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miércoles, 14 de mayo de 2008
Wallis Simpson, señora de Edward VIII: “Nunca se es lo bastante rico ni lo bastante delgado”
Autor: Juan Antonio González Fuentes - Lecturas[32721] Comentarios[9]
Wallis Simpson fue siempre fiel al lema que hizo célebre y que bien pudiera ser el resumen de la filosofía de tanto famoseo: “nunca se es lo bastante rico ni lo bastante delgado”

Juan Antonio González Fuentes 

Juan Antonio González Fuentes

“Nunca se es lo bastante rico ni lo bastante delgado”. Esta frase, bastante idiota como para dejarla salir de la boca con frecuencia, pero quizá afortunada como boutade nacida del ocio, bien podría ser el lema de más de un aspirante a ser inmortalizado en papel couché. Nunca se es bastante delgado ni se suficientemente rico, parece también una frase subrayada en rojo fosforescente en cualquier manual de la beautiful people poco puesta, cómo decirlo, en alguna sutileza intelectual. Este verdadero compendio de filosofía vital reducido a diez palabras en español, se lo debemos a la ciudadana norteamericana Wallis Simpson (de soltera Bessis Wallis Warfied), quien pasó a la posteridad por algo tan insólito como lograr que un rey de Inglaterra renunciase voluntariamente a serlo.

Nuestra protagonista se casó a edad bastante temprana, 20 años, con el oficial de aviación Winfield Spencer. Este tipo resultó un poco borrachín, lo que no hizo muy fácil la vida matrimonial, razón que influyó sin duda en que Wallis entablará “conversaciones” con un tal Felipe Espil, diplomático argentino en Washington que tenía entonces tanto éxito con el sexo femenino en la capital de los EEUU como hoy podría tenerlo George Clooney extraviado en una fiesta salvaje de cuarentonas en celo.

El señor Spencer, un verdadero personaje él mismo, trabajando como diplomático en China, introdujo a su mujer en el universo de los prostíbulos de lujo mientras vivían en Hong Kong, y en ellos Wallis se convirtió con respecto al sexo en algo así como Arthur Rubinstein con respecto a la música para piano de Chopin, es decir, en una virtuosa de su propio instrumento y de los ajenos, digo yo, echándole no mucha imaginación al asunto. En el país milenario la pareja vivió en Shangai y Pekín ejerciendo él cómo una especie de agente secreto americano en la zona. Debía de estar bastante ocupado nuestro espía, porque Wallis quedó embarazada de un italiano con nombre de tenor renombrado: Galeazzo Ciano (¿el famoso yerno de Mussolini?). El aborto la dejó malparada, e incapaz de engendrar hijos en el futuro.

Wallis Simpson

Wallis Simpson

Otra vez en su país de origen, Wallis se casó de nuevo con Ernest Aldrich Simpson, de quien tomó bastantes cosas, entre ellas el apellido que con el tiempo haría célebre. Al bueno del señor Simpson lo dejó en la estacada, o se dejaron mutuamente, vayan ustedes a saber, cuando el por aquellos años Príncipe de Gales, de nombre Eduardo, le aseguró que la convertiría en su mujer Dios mediante.

Y en efecto, poco nada más morir Jorge V, Eduardo (Edward para nosotros a la hora del te) fue proclamado rey de Inglaterra y su nada desdeñable imperio. Uno de sus primeros deseos como rey fue hacer construir invernaderos para que doña Wallis tuviera siempre a su disposición gardenias frescas: en el desayuno, la comida, la merienda, la cena…

Exactamente 323 días reinó el rey Eduardo de Inglaterra, el VIII con tal nombre. Trascurrido el espacio de tiempo mencionado, ni siquiera un año, el rey dejó de serlo tras abdicación para poder casarse con Wallis en 1937, meses después del comienzo de la guerra civil en España y tres años después de que Hitler llegase al poder en Alemania.

El escándalo persiguió a la pareja por donde fuera que estuviera, pero también les perseguían las hermanas pequeñas del escándalo. ¿Sus nombres? Fama y popularidad. Wallis Simpson, señora del señor VIII, murió en 1986 casi como nació: ilegítima e inculta. Eso sí, se alejó con mucha holgura del estadio de la pobreza en el que vino al mundo. Una vez que cerró para siempre los ojos y traspasó el umbral de la llevadera inmortalidad, la casa de subastas londinense Sotheby’s vendió parte de sus pertenencias terrenales en una cantidad cercana a los 60 millones de dólares de hace más de veinte años. La verdad es que si se echa la vista atrás Wallis Simpson fue fiel a su lema: vivió cada vez más rica y más delgada. Llegado el momento, no todos podremos decir lo mismo. Amén.


 
NOTA: En el blog titulado El Pulso de la Bruma se pueden leer los anteriores artículos de Juan Antonio González Fuentes, clasificados tanto por temas (cine, sociedad, autores, artes, música y libros) como cronológicamente.

Comentarios
14.05.2008 19:43:46 - Gema Ubierna

Una historia propia de culebrón. La realidad supera la ficción más demente.

No obstante, muy desafortunada la expresión de "cuarentonas en celo". Buf! Sr. González Fuentes....


14.05.2008 21:11:25 - Johnatan BB

Querida Gema. ¿No serás de las del "lenguaje políticamente correcto"? "Cuarentonas en celo" me parece una frase afortunada, y me lo parece porque le viene muy bien para "ilustrar" lo que el autor ha querido decir. Imagino que haya usado el término "cuarentonas" porque nadie se creería a estas alturas que las "veinteañeras" o las "treinteañeras" suspiren por el señor Clooney. Yo no las conozco al menos. Ahora, ¿"cuarentonas"?, a cientos, a miles...


14.05.2008 22:34:29 - Gema Ubierna

Querido Juan Antonio, ya el lenguaje es bastante desafortunado. Examina el sufijo "eras" que va hasta la decada de los 30 y después se convierte en "onas" a partir de los 40.

Si a eso le añadimos "en celo" ya rematamos la faena, como si las cuarentonas suspirásemos por el clooney este. Yo más bien suspiraría por su cuenta corriente.

WHAT ELSE?


15.05.2008 11:31:47 - El autor

Hola Gema. Antes de nada quiero agradecerte tu lectura atenta e inteligente, y tus comentarios, sagaces y con una pizca de ironía añadida que los hacen más sabrosos. Gracias de verdad. Tienes toda la razón con respecto al sufijo “ona”, siempre cargado con un matiz algo despectivo. Quizá podría haber empleado el término nada usual “cuarenteañeras” (que no sé ni siquiera si existe). Pero yo he tratado de hacer un párrafo literariamente caricaturesco y de trazo grueso, haciendo intencionadamente un subrayado llamativo. Toda caricatura tiene estas cosas. Parece que mi caricatura no te ha gustado, y lo entiendo, pero ahí está. Ha sido mi opción, y como toda opción, conlleva un riesgo, en este caso gustar o no gustar, o parecer afortunada o desafortunada, términos, en último caso relativos y que se otorgan siguiendo elementos personales e intransferibles y sobre los que hay poco que decir.
“En celo” participa también de la caricatura, es una imagen grotesca que creo expresaba bien mi intención a la hora de escribir. Ninguna mujer está jamás en celo, es tan solo una imagen susceptible de parecer afortunada o desafortunada. Nada más que decir.
Lo que sí lamentaría más es que tales expresiones le parezcan al lector de turno afortunadas o desafortunadas dependiendo del género al que se dirijan. Que parezcan desafortunadas referidas a mujeres, y que no lo parezcan tanto referidas a los hombres. Es decir, que si hubiera escrito “cuarentones en celo”, no sé si estaría dando esta contestación. Hecho que me lleva a la reflexión, más en estos momentos en los que nuestro Tribunal Constitucional acaba de aprobar una terrible desigualdad: el mismo crimen merece menos castigo si lo comete una mujer que si lo comente un hombre.
Sigue leyéndonos, lectoras como tú acreditan esta publicación. Muchas gracias.


15.05.2008 17:13:26 - Gema Ubierna

Muchas gracias por tu rápida respuesta, querido Juan Antonio. Efectivamente, el lenguaje en sí mismo, muchas veces, es absolutamente discriminatorio. Y no, no soy una de esas personas que abogan por el lenguaje políticamente correcto y no voy diciendo: "todos y todas", "españoles y españolas", cuando me dirijo a una pluralidad de hombres y mujeres.

Lo que sí es cierto que "cuarentañeras" me encanta, más que cuarentona, ya que como treintañera, me veo abocada irrevocablemente a ser una "cuarentona" y me niego.

En cuanto a tu último comentario sobre la igualdad entre hombres y mujeres, es cierto lo que apuntas. Quizás ahora la evolución social nos lleve al otro extremo. Aunque seguramente nunca llegaréis los hombres a pasar por lo que las mujeres hemos pasado a lo largo de nuestra historia ni por situaciones que todavía actualmente están muy vigentes.

Una última pregunta: ¿qué porcentaje de casos de maltrato masculino hay en la actualidad? Yo te lo diré: un 3%. No haré más preguntas.



08.07.2008 22:15:37 - Jade



Hola Querido Juan Antonio.
Comparto tu crítica, o sera que soy parecida a ti. En relación con el tema, porque los divorsiados son marcados por la sociedad, y es ahi cuando los padres, hijos, hermanos y amigos se niegan a una relación con una persona divorciada.
Tu prodrías darme algún consejo.


16.03.2011 16:38:28 - adriana



la sra.S se dedicaba ala vida d fiesta y vivio a fuerza con el duque,que mas hacia... y nunca se le conocio gracia alguna...


09.09.2011 1:37:43 - Mayra



Me parece muy bien eso de "cuarentonas en celo", porque he visto mujeres de cuarenta y pico de años perseguir como locas a señores ya añosos y a jovencitos por igual. Creo que el caso es el mismo que marca la diferencia entre "solterona" y "soltera". Es cuestión de elección personal. Yo soy lo segundo, y ya tengo 55 años.


11.11.2018 19:29:52 - Fairuz



Diez años han pasado de la publicación de estos comentarios y el término por el que se alude a las mujeres de 40 no pasaría nada desapercibido hoy en día. Entonces ya era desafortunado y hoy continúa siéndolo, más que nada porque en la historia que se cuenta el único que parece ser estaba en celo era el Sr. Eduardo VIII, que consintió en sacrificar todo un reino (más bien imperio británico) por una señora que, a la vista de sus comentarios, no tenía muchas luces. Tal para cual. Aunque esto no fue, ni de lejos, lo peor que hizo. Saludos y por favor, cuiden un poco el lenguaje.










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