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Carlos Zanón: <i>Tictac tictac</i> (Ediciones Carena, 2010)

Carlos Zanón: Tictac tictac (Ediciones Carena, 2010)

    AUTOR
Carlos Zanón

    LUGAR Y FECHA DE NACIMIENTO
Barcelona (España), 1966

    BREVE CURRICULUM
Poemarios El sabor de tu boca borracha (1989), Ilusiones y sueños de 10.000 maletas (1996), En el parque de los osos (2000), Algunas maneras de olvidar a Gengis Khan (2004, Premio Ciudad de Valencia). Novelas: Nadie ama a un hombre bueno (2008) y Tarde, mal y nunca (2009). Incluido en la antología de Manuel Rico Por estar aquí. Antología de poetas catalanes en castellano (1980-2003). Colabora como crítico literario en el diario AVUI




Creación/Creación
Carlos Zanón: Tictac tictac
Por Carlos Zanón, lunes, 1 de noviembre de 2010
Tictac tictac es el ruido del reloj que guarda en sus tripas el cocodrilo que persigue a Garfio. Tictac tictac es el latido del reloj del conejo blanco al que persigue Alicia. Tictac tictac es la bomba que tienes escondida en casa las noches de insomnio, y que no aciertas a encontrar. Tictac tictac. Has de regresar a casa. Has de crecer. Has de seguir siendo niño. Has de jugar. Has de ser responsable. Has de recoger los juguetes de la habitación. No dejar embarazada a tu amante. Tictac tictac. Has de beber hasta morir. Has de vivir por siempre. Has de amar. Has de dejar de amar. Has de recordar y olvidar, pero no juegues con eso: siempre en ese orden. Tictac tictac. Geppetto tenía el hogar lleno de relojes que hacían tictac tictac tictac. John Barrie siempre fue otro. Lewis Carrol también. Impostores como tú y como yo. Nadie nos quiere por lo que somos. Siempre somos otros hasta que el cocodrilo nos alcanza y nos muerde la muñeca izquierda. Tictac tictac.

1

Wendy aguarda turno.
Se come un donut de mermelada,
abstraída de todo, sin lascivia.
Sólo está hambrienta. Esperando vez.
En la barra están las otras.
La serpiente tiene tus ojos, desconocido,
y el veneno te golpea el corazón
como un tremendo látigo de piedra.
Las bailarinas en el viejo almacén,
enceladas como Campanilla en círculos
de talco y cocaína mal cortada.
Tapadas con tiritas transparentes
las señales de las agujas.
Sus pertenencias guardadas en toallas.
Saldrán con ellas a contonearse
como torpes peonzas,
sin fiarse unas de otras.
Hay poca lujuria hoy en Nunca Jamás.
Oye voces dentro de sí el desconocido,
y habla de dejarlo todo y seguirle,
de que tener ocho años es un crimen,
-algo que todo el mundo
sabe y también olvida-,
y de amigos que se conjuran
horas antes de besarse entre olivos.
Mientras, cambia la canción
y Wendy, relamidos los dedos de azúcar,
enfila la tabla sobre los tiburones.
Arrastrarás la muerte, desconocido,
como la sombra del equilibrista
en rascacielos y charcos metálicos.
Ropa heredada, brillante supernova
para recordar a quienes se perdieron
en sótanos, cementerios y esquinas,
meninges y genitales aparte.
Wendy está acabando. No ha quitado
la vista de la toalla con sus cosas.
El desconocido, en minutos,
le pondrá su santa mano
en la frente o la barriga
hasta que el donut maúlle
como un gato triste, azul,
siempre inoportuno.


2. DERROTAS

No hurgues en tus bolsillos:
ambos sabemos que no está ahí.
Tus vecinos fingirán reconocerte.
Tu madre, tu padre,
aquellos con los que te cruces
pero ambos sabemos
que la partida se acabó,
que la perdiste tú.
Mira debajo de la cama:
ambos sabemos que no está ahí.
La Famosa Madrugada de las Grandes Decisiones.
Son las cinco, te puede el sueño,
hoy o nunca.
Bajas hasta la estación,
está oscuro, aún no hay trenes:
a punto están de colocar los destinos.
Y hay tantas razones para dejarte llevar,
quedar dormido en cualquier banco
hasta que el sol aparezca
y se extrañe de verte
pero que no pueda imputar
delito alguno a ese tipo
arrobado con una casaca
del ejército de la Tercera Guerra.
No hay café en la máquina:
en Colombia aún está anocheciendo
o es invierno o vete a saber tú
qué coño pasa con Juan Valdés.
No mires al cielo: los ángeles
vuelan con alas de saldo,
viajes tuneados de ida y vuelta.
Ambos sabemos que la traición
fue mucho antes,
no recuerdas cuándo
ni cómo ni por qué.
Sólo se te exige una heroicidad
y para tu asombro la cumples:
cambias los raíles, las señales
los colores de semáforos y ojos.
Refundado el mundo, echas a andar.
Hoy al menos, no ganarán los tibios.


3. SE BUSCA

Quiero un arma, quiero una víctima,
quiero un asesinato, quiero un deseo.
La boca de sangre quiero,
reventar de pólvora y cuerpo,
quiero la silla eléctrica, quiero
un hijo que me odie,
no tener dinero en los bancos quiero,
quiero un cáncer, quiero arder y quemar,
llorar sin consuelo quiero
quiero que alguien repare en mí
y me lastime y me quiera olvidar.



Nota de la Redacción: agradecemos a Ediciones Carena en la persona de su director, José Membrive, la gentileza por permitir la publicación de estos tres poemas del libro de Carlos Zanón, Tictac tictac (Carena, 2010).
 
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