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Fernando Pessoa: <i>Libro del desasosiego</i> (Baile del Sol, 2010)

Fernando Pessoa: Libro del desasosiego (Baile del Sol, 2010)

    AUTOR
Manuel Moya

    LUGAR Y FECHA DE NACIMIENTO
Fuenteheridos (Huelva, España), 1960

    BREVE CURRICULUM
Ha publicado tres novelas, La mano en el fuego (Calima, 2006), La tierra negra (Gualadalturia, 2009) y Majarón (Baile del Sol, 2009) que han obtenido un importante refrendo de público y crítica, así como el libro de relatos La sombra del caimán, finalista del Premio Setenil al mejor libro de relatos publicado en España en 2006. Como poeta y narrador ha obtenido prestigiosos premios y figura en estudios y antologías nacionales y extranjeras




Opinión/Entrevista
Entrevista al escritor Manuel Moya, traductor de Libro del desasosiego de Fernando Pessoa (Baile del Sol)
Por María José de Acuña, jueves, 01 de abril de 2010
El poeta y narrador andaluz Manuel Moya (Fuenteheridos, 1960), quien ha obtenido prestigiosos premios y figura en estudios y antologías nacionales y extranjeras, acaba de traducir para la editorial Baile del Sol la obra de Fernando Pessoa, Libro del desasosiego. Nos hemos citado en El Manantial, el bar inglés de su pueblo, un pequeño pueblo hoy apenas visible por entre las cortinas de agua que el limpiacristales no logra evacuar. Porque llueve.
Llueve a cántaros. Aparco junto al crucero de mármol que preside la plaza y corro hasta el bar, que parece cerrado. No había vuelto por estas tierras de la sierra de Huelva desde aquel año —bastante seco, por cierto—, en que a toda la familia, la del centro y la del sur peninsular, se nos debió contagiar la fiebre del turismo rural y alquilamos una casa en Aroche para pasar juntos un fin de semana. Hacía de esto cuatro diciembres. Empujo la puerta y los parroquianos, un poco incrédulos, se me quedan mirando, como si llegara de un reino perdido. Entre ellos, sentado cerca de la estufa, Manuel Moya, con su larga melena y su barba blanca, ahora más recortada. Junto a él, Mario, el fotógrafo, que se levanta a recibirme. Me dicen que pida un aguardiente de Almonaster para calentarme un poco mientras esperamos a que escampe y yo no supe decir que no echándomelo al gaznate sin dudarlo para no demorar más la salida.

Nos dirigimos a Fiscalho, el primer pueblo portugués, a sesenta quilómetros de distancia y, según Manuel, el lugar ideal para escapar de nosotros mismos. Pero en esta ocasión se trataba de hablar de Libro del desasosiego, que Manuel ha traducido para la editorial Baile del Sol y que acaba de aparecer.

¿Qué hace un bar inglés en un sitio como este?, le pregunto al montarnos en el coche. “Es un bar más del pueblo. Uno de los más antiguos de la plaza. Por otra parte, la colonia inglesa y extranjera de la comarca es importante. En este bar toca ocasionalmente gente como Paul Cook, integrante de los Sex Pistols y otros músicos que vienen de Inglaterra a grabar en su estudio, a cinco quilómetros de aquí”.

Nos ponemos en marcha. No ha dejado de llover, pero parece que la lluvia quiere darnos un poco de tregua. Seguimos la entrevista dentro del coche. Mario se había ofrecido a conducir, gesto que agradecí enormemente, así mi conversación con Manuel sería mucho más relajada, al tiempo que podría disfrutar un poco más del paisaje, el mismo, por cierto, que mi marido dice querer ver todos los días a partir de que se jubile. Siempre quiso vivir en el campo...

Desde que me encargaron la entrevista, tuve claro que en el cuestionario debía figurar una pregunta obligada, porque cualquier lector conocedor de la obra pessoana se la iba a hacer, dado que existen, que yo sepa, al menos otras cuatro traducciones de Libro del desasosiego. Sabía que me iba a costar formularla porque no deja de ser un poco delicado preguntarle a un experto en Pessoa como Manuel Moya en qué se ha visto enriquecida la bibliografía existente sobre el famoso escritor portugués con esta edición y traducción sobre la que ha trabajado para Baile del Sol. Como quien no quiere la cosa, y mirando por la ventanilla, la hice.

Y, dime Manuel, ¿qué aporta esta nueva traducción a las que le han precedido?

En la lengua castellana, que tan mal nos ha ido con otros autores, hemos tenido suerte con Pessoa, quien ha contado con traductores tempranos y fantásticos, como Llardent, Campos Pámpano o el mismo Crespo, quien publicó su traducción de Libro del desasosiego casi a la par de la primera edición portuguesa. Muchos lectores de Pessoa lo descubrimos precisamente en esta espléndida y mítica versión editada por Seix Barral. Lo que pasa es que Crespo murió antes de que Libro del desasosiego, construido con fragmentos dispersos, fuera revelado en su totalidad. Después, mucho más recientemente ha salido la edición de Acantilado, a cargo de Perfecto Cuadrado, que sigue la de Richard Zenith para Assirio. Modestamente, creo que mi versión aporta texturas más abiertas o literarias, pero sobre todo hay en ella una ordenación propia, que procura alejarse de cualquier intento de canonizar este libro abierto, al que ni siquiera Pessoa pudo darle una ordenación concreta”.

Pero también hay que pensar en los lectores menos avezados, o en aquellos que se enfrentan por primera vez al Libro del desasosiego, ¿qué le dirías que va a encontrar en sus páginas a esos nuevos lectores: un diario íntimo, un ensayo, un poema en prosa...?

Como diría el propio Pessoa a propósito de cierta obra de Dickens, yo envidio profundamente a ese lector que va a entrar por primera vez en este libro. Lo que va a encontrar es a un hombre extraordinariamente transparente en sus dudas y en sus desasosiegos que, puedo afirmarlo, lo va a deslumbrar desde su modestia, desde su sinceridad y desde luego por esa capacidad de verbalizar el sentimiento. Libro del desasosiego es, sin duda, un libro, pero es también una experiencia. Leyéndolo uno no tiene más remedio que penetrar más en sí mismo”.

Poco a poco el paisaje de huertas y castaños, con continuas subidas y bajadas, da paso a una sucesión de dehesas y hasta la carretera comienza a parecer estirarse más, haciéndose más llana, como nuestra conversación.

Pessoa dejó el Libro del desasosiego en completo desorden, con indicaciones escuetas y contradictorias. ¿Con qué dificultades te has encontrado a la hora de abordar el trabajo?

Este libro está formado por apuntes sueltos, con tachaduras, sobreescritos, anotaciones en los márgenes... y mil otras dificultades. No es seguro que de haber vivido más, Fernando Pessoa hubiera puesto orden en un libro de tal envergadura y que en cierto modo él era consciente de que lo superaba. Por fortuna sus estudiosos y editores han podido trabajar con calma y fijar la obra. Las dificultades han consistido muy básicamente en la nueva ordenación de los fragmentos”.

La obra pessoana se define por el desdoblamiento en varios escritores ficticios o heterónimos, con biografías, ideas y estilos diversos, como Bernardo Soares en el Libro del desasosiego. ¿No crees que esta práctica ha contribuido a convertirle en una figura extremadamente enigmática?

Alguien ha definido a Fernando Pessoa como un extraño extranjero. Él, que salvo su estancia infantil en Durban casi no llegó a salir de Lisboa, fue y se consideró un extranjero siempre, aunque tal vez por eso mismo ha sido el escritor que mejor ha sabido reflejar esa deslumbrante ciudad. Libro es una guía del alma humana, pero también es una guía de Lisboa. Por otra parte Fernando cultivó el esoterismo y en este registro se le atribuyen episodios curiosísimos, pero yo creo que más que enigmático es complejo. Lo que ocurre es que su complejidad acaso provenga de su gran claridad mental, que le descubrió su maestro y heterónimo Caeiro”.

El hecho de haber leído en algún estudio sobre Pessoa que a lo largo de los años que tarda en escribir la obra es fácilmente perceptible el cambio de estilo en la redacción de la misma era una de las cuestiones sobre las que más me interesaba saber la opinión de Moya.

Es cierto. Libro del desasosiego son, en realidad, dos libros. Comenzó a escribirlo en 1913, muy poco antes de la eclosión de sus heterónimos, bajo el influjo de las estéticas modernistas, que en Portugal se orientaron por el lado saudosista de Teixeira de Pascoaes, Guerra Junqueiro y otros. Este primer libro lo formarían textos narrativos de un cierto tono poético y onírico, pero pronto abandonó este línea y comenzó a derivar en una suerte de diario de sensaciones. En 1919, yo creo que derrotado por la propia insumisión del libro, lo abandonó por completo, para retomarlo diez años después. En ese momento comenzaría un segundo libro, a mi modo de ver, mucho más interesante y sorprendente que el primero. La gran mayoría de los fragmentos pertenecen a esta segunda época de mayor madurez y claridad mental”.

Pessoa, nacido en Lisboa y descendiente por línea paterna de judíos conversos, fue educado en Sudáfrica y, al igual que Borges, creció en el bilinguísmo. En tu opinión, ¿qué le llevó a dedicar su vida a divulgar la lengua portuguesa?

Pessoa escribió precisamente en estas páginas que su patria era la lengua portuguesa, pero en él el bilinguísmo era algo vital. Escribió poemas en inglés y habitualmente pensaba en esta lengua. El inglés era también su lengua, pero, atención, no su patria, como sí lo consideró a la lengua portuguesa. Pienso que su bilinguísmo mental era una manera de estar solo, de sentirse radicalmente extranjero”.

Algunos críticos afirman que el redescubrimiento actual de Pessoa semeja al de Kafka, en los años cincuenta, y que ambos dejaron una vasta obra inédita que se conoció en forma póstuma. ¿Qué razones explicarían tal afirmación?

No sé si estoy de acuerdo con esa afirmación. Desde mediados de los años cuarenta del pasado siglo la figura de Pessoa ha ido creciendo y siendo cada vez más y más valorada. Otra cosa es que no haya tocado techo o que no se le reconociera en vida. Lo que sí creo es que tanto Kafka como Pessoa se sintieron extranjeros en Lisboa y en Praga, ambos se sintieron ahogados por sus ocupaciones, el uno subsumido por la figura de su padre y el otro, huérfano de padre, traicionado por su madre.

Todo esto les hizo desconfiar del mundo, apartarse de él, huir a través de esos personajes que cada uno de ellos acabó por escupir y que hoy nos parecen paradigmáticos
”.

Atravesamos entre la lluvia el último pueblo español, Rosal de Frontera, donde fue preso por vez primera Miguel Hernández. Pronto avistamos el paso fronterizo portugués, con ese cierto aspecto oriental y melancólico. Unos pocos quilómetros más allá y estaremos en Fiscalho.

Pessoa decía que ser poeta o escritor no constituye una profesión, sino una vocación, ¿crees que si no hubiera pensado así hoy podríamos disfrutar de sus microcosmos de ideas y especulaciones filosóficas, estéticas y literarias o de sus observaciones sociológicas, máximas y aforismos?

Para Pessoa, como también para Kafka, escribir era su manera de estar solo, es decir, su manera de seguir en pie, de rebelarse, de seguir siendo él mismo, frente a todo lo demás. Pessoa no es un nihilista, sino un individualista feroz, un hombre que desconfiaba de la especie humana. Caeiro, en medio de las vanguardias y de las revoluciones sociales, lo que pide es un retorno a la simplicidad y a la naturaleza, al paganismo. Pessoa estaba convencido de que había que volver a firmar un nuevo contrato con la Naturaleza. Era, es evidente, un adelantado, dotado de una extraordinaria lucidez y originalidad. Ya digo, su manera de estar solo”.

Una guía práctica de Lisboa dice: "Si entras en un café, no tardarás en saber que allí estuvo Pessoa, y si te sientas en la terraza de otro, le verás sentado a la mesa de al lado, y si hablas con alguien, te recitará unos versos, y si te das un paseo, acabarás en su casa...," ¿cómo entender Lisboa sin Pessoa?

Seamos justos. Lisboa se puede entender sin Pessoa, pero acaso no Pessoa sin Lisboa. Lo que sí es cierto es que Pessoa hoy día es una presencia, un valor más de esa ciudad espléndida. Ya te dije antes que nadie como Fernando Pessoa ha sabido sentir y pensar esa ciudad y, es obvio, muchos de los que hemos llegado a ella imbuidos por la lectura de Libro del desasosiego, nos hemos encontrado una ciudad con tintes pessoanos. Hay, es cierto, un turismo pessoano, como en Dublín hay un turismo relacionado con Joyce, en Praga con Kafka o en Tánger, salvando las distancias, con Bowles”.

Y con música sobre Lisboa de fondo, llegamos a Fiscalho: Carlos do Carmo cantando Um homem na cidade, sonaba en la radio al bajarnos del coche.
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