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Karl Marx: Salario, precio y ganancia (La Lucerna, 2007)

Karl Marx: Salario, precio y ganancia (La Lucerna, 2007)

    NOMBRE
José Luis Reina Segura

    LUGAR Y FECHA DE NACIMIENTO
Sevilla, 1957

    CURRICULUM
Combina su trabajo de psicólogo clínico con el de investigador social y el de editor (La Lucerna). Como investigador social ha publicado, entre otros, Apuntes sobre sindicalismo y formación profesional (Ed. Trotta), Gatos blancos, gatos negros. Un estudio sobre cultura empresarial (Ed. El Viejo Topo) o Pesado, contado, dividido. Una aproximación a la organización del trabajo (Ed. La Lucerna)



José Luis Reina Segura

José Luis Reina Segura


Tribuna/Tribuna libre
Actualidad de Karl Marx
Por José Luis Reina Segura, lunes, 4 de febrero de 2008
En el mes de mayo de 1865, John Weston, miembro del Consejo de la Internacional, carpintero de oficio y oweniano de inspiración, publicaba en el órgano de la Asociación, The Bee-Hive Newspaper, un artículo en el que defendía dos tesis muy polémicas: la primera, que el aumento general de los salarios no podía traducirse en una mejora de las condiciones de vida de los trabajadores, ya que provocaría la subsiguiente inflación; la segunda, que al alentar dicha subida, los sindicatos, las Trades Unions, perjudicaban en realidad al proletariado. A propuesta del Consejo General, Karl Marx (1818-1883) asume la redacción de la respuesta a dichas tesis, cuya lectura, dada la extensión, tuvo lugar en dos sesiones del Consejo General, el 20 y el 27 de junio. Sin embargo, pese a su importancia teórica, el texto no fue publicado hasta 1898, a instancias de Eleonor Marx y bajo el título Valor, precio y ganancia.

El Marx que, en apenas un mes, redacta tan extensa respuesta tiene 47 años y está en lo más granado de su madurez intelectual; de hecho, en aquellos momentos estaba dando forma al primer tomo de El Capital. Siendo su costumbre la de no dar puntada sin hilo, Marx aprovecha la ocasión no sólo para rebatir los argumentos de Weston, los cuales, según dice, “podrían haberse comprimido hasta caber en una cáscara de nuez”, sino para exponer públicamente por vez primera su teoría de la plusvalía y dar de paso alguna que otra lanzada al costado proudhoniano de la lnternacional.

Ateniéndose a su carácter de informe para ser leído, el texto es discursivo, conciso, claro, directo y en algunos momentos repetitivo. Marx no se entretiene en hacer leña de Weston, aunque dado su natural burlón no puede evitar la sorna en algunos momentos, ni hace concesión a la oratoria: procede como un anatomista frente a sus alumnos, abriendo el cuerpo, señalando los órganos, explicando sus funciones.

La lectura del texto nos permite también asistir a una clase de dialéctica. De la primera tesis de Weston se desprendía un error mayúsculo y muy común: que el salario determina el valor de la mercancía. Para rebatirla, Marx comienza su argumentación analizando sucintamente los términos de la ecuación, los conceptos básicos: la producción y su carácter fluctuante, la naturaleza del salario, la circulación del dinero, la ganancia, los mecanismos de la oferta y la demanda, la determinación del precio y el valor. Llegado a este punto niega que la ganancia surja de un recargo de los precios de la mercancía o de que las mercancías se vendan por un precio superior al de su valor, y sitúa al auditorio frente a una aparente paradoja: si las mercancías se venden, por lo general, por sus verdaderos valores y si las ganancias se obtienen vendiendo las mercancías por su valor, ¿de dónde salen las ganancias? La paradoja se despeja considerando que el valor del trabajo debe ser tratado como el de cualquier otra mercancía (por la cantidad total de trabajo que encierra), estableciendo la diferencia entre trabajo y fuerza de trabajo (lo que compra el capitalista no es el trabajo sino la capacidad de trabajar en un tiempo determinado), y viendo cómo la ganancia se origina en el trabajo no retribuido, en el plustrabajo y el plusproducto, es decir, en la plusvalía, todo lo cual lleva a inferir la naturaleza del trabajo asalariado y el modo de producción capitalista.

Con la demostración de que la subida salarial afectaría a la tasa general de beneficios (cuota de ganancia, en palabras de Marx) pero no, en términos generales, a los precios de las mercancías, la primera tesis de Weston quedaba destrozada; respecto a la segunda, Marx no sólo defiende al final de su alocución el carácter reivindicativo de las organizaciones sindicales sino que, yendo más allá, les exige cumplir la función de transformar en lo posible las relaciones sociales de producción, esto es, su implicación política. Por lo demás, el lector comprobará la infinitud de sugerencias teóricas que contiene el texto, ya que lo que hace el autor, en realidad, es mostrar someramente una parte minúscula del inmenso témpano teórico que es El Capital.

Asombra la vigencia que tiene ciento cuarenta años después de haber sido escrito. Vigencia, porque el análisis de la plusvalía, aún en la forma esquemática y rudimentaria que aquí lo presenta, sigue sirviendo para rebatir las añagazas de las teorías económicas neoliberales, que en su vulgata son las mismas que las de antaño (los Weston de hoy en día ya no relacionan la moderación salarial con la inflación, sino con la competitividad y el empleo). Actualidad, por cuanto la naturaleza del trabajo asalariado no ha cambiado; antes bien, la tasa de salarización se ha multiplicado desde los tiempos de Marx, con todas sus implicaciones, mal que le pese a los que, confundiendo el trabajo asalariado con la proletarización y tantas otras cosas, proclaman la pérdida de centralidad del trabajo y la disolución de las clases.

Y se comprende que los escritos de Marx molesten tanto. Su acusadísimo sentido de clase es hiriente para los que creen que la producción teórica debe ser neutral; su lenguaje es cortante como el arma que pretende ser, claro y seco, con una semántica precisa, ajena por entero a la polisemia evanescente de la producción teórica actual, tan llena de nebulosas bibliográficas y proposiciones putativas, por decirlo con palabras de Ayer. Y sobre todo, en un mundo que ha vuelto a dar entrada a lo mágico y en el que se procura reducir todo gran relato a un cuento contado por un idiota, molesta tanta certeza.

Sobran, pues, razones para reeditarlo.


Nota de la Redacción: agradecemos a Ediciones La Lucerna, así como al autor, José Luis Reina Segura, su gentileza por permitir la publicación de esta Presentación de la obra de Karl Marx, Salario, precio y ganancia (La Lucerna, 2007), en Ojos de Papel.

 

 

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