de sus tramas, efectúa una inmersión (post)nostálgica que dispara reflexiones contemporáneas para, al tiempo, reivindicar una nueva televisión norteamericana de calidad. Ocio inteligente en la era trash.


Entre los parterres del adosado USA estándar, a modo de túmulo sobre el lubricado tapete del césped, alguien debió dar con una oreja humana. Aquel fue el modo empleado por David Lynch para desenmascarar la plácida estética Disneyland estadounidense, la misma que hoy insufla ánimos a los cruzados del tea party. A Lynch le sorprendería saber que su jardín bien podría haber pertenecido a Donald Draper, o el publicista más considerado en los impecables círculos de (Mad)ison Avenue. Donald, Don Draper, protagoniza Mad Men, el relato serial con el que Mathew Weiner, casi una década más tarde y para la AMC (televisión por cable de la cosecha de la HBO), apuesta por una sutil modulación de la estrategia ensayada por el realizador de Terciopelo Azul (Blue Velvet, 1986). El propósito pasa por lograr algo parecido, destripar a conciencia el sueño americano.

Manhattan, 1960. En ese tiempo de la nostalgia que es el nuestro Mad Men sondea justificaciones mediante un notable puñado de motivos. En efecto, resulta obvio que estamos ante el estilizado retrato deliberadamente demodé de una salvaje variedad business class (tal vez igualada por las cinematográficamente celebradas pirañas de Wall Street), los excesivos --mad, dementes-- ejecutivos de la publicidad, mercenarios diurnos siempre añorados en la otra punta de la polis, tabiques de silencio entre los que la rubia, los críos y el buick rumian el tedio. La perspectiva estética trenza, por tanto, una suculenta constelación de referencias que recala en los sonidos cool del caladero crooning, el jazz vocal de Dinah Washington, la sastrería sofisticada y la asepsia gestual como sello masculino, la pose Grace Kelly y el gesto maternal como claves de la feminidad. Salpicados por la constante presencia del tabaco, la ingesta compulsiva del alcohol, los viriles paisajes de Mad Men iluminan junglas de acero y asfalto, despachos replicantes, madrigueras del héroe, canto de cisne de la defenestrada masculinidad que acuñó Cary Cooper.

Televisión. Combates por la legitimidad
Incomunicación, misoginia, homosexualidad, ejercicios de purgación sobre la sacralizada partitura del capitalismo financiero. Así es, el explotado abanico estético, frágil argucia esgrimida por los críticos de la serie, muda en un nutrido disparadero temático que Weiner y sus guionistas, curtidos en la estupenda The Sopranos, hilan con brillantez ante la atónita mirada del consumidor televisivo convencional.

Douglas Sirk, Richard Yates o Scott Fitzgerald. El relato incorpora a su causa un buen número de influencias. Asistimos a una puesta en escena que rastrea lo fílmico, que cultiva una estudiada ingeniería del guión, que desprecia la estrategia hilarante de productos como Lost, cautivos de la mecánica efectista del giro argumental, para tantear un tempo autónomo. Porque, tal y como predica el logo de la AMC --productora de Mad Men-- story matters here, o lo que es lo mismo, aquí importan (verdaderamente) las historias. Mejor aún, asistimos a idéntico fenómeno en las entrañas de la HBO, sello que en los últimos tiempos ha lanzado referencias del pelaje de The Wire o The Sopranos, auténticas piezas magistrales de ficción contemporánea inteligente. Mad Men, y la oleada creativa de la que toma parte, escenifican un vigoroso impulso creativo, una novedosa concepción del medio televisivo, antaño relegado a un ocio de segunda clase cuya resonancia ha lastrado la ofensiva vindicadora que involucra a Don Draper, Tony Soprano o Jimmy McNulty (The Wire).

Con el relato de Weiner sumamos, de este modo, un estimulante narcótico para días plomizos. Reescritura de lo contemporáneo --y he ahí el cometido implícito de la serie-- por medio del atractivo tamiz que proporciona la década de los sesenta; reflexiones que, desde la añoranza de un tiempo perdido, punzan el orgullo de una civilización, la nuestra, que ha caído tarde en la cuenta. El amor, confirma Draper, lo inventaron los tipos como yo para vender medias.



Mad Men (vídeo colgado en YouTube por varatv)
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