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Richard Florida: <i>La clase creativa. La transformación de la cultura del trabajo y el ocio en el siglo XXI</i> (Paidós, 2010)

Richard Florida: La clase creativa. La transformación de la cultura del trabajo y el ocio en el siglo XXI (Paidós, 2010)

    TÍTULO
La clase creativa. La transformación de la cultura del trabajo y el ocio en el siglo XXI

    AUTOR
Richard Florida

    EDITORIAL
Paidós

    TRADUCCCION
Montserrat Asensio

    OTROS DATOS
Barcelona, 2010. 528 páginas. 24'90 €



Richard Florida

Richard Florida


Reseñas de libros/No ficción
Richard Florida: La clase creativa. La transformación de la cultura del trabajo y el ocio en el siglo XXI (Paidós, 2010)
Por Bernabé Sarabia, jueves, 01 de abril de 2010
La tesis central de Richard Florida es que a comienzos del siglo XXI en los países desarrollados ha nacido un nuevo estrato social: la clase creativa. Un denso grupo compuesto por arquitectos, diseñadores, profesores de universidad, científicos, escritores, artistas o músicos. Pertenecen a dicha clase todos aquellos para quienes la creatividad es fundamental en su trabajo en una empresa, en el sector educativo, en el de la atención sanitaria, en el legal o, en definitiva, en cualquier otra profesión.
En el prólogo a la primera edición norteamericana de este volumen, año 2002, se afirmaba que más del 30% de la mano de obra estadounidense, casi cuarenta millones, pertenecía a la nueva clase creativa, un variado grupo de gente destinado a producir grandes cambios en la manera de trabajar, en la concepción de los valores o deseos y en muchos otros aspectos relacionados con la vida cotidiana de los países desarrollados. La nota definitoria de esta nueva clase social es la posición económica entendida como una derivada de la capacidad de sus miembros de ser creativos.

La clase creativa es un texto que, como señala su autor, arranca de su trabajo sobre el desarrollo económico y regional en Estados Unidos. En la última década del pasado siglo, Richard Florida pudo observar que en Norteamérica algunas ciudades y regiones crecían y prosperaban y otras se iban quedando atrás. Al estudiar el comportamiento de distintas empresas, algunas dedicadas a nuevas tecnologías, observó que el traslado de sus sedes administrativas, de investigación o de fabricación tendía a realizarse a lugares que ya contaban con personas capaces, interesantes y llenas de talento. Observó también un fenómeno que le causó una gran sorpresa. No eran las personas las que se desplazaban para conseguir un empleo, eran las empresas las que se movían a los lugares en los cuales se concentraban las personas capaces y creativas.

Intrigado por este hecho comenzó a entrevistar gente y a preguntar cómo decidía dónde vivir y trabajar. Richard Florida encontró que las personas no estaban únicamente interesadas en encontrar empleo. Escogían su lugar donde vivir en función de sus múltiples intereses y de sus estilos de vida. Enseguida se hizo evidente que la elección era algo mucho más complejo de lo que parecía a primera vista.

Constituye una excelente guía para entrar no sólo en las teorías de Richard Florida sino también en las de todo ese grupo de analistas dedicado a urbanizar y establecer la geometría de las tendencias y los cambios sociales que acontecen bajo nuestros propios pies

Richard Florida no es el único experto en creatividad. Si nos asomamos a la web encontraremos que son anglosajones en su mayoría. Landry, Howkins y, por supuesto, Sir Ken Robinson son algunos de los expertos más respetados en creatividad y en el desarrollo social del talento en la era del conocimiento. Son poco dados a aplicar las recetas keynesianas al desarrollo económico, un modelo que según ellos responde a un mundo más basado en la industria que en el conocimiento, y se ganan muy bien la vida asesorando a ayuntamientos o gobiernos de todo tipo que se dan cuenta de que lanzar parques tecnológicos no basta para crear economía y bienestar social.

Nacido en 1957 en Newark (Estados Unidos), en el seno de una honrada familia de inmigrantes de clase media baja, Richard Florida es ampliamente considerado el verdadero “gurú de las clases creativas”. Su extensa obra, su carrera académica, sus brillantes apariciones ante distintos auditorios y su capacidad viajera le han situado en la cumbre de un grupo de expertos que lleva dos décadas trabajando en el concepto de ‘clase creativa’ y en sus formas de aplicación a lugares y momentos concretos. Se ha paseado por todo el mundo, sin excluir España, y su empresa de consultoría factura a lo grande. En 2009, coincidiendo con la edición española de su libro Las ciudades creativas, Richard Florida pronunció una conferencia en Pamplona que está recogida en la web. Distintos medios de comunicación españoles afirman que en el equipo que asesora al Jefe de Gobierno español, Rodríguez Zapatero, existe verdadero interés por las teorías de Richard Florida.

La edición de La clase creativa que acaba de aparecer es una traducción al español de la edición revisada de 2004, a partir del original de 2002. No se alarme el lector por los años transcurridos. A día de hoy constituye una excelente guía para entrar no sólo en las teorías de Richard Florida sino también en las de todo ese grupo de analistas dedicado a urbanizar y establecer la geometría de las tendencias y los cambios sociales que acontecen bajo nuestros propios pies (Bobos en el paraíso, de David Brooks, merece, en ese sentido, una atenta lectura).

Mientras se produce el giro hacia la economía creativa, Richard Florida va mostrando al lector cómo ese cambio no se produce de un modo homogéneo a lo largo y ancho de un país. Cristaliza, se sitúa en determinados lugares, en ciertos epicentros

Como ya hemos señalado, la tesis central que viene sosteniendo Florida es que está surgiendo en Estados Unidos, y por ende en los países capitalistas más avanzados, “la clase creativa”, una nueva clase socioeconómica que se está convirtiendo en el motor del crecimiento económico. Científicos, ingenieros, profesores de universidad, músicos, diseñadores o arquitectos están entre aquellos cuya función económica es crear nuevas ideas, nuevas tecnologías o nuevos contenidos culturales.

La clase creativa parte de la atractiva idea de que “la creatividad humana es el recurso económico definitivo”. A partir de ahí el lector va abriendo un desplegable que muestra una perspectiva histórica de los cambios ocurridos en el transcurso del siglo XX en el trabajo, la sociedad y la cultura. Es fascinante seguir de la mano de Florida el proceso de consolidación y posterior estancamiento de una sociedad industrial, decadencia tan bien descrita por Richard Sennett, que gira inexorablemente hacia una sociedad de servicios que a su vez constituye la infraestructura que sostiene la era creativa.

Mientras se produce el giro hacia la economía creativa, Richard Florida va mostrando al lector cómo ese cambio no se produce de un modo homogéneo a lo largo y ancho de un país. Cristaliza, se sitúa en determinados lugares, en ciertos epicentros. No vale cualquier territorio, no sirve cualquier ciudad. Para que se cree un núcleo denso de personas creativas han de darse un conjunto de circunstancias que Richard Florida detalla sirviéndose de un denso aparato de citas bibliográficas, de datos demográficos y de su propia y elaborada investigación.

Para Florida los lugares en los que los homosexuales, los inmigrantes y los bohemios se sientan como en casa serán los espacios más propicios a la creatividad

El lugar, el sitio, la ciudad o la “ubicación”, denominación de Florida, ha de proporcionar mercados laborales con densidad creativa pero ha de añadir como condición imprescindible los “mercados afectivos”. Sin ellos no es posible crear un ecosistema que aproveche la creatividad humana y la transforme en valor económico. A la tecnología ha de añadirse el talento y la tolerancia. “Los lugares abiertos y tolerantes atraen con mayor fuerza a distintos tipos de personas y generan más ideas”. Richard Florida dedica muchas páginas al análisis y la descripción de lo que entiende por tolerancia, y elabora un índice que se basa en cuatro medidas: el índice gay, el índice bohemio, el índice crisol de culturas (la concentración de personas nacidas en el extranjero) y, en cuarto lugar, una medida de integración racial. Para Florida los lugares en los que los homosexuales, los inmigrantes y los bohemios se sientan como en casa serán los espacios más propicios a la creatividad. Austin, San Francisco, Seattle o Boston son algunas de las ciudades norteamericanas tomadas como modelo.

Quizá resulte chocante que Richard Florida utilice las pautas de ubicación de las personas homosexuales para elaborar un índice predictivo de éxito personal y crecimiento económico. No podemos entrar ahora a examinar la elaboración de dicho índice. Sí es posible señalar que en Madrid, el barrio de Chueca registra lo que podríamos denominar una alta densidad de gays, lesbianas y bisexuales y su nivel medio de confort no ha hecho sino aumentar. Algo parecido podría afirmarse de ciertas zonas del Ensanche (Eixample) barcelonés.

No se puede cerrar el análisis de este libro sin reseñar que, como el propio autor señala, el proceso social que implica el desarrollo de la clase creativa está trufado de tensión. El estrés es cada vez más habitual, porque la creatividad y el esfuerzo mental se han convertido en una fuerza productiva de primer orden. Los trastorva de primer orden. Los trastrerto en el que hay mucho de juego.ohol, la cocaina y social que implica el desarrollo de la clasnos del estado de animo, la ansiedad, el abuso del alcohol, la cocaína y otras muchas substancias intoxicantes, son mucho más frecuentes en los centros creativos de la economía estadounidense, como San Francisco, Austin o Seattle. Se posterga el matrimonio, la estructura familiar se transforma, los vínculos sociales se hacen más líquidos. La era creativa es un proceso abierto en el que hay mucho de juego.

Se cierra este fascinante y polémico volumen con una parte práctica en la que Florida ofrece las claves para fomentar una atrayente actividad creativa.
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