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Oriol Regàs: <i>Los años divinos</i> (Destino, 2010)

Oriol Regàs: Los años divinos (Destino, 2010)

    TÍTULO
Los años divinos

    AUTOR
Oriol Regàs

    EDITORIAL
Destino

    OTROS DATOS
Barcelona, 2010. 300 páginas. 22 €




Reseñas de libros/No ficción
Oriol Regàs: Los años divinos (Destino, 2010)
Por Juan Antonio González Fuentes, jueves, 01 de julio de 2010
En los últimos tiempos han aparecido en el mercado editorial español varios libros de memorias con un mismo común denominador: la ciudad de Barcelona y sus circunstancias como escenario principal y a la vez como telón de fondo. Me refiero, por ejemplo, a los libros de Federico Jiménez Losantos, los de Esther Tusquets, Loquillo y, ahora, el de Oriol Regàs, Los años divinos. Desde diferentes contextos sociales, económicos, políticos y culturales, todos estos trabajos vienen a revelar más o menos un mismo paisaje, el de la Barcelona del último medio siglo, y más concretamente, dependiendo de la edad de los autores, la Barcelona que va desde la posguerra hasta los años de la transición democrática.
Losantos retrata esencialmente la Barcelona intelectual, universitaria, política y artística de los años de la Transición. Loquillo más o menos el mismo espacio temporal, pero centrándose en el mundo de la música popular y las bandas de pop y rock; y Tusquets y Regàs plasman la existencia desde la posguerra de la entonces juventud burguesa, herederos directos de quienes en definitiva ganaron la guerra.

He leído todos los libros, y he sacado una conclusión, la misma, por otra parte, que han establecido decenas de historiadores del periodo. Durante el medio siglo aquí establecido Barcelona fue un ámbito social, político, cultural y económico controlado por una burguesía industrial y comercial a la que la dictadura franquista le proporcionaba una seguridad, tranquilidad y estabilidad proverbiales para mantener su status y el control de la situación. Sobre estas bases sólidamente establecidas, en Barcelona se desarrolló una vida social y cultural más abierta, cosmopolita y diversa que en buena parte del resto de España, no siendo la cercanía con Francia o la existencia de un importantísimo puerto de mar circunstancias de peso menor.

Tanto las memorias de Tusquets como las de Regàs parten de un mismo asentimiento: nuestras familias vivían cómodamente beneficiadas en las circunstancias franquistas. Nosotros vinimos a rebelarnos contra esas circunstancias, viviendo y exigiendo más libertades de todo tipo

De todos los libros de memorias traídos hasta aquí los que tienen una mayor comunicación entre sí son los de Tusquets y el de Regàs. Las razones son obvias: un periodo histórico semejante y la pertenencia a un mismo ámbito social y económico: Tusquets y Regàs, estos apellidos sencillamente hacen que sobren las palabras. Esther Tusquets es una señora escritora y Oriol Regàs es un señor empresario, esa es la diferencia más notable. El resto es bastante semejante. Me explico.

Tanto las memorias de Tusquets como las de Regàs parten de un mismo asentimiento: nuestras familias vivían cómodamente beneficiadas en las circunstancias franquistas. Nosotros vinimos a rebelarnos contra esas circunstancias, viviendo y exigiendo más libertades de todo tipo. Nos educaron con dureza y bajo el peso y las normas de una burguesía complacida y estable que se sentía segura y agradecida a la mano de hierro centralista del nacionalcatolicismo de un franquismo que sabía mirar hacia otro lado mientras no se le enfrentasen abiertamente. Tusquets focaliza ese franquismo mental y naturalmente activo en la figura de su desabrida madre, y Regàs en la de su abuelo, dibujado como un monstruo de violenta barbarie integrista católica.

Pues bien, los recuerdos y puesta en escena personal de Esther Tusquets y de Oriol Regàs son ya una crónica de la denuncia radical con respecto a la “herencia” recibida, más una estrategia permanente de poner tierra por medio, distancia, como rebelión social, cultural y política frente a sus mayores y el universo mental (espiritual) y práctico que estos suponían y proponían.

La producción artística e intelectual de la gauche divine como conjunto es irrisoria, y la que surgió del trabajo de algunos de sus miembros es desde luego destacable y significativa, pero está a años luz de ser “el más potente movimiento de carácter cultural que ha emanado de la Barcelona contemporánea”

Ya está todo dicho. Tusquets se hizo escritora y editora y se rebeló contra lo “establecido” echando a correr en dirección contraria a lo que le hubiera gustado a su madre que fuera e hiciera. Y Oriol Regàs se rebeló contra su intolerante e intolerable abuelo lanzándose con gusto y controlado desenfreno a una productiva y exitosa carrera como bon vivant.

La historia de su vida como bon vivant es lo que narra Oriol Regàs en Los años divinos (Destino), un libro entretenido, ameno y por momentos interesante, aunque tras acabar de leer su última página, también se muestra asimismo como intrascendente. Oriol Regàs se nos descubre como un tipo de verdad curioso con tres facetas esenciales en las que se apoya su vida: el deporte, las mujeres y las empresas de restauración y alterne con ramificaciones creativas. Las hazañas deportivas, o más bien aventureras, de nuestro personaje son de verdad llamativas: un viaje desde Hong Kong a Barcelona en un frágil junco, o recorrer África de abajo a arriba en moto. No está mal. Lo que dice de las mujeres es algo así como atmosférico. Quiero decir que salvo dos o tres nombres no encuentra el lector la descripción de alardes donjuanescos en forma de lista larga de conquistas. No, es más bien eso, el aroma de una atmósfera en la que el perfume a mujer atractiva está presente de manera constante. Y en cuanto a las empresas, qué decir: ahí están, sin ir más lejos, los célebres Bocaccio de Barcelona y Madrid, o el mítico Up & Down barcelonés, todos “garitos” que son ya parte significativa de la entrada de la modernidad y el glamour en la España de los estertores del franquismo hasta los primeros latidos de la democracia constitucional.

Entretenidas pero intrascendentes, así defino esta memorias de Oriol Regàs, quizá en el fondo como el mismo autor, como todo bon vivant de esencia y vocación. Pero lo mejor de estas memorias, y de las de la Tusquets, es lo que cuentan sin contar, es decir, lo que se deja leer entre líneas, lo que exhuman estos recuerdos. Por un lado la banalidad real y material de eso que se llamó la gauche divine, un grupo de amigos progres con posibles que se reunían a tomar copas y a ligar. La producción artística e intelectual de la gauche divine como conjunto es irrisoria, y la que surgió del trabajo de algunos de sus miembros es desde luego destacable y significativa, pero está a años luz de ser “el más potente movimiento de carácter cultural que ha emanado de la Barcelona contemporánea”. Y si en realidad fuese así, ¡¡¡pobre cultura barcelonesa!!!

Fueron unos progres y modernos antifranquistas pero de clase ambassador, es decir, que se opusieron a los designios familiares en lo referente a la mentalidad, comportamientos y rendimientos, pero que aprovecharon en lo material todas y cada una de las ventajas que el hecho de ser Tusquets y Regàs les ofrecían

Otro cuestión que estás memorias y las ya mencionadas ponen en evidencia es que la Barcelona de finales del franquismo no era desde luego, en todo momento y lugar, una geografía lúgubre, tétrica, atenazada por un poder dictatorial irrespirable y terrorífico. Lo que se deduce de la lecturas de este conjunto de memorias barcelonesas es que la vida en la ciudad Condal desde finales de los 1960 hasta comienzos de los 1980 era más rica, variada, acogedora, trasgresora, libertaria, cosmopolita y radical de lo que es por ejemplo hoy, cuando la ideología nacionalista, con sus anteojeras y simplezas, ha ocupado el mismo lugar del franquismo sustituyendo los usos y costumbres del aquel por los propios, a la vista más reduccionistas, controladores y manipulados.

Y por último, lo que se echa en falta en las memorias de Tusquets y Regàs es una simple confesión. ¿Cuál? Pues que eran unos señoritos de tomo y lomo, que se opusieron a los caminos que les marcaban sus apellidos en lo cultural y político pero jamás en lo social y económico. En definitiva, que fueron unos progres y modernos antifranquistas pero de clase ambassador, es decir, que se opusieron a los designios familiares en lo referente a la mentalidad, comportamientos y rendimientos, pero que aprovecharon en lo material todas y cada una de las ventajas que el hecho de ser Tusquets y Regàs les ofrecían. Vamos, que no renunciaron jamás al champán francés, a los viajes al extranjero, a la casa familiar en la Costa Brava, a los pisos de la familia en las zonas nobles de la ciudad, a las ayudas económicas para iniciar negocios, que no se casaron nunca con desarrapados ajenos a las clase alta catalana, que no renunciaron a los descapotables, las piscinas, las langostas, las pistas de tenis y las gárgolas de las mansiones familiares... Jamás les gustó la España que surgió de la guerra civil, ni sus restricciones mentales, ni las imposiciones políticas, ni la estrechez social y sexual, ni la ausencia de contacto con la modernidad europea..., pero a la vez se aprovecharon, sin reparos ni políticos ni culturales ni sociales, de todos los privilegios que el franquismo proporcionó a sus familias: los Tusquets y los Regàs. Insisto, libros esenciales para conocer y documentar la rebeldía y el progresismo español-catalán de los más privilegiados.
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