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    AUTOR
Bernard Lewis

    GÉNERO
Ensayo. Historia. Política Internacional

    TÍTULO
¿Qué ha fallado? El impacto de Occidente y la respuesta de Oriente Próximo

    OTROS DATOS
Traducción de Víctor Gallego Ballestero. Madrid, 2002. 227 páginas

    EDITORIAL
Siglo XXI




Reseñas de libros/No ficción
Las razones históricas del malestar de Oriente Próximo
Por Vicente Palacio de Oteyza, miércoles, 09 de abril de 2003
El afamado orientalista Bernard Lewis vuelve a la carga con su tema preferido, inquiriendo de forma polémica en las causas socio-históricas de la actual postración de Oriente Próximo.
"¿Qué ha fallado?" Esta frase de calculado impacto, referida a los países islámicos de Oriente Próximo, abre la última obra publicada en castellano del experto orientalista Bernard Lewis. El eslógan supone un perfecto avance del tema que el autor desarrolla en su libro: la conciencia, presente en los países musulmanes de Oriente Próximo desde hace siglos, de encontrarse en clara desventaja en todos los órdenes frente a Occidente. Tal pregunta no tendría más trascendencia que la académica si no fuera porque tiene lugar en las sociedades de una región clave para la estabilidad del mundo.

Ciertamente, el análisis histórico de Lewis cae en picado sobre el debate político entre Occidente e Islam, profetizado por Samuel Huntington y convertido en tragedia y justificación del neoimperialismo norteamericano tras el 11-S. Es momento para una reflexión seria sobre los motivos del atraso y del resentimiento en gran parte de las sociedades islámicas contra Occidente y, muy en particular, contra Estados Unidos. Es necesario un repaso de las distintas respuestas que se han dado a sí mismo esos países para explicar su atraso frente a Occidente y dotarse de una perspectiva para el futuro.

Estudiosos y políticos, occidentales y musulmanes, llevan haciéndose por igual desde hace siglos la misma pregunta: ¿Cómo es posible que la que una vez fuera la civilización más poderosa de la tierra, se encuentre en la actualidad en tal estado de caos político y atraso cultural, tecnológico y económico?


Una misma pregunta llevan haciéndose por igual estudiosos y políticos, occidentales y musulmanes, desde hace décadas. ¿Cómo es posible que la que fuera la civilización más poderosa de la tierra se encuentre en tal estado de postración y atraso cultural, tecnológico y económico? De la respuesta que se dé a esa pregunta se derivan distintos programas políticos para afrontar asuntos como la injerencia occidental, el terrorismo fundamentalista, o el propio modelo de sociedad.

Los males que aquejan a los países de la región tienen profundas raíces históricas. Lewis sostiene que el mundo musulmán tardó tiempo en aprender las lecciones del campo de batalla en su lucha contra Occidente. La derrota de los turcos a manos de los austriacos, plasmada en el tratado de Carlowitz de 1699, habría sido la demostración de una superioridad militar occidental - pero también de una primacía científica, cultural, organizativa - que en adelante no haría sino agrandar la brecha entre los dos mundos. Ajena a un Renacimiento, una Reforma y una Ilustración propias, la decadencia de la zona estaba anunciada.

El libro analiza sucesivamente, en capítulos cortos y concisos, y con la elegancia y buen estilo con el que el profesor de la Universidad de Princeton nos tiene acostumbrados, las vicisitudes de los países islámicos de Oriente Próximo. En especial, abundan las referencias a Irán (antes, Persia) y Turquía (el auge y caída del imperio otomano), y a cierta distancia, Palestina e Israel. Barreras sociales y culturales a la modernización, la igualdad social, el secularismo y sociedad civil, la dificultosa introducción del tiempo occidental (los relojes), o el lento cambio cultural, son aspectos de la civilización islámica que, con sencillez y gran capacidad sintética, se nos muestran en su evolución histórica, por contraposición a las sociedades cristianas. Las sutiles distinciones en la condición de la mujer en los regímenes autocráticos y los liberales, o la presencia tardía de la esclavitud – en Yemen y Arabia Saudí, hasta 1962 -, entre muchos otros recovecos, configuran la obra bien urdida y amena de un maestro en la especialidad. Tan sólo se echa de menos un recorrido por países como Egipto Siria o Líbano.

Una observación de Lewis, que éste repite en esta obra, resulta especialmente preocupante: la dependencia económica de los países de la zona respecto al petróleo


Como todas las obras de Lewis, ¿Qué ha fallado? provoca al lector a pensar más allá de los tópicos y a comprender esos cambios lentos - y traumáticos la mayor parte de las ocasiones - y que no terminan de cuajar, tal y como corroboraba recientemente un informe de Naciones Unidas sobre la situación del mundo islámico. Las perspectivas no son muy alentadoras. En particular, como insiste Lewis, un factor resulta especialmente preocupante: la dependencia económica que los países de la zona tienen respecto del petróleo. Lewis vaticina que en un futuro no muy lejano, el resto del mundo, “cansado” de una fuente de energía tan problemática y contaminante, la reemplazará por otra. En este sentido, la comparación con el porvenir de los países del sudeste asiático resulta inevitable.

¿Qué ha fallado? no aporta nada nuevo que el longevo profesor no haya dicho ya en obras como el artículo "Las raíces de la ira musulmana", El Oriente Medio, o Las identidades múltiples de Oriente Medio. Obras todas imprescindibles para comprender los problemas de la región; pero algo faltos a su vez de autocrítica occidental – leyendo a Lewis parece en ocasiones que todo lo que reluce en Occidente es oro -, y sobre todo, lastradas de cierta simplificación del mundo islámico, como critica el rival orientalista del autor, Edward W. Said. Para Lewis, el dilema para los estados islámicos de Oriente Próximo estriba en elegir entre el modelo modernizador de la Turquía de Kemal Ataturk, con la separación entre religión y Estado, y el modelo revolucionario fundamentalista del Irán tras Jomeini. Por supuesto, para el autor la salvación de la región pasa por adoptar el modelo de democracia secular turca.

Pero en la práctica, ni Turquía es lo que Lewis dice - su entrada a la Unión Europea sigue vedada, y su represión de derechos humanos y minorías continúa, por ejemplo, con el pueblo kurdo -; ni tampoco Irán representa hoy el modelo arcaizante y retrógrado que se le adjudica – los esfuerzos modernizadores del presidente Jatamí y la renovación social son notables. Aun admitiendo la decadencia histórica que Lewis señala, y la necesidad de autocrítica por parte de las sociedades musulmanas, en último término nos encontramos frente al problema del timing – pretender que la democratización y liberalización puede darse en años, cuando en occidente hicieron falta siglos.

Para Lewis, el dominio inglés, francés, y ahora norteamericano, no serían la causa de la debilidad de los Estados musulmanes de Oriente Próximo, sino la consecuencia de ésta


Para el autor, sólo los países de la región serán capaces de decidir qué dirección tomar; si la del fundamentalismo, o la de la libertad – económica, política, de género. Lewis hace bien en señalar que la clave del progreso está en no buscar chivos expiatorios, internos o externos, lo que llevaría tan sólo al victimismo y a la evasión de responsabilidades. Pero es más controvertida su afirmación a secas de que el dominio inglés, francés, ruso, y ahora norteamericano, no serían la causa de la debilidad de los Estados musulmanes de Oriente Próximo, sino la consecuencia de ésta.

Quizás, pero no solo. El problema con Lewis es siempre que dice la verdad, pero no toda la verdad, lo que le hace sospechoso de servir a la ideología de los vencedores. La pregunta no sólo de “Qué hemos hecho mal?”, sino “¿Qué estamos haciendo mal?” han de hacérsela también las potencias interesadas en la relevancia estratégica y económica de la zona. Lo malo- y eso no lo menciona Lewis – es que, retóricas aparte, muchos parecen en Occidente empeñados en mantener la región, en su totalidad o a parte de ella, “pobre, débil e ignorante”. En el furgón de cola de la historia, por lo menos hasta que el petróleo se agote.
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