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Yoly Hornes y a Francesc Mercadé

Yoly Hornes y a Francesc Mercadé

    AUTORA
Yoly Hornes

    LUGAR FECHA DE NACIMIENTO
Buenos Aires (Argentina), 1953

    CURRICULUM
Es Licenciada en Filología Hispánica. Imparte talleres de escritura creativa, grupos de lectura, dirige veladas literarias y hace narración oral. Ha publicado numerosos cuentos y dos novelas: El hombre de los besos oceánicos (Madrid, Harlequín, 1998) y El juego del espejo (Barcelona, Nihil Obstat, 2000)

    AUTOR
Francesc Mercadé

    LUGAR Y FECHA DE NACIMIENTO
Reus (España), 1955

    BREVE CURRICULUM
Doctor en Ciencias Económicas, profesor Numerario de la Universidad de Barcelona en excedencia y director de GABISE (Gabinete de Investigación Sociológica y Económica). Ha escrito varios libros (Sociología hoy Teide, 1979; La nació com a problema, Eds. 62, 1979; Cataluña: intelectuales y nación, Barcelona: Península, 1982; Origen, ciutadania i identitat, Barcelona, IEC, 2006…). Ha publicado varios cuentos




Opinión/Entrevista
Entrevista a Yoly Hornes y a Francesc Mercadé, autores de Nosotros mismos
Por Jesús Martínez, martes, 01 de marzo de 2011
El vals de las flores

En una de esas noches de baile de la escuela Bailongu, a la sombra de las ocho torres arreboladas del templo expiatorio de la Sagrada Família, dos personas se movían, giraban, aplaudían, se pisaban, rodaban como en una carretera austral de dos sentidos, se balanceaban con sensualidad cuando sonaba la bachata, cándidamente se estremecían cuando el bolero sonaba. Una de esas personas, Francesc Mercadé (Reus, Tarragona, 1955), naviero en un mar de estadísticas, de sonrisa amable y corpachón agigantado, se detuvo, cambió de pareja, se subió a la palestra de Eros y le tocó en gracia su Psique. Una de esas personas, Yoly Hornes (Buenos Aires, 1953), pianista de dedos reticulares, con la engañosa mirada grial y la picardía netamente femenina, se detuvo, cambió de pareja, se puso el traje de Psique y se dio de bruces con Francesc. Yoly y Francesc se conocieron en Bailongu, en una plenaria de bailes de salón, mientras ejecutaban su primer vals (El vals de las flores, de Chaikovski). Y mientras los dos se aprendían los pasos, fueron deslizándose las frases que compondrían la primera novela de los dos, Nosotros mismos (Ediciones Carena, 2010).
“Los cafés, tres, y las copas de bourbon, también tres, nos entonaron las conversaciones hasta la hora del baile, que empezó con un vals rodado a trompicones por los dos traficantes de galanteos que acababan de sumar sus vidas…

Yoly adoptó la posición Isabel Porcel en segundas nupcias, augusta y de labios carnosos, en el retrato que le pintó Francisco de Goya. “Nunca dejaré de agradecer a mis padres que me enseñaran a escribir a máquina. Siempre me fascinó el teclado y la relación entre la cabeza y los dedos”, se dijo a sí misma. Se licenció en Filología Hispánica.

Se cogió a Francesc, con los brazos a la altura de las caderas, y pensó en esta frase para el futuro libro de los dos, cuando los dos se conocieran más y, como si en vez de amigos fueran una pareja, tuvieran su primer libro: “Es que los juegos de palabras me vuelven loca y me hacen pensar a veces que la relación entre significante y significado no es tan arbitraria como nos enseñó Saussure”.

Francesc entrelazó sus pies a los de Yoly, sin enfrentarse a los pies de ella, más comulgando con ellos y rindiéndose incondicionalmente a su empuje. “Mis lecturas fueron las de los niños de entonces, desde Julio Verne a Emilio Salgari. A los 16 años, las lecturas me transformaron. Ordenaron mi cabeza”, se dijo a sí mismo. Se doctoró en Ciencias Económicas.

Se cogió a Yoly, le colocó la mano derecha entre el costado y la espalda, afrontándose los dos a su primer fuego cruzado de miradas. Pensó en esta frase, que luego le serviría para abrir Nosotros mismos (Ediciones Carena, 2010): “No creo en el psicoanálisis, quiero simplemente hablar conmigo”.

Yoly mantuvo la distancia con Francesc. “De toda la vida, la ficción me ha atraído muchísimo. Creo que entiendo mejor la realidad a través de ella”, se dijo a sí misma. Escribió las novelas El hombre de los besos oceánicos (Editorial Harlequín, 1998) y El juego del espejo (Editorial Nihil Obstat, 2000).

Levantó los brazos a la altura de los hombros, flexionando los codos y generando entre sus codos y los codos de Francesc un vacío ovalado que se llenaba con respiraciones y divagaciones despeinadas. Pensó en esta frase, incorporada posteriormente a Nosotros mismos: “Las mujeres inteligentes tenemos muchas contradicciones”.

Francesc giró su brazo a la izquierda. “El comportamiento humano se ve como resultado del azar, pero la suerte se construye”, se dijo a sí mismo. Escribió los ensayos Sociología hoy (Editorial Teide, 1979) y Cataluña: intelectuales y nación (Editorial Península, 1982).

Con el brazo despegado del cuerpo, Francesc inició una media vuelta que acabó en vuelta y media. Tiró de su pareja. Cortésmente, como los caballeros de Sión. Como los arquitectos de canales, impecablemente. Pensó en otra frase, que ayudara a propalar lo que él llama “perspectivas mágicas”: “[en la nuca] se esconden los perfumes y se descubren las incompatibilidades”.

Yoly apoyó su brazo izquierdo en el brazo derecho de Francesc, como si este fuera el palo de contramesana y ella fuera un cabo suelto que ansía el nudo perfecto. “Me gusta la literatura intimista, la literatura romántica, y me gusta trabajar en equipo porque es estimulante compartir la creatividad”, se dijo a sí misma. “Llevo toda mi vida trajinando con palabras.”

Depositó el peso de su brazo cansado en el brazo nervudo de Francesc, sin llegar a colgársele, sin llegar a despegarse, dándose aire, desplazándose ambos, relajándose, alejándose, acercándose. Pensó en una frase: “Digamos que soy una feminista de sentido común”.

Francesc se impulsó hacia delante y la inercia hizo que variara la postura, extendiéndose por la pista eternizada de cuerpos que giran y galopan como si estuvieran en Estambul. “Se puede vulnerar el azar y crear una relación que se viva como propia, pero lo que más importa es acumular experiencia”, se dijo a sí mismo. “Me gusta reinventar la vida.”

La invitó a moverse con el estilo que él imprimía, y Yoly se dejó guiar como si estuviera en las manos de un lazarillo. Pensó en decenas de frases: “Compartir mi intimidad es un privilegio que los hombres tienen que ganarse”.

Yoly Hornes y Francesc Mercadé juntaron todos estos pensamientos, todas estas frases incomunicadas entre sí, y con ellas se abrocharon, tejieron, entrelazaron, amarraron, confeccionaron su primer libro juntos, Nosotros mismos, juego de rumbos y de existencias aparentemente abúlicas, pero que arriesgan y que se muerden los labios. Chico busca a chica y chica busca a chico, y en algún punto, chica busca el amor y chico busca el amor. Y, en algún punto, cuando el amor asoma, surgen las dudas, el miedo, la aventura, lo inesperado... “Nuestra novela, en la primera parte, podría ser como el título de un delicioso relato de la obra de Italo Svevo, Corto viaje sentimental, pero luego la trama estaría más en la línea de Calvino (Italo, también), en Si una noche de invierno un viajero”, resumen Yoly Hornes y Francesc Mercadé. “Lo fortuito, el concepto de destino, es la clave en Nosotros mismos.”
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