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Ángel Rupérez: <i>Sensación de vértigo</i> (Izana Editores, 2012)

Ángel Rupérez: Sensación de vértigo (Izana Editores, 2012)

    TÍTULO
Sensación de vértigo

    AUTOR
Ángel Rupérez

    EDITORIAL
Izana Editores

    OTROS DATOS
ISBN: 9788493964696. Madrid, 2012. 450 páginas. 23 €



Ángel Rupérez

Ángel Rupérez

Guillermo García Domingo es filósofo, autor de <i>La escuela de la aventura</i> y <i>Lorenzo Milani (una biografía)</i>, ambos editados por la Editorial Mounier

Guillermo García Domingo es filósofo, autor de La escuela de la aventura y Lorenzo Milani (una biografía), ambos editados por la Editorial Mounier


Reseñas de libros/Ficción
La maldición del deseo: Sensación de vértigo, de Ángel Rupérez (Izana Editores, 2012)
Por Guillermo García Domingo, martes, 2 de abril de 2013
Ángel Rupérez abandona de vez en cuando su acreditada obra poética para hacer incursiones en la novela. Ya lo hizo hace años con Vidas ajenas, novela que apenas pudo enfrentarse a los lectores puesto que el grupo editorial al que pertenecía Debate – el sello en que apareció - decidió, de la noche a la mañana, reconvertir esa marca distinguida de la narrativa española contemporánea en una editorial de libros de divulgación sobre los más variados temas. Por tanto, pocos pudieron acceder a aquel universo en el que se narraba la degradación y descomposición de unos seres humanos que tenían que enfrentarse irreversiblemente a su pasado, del que eran víctimas y contra el que poco podían hacer, porque la autodestrucción podía más que la voluntad de combatir la enfermedad de la infelicidad que les perseguía, como si esa fuera su irremediable condena. Era una novela muy jamesiana, como dijo de ella Ignacio Echevarría en Babelia, además de solvente y prometedora, según las propias palabras de ese crítico. Muy introspectiva, muy relato de una conciencia atormentada – la del narrador – que parecía querer salvar como fuera – sin conseguirlo - aquel edificio en ruinas de su total demolición.

Pero aquel relato es ya  agua pasada y es, además, inencontrable – solo en las librerías de viejo se le puede dar caza.  Pues bien, en esta ocasión Ángel Rupérez ha vuelto a la narrativa con Sensación de vértigo, editada por la nueva y prometedora editorial Izana Editores, dirigida por Javier Gil, un animoso editor que, al parecer, está dispuesto a hacerse un hueco en el complejo mundo editorial español. Si el valor de un libro depende del eco que deja en nuestra conciencia lectora, éste perdura demasiado como para ignorarlo entre toda la oferta editorial española. Es grato, por tanto, encontrar en buen estado de forma en el género narrativo a este consolidado poeta nacido en Burgos y residente en Madrid.

 

Sin duda, uno de los temas centrales de este libro es el deseo, que es el motor que mueve, hasta el final, la conducta de su protagonista y narrador, un tal Alejandro,  asesor de un chirriante ministro de cultura, de nombre Lucas en la novela. Tradiciones religiosas y culturales muy diversas y alejadas unas de otras, Grecia y Epicuro, Buda y Oriente, o el cristianismo occidental, han recelado del deseo. Sin embargo, su irresistible hechizo se apodera del protagonista de esta novela en un viaje  sin hijos que realiza junto a su esposa a Italia. Primero Venecia y después, ya de vuelta, Milán, ciudad en la que se desata la tormenta del deseo de la manera más imprevista e inesperada. A partir de ese momento,  el narrador protagonista no podrá hacer nada por librarse de esa tiranía sino, más bien al contrario, se entrega a ella por completo, en una suerte de alegre espíritu aventurero lleno de sobresaltos y promesas. He mencionado el viaje del protagonista y narrador y habría que recordar que  no hay mejor catalizador  existencial que el de los viajes y   que de ello mucho  sabe la literatura. En este caso, el autor ha hecho que sus personajes emprendan  tres, el que ya he citado, otro a Berlín y  otro en el que regresa a Italia – pero ahora solo a Milán -, en este caso con la misteriosa María, como si así quisiera cerrar el círculo de su existencia, guiado – una vez más – por el indomable deseo, su guía y, a la vez, su bestia agazapada. Este último viaje de vuelta a los lugares impregnados con  ese arrebatador perfume de la nostalgia y del deseo es un prodigio narrativo.

 

A lo largo del libro las interrogaciones íntimas, exhaustivas, insistentes que se hace a sí mismo desnudan a Alejandro delante de nuestro espejo en su búsqueda desenfrenada por saciar la pasión que se ha desatado en aquel viaje que compartió con su mujer Susana, pero no solo con ella. Sus preguntas destapan las nuestras acerca del deseo carnal: si hay manera de gestionarlo racionalmente o si por el contrario se desnaturaliza cuando se domina, o por qué razón se presenta a veces asociado al amor y  otras no quiere saber nada de él. Esta novela es más que un tour de force sexual que deja satisfecho y exhausto al lector, ofrece una indagación sobre la naturaleza misteriosa del deseo a través de un personaje al que el autor es capaz de sonsacar todos sus secretos y las atractivas mujeres que el autor encuentra para él y de paso para nosotros. Un sensual regalo por el que tendrá que pagar un precio. 

 

Alejandro, el asesor del ministro de cultura que es raptado por el deseo en Italia, cierra en falso un trato entre su razón y su deseo o su “corazón loco” como decía el clásico bolero de Machín, lo que le condena de manera permanente al cinismo, que además se extiende a todos los personajes de este libro bello y desolador que se debaten entre el éxito profesional de sus vidas confortables y el derrumbe íntimo y sentimental de sus relaciones. Sus secretos e intensos encuentros eróticos con distintas mujeres en las correspondientes relaciones ilícitas, resueltos con franqueza y maestría literaria, son tan excitantes que le ocultan lo que deberían revelarle, demasiado tarde ya porque la ruina y la catástrofe han empezado hace tiempo su cuenta atrás, la emboscada definitiva que nos  tiende el deseo, porque tan funesto es darle satisfacción como dejarlo marchar para siempre. La iniciación del personaje no acaba ahí, aún le queda por pasar la última prueba que le permitirá comprender, cuando se disuelva por completo el espejismo de sus relaciones personales, la soledad a la que estamos condenados perpetuamente. Agarren un bolero de traición y desamor, el más desgarrador que puedan, verán cómo mientras leen esta novela se erizan sus sentidos, y, cuidado, porque es posible que también se despierte el deseo.

 

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