Director: Rogelio López Blanco      Editora: Dolores Sanahuja      Responsable TI: Vidal Vidal Garcia     
  • Novedades

    Las consecuencias estratégicas del secesionismo catalán (por Manuel López Blanco)
  • Cine

    Profesor Lazhar (Monsieur Lazhar), película de Philippe Falardeau (por Eva Pereiro López)
  • Sugerencias

  • Música

    Contrabendo, CD de Calvin Russel (por Marion Cassabalian)
  • Viajes

  • MundoDigital

    Por qué los contenidos propios de un web son el mayor activo de las empresas en la Red
  • Temas

    Contra el olvido
  • Blog

    Ravel, de Jean Echenoz en el Blog de Juan Antonio González Fuentes
  • Creación

    Miguel Ángel Molfino: Y colorín, colorado, tu vida ha terminado
  • Recomendar

    Su nombre Completo
    Direccción de correo del destinatario
jueves, 15 de febrero de 2007
¡Odio el carnaval!
Autor: Juan Antonio González Fuentes - Lecturas[7083] Comentarios[15]
Odio el carnaval, no puedo con él, me parece una fiesta chabacana sin ningún sentido real en la actualidad, propicia para la gansada por la gansada.

www.ojosdepapel.com

Juan Antonio González Fuentes

Salgo de dar clase. La lluvia y un viento casi huracanado barren las calles de Santander. Me meto en el túnel de Tetúan para atravesar casi de parte a parte el urbanismo santanderino. Filas de coches interminables están detenidas en el túnel y arrojan humos que hacen el paseo irrespirable. Salgo por la boca del túnel que me deja al otro lado de la ciudad. Ya veo la bahía y los mástiles de los veleros meciéndose movidos por el viento. Camino por el paseo de Pereda prácticamente desierto. Me detengo en un semáforo y llama mi atención un cochazo que pasa lentamente, dejándose admirar, gritando a los espectadores la pujanza y el éxito que acompañan al ocupante. En el interior se encuentra un hombre joven con aspecto satisfecho de no haber pasado hambre jamás; es más, de que la gula será en pocos años su pecado menos confesable. Lleva una corbata rosa absolutamente increíble, que habla de un gusto no muy refinado que desde luego no hace juego con el cuero impecable y aromático del cochazo. El hombre gesticula alegremente, mueve las dos manos arriba y abajo, cabecea, da pequeños saltitos sentado al volante y parece que, de vez en cuando, incluso echa la cabeza hacia atrás. Pienso que va hablando con alguien situado en el asiento posterior, y que a esa persona va dirigido el discurso. Pero no, me fijo bien y el cochazo sólo está ocupado por el individuo satisfecho y bien alimentado. Es evidente, va hablando por teléfono mediante un manos libres, y debe sentirse tan satisfecho y orgulloso de su vida que necesita expresarlo mediante el larguísimo cochazo y la pantomima gesticulante.

Inmediatamente me viene a la mente el carnaval, y medito que lo visto en el semáforo es en sí mismo un hecho carnavalesco, y que en breve las murgas tomaran las calles y pasearán su jolgorio transformista invitándome a sumarme a la fiesta.


www.ojosdepapel.com

Sambódromo


Me horroriza el carnaval, me espanta, no lo entiendo, no le veo ningún sentido, es algo que a la vez me produce una inmensa sensación de pena y repugnancia. La indignidad por la indignidad me produce lástima, sonrojo..., y todas esas personas disfrazadas de manera grotesca, dando saltitos por las calles, haciendo chabacanas gansadas mil por el simple hecho de que se supone que estamos en época de hacer gansadas, me provocan el deseo irrefrenable del exilio.

Sí, ya sé que soy un tipo muy raro, un tipo gris y aburrido, un tostón de personaje que lo pasa francamente bien escuchando las sinfonías de Mahler, ópera o jazz, viendo viejas películas de los años cuarenta y charlando de poesía y poetas. Lo admito, lo acepto, soy un completo tarado, pero como tal quiero expresarme, quiero desahogarme a la espera de que las ridículas y espantosas charangas tomen por unos días el escenario tranquilo en el que se desenvuelve mi tranquila existencia.

Estos días me gustaría evaporarme y desaparecer. Y por todo lo que ustedes quieran, bajo ningún concepto materializarme ni en Cádiz, ni en Tenerife, ni mucho menos en Río de Janeiro, ciudad en la que espero no recalar jamás de los jamases, y menos en esta época del año. En mi imaginación, lo más cercano que hay en la tierra a la gratuidad sin sentido del infierno en un sambódromo, ese paisaje grotesco lleno de personajes danzando sin descanso vestidos con plumas al son de una de las peores músicas que puedan salir de la imaginación del peor músico posible.

Insisto, sé de mi rareza personal, de mi grisura, de mi ser melancólico y tristón, pero por eso mismo déjenme vaciar mi espanto en el blanco de la página. Fíjense si seré raro y contracorriente que la peor noche de mi existencia, la más aburrida y patética, la pasé en la Feria de Abril sevillana, otro espanto al que yo, que debo tener algún oscuro antepasado finlandés, no le veo maldita la gracia.

Ahora llega el carnaval a la ciudad. Prometo que me voy encerrar en casa durante los días que dure el espectáculo y que no molestaré a nadie con mi espíritu deshecho y cabizbajo, que a nadie observaré con miradas condenatorias..., es más, fingiré ánimo y apertura de miras, e incluso seré capaz de sonreír a mis sobrinitos disfrazados de duendes y princesas, y no les patearé y les arrancaré los vestiditos como me dicta mi conciencia. Pero mientras, permítanme este discurso iracundo y frenético. Permítanme mancillar el carnaval con mi desprecio e incomprensión, permítanme pensar que las chicas que salen en televisión llorando a moco tendido y manifestando que ser las reinas del carnaval era el sueño de su vida son unas descerebradas. Permítanme soñar con el exilio en una geografía digna y tranquila. Permítanme..., que ahora llega la espantosa ola del carnaval municipalesco y de insufrible interés turístico.

______________________________________________________________________
NOTA: En el blog titulado El Pulso de la Bruma se pueden leer los anteriores artículos de Juan Antonio González Fuentes, clasificados tanto por temas (cine, sociedad, autores, artes, música...)

Comentarios
15.02.2007 13:42:05 - Rogelio López Blanco
Comentarios ...Me adhiero a la visión del blogger. Una cosa es la dimensión antropológica e histórica del fenómeno, que tiene algunas curiosidades dignas de reseñar en determinados lugares y muy otra lo masivo, esa especie de botellón con pretensiones emplumadas y travestismo. Ahora que ya todo es asimilable por el sistema, hasta la protesta antisistema (la Mayol, los Latin Kings o De Juana Chaos asimilado como "víctima"...), ¿qué hay de la antigua transgresión que ofrecían los carnavales? Nada o poca cosa. Por lo demás, todo es carnaval, cada fin de semana con su estilización cutre, el botellón, y durante el verano la especialidad se recrudece tirando cabras desde los campanarios, echándose vino unos a otros en una orgía monocromática, descabezando gallinas, acuchillando o atropellando toros y vaquillas... Las preguntas deberían ser, ¿cuándo no es carnaval? ¿cómo no detestarlo? Salud y tranquilidad para el que las quiera.

17.02.2009 13:24:42 - Carolina



Es impresionante lo que senti al leer esta nota. A mi me ocurre igual y tambien me he hecho la pregunta ¿Seré una persona rara?. Muchos no entienden lo que sentimos y nos etiquetan de aburridos.


19.02.2009 18:20:32 - belimaniaco



de acuerdo!! felicidades,,tienes toda la razòn!!


21.02.2009 10:54:04 - badajoz



puto coñazo, tambores mamporreando toda la noche, idiotas pegando voces, gritos, subnormales dando vocinazos con sus coches, borrachos echando potas...para que salir...


06.02.2011 5:18:50 - maria



totalmente de acuerdo... a mi tambien me averguanza y me da mucho asco el carnaval.La indignidad por la indignidad es tal cual! por fin encuentro alguien que razone, se nota q la gente q participa no tiene nada en la cabeza


13.02.2011 23:18:56 - andy



estoy de acuerdo con el contenido del blog. vivo en Buenos Aires y a las autoridades no se les ha ocurrido mejor idea que durante todo el mes de febrero permitir los cortes en las de 20 avenidas para que un puñado de murgas y unos pocos habitantes nos amargen aun mas la condena de vivir en esta ciudad que supo ser, decadas pasadas, la reina del plata. Encima al menos Rio de Janeiro, ciudad que mencionas, factura buen dinero por ese puñadito de dias de celebracion, en cambio nosotros malgastamos dinero en esta burda celebracion.


09.03.2011 10:05:33 - Jota



Por fin...
Vivo en Tenerife y en esta época del año solo se ven a drogadictos y kinkis buscando peleas o robando, gente sin ningun sentido bailando y cogiendose una borrachera y si sales con tu novia, lo siento mucho pero abra bronca : ).
¿Por que la sociedad a llegado a tal punto que ya hasta tenemos una semana para degradarnos aun mas?


15.03.2011 20:34:21 - Raro1



Gracias por compartir tal rareza, me siento totalmente identificado!!


17.03.2011 12:41:30 - MARTIN



NO PODRIA ESTAR MAS DE ACUERDO CONTIGO.......Y ME ENCANTA ESTA FRASE:
Odio el carnaval, no puedo con él, me parece una fiesta chabacana sin ningún sentido real en la actualidad, propicia para la gansada por la gansada.
SALUDOS .


03.02.2012 23:01:46 - Lisamelia Mera



Eres mi alma gemela*!


15.02.2012 14:12:38 - asd





18.02.2012 23:31:02 - jose



Soy de Cadiz y opino parecido. De joven me gustaba por el hecho de que era una ocasion mas de emborracharme con los colegas. Pero no mas. Es como el futbol, cuando eres niño esta bien, pero ya de mayorcitos como que no. Por cierto tambien odio el Futbol. Un saludo.


19.02.2012 17:58:24 - FJ



Totalmente de acuerdo. Soy de San Fernando y no soporto la contracultura que imponen en nombre de un "pseudo arte" que no es sino una excusa para el desemadre desorganizado.


03.03.2018 22:47:52 - Ángel



Lo de las chicas llorando porque han cumplido su sueño de ser reina del carnaval me ha llegado al alma. Y cuando se lo dedican a la abuela recientemente fallecida... En fin. Creo que una persona que tenga el más mínimo sentido del honor tiene el deber de marcharse a la otra punta del país cuando en su ciudad se declaran los carnavales. Coincido plenamente con el autor


23.04.2018 19:54:06 - María



Coincido totalmente. Viví 17 años en Tenerife y acabé odiando esta fiesta. Es solo una excusa para beber hasta potar por las calles, bailar como un gorila en celo y alterar el orden público sin que te detenga la policía. Hace siglos esta "celebración" tendría sentido porque la gente padecía con la condena inquisitorial y retrógrada y se moría del asco durante todo el año (maldito medievo). Pero, hoy en día, cuando puedes salir a la calle con unas pintas que da miedo y emborracharte y tener sexo cual mandril no se entiende una fiesta que favorezca el libertinaje. ¡Ya lo hay los otros 364 días!










  • Suscribirse





    He leido el texto legal


  • Reseñas

    Fragmentos de un libro futuro, de Jose Ángel Valente (reseña de Manuel Crespo López)
  • Publicidad

  • Autores

    Ficciones de clase. Encuentro con Antonio Muñoz Molina (por Rosario Sánchez Romero)