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jueves, 4 de marzo de 2010
El día en el que Joker de Tim Burton salvó a Francis Bacon
Autor: Iván Alonso - Lecturas[7729] Comentarios[0]
La anécdota no es muy conocida, pero sí tan irreverente como artística. Sucede en la película “Batman” (Tim Burton, 1989), cuando el supervillano Joker, interpretado por Jack Nicholson, irrumpe junto a su banda en el museo de arte de Gotham City para secuestrar a la novia de Bruce Wayne




Iván Alonso es historiador y periodista

La anécdota no es muy conocida, pero sí tan irreverente como artística. Sucede en la película Batman (Tim Burton, 1989), cuando el supervillano Joker, interpretado por Jack Nicholson, irrumpe junto a su banda en el museo de arte de Gotham City para secuestrar a la novia de Bruce Wayne. El museo ha sido atacado con gases paralizantes, todos los visitantes ruedan por el suelo aún con los programas en sus manos y la banda gangsteril del Joker tiene permiso para destruir todas las obras que le apetezcan.

Al ritmo de la música disco que sale de un loro y bajo la premisa de “expandir sus mentes”, el histriónico personaje que representa todo lo que de anárquico e irreverente puede albergar una sociedad sometida a los excesos de la ley y la corrupción irrumpe en el recinto sagrado de las bellas artes. Su ropa, su voz y sus ademanes contrastan con las figuras atildadas que yacen en el suelo intoxicadas por el gas: fracs, pajaritas, camisas blancas y cuellos duros. “¡Atentos momias!”, parece decir. “El arte de los años noventa y de principios del siglo XXI se va a regir bajo la férula de los museos pop.” Joker amaría el Guggenheim de Bilbao y su efecto.

Fracis Bacon: Figure With Meat (1954)

Fracis Bacon: Figure With Meat (1954)

Aunque Gotham City es una localización imaginaria inventada por los guionistas del cómic original para situar las andanzas de su personaje alado, se inscribe en un país real, Estados Unidos, y los cuadros que cuelgan de las paredes de su museo son también reales. Incluso un espectador poco instruido puede reconocer los cuadros de Degas con bailarinas, pinturas de Vermeer e incluso el famosísimo retrato inacabado de George Washington pintado por Gilbert Stuart y que ha pasado a simbolizar al dólar en sus billetes. No es extraño que el Joker lo destruya, personaje anárquico por naturaleza, su furia contra el dinero es bien conocida para los seguidores del cómic: en reiteradas veces quema, regala o hace volar los billetes. Joker persigue el mal por el mal para provocar a una sociedad adocenada y frágil. Persigue el placer y los sentidos. Es un nihilista orgulloso de serlo y su parodia es llevada al intocable mundo del arte con acierto. Joker realiza en un museo la performance salvaje que todos deseamos. Convierte nuestros ocultos deseos en realidad a base de pintadas y manos impuestas de pintura roja sobre los sacrosantos cuadros.

La destrucción continúa hasta que al subir unas escaleras el bastón de noble orate que agita en el aire de forma espasmódica se interrumpe entre el puñal de uno de sus facinerosos y el cuadro que iba a destruir. “Este me gusta”, le dice. La mano destructora del ángel de la muerte se ha detenido ante una obra de arte. El Joker ha emitido un juicio artístico. El cuadro salvado del donoso escrutinio es una obra del pintor irlandés Francis Bacon (1909-1992), el epígono de la figuración-expresionista, dicen los eruditos, en realidad un pobre morfinómano adicto a todo lo que un hombre no debe ser adicto: otros hombres, las drogas, el alcohol, la belleza…y que plasmó en su obra todos los sadismos, los sadomasoquismos y las aberraciones inimaginables, pero siempre con un estilo muy elegante, personal, casi íntimo. En su obra no hay ni gota de provocación gratuita, sólo ganas de abrir la boca y gritar, de descolgar los cuadros del Museo del Prado y realizar con ellos la bacanal para la que fueron concebidos.

Joker, personaje que se maquilla casi como si saliera de un sueño fratricida de Bacon, no es ajeno a ello y premia con la supervivencia a la obra que representa al oscuro oficinista de Bacon que se desgañita de dolor y al que unas alas de carne animal despiezado le brotan de su espalda, incapaz de reprimirlas a pesar de su educación y posición social. Puesto que él es el hombre-salvaje liberado de la masa y que, deshumanizado, se agita, asesina, reconvierte los valores a su antojo, reconoce en la obra del pintor torturado y herido a un igual.

Curioso mundo este en el que sólo los artistas y los dementes nos dan lecciones de humanidad. 
 

***


Últimas colaboraciones (Marzo 2010) de Iván Alonso en la revista electrónica Ojos de Papel:

LIBRO: Roberto Bolaño: El Tercer Reich (Anagrama, 2010)

LIBRO (febrero 2010):
José María Mijangos: Soul Man (Lengua de Trapo, 2009)



NOTA: En el Blog de Iván Alonso se podrán leer los textos clasificados tanto por temas (artes, autores, cine, música, sociedad y periodismo) como cronológicamente.

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