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sábado, 3 de mayo de 2008
Andrés Amorós ausente de las librerías de Barcelona
Autor: José Membrive - Lecturas[4182] Comentarios[1]
Este escrito es el resultado de una búsqueda fallida por Barcelona de libros del gran cervantista Andrés Amorós

José Membrive

José Membrive

El sábado día 26, la Asociación Cervantina organizó una conferencia en la que D. Andrés Amorós, uno de los estudiosos más egregios de literatura clásica, con el título de “Nuestro Quijote” glosó lúcidamente algunos de los aspectos más destacables de esta obra.  Según él, Cervantes se adelantó varios siglos a la filosofía al plasmar la realidad como la suma de puntos de vista diversos y contradictorios, en una época en la que el poder y la iglesia se proclamaban como exclusivos intérpretes de la verdad. Andrés Amorós defendió al Quijote como un libro de referencia, algo así como la Biblia de los hispanos, pues el Quijote, como la Biblia es inagotable en sus enseñanzas y distinto en cada situación en que se lee.

Pues bien, con unos siete días de antelación, mi amiga y grandísima poeta Araceli Palma-Gris me había encargado algunas obras de dicho autor para que se las firmara después de la conferencia.

En Ediciones Carena mantenemos a medio gas una librería así que nos dirigimos al distribuidor que en aquellos días tenía el sistema engrasado sirviendo en menos de 24 horas los best-seller de cara al 23 de abril. Como pasaron algunos días sin que los libros de Amorós apareciesen llamé al distribuidor: se trata, según me explicó, de libros de fondo no suficientemente vendibles como para tenerlos en el almacén, así que tendría que pedirlos a las editoriales que, a su vez, estaban tratando de colocar sus novedades a toda pastilla, con lo que tendría que esperar unos quince días.
Yo me quedé tranquilo pues todos los títulos figuraban en la página web de la Casa del Libro.

La tarde anterior, viernes, 25 de abril, teníamos que vender libros en un acto celebrado en el Ateneo barcelonés, así que me hice el propósito de, una vez organizado el puesto, escaparme a La Casa del Libro. Esta vez no ganaría dinero pero cumpliría.

Andrés Amorós

Andrés Amorós
 
La suerte quiso que, junto a nuestra mesa, hubiera otra que también vendía libros: en sus bolsas figuraba el sello de la Casa del Libro, yo como suele ocurrir, me había olvidado de las bolsas y del cambio, así que no tuve más remedio que recurrir a mi vecina que resultó ser Nuria Pons, una estupenda profesional, encargada de la sección de historia de la Casa del Libro. Ella muy amablemente sacó su teléfono y llamó a su compañera encargada de filología. Su carácter afectuoso no pudo compensar la malísima noticia: no tenían, ni en librería ni en almacén, ninguno de los libros pedidos.
-Pero si están todos en vuestra página web.
-La realidad virtual es distinta de la física.
-¿Dónde los puedo hallar?
-Me temo que en ningún sitio de Barcelona.

Traté de conectar desesperadamente con otra gran superficie.
-Andrés, ¿qué?
-Amorós, señorita, Amorós.
-¿Con hache o sin hache?
-Es igual, déjelo.

En fin, luego tuvimos ocasión de reírnos y casi de llorar, porque el acto se alargó casi hasta las once de la noche y los organizadores, en su inocente optimismo, habían calculado una venta de unos doscientos libros, en proporción a los asistentes, que fueron muchísimos más y llenaron el local. La realidad comercial, se impuso a la deseada: Nuria vendió unos dieciocho y yo la mitad. El problema era qué hacer a las once de la noche con cuatro o cinco cajas de libros de veinte quilos. ¿Cómo explicar a jefes, a maridos o a esposas que realmente habíamos estado hasta esas altas horas intentando vender libros sin conseguirlo? Ella al menos tenía para taxis.
A la mañana siguiente me tuve que enfrentar a la dura realidad: llamar a Araceli para comunicarle la mala noticia: Andrés Amorós no firmaría ni un solo libro, al menos proporcionado por mí. Ni en el más oscuro rincón del más recóndito almacén de ninguna pequeña o gran superficie barcelonesa, se había podido hacer hueco.
 
Araceli es un encanto de persona y no dejó entrever ni el más mínimo gesto de la gran decepción que tuvo que tragarse. Yo tuve que aguantarme la rabia de verla sufrir sin un reproche, pero en el interior, mi otro yo me reprochaba como siempre.
-Eso te pasa por juntarte con gente rara, amantes de algo que ya no interesa a nadie. El próximo año convéncelos de que inviten a intelectuales que realmente vendan libros y despierten pasiones como Carles Reixacs, al Chiquilicuatre, o al Neng de Castefa, de esa manera jamás te faltarán libros ni periodistas ni negocio de venta.

Y a veces tengo que darle la razón.


NOTA: En el blog titulado Besos.com se pueden leer los anteriores artículos de José Membrive, clasificados tanto por temas (vivencias, sociedad, labor editorial, autores) como cronológicamente.

Comentarios
17.11.2010 19:03:18 - nombre



Pero qué dices, a Andrés Amorós habría que colgarlo, especialmente por la edición EXECRABLE de Rayuela que hizo para Cátedra! No me cabe en la cabeza que se le puedan añadir unas anotaciones tan de mierda a un libro tan grande y más viniendo de alguien que nos llena un prólogo casi hablando más de cuánto quiere el libro que de el libro en sí...










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