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domingo, 06 de julio de 2008
Le arrancan la cabeza a Hitler
Autor: Juan Antonio González Fuentes - Lecturas[5491] Comentarios[0]
Un tal Andreas L., le ha arrancado de un mamporro la cabeza al Hitler de cera que se exhibía en el nuevo museo de cera berlinés de Madame Tussaud

Juan Antonio González Fuentes 

Juan Antonio González Fuentes

A Hitler le han cortado la cabeza. No, no es que se haya descubierto ahora que el dictador quedase sin cabeza al llegarle el final en el bunker berlinés en el que según la historia pasó sus últimas horas. Tampoco es que se hayan desenterrado sus restos (si es que haylos y de haberlos reposen enterrados, extremo que en este preciso instante desconozco por completo), y siguiendo algún tipo de ritual para acabar con vampiros alguien hubiera separado el cráneo del esqueleto.

No, nada de esto. La cosa es más sencilla y a muchos de ustedes les doy ya por enterados, pues los noticiarios de medio mundo se han hecho eco de la noticia. En Berlín acaba de abrir sus puestos una sucursal del célebre y londinense museo de cera de Madame Tussaud. En dicho museo han querido representar con estatuas de cera a algunos de los más importantes personajes de la historia de Alemania, y a alguien se le ocurrió que, en buena lógica, no podía faltar un representación en cera de Adolf Hitler, es decir, del Führer del Tercer Reich alemán.

Pues bien, dicho y hecho. Los responsables de la nueva institución decidieron incluir al personaje, y decidieron hacerlo, para no levantar más polémicas o para no tener más problemas, con una imagen justo de los últimos momentos de su vida, es decir: decrépito, derrotado, envejecido, completamente fracasado..., y recluido en un espacio angosto, poco iluminado, sin decoración ni fastos..., el escenario de su derrota, una habitación del búnker en el que acabó suicidándose. Para aislarlo un poco más de los visitantes, colocaron la figura cabizbaja del Führer derrotado sentado tras una mesa, ejerciendo dicho mueble de “barrera natural” frente a los espectadores. Nadie quería que el rincón del museo de cera dedicado a Hitler se convirtiera en una especie de santuario honorífico y sagrado para posibles nostálgicos del sanguinario exterminador, y menos aún en un país en el que cualquier simbología nazi está expresamente prohibida por la ley. En este sentido, por ejemplo, la figura de cera de Hitler es la única de todo el museo a la que está prohibido fotografiar y con la que, claro, no está permitido fotografiarse.

Todo estaba preparado ayer en el nuevo museo berlinés para abrir sus puestas al público. La imagen de Hitler expuesta más o menos como he descrito, un vigilante cerca para controlar qué pasaba. Pero en un país tan previsor como Alemania nadie contó con Andreas L., un joven berlinés del multirracial barrio de Kreuzberg, donde turcos y alemanes de tendencias más o menos alternativas comparten calles y callejuelas. Andreas L, eso sí, como buen alemán, aguardó más de media hora de cola para convertirse en uno de los primeros visitantes de la nueva institución cultural berlinesa, y luego poder anunciar a sus amistades, “fui de los primeros”. Sí, fue de los primeros, es más, dicen que fue el segundo, pero no creo que ya pase a la historia del Madame Tussaud berlinés por la posición de privilegio en la que le cortaron la entrada el día de la inauguración.

Adolfo Hitler

Adolf Hitler

La cuestión es que Andreas L. ni siquiera sabía que una imagen de Hitler formaba parte de la exposición de cera, por lo que, al parecer, su acción fue del todo espontánea. Recorrió algunas salas durante unos cinco minutos hasta que se topó de bruces con el último despacho de Hitler y con el mismo Hitler en actitud muy quieta. Y ni corto ni perezoso Andreas saltó el cordón que de forma simbólica impedía el paso, saltó por encima de la mesa del despacho del Führer y literalmente se tiró a por él. El vigilante que por allí estaba apostado, vio la acción de Andreas, y también se lanzó sobre la mesa. Un segundo vigilante, al ver en apuros a su compañero, se unió a la fiesta que en la mesa del Fúhrer estaba teniendo lugar, y las cuatro figuras, dos vigilantes, Andrea y Hitler acabaron rodando por el suelo. El peor parado, al menos de momento, fue Hitler, que perdió la cabeza de cera en la refriega. Sí, la cabeza por un lado y el cuerpo por otro, metáfora inmejorable de la propia vida del singular asesino condecorado y con uniforme.

A Andreas, seguro, le caerá una multa y una reprimenda; a los vigilantes les pedirán a partir de ahora más celo y cercanía al despacho del Führer; y a Hitler le volverán a colocar la cabeza en su sitio, esperando que nadie se la vuelva a descolocar. El rincón de Hitler volverá a abrirse al público y con el tiempo se solventarán los posibles problemas que la presencia del tipo del bigotito pudiera acarrear. Incluso Stephen Kramer, el secretario general del Consejo Central de los Judíos en Alemania, ha dado su aprobación a que el Hitler de cera sea expuesto, no en el sentido de una atracción turística más berlinesa, sino como una forma útil de desmitificar la figura del Führer y de normalizar su presencia como elemento de la historia alemana.

Contada la leve e intrascendente anécdota, se me vienen a la cabeza varias cuestiones. Por ejemplo, el sistema educativo alemán debe funcionar bastante bien, pues uno de los jóvenes formados en él es capaz de reconocer de buenas a primeras a un personaje de su historia contemporánea. ¿Cuántos de nuestros jóvenes reconocerían en un museo, sin ayuda y de sopetón, la figura de cera de Franco? ¡Qué lástima que no surgieran cientos, miles, decenas de miles de Andreas en la Alemania en la que el Hitler de carne y hueso y sus secuaces hacían y deshacían a su antojo, y cometían crímenes contra la humanidad ante el aplauso y la aquiescencia general de la mayor parte del pueblo alemán! ¿Cuántos museos de cera existen en España? ¿Hay en ellos alguna imagen de Franco? De haberla, ¿qué será de ella con la Ley de Memoria Histórica en la mano? Desde aquí sugiero que con su cera se fabriquen varios cirios, al menos uno por cada una de las distintas confesiones religiosas que hoy existen en España, que se enciendan y que cada cuál rece a quien le dé la gana, eso sí, todos los rezos dirigidos en la misma dirección: que no sigan subiendo ni el euribor ni el barril de petróleo, y que la sensible desaceleración de economía reajustada por imponderables macro y micros que con suavidad de carantoña va a acariciar nuestros bolsillos de ciudadanos de país con economía eternamente fortalecida gracias a los inmejorables desvelos solidarios, sociales y socialistas de los gobiernos zapateriles, dure el mismo tiempo que le llevó a Andreas arrancarle la cabeza al Hitler de cera. Me temo que ya no estamos para milagros, pero por rezar, que no quede.


NOTA: En el blog titulado El Pulso de la Bruma se pueden leer los anteriores artículos de Juan Antonio González Fuentes, clasificados tanto por temas (cine, sociedad, autores, artes, música y libros) como cronológicamente.


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