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Inma Chacón: <i>Arcanos</i> (Libros del Aire, 2012)

Inma Chacón: Arcanos (Libros del Aire, 2012)

    TÍTULO
Arcanos

    AUTOR
Inma Chacón

    EDITORIAL
Libros del Aire

    PROLOGO
Miguel Veyrat

    OTROS DATOS
ISBN: 978-84-939089-1-1. Madrid, 2012. 154 páginas. 15 €




Creación/Creación
Inma Chacón: Arcanos
Por Inma Chacón, jueves, 04 de octubre de 2012
Poesía sólida y de peso, que busca la verdad allá donde se encuentre. Así es la poesía de Inma Chacón, que en este libro, Arcanos, lleno de honda sabiduría poética, nos da unos versos sin concesiones a la banalidad ni a la retórica carente de sustancia: "Tomé tus medicinas / reí con tu risa", "Ahora que cuento mis muertos en plural", "La resta se impone inevitable", "Como el pozo al que me asomo cada día". Sí, poesía sólida y de peso, escrita en el dintel del llanto.


PRELIMINARES ANTE UN SECRETO (por Miguel Veyrat)

 

Ars totum requirit hominem

Zósimo de Panópolis

                                                          


Inma Chacón, en este su tercero y muy maduro libro de poesía, ha decidido abordar todo lo secreto que los romanos nombraban con la palabra Arcanum. Heinrich Khunrath, uno de los grandes cabalistas y estudiosos del esoterismo, solía decir que los secretos se envilecen siempre cuando son revelados, pues de ello resulta una profanación. Yo afirmo que esto no es cierto, al menos cuando la revelación procede de la poesía, pues se trata de la única vía al conocimiento que puede abordar la claridad sin dañar la transparencia, ya que en su afán de indagar en aquello que permanecería oculto sin ella en la heroica lucha del ser humano ante la oscuridad de su destino y lo inevitable de la muerte, no alberga la intención de codificar, y por tanto “profanar” lo sagrado (que es en esencia lo arcano), para constituir en su tibia entraña nuevas sectas y comportamientos religiosos. Tal como nos recuerda la Razón Poética de María Zambrano, elaborada en concordancia con el Heidegger de la Sentencia de Anaximandro: “La esencia poética del pensar guarda el reino de la verdad del ser”.

 

He pedido pues permiso a la poeta Inma Chacón para eludir el venerado término de prólogo, y que me permita titular estas líneas como limen —dintel, pero también meta—, pues en sus umbrales resulta más evidente la  neblina que precede a las fronteras que la palabra nos permite penetrar antes de abordar su último fin, el pensamiento y su intercambio con el Otro. El Logos no supone razón ni luz en si, como algunos pretendieron hacernos creer, sino que traza la vía que puede hallarlas si se camina con honestidad con el báculo del ostinato rigore horaciano que también usaba el gran Leonardo, para quien el arte siempre era, antes que nada, una cosa mentale. Y aún así, la luz de la razón obtenida de este modo, no es a menudo sino un humilde cepo:  quicio del conocimiento en el que un poeta, como Inma Chacón, por ejemplo, no quiere que nadie se pierda como nos advierte en su poema “Camina Por delante de sus pies: Ocho de copas”.

 

La misma Madre Coraje que al amparo del “Ocho de Copas” vela por nuestro destino, se atreve a algo más. Asume con osadía la tradición del Tarot, una de las muchas que han pretendido guiar al hombre entre las brumas del azar, recuperada al parecer por el mismísimo Hermes Trismegisto en su Tabula Smaradigna (Lo que está arriba es igual a lo de abajo) y compartida por Zósimo de Panópolis, padre de la más antigua y creíble alquimia egipcia, para reconstituir en su práctica las claves del secreto de la realización del hombre (El Arte requiere al hombre por entero). Esa longuissima via de los alquimistas habría sido escasamente penetrada a lo largo de la historia, si no fuera por ciertas mentes privilegiadas como la de algunos grandes poetas, Pound, Rilke, Machado, Yeats, Juan Ramón, T. S. Eliot, fray Juan de la Cruz, que han vivido en su recorrido las similitudes entre las dos Artes Magnas, poesía y alquimia; pero sobre todo ha podido revelarse a los estudiosos a través de la excepcional obra científica del profesor Jung, en su reconstrucción de los arquetipos más ocultos de nuestro ser, simbolizados en su célebre Nachtseite: el Misterio, que de nuevo nos envuelve en este texto, pero ya integrado en el concepto de sincronicidad que supone la coincidencia entre sujeto y objeto al hablar de poesía.

 

Y como algunos lectores pudieran preguntarse precisamente ahora qué tiene que ver todo lo anterior con lo que siempre pensaron que era la poesía, aclararé de inmediato que creo que Inma Chacón, como el verdadero alquimista que buscaba el aurum non vulgi, y al que poetiza en estos versos,

 

Nadie le dijo a cada mano

cuánto podía esperar la una de la otra.

No hizo falta.

El peso del vacío

las delataba.

 

sabiendo que proyecta sobre toda obra material los procesos inconscientes que aspiran a su realización como “hombre de luz”, ha situado en tan primitivo y excelente ejemplo su propia poiesis —es decir la acción o vía de conocimiento que transforma y otorga continuidad al mundo reconciliando al pensamiento con la materia, al Ser con su agónica Casa, la Naturaleza—. La poesía siempre nos despierta del sueño dogmático de la razón normativa. Nos hace ser libres —y por tanto desprendidos—, tanto en su práctica escrita como a través de su lectura.

 

El esforzado lector de este género tan aparentemente hostil como es la poesía, dispone de sobradas fuentes como para informarse de  sus correspondencias con la antiquísima arte adivinatoria del Tarot (partida a la que nos invita nuestra pitonisa en este libro, haciendo también suyo el motto de Huizinga, la cultura humana brota del juego, como juego, y en él se desarrolla); solamente subrayaré que para su útil manejo, como para la lectura y comprensión de la poesía, no se precisa de cálculos científicos ni de irrefutables comprobaciones metodológicas: su teoría se apoya en la contingencia de la Naturaleza, y también en gran parte sobre los conocimientos transmitidos por vía semiótica entroncada con la Kabbalá, considerada por el reputado ocultista Eliphas Levi como la primitiva fuente de la Tradición Divina y Humana de Occidente.

 

Este juego de reflexión adivinatoria, establece una analogía entre los símbolos de sus cuatro palos, las cuatro letras del nombre de JHVÉ o Tetragrammaton y entre los diez Sephiroth con las cartas menores de cada serie. Establece asimismo las correspondencias entre los veintidós Triunfos y las letras del Alfabeto hebreo, dotadas de una importancia simbólica considerable. Las figuras del Tarot  representan arquetipos, sí, pero aquello que sugieren está en constante flujo o evolución en la mente humana. No expresan ninguna doctrina establecida y, muy al contrario, nos liberan de cualquier atadura: Estimulan la libertad de ese poder iluminador (la misma poiesis, que en el mundo esotérico del que hablamos se equipara a la presciencia) que posee al artista y que le fuerza, prácticamente, a crear, nombrar, erigir, fundar, establecer. Los símbolos del Tarot constituirían pues el alfabeto de una peculiar “poesía universal” que tan sólo pretendiera saber qué es lo que “podría” suceder aquí abajo. El sabio, el poeta, el Maestro Hermético o mistérico, se aleja del modo más radical de las contingencias de la vida, al tiempo que asciende en su escala iniciática.

 

La misma distancia mencionada o ascenso poético —en su caso, pero también en el juego espiritual y alegórico practicado en este libro, como hemos dicho— es lo que ha permitido a Inma Chacón sumergirnos en la carnalidad palpitante de su poesía, matizada de un sutil erotismo que vibra en lo aparentemente anecdótico de lo cotidiano, pero que se dota súbitamente, al conjuro de su sabiduría de poeta, de una importancia vital para seguir leyéndola, para seguir viviendo en su escritura.

 

Como sucede, y no es el único ejemplo, en el increíblemente hermoso poema dedicado a “Los amantes”. Esa distancia es también la que le permitirá mostrarse en ocasiones abiertamente reivindicativa como mujer enfrentada al patriarcalismo que de continuo retoña (a menudo con gran complacencia general), en la actual sociedad española; o clamar abiertamente en un poema que critica con dureza la obsoleta organización de la francmasonería —nada que ver con el ocultismo, por cierto— regular, deísta y misógina, anclada en el S. XVIII. Tal distancia le posibilita a abrirse a la universalidad de su género en “Las Siete mujeres fuertes”, tanto como  para ser aún más dura y militante ante la impunidad de que gozan todavía los verdugos franquistas, en los bellos versos dedicados a laMemoria de las siete personas asesinadas en 1939, enterradas junto a la tapia del cementerio de Casavieja (Ávila), en una  fosa común abierta el día 14 de marzo de 2009.”

 

Pero hay algo más, algo mucho más hondo, que este viejo poeta que ha querido escribir hoy de modo preliminar, no logra sustraer del todo a la neblina del limen de estas páginas que siguen, sin caer en una emoción insondable. Se trataría de aquel enigma que logra enlazar, en medio del entramado universal de las estrellas y las entrañas ígneas de la tierra, las manos de los muertos. Recordaré pues, para intentar explicarlo, unos versos de la gran poeta argentina Olga Orozco, dedicados a la muerte de su amada Alejandra Pizarnik, que me hacen revivir la historia turbadora de las fronteras que siempre unirán sobre sus puentes luminosos a esta Inma Chacón de ahora, con la Dulce hermana muerta en el relevo de escrituras que fue asumido, madura y duramente, en el mismo instante del duelo. Escuchen aquello que decía Olga a su Alejandra en la “Pavana del hoy para una Infanta Difunta que amo y lloro”:

 

Pero otra vez te digo, 

ahora que el silencio te envuelve por dos veces

en sus alas como un manto: 

en el fondo de todo jardín hay un jardín. 

Ahí está tu jardín, 

Talita cumi.

 

Ese conjuro expresado en arameo e invocado para resucitar a una niña, en una de las más bellas historias de la leyenda de aquel buen carpintero de Nazareth que nunca hubiera debido ser exportado de Galilea, late también a lo largo y hondo de este libro como un gemido de esta autora que acaso crea, de modo impalpable, no tener derecho en cierto modo a dar su propia savia poética a quien se engendró un buen día en la intimidad del mismo atanor de su carne y sangre y se fundió luego en el viento. ¡Talita Cumi! Ya no hay secretos aparentes, pues juntas alentarán siempre las dos hermanas, aunque sólo una escriba ahora excelentes versos entre nosotros. En el fondo de todo jardín hay siempre otro jardín. Posiblemente el único arcano verdaderamente impenetrable, que se llama amor. Fraternidad se llama.

 

Sevilla, 2011



BREVE ANTOLOGÍA DE ARCANOS (realizada por Marta López Vilar)

 

 

ARCANOS

 

A Silvia Plath

y a su traductor al español, Xoán Abeleira.

 

 

ME pregunto si existirán los poemas

que nunca trascendieron

 

esas heridas

que tanto debieron de sangrarte

 

ese vértigo infinito.

 

Me pregunto a qué profundidades

tuviste que bajar

para que lograra sepultarte tu silencio

 

ese monstruo

que aprieta la garganta sin piedad

 

ese hedor

que se cuela por los poros de la piel

transformado en gritos inaudibles.

 

No te imagino callada.

 

Los días son muy largos

cuando las palabras no sustituyen al vacío

 

esa negrura insoportable

que se parece tanto a la nada.

 

Me pregunto en qué aguas buceaste

cuando decidiste cerrar todas las puertas

 

qué algas te arroparon

qué desvelos.

 

Me resulta difícil aceptar

que no escribieras más versos

que los últimos

 

esos versos tristes

rotos

 

versos de aire

 

abatidos

dulces

 

esos versos tuyos

 

ocultos

escritos desde el otro lado

dolientes, íntimos,

 

escasos

arcanos

que tú misma destinaste

 

a convertirse en epitafio.

 

***

 

TUMBAS CORONADAS

 

(La muerte)

 

 

AHORA que cuento a mis muertos en plural

y beso el vacío de sus tumbas coronadas

 

la razón me pide que los nombre

uno por uno

para devolverles el tiempo

y las caricias.

 

***

 

LA MUDANZA

 

(diez de oros)

 

 

Como un cuadro que ha sido

descolgado a destiempo

y deja una marca gris en la pared vacía,

mi cuerpo se desprende

más allá del olvido,

                             ROSANA ACQUARONI

 

Y la casa se queda vacía,

convertida en un hueco

que late,

desnuda,

marcada,

transformada en recuerdo,

en nostalgia de un hogar

que parecía distinto a los otros,

ausente,

vacía, vacía, vacía.

 

Tu casa y mi casa.

 

Esperando el final

de una historia

que ya no es posible.

Vulnerable.

Sin cepillos de dientes.

Sin cajones absurdos.

Sin lámparas.

Sin hijos.

Sin amigos.

Sin gritos.

Sin cortinas.

Sin aire.

Sin ti.

Sin mí.

Sin nosotros.

 

***

 

LA MUERTE NO SE PARECE

 

(dos de bastos)

 

 

LA muerte no se parece

a una parca.

 

Tiene dientes afilados

y pezuñas negras.

 

Yo la he visto.

 

Se acercaba hacia mí

con su mirada fija

y obsesiva

 

retándome a seguirla

 

como si ya perteneciese

a su manada.

 

***

 

EL CRUCE DE CAMINOS

 

(cuatro de bastos)

 

 

IMAGINÓ un cruce de caminos

en el que no existían flechas

ni letreros.

Una bifurcación

donde todo volviera al principio

y todo terminase.

Un sueño.

Una forma de dejar la mente en blanco.

Un paraíso sin culpa,

sin manzanas,

sin prisas.

 

Lo imaginó desnudo,

y lo vistió después

con la pasión de los que saben

que el tiempo nunca vuelve,

a pesar de lo que diga

la arena del reloj.

 

Lo dibujó sin conocer al caminante.

Convencida de que no es el centro

lo que cuenta,

sino el punto

donde las líneas se acarician

antes de seguir su trayectoria.

 

Lo construyó ella sola,

y después lo compartió,

y lo llenó de besos

y de historia.

 

***

 

LA BÓVEDA CELESTE

 

(La sacerdotisa)

 

CAMINARÉ sobre un suelo ajedrezado

bajo la bóveda celeste.

 

Llevaré mis guantes blancos,

 

y un mandil.

 

Nadie sabrá la razón

por la que inicié un camino

del que no puede regresarse.

 

Entre pasos perdidos

y nudos

y secretos.

 

Nadie conocerá jamás

mi última palabra

 

nadie sabrá lo que fui

ni lo que soy

 

excepto los que se adentren conmigo

hasta el fondo del laberinto

 

y permanezcan allí.

 

***

 

NI SIQUIERA EL DOLOR

 

(nueve de copas)

 

NI siquiera el olor de tu ropa

ha conseguido quedarse

en el armario.

 

Nada de ti

conservan ya estas paredes

donde colgaste mis fotografías,

 

este vacío

que ordenarán otras manos

a su antojo.

 

Ni tú ni yo

pertenecemos ya

a este lugar

que parecía tan nuestro.

 

Las pesadillas y los sueños

salieron de la casa

con nosotros.

 

Sólo el jardín

recuerda vagamente

lo que fuimos,

 

nuestro jardín

 

y sus árboles perennes.



Nota de la Redacción: debemos la publicación de estos textos y poemas en Ojos de Papel a la generosidad de la autora de Arcanos, Inma Chacón, de la editorial Libros del Aire, cuyo responsable es Fernando Sanz, del prologuista, Miguel Veyrat, y de la autora de la selección de poemas, Marta López Vilar.
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