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miércoles, 25 de julio de 2012
Devuélveme a las once menos cuarto de Víctor Charneco: cuando los sueños se apoderan de la realidad
Autor: José Membrive - Lecturas[8238] Comentarios[0]
“Devuélveme a las once menos cuarto”, de Víctor Charneco, es un libro cuya lectura ha tenido para mí lentos pero importantísimos efectos retroactivos. Su argumento se basa en que un personaje, Bruno, sueña un sueño que Martín, se había dejado sin soñar en la habitación de un hotel. Algo aparentemente imposible, pero lleno de posibilidades para la indagación

José Membrive

José Membrive

Unas semanas antes de que una persona muy importante en mi vida decidiera quitarse la suya en la habitación que hay en el piso de arriba de mi dormitorio, sentí desplomarse, mientras dormía, un peso viscoso, horripilante que durante unos segundos casi me asfixia. Me desperté gritando como un energúmeno. Menos mal que estaba solo. Lo extraño fue que no encontré nada sobre la cama, el techo no había caído y todo permanecía en el caótico desorden que me era propio en aquellos días.

Días después, cuando se consumó la tragedia, la relacioné oscuramente con aquel fardo de energía densa, pero ha tenido que pasar año y medio y, sobre todo, tuvo que caer en mis manos Devuélveme a las once menos cuarto para saber que lo que cayó sobre mí fueron los sueños que esta persona tendría que haber soñado a lo largo de su vida y me los encomendaba para que fuera yo quien los canalizara.

Devuélveme a las once menos cuarto (Ediciones Carena, 2012) es un libro cuya lectura ha tenido para mí lentos pero importantísimos efectos retroactivos. Su argumento se basa en que un personaje, Bruno, sueña un sueño que Martín, se había dejado sin soñar en la habitación de un hotel. Algo aparentemente imposible, pero lleno de posibilidades para la indagación.

A partir de ahí, Víctor Charneco, nos acompaña en un sorprendente descenso al universo de los sueños. La ciencia y la imaginación se funden para poder captar algo de luz de ese misterioso mundo que nos habla cada día y que, absurdamente, desplazamos al ámbito de lo fútil. Afortunadamente para nosotros, Martín se toma en serio sus propios sueños y Víctor Charneco lo capta con gran lucidez, sin rehuir la ciencia.



Víctor Cherneco: Devuélveme a las once menos cuarto (Ediciones Carena, 2012)

           

Entonces, como un sistema traidor de alerta, mi memoria me recordó un artículo firmado por un especialista en la materia, publicado hace algún tiempo en una revista, donde se afirmaba una tesis nueva acerca de los sueños: su mecanismo de funcionamiento es similar al de una cadena, todos, y eso incluye también a los que no recordamos, están engarzados con su predecesor y su siguiente; de modo que el extravío efectivo de uno solo de ellos supone la quiebra de la cadena, y con ella, su pérdida definitiva. Quien pierde un sueño no volverá a soñar jamás...

-¿Y tú estás seguro de haberlo perdido? Quiero decir... Es evidente que yo he tomado tu sueño; son tan coincidentes que no admite discusión, ¿pero sólo por eso tú ya no lo tienes?...

Hace unos meses entrevistaron a dos científicos amigos que coincidían en una investigación y habían tenido el mismo sueño simultáneamente. Argumentaban que los sueños constituyen una materia sutil y, en cierto modo, independiente de aquellos que los sueñan.

Pero hablar de sueños tal y como los personajes los viven es hablar de realidades profundísimas que determinan nuestro quehacer cotidiano, el universo afectivo y, en definitiva, el sentido de la vida. Eso es precisamente lo que plantea Víctor Charneco. La lectura de su libro puede ser una perfecta excusa para calibrar la sintonía entre nuestra vida y nuestros sueños.

Devuélveme… trata, sobre todo, de esos sueños que se cuelan desde la nocturnidad a la diurnidad, los que nos pueden llevar a experimentar nuevas sensaciones o a encerrarnos en nosotros mismos. Los que nos ponen en el brete de ser locos o tontos. Tal vez sea Edna, el personaje más redondo y fascinante, la más inteligente, la que realmente decide una gran alianza: armonizar los sueños con los actos, ser lo suficientemente valiente como para dejar que los sueños afloren en la piel y otorguen marchamo de memorable a su cotidianidad, aunque para ello tenga que derribar torres de ladrillos rutinarios...

Una noche en Santiago de Compostela, por un momento me pareció que sus calles estaban pobladas por millones de peregrinos de muchos siglos superpuestos. Desde entonces tengo la impresión de que los sueños también se pueden ver y, a veces, son los que llevan las riendas de mi vida.

Sin ir más lejos, esta novela es un gran sueño ajeno que se ha colado en mí para transformarme. Un sueño que Víctor, como Martín, dejó plasmado y que su gran número de lectores, como Bruno, se han dejado abducir. Antes me creía devorador de sueños, pero ahora comienzo a percibirme como un ser devorado por ellos al que cada vez le tiemblan más los cimientos de la realidad, el último de los sueños.

 


NOTA: En el blog titulado Besos.com se pueden leer los anteriores artículos de José Membrive, clasificados tanto por temas (vivencias, sociedad, labor editorial, autores) como cronológicamente.

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