Director: Rogelio López Blanco      Editora: Dolores Sanahuja      Responsable TI: Vidal Vidal Garcia     
  • Novedades

    La gracia irremediable. Álvaro Pombo: poéticas de un estilo
  • Cine

    The Artist, película de Michel Hazanavicious (por Eva Pereiro López)
  • Sugerencias

  • Música

    Same Girl, CD de Youn Sun Nah (por Marion Cassabalian)
  • Viajes

  • MundoDigital

    La creación de contenidos web en la era de la economía de la atención
  • Temas

    La verdadera dimensión de la amenaza terrorista  (reseña de Rogelio López Blanco)
  • Blog

    Francisco Umbral en el umbral (Blog de Juan Antonio González Fuentes)
  • Creación

    El viento del sur, relato de Rafael Lassaletta Cano
  • Recomendar

    Su nombre Completo
    Direccción de correo del destinatario
Haruki Murakami: After Dark (Tusquets, 2008)

Haruki Murakami: After Dark (Tusquets, 2008)

    TÍTULO
After Dark

    AUTOR
Haruki Murakami

    EDITORIAL
Tusquets

    TRADUCCIÓN DEL JAPONÉS
Lourdes Porta

    OTROS DATOS
Barcelona, 2008. 248 páginas. 17 €



Haruki Murakami

Haruki Murakami


Reseñas de libros/Ficción
Haruki Murakami: After Dark (Tusquets, 2008)
Por Juan Antonio González Fuentes, lunes, 1 de diciembre de 2008
Gracias a su trabajo en la producción del año 1952, dirigida por el vienés Fred Zinneman, Sólo ante el peligro, Gary Cooper ganó su segundo Oscar de Hollywood a la mejor interpretación masculina. En esta cinta, uno de los más subrayados recursos narrativos utilizados es el estudiado inserto del plano de un reloj que le indica al espectador el paulatino transcurso del tiempo en el que se desenvuelve la acción, y que le va acercando poco a poco a la hora en la que está prevista la anunciada llegada en tren a la ciudad del peligro que acecha al sheriff interpretado por Gary Cooper, peligro en forma de pistoleros que quieren matarlo.
Pues bien, el mismo recurso visual utiliza el escritor japonés Haruki Murakami para indicarle al lector el paso del tiempo en su nueva narración traducida al español, After Dark. El comienzo de cada capítulo, de cada nueva situación contada, se presenta con el dibujo de un reloj que en el devenir de lo narrado le va indicando al lector, con total precisión, el tiempo transcurrido a lo largo de la sucesión de acontecimientos, desde las doce menos cinco pasadas (pm) en las que da comienzo la acción, hasta las siete menos diez (am) en las que termina.

Mediante este recurso visual, de innegable raigambre cinematográfica, Murakami establece un periodo temporal de poco menos de siete horas durante el que acontece la historia que nos cuenta, una historia que acaba siendo tal mediante la progresiva adición de diversas historias cruzadas que vienen a confluir en distintos puntos y lugares a lo largo del tiempo ya establecido. Es este de las diferentes historias que acaban relacionándose entre sí casi de manera fortuita, otro recurso narrativo no muy infrecuente en el cine, y que ofrece a lo largo de la historia del séptimo arte bastantes ejemplos notables y sobresalientes.

Murakami logra convertir al lector en una cámara omnipresente y omnisciente que registra con detalle los acontecimientos que van desarrollándose en distintos escenarios, en distintos decorados urbanos de una gran ciudad contemporánea del mundo desarrollado, en este caso Tokio

Y es que pocas novelas en los últimos años tan deliberadamente cinematográficas en su concepción y desarrollo narrativos como este After Dark. Y no me refiero ni mucho menos a que la novela tenga una fácil traslación a la pantalla, más bien todo lo contrario, pues su contenido lirismo, específicamente literatura de auténticos quilates, yo diría que es imposible traducirlo en imágenes. No, me refiero a que la estructura y la técnica narrativas empleadas para la ocasión por Murakami adoptan deliberadamente las formas y modos de un guión cinematográfico; un guión en el que cada capítulo aparece planificado casi como si de una secuencia cinematográfica que hay que rodar se tratara, y en el que abundan las especificaciones de puesta en escena, las localizaciones de exteriores, las indicaciones que parecen destinadas a facilitar el trabajo de una cámara dispuesta al rodaje. Valga como ejemplo el comienzo de la novela:

“Perfil de una gran ciudad.
Captamos esta imagen desde las alturas, a través de los ojos de un ave nocturna que vuela muy alto.
En el amplio panorama, la ciudad parece un gigantesco ser vivo…
Nuestra mirada escoge una zona donde se concentra la luz, enfoca aquel punto. Empezamos a descender despacio hacia allí. Un mar de luces de neón de distintos colores. Es lo que llaman un barrio de ocio… Nos encontramos en Denny’s. Iluminación anodina, aunque suficiente; decoración y vajillas inexpresivas; diseño de planta calculado hasta el menor detalle por ingenieros expertos; música ambiental inocua sonando a bajo volumen; empleados formados para que sigan el manual a rajatabla. ‘Bienvenidos a Denny’s’. Mires a donde mires, todo está concebido de forma anónima e intercambiable. El establecimiento se halla casi lleno…”

Es decir, Murakami logra convertir al lector en una cámara omnipresente y omnisciente que registra con detalle los acontecimientos que van desarrollándose en distintos escenarios, en distintos decorados urbanos de una gran ciudad contemporánea del mundo desarrollado, en este caso Tokio. Asistimos con la fría nitidez de una máquina de precisión a los sucesos que tienen lugar ante nosotros, pero en ningún momento ni nos inmiscuimos en ellos ni los juzgamos, tan sólo los registramos. Tanto el narrador como nosotros mismos nos limitamos a ser testigos impasibles de las historias que tienen lugar ante nuestra cámara digital; cámara capaz de captar con perfecta nitidez panorámicas, planos generales, planos cortos, primeros planos, planos secuencia…, y también los sonidos, todos los sonidos, los de la música para teclado de Bach, los profundos del trombón de Curtis Fuller interpretando Five Spot After Dark, o los omnipresentes de la vaciedad absoluta que lo siembra todo de tranquila desolación.

After Dark presenta así una visión apocalíptica de la existencia humana en el mundo del desarrollo y la sobreabundancia, pero lo hace sin caer en la sordidez ni en el tremendismo, ni tampoco en manidos discursos sentimentales o de ciencia política gruesa y de manual sonrojante


Pero ¿qué historia?, o mejor dicho, ¿qué diversas historias/afluentes convergen y desembocan en el principal río narrativo que propone Murakami en After Dark? Como no vamos a entrar en detalles que puedan arruinar la lectura y sus muchos regalos, tan sólo especificaremos que las distintas piezas desplegadas por el japonés, aparentemente sin mucha relación entre sí, se unen poco a poco hasta configurar sencillamente una brillante y poética metáfora sobre nuestra contemporaneidad, sobre nuestro tiempo presente de ciudadanos de sociedades opulentas y vacías de verdadero sentido. Un tiempo y una forma de existencia edificados sobre la frialdad y el desapego por los demás y por nosotros mismos; sobre la incomunicación cotidiana; sobre la soledad; sobre la ausencia de lazos familiares y de amistad; sobre la ausencia de rumbos y metas; sobre el deambular sin sentido por las peligrosas y oscuras rutas de la vida, simbolizadas éstas por la oscuridad reinante en unas calles vacías, desoladoras, e inhumanas de un Tokyo imposible ya para el vivir cuerdo de las personas. En este último sentido, los personajes que propone Murakami, bien pueden entenderse como frágiles embarcaciones a la deriva y sin tierra a la vista, naves constantemente a punto de zozobrar en las oscuras y procelosas aguas de un escenario urbano caótico en su artificial y funcional despliegue.

After Dark presenta así una visión apocalíptica de la existencia humana en el mundo del desarrollo y la sobreabundancia, pero lo hace sin caer en la sordidez ni en el tremendismo, ni tampoco en manidos discursos sentimentales o de ciencia política gruesa y de manual sonrojante, y además, a todas luces, se aleja de propuestas que nos devuelvan a supuestas arcadias ecológicas y delirantes. No, Murakami presenta y describe un infierno cotidiano, sin aspavientos, sin alaridos, sin gritos, sin eslóganes, consignas, rezos o plegarias. Todo lo presenta el novelista nipón con la frialdad aséptica y eficaz de una cámara privilegiadamente situada, y dirigida con el control y el pulso de un excelente narrador, de un novelista de brío y de verdad.

Pero es desde luego en la forma de resolver la novela donde Murakami ofrece al lector la auténtica dimensión de su portentoso talento como narrador. Con una sutileza exquisita, con una sensibilidad y un refinamiento realmente prodigiosos, Murakami, desde el dominio de un lirismo contenido, apoyado en el sofisticado poder de las palabras para dimensionar y dar valor al profundo significado de los gestos, sabe abrir una puerta a la esperanza, una puerta de luz y comunicación humanas que se revela para resquebrajar en el horizonte el pesado sueño de pesadilla en el que estamos sumidos desde hace ya demasiado tiempo.

En After Dark, Murakami ha plasmado como pocos en el tiempo presente la precisa dimensión de la oscuridad que como humanos nos envuelve, de la que somos objeto y origen. Pero también nos ha señalado con la sutileza y el lirismo sólo al alcance de un gran escritor, que un solo gesto de humanidad, de cercanía y amor, puede mostrar el camino a seguir después de la oscuridad, una senda para after dark.
  • Suscribirse





    He leido el texto legal


  • Reseñas

    Las Américas, de Felipe Fernánde-Armesto (reseña de Antonio Sanz Trillo)
  • Publicidad

  • Autores

    Entrevista a Helena Junyent, autora de El cuerpo adivinado (por Jesús Martínez)