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jueves, 20 de septiembre de 2007
Octavio Ruiz-Manjón: Fernando de los Ríos. Un intelectual en el PSOE (Síntesis, 2007)
Autor: ojosdepapel - Lecturas[8859] Comentarios[0]
Ministro de Justicia, Instrucción Pública y Estado durante la Segunda República y embajador en Washington, Fernando de los Ríos (1879-1949) entró en 1919 en el PSOE y representó una forma humanista y ética de militancia

www.ojosdepapel.com

Título: Fernando de los Ríos. Un intelectual en el PSOE
Autor: Octavio Ruiz-Manjón
Editorial: Síntesis
Lugar y fecha: Madrid, 2007
Páginas: 511
Precio: 25,50 €

Ministro, sucesivamente, de Justicia, Instrucción Pública y Estado durante el primer bienio de la Segunda República española, y embajador en Washington durante los años de la Guerra Civil, Fernando de los Ríos (1879-1949) militó desde 1919 en el Partido Socialista Obrero Español, y representó en él una forma humanista y ética de militancia en el socialismo.

Pariente lejano de Francisco Giner de los Ríos, se formó en contacto con la Institución Libre de Enseñanza. Viajó a Alemania como becario de la Junta para la Ampliación de Estudios y, desde 1911, fue catedrático de Derecho Político en la Universidad de Granada. Allí intensificaría su compromiso político con las clases trabajadoras, hasta que se incorporó al PSOE, en donde inmediatamente pasó a ocupar puestos de responsabilidad y a participar en los grandes debates de la época.

Octavio Ruiz-Manjón, Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad Cumplutense de Madrid, además de participar en varias obras colectivas y de publicar numerosísimos artículos y reseñas de libros, es autor de la importante obra El Partido Radical Republicano, 1908-1936 (1976).

Dos son las reseña más interesantes aparecidas en la Red sobre el libro de Ruiz-Manjón, ambas a cargo de sendos profesores universitarios de Historia Contemporánea. En su crítica, aparecida en El Cultural (18-9-2007), Juan Avilés destaca los siguientes elementos:

El partido de Pablo Iglesias, de orientación marcadamente obrerista, no mostró especial interés en que se incorporaran a sus filas intelectuales procedentes de la clase media, pero algunos de ellos se sintieron atraídos por su imagen de partido serio y honesto, en contraste con la corrupción política dominante en la España de Alfonso XIII.

(...)

Fernando de los Ríos se formó en el ambiente de la Institución Libre de Enseñanza, a la que le vinculaban lazos familiares (...) Ingresó en el PSOE a los cuarenta años, cuando era catedrático de la Universidad de Granada, distrito por el que ese mismo año ganó un acta de diputado, en disputa con el caciquismo local. Fue miembro del gobierno provisional de la República, ministro con Manuel Azaña y embajador en Washington durante la Guerra Civil (...) Octavio Ruiz-Manjón ofrece una nueva biografía, Fernando de los Ríos: un intelectual en el PSOE, basada en una amplísima documentación. En realidad no se trata de una biografía política ni de un estudio de su pensamiento sino de un acercamiento a la personalidad y a la trayectoria vital del biografiado, apoyado en su correspondencia privada, sobre todo la dirigida a su mujer, a la que estuvo siempre muy unido (...) al concluir el libro de Ruiz-Manjón el lector tiene la impresión de haber entendido a un hombre muy representativo de lo que fue la historia de España en el primer tercio del siglo XX.


Octavio Ruiz-Manjón no hace apenas juicios de valor, pero en su libro se traslucen las contradicciones de su personaje. Representaba un estilo nuevo en el socialismo español, más culto, más liberal (...) Tras un viaje a la Rusia soviética, realizado en el año 1920, jugó un papel decisivo para evitar que su partido se incorporara a la Internacional Comunista. Luego, frente a las tendencias acomodaticias de otros socialistas, se opuso a la pérdida de libertad que implicaba la dictadura de Primo de Rivera y, en el año 1926, publicó un libro en que defendía un sentido humanista del socialismo. La crispación de los años treinta le llevó, sin embargo, a dudar del valor de la libertad y en 1933 le comentó en privado a Manuel Azaña que la República tendría que pasar por una etapa de dictadura. Pero cuando su partido adoptó la línea insurreccional que condujo a la revolución de octubre del 34, sufrió una crisis de conciencia, que Azaña también percibió y anotó en su diario. Más tarde, en el exilio, parece haber vuelto a la concepción humanista del socialismo, lo que le llevó a lamentar la trayectoria de su partido en los últimos años.

(...)

Como embajador en Washington en los años de la guerra civil, sirvió a la República con una propaganda que, en aquellas circunstancias, sólo podía ser engañosa. Él era un hombre de gran sensibilidad espiritual, tan ajeno a la ortodoxia católica como respetuoso hacia todas las formas de religiosidad (...), pero se sintió obligado a negar la evidencia de la persecución religiosa que durante la guerra se produjo en el territorio republicano, provocando una dura réplica del arzobispo de Baltimore. En tiempos de guerra creía necesario sacrificar la verdad, aunque se consolara con la reflexión de que el silencio ante las equivocaciones, los excesos y las injusticias, aun sin aprobarlas, constituía una manera de servir a “la necesidad histórica de la transformación española”. Las revoluciones tenían siempre su lado negativo, pero ello no debía llevar a condenarlas.

Por su parte, la reseña de José María Marco, aparecida en Libertad Digital (26-7-2007), es más incisiva, aunque no respecto al trabajo de Ruiz-Manjón, sino a la figura de Fernando de los Ríos:

Ruiz-Manjón, estudioso del partido de Lerroux, del republicanismo, también de Ortega, conoce como pocos la historia de la Institución Libre de Enseñanza y la intrahistoria de las complicadas relaciones entre la vida intelectual y la política en las primeras décadas del siglo XX español. Con esta nueva obra culmina y hereda merecidamente el puesto que ocupó Vicente Cacho Viu. Se advierte aquí la misma intimidad que mostraba el maestro con algunos aspectos fundamentales de la historia de España, la misma pulcritud, el mismo respeto.

Curiosamente, y no por responsabilidad de Ruiz-Manjón, la figura sigue escapándosenos, o por lo menos ésa es la impresión que yo he sacado al final del libro. Es imposible una mayor exhaustividad en la exposición de la vida pública, y de la privada, de un personaje. Todo está relatado con soltura y elegancia. Ruiz-Manjón da cuenta de la familia de De los Ríos, de su juventud y de sus muy tempranos escarceos con los krausistas; de la fascinación que sobre él ejerció Giner de los Ríos (hasta el punto de que se modificó el apellido, que antes era Del Río); de cómo aceptó el papel que le había caído como representante ejemplar del institucionismo; de su interés por el socialismo, que le llevó a ingresar en el PSOE; de su carrera universitaria.

(...)

Pues bien, de todo este minucioso y bien articulado relato se deducen algunas preguntas esenciales para comprender al personaje biografiado. ¿Cómo es posible que este hombre honrado, preocupado por la ética, no viera el fanatismo profundo, esencial, del socialismo español? ¿Y cómo, elogiando la tolerancia, la tradición de los disidentes y heterodoxos españoles, participó en una empresa tan radicalmente intolerante y antidemocrática como la Segunda República?

Tampoco se entiende bien, y Ruiz-Manjón lo apunta con acierto, qué le llevó del institucionismo krausista, con su culto sobreactuado a la austeridad y a no se sabe muy bien qué Dios impersonal, a un socialismo tan burdo como el español, para templar el cual De los Ríos, como Besteiro, bien poco pudo hacer. Es cierto que ambos se prestaron a salvarle la cara a aquel socialismo antisistema, bien triste papel, pero ¿de verdad quisieron ejercer una influencia moderadora? En el fondo, ¿qué creerían estos intelectuales que era el socialismo español? No son respuestas que el historiador pueda dar, porque entran en el terreno de las hipótesis. A veces se nota que el autor se retiene a su pesar, como cuando, con algún comentario tajante, enjuicia las almibaradas expresiones de su personaje.

Nosotros, simples lectores en este caso, podemos apuntar algunas propuestas. Por ejemplo, que el institucionismo krausista no elabora una ética. Que infunde en quienes participan de la secta una visión estética de la vida, como el culto a ciertas manifestaciones, muy escogidas, de lo popular, o la aversión al gusto burgués, siempre pésimo pero que no evita, ni qué decir tiene, los grandes pisos en el barrio de Salamanca. O que la naturaleza del panteísmo krausista no parece incompatible con formas muy primitivas de anticlericalismo.

A su vez, la primacía de la dimensión estética de la vida acaba inmunizando contra cualquier sensibilidad ante hechos que en buena lógica deberían provocar auténtica aversión. En el fondo, el problema parece ser que ese proyecto de manipulación sectaria que es la Institución Libre de Enseñanza anula la sensibilidad moral de aquellos a los que Azaña llamaría sus "secuaces". Así es como este "socialista de guante blanco", que prodiga manifestaciones de sensibilidad tan cursis como es tradicional en la Institución, llega a asumir, como ministro, auténticas barbaridades. Se da cuenta de lo que está haciendo, incluso llega a arrepentirse, pero no puede romper el hilo que le une a quienes lo cometen. Queda el problema de las responsabilidades, muy serio, en particular ahora, que se habla tanto de culpas retrospectivas...

No es fácil, como apunta Ruiz-Manjón, comprender el lazo –a mi entender esencial en la historia de la España reciente– que une a la Institución Libre de Enseñanza con el PSOE. Pocos personas son más diferentes que aquellos a los que llamaban los dos "abuelos", el catedrático don Francisco y el tipógrafo Pablo Iglesias. El caso es que un sectarismo reforzó a otro y las dos corrientes se alimentaron una a otra en al menos una de las bases de sus respectivos idearios, el antiliberalismo. De los Ríos, por ejemplo, alaba el liberalismo, pero para justificar el intervencionismo económico y la censura de prensa. ¿Les suena? Este libro, entre otras virtudes, ayuda a situar este asunto, lo que es un paso gigantesco para aclarar el misterio.

La editorial Síntesis proporciona en su web el Índice de la obra para aquellos lectores interesados en conocer más detalles de su contenido.

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NOTA: Este blog es una suerte de Escaparate dedicado a los libros y revistas, pero no a la crítica, sino a dar noticia de ellos a través de la información que proporcionan las editoriales, la prensa y las revistas y suplementos culturales.


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