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Kazuo Ishiguro: <i>Nocturnos</i> (Anagrama, 2010)

Kazuo Ishiguro: Nocturnos (Anagrama, 2010)

    TÍTULO
Nocturnos

    AUTOR
Kazuo Ishiguro

    EDITORIAL
Anagrama

    TRADUCCCION
Antonio-Prometeo Moya

    OTROS DATOS
Barcelona, 2010. 256 páginas. 17 €



Kazuo Ishiguro

Kazuo Ishiguro


Reseñas de libros/Ficción
Kazuo Ishiguro: Nocturnos (Anagrama, 2010)
Por Juan Antonio González Fuentes, domingo, 3 de octubre de 2010
El Nocturno es una pieza de música vocal o instrumental, generalmente de pequeñas dimensiones, caracterizada por su tono melancólico y dulce y su estructura libre. Su origen está datado en el siglo XVIII, y se les denominaba así porque eran piezas escritas para ser interpretadas en momentos determinados a lo largo de fiestas nocturnas, al igual que las serenatas.
Sin embargo hoy entendemos el Nocturno en su sentido decimonónico y romántico, es decir, como una pieza estructurada en un sólo movimiento escrita para piano. En este sentido los primeros Nocturnos fueron escritos por un músico irlandés, John Field, padre del género, quien dotó a sus nocturnos de las características básicas que después continuaron el resto de músicos: una muy marcada melodía cantabile con acompañamiento arpegiado, muy similar al de una guitarra.

El más importante y genial compositor de Nocturnos de la historia es sin duda Fréderic Chopin, a quien debemos 21 composiciones con este sentido. Nocturnos de naturaleza romántica también escribieron otros importantes compositores, entre ellos Fauré, Alexander Scriabin, Satie o Debussy. Todos los nocturnos de estos autores tienen como denominador común el ser piezas tranquilas, expresivas y líricas, aunque recorridas de principio a fin por una cierta oscuridad.

Kazuo Ishiguro nació en la tristemente célebre ciudad japonesa de Nagasaki en 1954, pero con apenas seis años, en 1960, se trasladó a vivir a Inglaterra. Estudió en las universidades de Kent y de East Anglia y vive en Londres. Su obra ha sido traducida a más de treinta idiomas y está considerado uno de los más grandes narradores británicos actuales junto a otros integrantes de su misma generación, por ejemplo, Martin Amis, Julian Barnes o Ian McEwan, todos ellos escritores con obras ya reseñadas en estas mismas páginas. La fama internacional de Ishiguro se disparó a raíz de que una de sus novelas, Los restos del día, fue llevada al cine por el director James Ivory y protagonizada en sus principales papeles por Anthony Hopkins y Emma Thompson.

Ishiguro ha escrito cinco crónicas con finales abiertos y ambiguos en las que el alcanzar la madurez, es decir, el empezar a envejecer, está íntimamente relacionado con la constatación sutil, callada, no verbalizada, de que no se va a ser lo que se quiso ser

Nocturnos es el título del primer libro de cuentos de Ishiguro, un libro que lleva un muy significativo subtítulo: Cinco historias de música y crepúsculo. En efecto, este libro presenta cinco historias en las que la música y los músicos son protagonistas narrativos de la acción, y en las que un tono crepuscular, de fracaso generalizado, recorre el pulso vital de todo lo contado. Y es en este plano en el que el título Nocturnos adquiere pleno significado y justeza. Ishiguro presenta cinco historias marcadas a fuego por un lirismo simbólico de carácter tranquilo, sosegado…, pero cosidos entre sí por un hilo oscuro, melancólico diría yo, que los emparentan directamente, desde un punto de vista espiritual, a los nocturnos musicales de Chopin pero, sobre todo, a los del irlandés Field. Quien conozca esta música sabrá inmediatamente de qué estoy hablando.

Mientras escribo estas líneas escucho los Nocturnos (dieciocho) de John Field en la versión del pianista irlandés Míceál O’Rourke, y me fascina la relación de sentido y tono que puede establecerse entre esta música y las narraciones de Ishiguro. Las cinco “historias musicales” del libro despliegan elementos habituales en la narrativa del escritor inglés. Me refiero a que las cinco historias presentan más o menos el mismo esquema conceptual: se contraponen en un momento determinado de vida los sueños y promesas propios de la juventud con la realidad y los desengaños que acaba imponiendo el paso del tiempo. Es decir, estamos ante cinco historias que transcurren en el momento justo en el que los protagonistas (músicos) se enfrentan a la ruptura definitiva de sus sueños y deben conformarse con lo que el tiempo les ha deparado.

No, no son narraciones que cuenten fracasos palpables y contundentes, dramáticos… No, estamos sencillamente ante un despliegue narrativo sumamente sutil que explica de manera prodigiosa y templada el momento preciso, y vivido por todo ser humano consciente de su mismidad, en el que algo se rompe, se quiebra en su interior: los sueños de lo que podría haber sido y no fue, y la aceptación callada, sumisa, dulcemente resignada de lo que la realidad propone e impone.

Con Nocturnos Ishiguro ha logrado un prodigio de madurez expresiva, una aproximación metafísica en voz baja y muy comprensible de lo que significa madurar, vivir

Pero esta quiebra de sueños no sólo se refiere a la de los sueños o expectativas personales, también a la que los personajes tenían con respecto a los demás integrantes de su entorno, de su mundo, de su universo: padres, hermanos, amigos, parejas… Los otros también son parte definitiva de la decepción, del material de los sueños y esperanzas incumplidas. Ishiguro, para reforzar en sus historias este sensación de desarraigo y resquebrajamiento interior, coloca a sus principales personajes en lugares y situaciones que les dotan de un aura evidente de desarraigo. Los protagonistas de estas historias viven su adiós a la juventud y a los sueños propios de la misma en hoteles, en ciudades que no son las propias, en casas ajenas, en situaciones de inestabilidad profesional…

Ishiguro ha escrito cinco crónicas con finales abiertos y ambiguos en las que el alcanzar la madurez, es decir, el empezar a envejecer, está íntimamente relacionado con la constatación sutil, callada, no verbalizada, de que no se va a ser lo que se quiso ser. Pero Ishiguro no narra este “drama” tan cotidiano, tan íntimamente humano, tan definidor de “lo humano” como un momento trágicamente teatral en el acontecer de sus personajes. No, lo cuenta con el espíritu propio que recorre los nocturnos pianísticos del Romanticismo: un drama íntimo, melancólico, casi dulce que, en definitiva, coloca a quien lo experimenta en otro estadio del existir humano: el de quien acepta con una pequeña sonrisa el hecho de que el tiempo pasa, hiere, decepciona… Con Nocturnos Ishiguro ha logrado un prodigio de madurez expresiva, una aproximación metafísica en voz baja y muy comprensible de lo que significa madurar, vivir.

Piezas cantabiles, tranquilas, sosegadas, muy líricas y expresivas y recorridas de principio a fin por un halo de oscuridad, de tristeza melancólica y resignada, pero sin subrayados dramáticos, sin gritos, sin llantos ni desesperación, con resignación no mansa si no inteligente y estoica. Así son los Nocturnos de Chopin y de Field, así son los Nocturnos de Ishiguro, los Nocturnos de un maestro de la narrativa contemporánea.
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