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Enrique Suárez Figaredo: El Quijote de Avellaneda (Ediciones Carena, 2008)

Enrique Suárez Figaredo: El Quijote de Avellaneda (Ediciones Carena, 2008)

    AUTOR
Enrique Suárez Figaredo

    LUGAR Y FECHA DE NACIMIENTO
Barcelona, 1951

    CURRICULUM
Su afición al Quijote empezó cuando comprobó que el texto del ejemplar que leía en casa discrepaba ocasionalmente del que lo acompañaba en sus viajes. Se interesó por el asunto y empezó a acumular documentación, a consultar ediciones, antiguas y modernas, a contactar con quijotistas del mundo, a leer toda la producción cervantina y a otros autores del Siglo de Oro y, finalmente, a compulsar los ejemplares originales de las primeras ediciones del libro.



Enrique Suárez Figaredo

Enrique Suárez Figaredo


Tribuna/Tribuna libre
El Quijote de Avellaneda no es un fraude
Por Enrique Suárez Figaredo, martes, 06 de enero de 2009
Por primera vez se reedita el Don Quijote de Avellaneda (dQA) siguiendo el texto de su auténtica edición príncipe del libro, recientemente descubierta por Enrique Suárez Figaredo, también autor del estudio Cervantes vs. Figueroa: ‘la puntual merecida correspondencia’: artículos en su día publicados en la Revista Electrónica LEMIR, en que presenta a Cristóbal Suárez de Figueroa como el posible verdadero autor de este inquietante libro. En el verano de 1614, cuando Cervantes dedicaba a su Persiles y Sigismunda el tiempo que debiera dedicar a la prometida segunda parte de su Quijote, cayó en sus manos un libro que le conturbó: Segundo tomo del ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, compuesto por el licenciado Alonso Fernández de Avellaneda, natural de la villa de Tordesillas, burlescamente dedicado Al alcalde, regidores y hidalgos de la noble villa del Argamesilla, patria feliz del hidalgo caballero don Quijote de la Mancha. En el prólogo se vio tratar de viejo, tullido, agrio, envidioso, maldiciente, escritor caduco, hombre sin amigos…; pero aquel Quijote le espoleó a completar lo que quizá nunca habría acabado, le sugirió aventuras urbanas para sus personajes, mayor protagonismo para Sancho… Es gracias al fingido Avellaneda que el refrán ‘Nunca segundas partes fueron buenas’ tiene excepción que lo confirme. Se le ha venido considerando pésimo novelista, plagiario, de estilo torpe y escatológico; pero su novela es de las mejor andamiadas de la época, y no ha faltado quien la califique como la mejor… después del Quijote de Cervantes.

1. El Quijote de Avellaneda no es un fraude

¿Por qué no incluye Avellaneda la Segunda parte de la vida del pícaro Guzmán de Alfarache (apócrifo de «Mateo Luján de Sayavedra», Valencia, 1602) en su lista de continuaciones de obras ajenas?

Porque aquel Guzmán fue un fraude. Y no es este el caso de su Quijote: en la Portada, en la burlesca Dedicatoria Al alcalde, regidores y hidalgos de la noble villa del Argamesilla de la Mancha, patria feliz del hidalgo caballero don Quijote, lustre de los profesores de la caballería andantesca, en el reprimendón prólogo, Avellaneda se distancia del primer autor: ni él es Cervantes ni su Quijote se parecerá al suyo. Nadie puede llamarse a engaño.

Este detalle tiene su importancia, pues nos dice algo de la personalidad de Avellaneda y de su opinión respecto a imitación y plagio. Desde luego, era un tipo muy listo. Y esto no se dice a humo de pajas: es posible que cuando redactó esas líneas tuviese presente algo que leyó en las primeras líneas del cap. I del Guzmán apócrifo:

la caridad, en suma, tiene las cualidades que dice San Pablo: que no busca lo que [no] es suyo, no se hincha, no tiene emula­ción, todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, y aunque no se huelga del mal, pero es paciente y benigna.

Y en el cap. IV:

la invidia y emulación es cosa sin fruto, y el que acarrea es muy dañoso a su dueño: tristeza del bien ajeno, y pesar y carcoma de la prosperidad del prójimo (1).

2. Avellaneda es un literato en activo

Pues ha leído toda la producción cervantina, y encuentra elementos positivos en La Galatea y en las Novelas ejemplares

· Conténtese con su Galatea…
· más satíricas que ejemplares, si bien no poco ingeniosas.
· comedias en prosa … son las más de sus novelas.

Es un lector ávido:

…en materia de opiniones en cosas de historia… cada cual puede echar por donde le pareciere; y más dando para ello tan dilatado campo… los papeles que para componerla he leído, que son tantos como los que he dejado de leer.

Es arrogante, pero no deja de importarle el juicio de los demás:

· Nadie se espante…, pues no es nuevo el proseguir una historia diferentes sujetos.
· En algo diferencia esta parte de la primera suya [de Cervantes].
· No me murmure nadie de que se permitan impresiones de semejantes libros, pues éste no enseña a ser deshonesto, sino a no ser loco.

En el cap. XXXI alude despectivamente al Quijote cervantino:

…como se cuenta en no sé qué anales que andan por ahí en humilde idioma (2) escritos de mano por no sé qué Alquife.

Y otro detalle que puede escapársenos: con lo de se permitan… semejantes libros, Avellaneda se distancia de su criatura, y da a entender que no es ése su auténtico registro literario.

Avellaneda es un literato en activo, arrogante, de firmes convicciones literarias, que pretende dar un correctivo al viejo y patético Cervantes. Y no va a hacerlo en una torpe sátira de un par de pliegos. Va a competir con él en su propio terreno.

Aunque trabajaron con materiales similares e intercambiaran actos de imitación mutua, los resultados narrativos de Cervantes y Avellaneda fueron, sin embargo, opuestos. A ello contribuyó en no poca medida la visión distinta, y acaso incompatible, que tuvieron del mundo que ambos compartían. Quien se escondiera tras la máscara de … Avellaneda hubo de ser un hombre culto, asentado en la sociedad de la época, de convicciones tan sólidas como simples, y poco dispuesto a cuestionarlas. Estas creencias … dieron como resultado una novela por completo alejada del original cervantino (3).

Aunque no cabe la menor duda de que este Avellaneda fue un gran admirador del Quijote…, es cierto también que profesaba un auténtico odio a Cervantes: curiosa actitud que… no deja de ser un enigma más entre los muchos que plantea la apócrifa continuación (4).

Cierto; pero quizá sea éste el más sencillo de resolver: la envidia, la soberbia, el gusto por la competencia le impulsan. No soporta que el decadente Cervantes haya dado con tan buen argumento y personajes; y lo que es peor, que sin sacarles todo el partido posible, con todos sus fallos y limitaciones, haya tenido éxito. Aparte de eso, algún conflicto (literario, por supuesto) debió haber entre ellos para que Avellaneda se tomase la revancha al presentársele la oportunidad; y con no poco trabajo, todo y ser previsible que en cuanto Cervantes publique la anunciada Segunda Parte la suya desaparecerá de las tiendas de los libreros: no le importa perder la guerra si puede ganar una batalla.

3. «Sinónomos voluntarios»

En 1626, en Lisboa, don Gónzalo de Céspedes y Meneses publicó su Varia fortuna del soldado Píndaro. En el Al letor, advierte que sigue el estilo de sus libros precedentes, pero:

…he procurado en éste ceñir más el lenguaje, hurtando el cuerpo a toda afectación, epíteto y sinónomo. Lacónico y conciso verás hoy al Soldado.

Curiosamente, «hurtando el cuerpo a…» es el «huyendo de…» que empleó Avellaneda en su prólogo.

En 1602, en aquel Guzmán apócrifo, en un par de ocasiones se lee el vocablo «voluntario» con valor de «superfluo», «caprichoso»:

Los… señores que no miran por sus vasallos… haciéndoles venir en pobreza por sus faustos voluntarios. (III-II).

Los negros amores de Isabela me traían tan loco… que me había de desvelar de noche cómo podía suplir sus voluntarias necesidades, antojos y devaneos (III-VIII).

Y pues «ostentación» puede leerse como «alarde», parece que Avellaneda se refirió a dos cosas distintas: distanciándose de Cervantes, renuncia al adorno con sinónimos (por desaprobar tal recurso estilístico, no por ignorancia) y evitará ofender a otros (porque no sabría cómo). No parece que del pasaje puede extraerse, como hace algún investigador:

En su Quijote, Cervantes ofendió a Avellaneda con un alias intencionado.
¿Dónde dice Avellaneda que Cervantes usó «sinónomos voluntarios» para ofender? Los «sinónomos voluntarios» que Avellaneda reprocha a Cervantes no son necesariamente personajes del libro, como:

«Ginés de Pasamonte» = Gerónimo de Pasamonte
«Vicente de la Rosa» = Vicente Espinel,

personajes que bien podrían ser caricaturas maliciosamente empleadas por Cervantes.

Por otro lado, mirándolo bien, desconcierta que en la misma frase se censuren dos cosas tan distintas, como son la sinonimia y el ofender a otros. Este asunto de los «sinónomos voluntarios» lo trato monográficamente en «Los ‘sinónomos voluntarios’: un reproche sin réplica posible».
4. «Ofender a mí»
Avellaneda se apresura a declarar que Cervantes le ofendió en su Quijote de 1605, pero no dice en qué consistió esa ofensa, ni, consecuentemente, se defiende de ella. Ni siquiera parece hacerlo por medios indirectos. Simplemente ataca a Cervantes presentándose como defensor de la fama de Lope de Vega.

Este punto resulta inquietante: si Cervantes escribió intencionadamente algo en su Quijote que resultaba ofensivo para personas reales —Avellaneda entre ellos—, bien debía saber de dónde podrían venirle los tiros. Curiosamente, a Avellaneda no parece importarle dar tal pista, y Cervantes parece no reparar en ello. En el Prologo al Lector de su Segunda Parte se limita a defenderse de lo relativo a Lope:

No he podido dejar de sentir… que me note de viejo y de manco, como si hubiera sido en mi mano haber detenido el tiempo…, o si mi manquedad hubiera nacido en alguna taberna… He sentido también que me llame invidioso… , no tengo yo de perseguir a ningún sacerdote, y más… del Santo Oficio; y si él lo dijo por quien parece que lo dijo, engañose de todo en todo; que del tal adoro el ingenio, admiro las obras y la ocupación continua y virtuosa .

¿Qué explicación se puede dar a esto?

· Avellaneda se sintió ofendido por algo que no iba dirigido personalmente a él; de ese modo, Cervantes no podía reconocerle.
· Avellaneda era tan gran enemigo para Cervantes (por su posición social, por informaciones sobre su vida), que, sin dejar de replicarle, renunció a desenmascararle.
· Cervantes conoce a Avellaneda, pero es consciente de que le está devolviendo alguna mala jugada: no puede dejar de acusar el golpe, pero no continúa la guerra.
· Avellaneda se justificó con un falso pretexto, logrando despistar a Cervantes (ya dijimos antes que nos parecía un tipo muy listo).
· ­Hay errata en el pasaje: el manuscrito no decía «a mí», sino «a mil»: a muchos (5) .

Lo cierto es que en su Segunda parte Cervantes da síntomas de estar efectivamente confundido. En el cap. final y el Prólogo ya no alude a Avellaneda como «autor aragonés» (6), pero quizá eso se deba a que entretanto le llegaron otras informaciones:

Para mí… nació don Quijote… a despecho y pesar del escritor fingido y tordesillesco que se atrevió… a escribir con pluma de avestruz grosera… las hazañas de mi valeroso caballero, porque no es… asunto de su resfriado ingenio (cap. II-LXXIV).

¡…con cuánta gana debes de estar esperando ahora, lector…, este prólogo, creyendo hallar en él… vituperios del autor del segundo don Quijote, digo de aquel que dicen que se engendró en Tordesillas y nació en Tarragona! (II-Prólogo).

Antes de eso había publicado Cervantes sus Ocho comedias y ocho entremeses (libro que debió distribuirse a primeros de octubre de 1615, un año después de publicarse el Quijote de Avellaneda), y decía en el Prólogo (otra vez recurriendo a lector):

Torné a pasar los ojos por mis comedias, y… vi no ser tan malas… que no mereciesen salir… a la luz de otros autores menos escrupulosos y más entendidos…; tú lo verás, lector mío, y si hallares que tienen alguna cosa buena, en topando a aquel mi maldiciente autor, dile que se emiende, pues yo no ofendo a nadie, y que advierta que no tienen necedades patentes…, y que el verso es el mismo que piden las comedias, que ha de ser, de los tres estilos, el ínfimo, y que el lenguaje de los entremeses es proprio de las figuras que en ellos se introducen, y que, para enmienda de todo esto, le ofrezco una comedia que estoy componiendo, y la intitulo El engaño a los ojos, que, si no me engaño, le ha de dar contento.

¡Curioso! Si el «maldiciente autor» es Avellaneda, Cervantes parece aludir a un crítico, como aquellos «preceptistas aristotélicos» (7) que censuraban las comedias al uso, incluidas las del «insigne Lope de Vega Carpio», de los «menos escrupulosos y más entendidos».

En fin, despistado o no, lo lógico es que si Cervantes llegó a sospechar de alguien en concreto, le lanzase en su Segunda parte del Quijote alguna andanada, al menos para advertirle: «Sé quien eres».

***

NOTAS:

(1) El supuesto autor del Guzmán apócrifo fue Joan Josep Martí, abogado (fall. en Valencia, dcbre. 1604). No hacía falta, pues, que Avellaneda fuese eclesiástico (como proponen algunos investigadores) para citar a estos «autores sacros».
(2) Se refiere a la lengua castellana, en comparación con las clásicas.
(3) Gómez Canseco, L., en la Introducción a su ed. del Quijote de Avellaneda (Biblioteca Nueva, Madrid, 2000), apartado El ámbito ideológico de … Avellaneda.
(4) Riquer, M., en la Introducción a su ed. del Quijote de Avellaneda (Espasa-Calpe, Madrid, 1972).
(5) Véase mi art. «¿‘Ofender a mil’ o ‘a mí’? Una errata plausible» (Revista Electrónica Lemir, núm. 12, 2008).
(6) Véase mi art. «Cervantes, Avellaneda y Barcelona, la ‘venganza de los ofendidos’» (Revista Electrónica Lemir, núm. 11, 2007).
(7) Entrambasaguas, J., Una guerra literaria del Siglo de Oro, Madrid, 1932.




Nota de la Redacción: este texto pertenece al estudio de Enrique Suárez Figaredo sobre El Quijote de Avellaneda (Ediciones Carena, 2008). Queremos hacer constar nuestro agradecimiento al director de Ediciones Carena, José Membrive, por su gentileza al facilitar la publicación en Ojos de Papel.
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