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Muakuku Rondo Igambo (foto de Jesús Martínez)

Muakuku Rondo Igambo (foto de Jesús Martínez)

    NOMBRE
Muakuku Rondo Igambo

    LUGAR Y FECHA DE NACIMIENTO
Punta Mbonda-Bata (Guinea Ecuatorial), 1956

    BREVE CURRICULUM
Licenciado en Economía por la Universidad Complutense. Master en Cooperación y Desarrollo por la Autónoma de Barcelona, Profesor de la European Financial Planning Association y profesor Contabilidad de Costes de la UNED. Entre sus libros destacan: Guinea Ecuatorial: desde la esclavitud colonial a la dictadura nguemista y Conflictos étnicos y gobernabilidad: Guinea Ecuatorial (Carena) y Pobreza, desarrollo y globalización en el sur del sur (Carena)




Opinión/Entrevista
“Es la economía, estúpido”: entrevista a Muakuku Rondo Igambo, autor de Crisis y capitalismo en el tercer mundo
Por Jesús Martínez, lunes, 02 de noviembre de 2009
“Es la economía, estúpido.” Esta frase, ideada por James Carville, el estratega de la campañas de los demócratas, jamás la llegó a pronunciar Bill Clinton, al menos, delante de la camarilla de salón de los altos cargos con los morros del presidente polaco, Lech Kaczynski. Quien la podría decir a menudo es Muakuku Rondo (Guinea Ecuatorial, 1956), un gurú de las finanzas desaprovechado por los prelados del Ministerio de Economía a quienes dejó en la estacada Pedro Solbes. Licenciado en Económicas por la Universidad Complutense de Madrid, en la Universidad Nacional de Educación a Distancia imparte clases sobre contabilidad de costes, es decir, “determinar los márgenes de producción de un negocio”, en definitiva, cuánto te cuesta emprender una actividad laboral. Como es natural, sus alumnos se aburren mucho en las clases, ya sea en el campus virtual o en las siestas de tarde frente a la pizarra garabateada con números díscolos, transacciones de quebradas y caricaturas de tantos por ciento. Es la economía, estúpidos. Muakuku, quien reside en Barcelona, publica Crisis y capitalismo en el tercer mundo, sabiendo, como sabe, que no le gusta hablar de Tercer Mundo (“África, a secas”) ni de capitalismo (“relaciones de producción”). Lo de la crisis es inevitable en la garita del poder: “Algún día la crisis acabará, el problema no es cuándo, sino qué haremos a partir de entonces, qué modelo se impondrá”.
Este reportero le hace cuatro preguntas sobre los problemas de las líneas de crédito subprime, las dependencias hipotecarias y los intereses bajos, y Muakuku, rubicundo, de negro hulla (“los negros no tenemos que ir a la playa para tomar el sol”), convencido hasta la médula, docto como Adriano, con una ironía apopléjica a prueba de bombas de trilita, responde sobre intereses altos, riesgos de pagos y acreedores del bien gravado, que a mí me suena a la parábola del buen samaritano. Desde luego, yo soy estúpido.

Jesús M.—A su juicio, ¿qué originó esta crisis, que comenzó como un “desaceleramiento”?

Muakuku R. I.—Hemos de hablar de un agotamiento del modelo. El sistema capitalista está configurado por las burbujas financieras. Para que se sostenga la burbuja hay que alimentarla con dinero. Llega un momento en el que cuando no hay una nueva burbuja que sustituya a la anterior, se acaba el modelo, y, entonces, es cuando estalla la crisis.

Jesús M.—Qué solución propone usted, vistos los magros resultados de los estímulos fiscales propuestos por el Gobierno?

Muakuku R. I.—Uno de los problemas de la economía es que no hay soluciones mágicas. En el mundo de la utopía, repito, en el mundo de la economía, habría que consolidar el modelo capitalista, sí, porque es el que mejor genera productos. Pero debería ponerse al servicio de las personas. Yo estoy más próximo a Keynes: conseguir un equilibrio entre el libre mercado y el Estado, pensando en la sociedad.

Jesús M.—¿El Estado del Bienestar corre riesgo de que se desmantele?

Muakuku R. I.—El Estado no ha de cubrir la miseria de ciertas personas. Las personas se deben sentir realizadas cuando ellas mismas logran sus frutos por su propio esfuerzo. El Estado del Bienestar es para quien no puede valerse, no para quienes pueden crear riqueza. En España pasa eso. Yo habría eliminado mucho antes las ayudas de los 400 euros. Hay que crear espacios de trabajo, áreas de producción, no una bolsa de ayuda permanente.

Jesús M.—Así, no habría corrido al rescate del sistema bancario.

Muakuku R. I.—Era necesario, creo, pero se tendría que haber regulado la ayuda, e inyectado una proporción similar de dinero al pequeño y mediano empresario. El dinero que se ha metido en los bancos ha servido para tapar los agujeros de su mala gestión, no para dinamizar la economía.

A Muakuku Rondo le ha afectado la crisis, menos que a un operario de la Nissan pero más que a un accionista del BBVA. Su “chiringuito”, relacionado con la construcción, ha disminuido las demandas, con lo que los ingresos han bajado. “Esto empeorará aún más, porque como en España no se ha invertido en Investigación y Desarrollo, por ejemplo, no se ha creado un sector fuerte que absorba el paro procedente de la construcción, que ya no va reflotar más.” Cuando le hago entender que es un empresario, él se defiende con esta realidad: “Yo vengo de la selva”. Cuando le hago notar que tiene dos móviles, él saca a relucir su moralidad dinástica. Cuando le pido la opinión sobre el triunfo de Barack Obama en Estados Unidos, él entierra el discurso de la intransigencia de los gobernadores globales.

La vida del economista Muakuku empezó como un chiste que no tiene gracia.

Eran dos hombres, uno de ellos tocaba la guitarra y el otro iba con un fusil de asalto. El hombre que tocaba la guitarra y que silbaba sus canciones hacía reír a los niños de las casas vecinas, quienes bailaban al son de su música. El hombre con el fusil de asalto se enfadó, llamó a la puerta del hombre que tocaba la guitarra, entró en su casa y le pidió que dejara de tocar aquel instrumento, porque estaba consiguiendo que los niños fueran felices. El hombre que tocaba la guitarra dijo que eso era lo que quería, y siguió tocando. El hombre con el fusil de asalto lo mató allí mismo. Los niños lloraron.

El hombre que tocaba la guitarra era el hermano de Muakuku, uno de sus siete hermanos, que nacieron, como él, en los bosques de okumu de Guinea Ecuatorial, en el poblado costero de Punta Mbonda, una localidad tan pequeña como un abrevadero, con 70 habitantes dedicados a la pesca (“Guinea es pequeña en todos los sentidos”). El hombre con el fusil de asalto, seguramente, murió a su vez en una purga de Teodoro Obiang, el dictador del país, quien había prohibido las reuniones entre dos o más personas para evitar que sospecharan de él y descubrieran que le gustaba beber sangre. En 1979, Obiang, antiguo alcaide de la prisión Black Beach, mató a su tío Francisco Macías, quien a su vez había matado al líder de la oposición, Bonifacio Ondó, quien a su vez...

Por ello, Muakuku dejó de creer en Añambe, su “Dios para todas las cosas”, que no un Dios sin rostro, como el nuestro, invisible (“¿dónde está vuestro cielo, por debajo o por encima de los aviones?”). “Añambe no es un ser superior, son los antepasados, los padres, lo inmediato, el cosmos”, reza este gorila de las llanuras, prudente, resabiado, cautivo de la democratura de su país, en el que dobla la vara “un señor que lleva muchísimo tiempo en la butaca”.

Cuando mataron al hombre que tocaba la guitarra, sus hermanos se asustaron, y huyeron a la vecina Camerún, en la que aún se podían rasgar las cuerdas. “Para el régimen de Macías Nguema, éramos los fugados sin motivo. La situación era insostenible. Había que vivirlo para comprenderlo.”

En Douala, en Camerún, Muakuku se enroló en un pesquero de Huelva que faenaba en los caladeros de marisco del Golfo de Guinea. Soltaba las redes, baldeaba la cubierta y ordenaba en cajas, por tamaños, los cócteles de gambas. Desde entonces, prefiere los rabioli a los crustáceos.

Muakuku Rondo, autor de Crisis y capitalismo en el tercer mundo, es de la etnia ndowe, con ramificaciones en Camerún, Gabón y Angola. Su amigo Inongo-vi-Makomé, autor de Akono y Belinga, es de la etnia de los batanga. Por lo tanto, son primos. Como buen ndowe, el pasado 3 de octubre, en una fiesta africana celebrada en Barcelona, vio a las mujeres de su casa bailar el Ivanga, “un misterio de mujeres que no controlan los hombres”, el baile regional nocturno que sólo conocen “las hembras”, en el que se festeja un acontecimiento alegre.

Lo más importante de su libro Crisis y capitalismo en el tercer mundo, la síntesis de la estructura en la que se basan las relaciones humanas desde la edad del trueque, es la dedicatoria, que no entienden los estúpidos economicistas de la hacienda pública, avejarrucos en la inopia, por mucho que la lean y la relean: “A mis hijas Melango e Igambo, por todo”.
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