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    NOMBRE
Elisa López-Lucia

    LUGAR Y FECHA DE NACIMIENTO
Madrid, 1984

    CURRICULUM
Licencia en Historia Política y Máster en Relaciones Internacionales por la por la Universidad Paris I. Sus áreas de investigación son las relaciones entre los Estados Unidos, la Unión Europea y América Latina



Elisa López-Lucia

Elisa López-Lucia


Tribuna/Tribuna internacional
Percepciones norteamericanas de las evoluciones políticas en América Latina
Por Elisa López-Lucia, lunes, 05 de mayo de 2008
Nuestros dos continentes se están transformando en algo más que vecinos unidos por un accidente geográfico. Nos estamos volviendo una comunidad unida por valores comunes y intereses compartidos” (1). Esta declaración del Presidente Bush ilustra el interés de Estados Unidos por América Latina desde hace casi dos siglos. Sin embargo, este interés es ambivalente como se puede leer en El choque de civilizaciones de Huntington: “América Latina podría ser considerada como una sub-civilización de la civilización occidental”. Es “culturalmente cercana al Occidente” y, si “puede deplorar la dominación americana, (…) no tiene intención de contestarla”. La misión de Estados Unidos (EE.UU.) es la de “preservar la civilización occidental”. Para llegar a este punto, ha de “fomentar la occidentalización de América Latina y, en la medida de lo posible, la alineación de estos países con Occidente” (2). Este extracto representa muy bien esta mencionada ambivalencia: América Latina es importante para los EE.UU como representación de una sub-cultura que puede utilizar para defender su ideología. Esto ha ocurrido desde la doctrina Monroe (2), que permitió a EE.UU. transformar el continente americano en su coto vedado y después en campo de batalla durante su lucha contra el comunismo. Desde entonces, la ingerencia norteamericana se ha ilustrado a través de una serie de diferentes intervenciones, desde la ayuda al desarrollo, pasando por la intervención militar hasta la nuevas ofertas de integración económica Norte-Sur (NAFTA, ALCA,…).
Con el fin de la Guerra Fría, el contexto de las relaciones entre EE.UU y América Latina cambió radicalmente. Actualmente, ninguna potencia tiene la fuerza ni la voluntad de intervenir en América Latina para tratar de amenazar el territorio norteamericano. Del mismo modo, ningún Estado latinoamericano, ni tan siquiera Cuba, plantea un reto tangible a la seguridad de Estados Unidos (4). Ante todo, EE.UU tiene nuevos intereses estratégicos orientados hacia la lucha contra el terrorismo y la defensa de los recursos petrolíferos en Oriente Medio. Gracias a este “desinterés”, tras el fin de la Guerra Fría se han desarrollado unas relaciones más cordiales, con la promoción de una agenda común para el continente, ilustrado por ejemplo por las Cumbres de las Américas (5). No obstante, aunque la importancia estratégica de América Latina ha disminuido para los EE.UU, continúa teniendo en cuenta su alineación de cara a su política de lucha contre el terrorismo y de promoción de la democracia liberal.

Estos últimos años en particular, parece que América Latina vuelva a tener más importancia en la política exterior de la administración americana. La gira de Bush por América Latina del 8 al 14 de Marzo 2007, califica por algunos de gira anti-Chávez, traduce una cierta inquietud sobre la evolución política del continente en los diez últimos años. Efectivamente, si la administración Bush tolera la elección de gobiernos moderados de izquierda en el continente, es porque no puede impedir esta evolución y porque es un medio para oponerse a otras tendencias más radicales. Con este objetivo, y debido a que no puede intervenir impunemente como en los años 70 u 80, ha elaborado también una nueva estrategia insistiendo en las desigualdades y el desarrollo: “decenas de millones en nuestro continente están todavía atascados en la pobreza y apartados de las promesas de este nuevo siglo. (…) Prácticamente una persona de cada cuatro vive con menos de 2 dólares al día en América Latina. Numerosos niños no terminan la escuela; numerosas madres nunca visitan un médico.” Durante este discurso del 5 de Marzo 2007 (6), Bush anunció también una serie de medidas con la intención de competir con la asistencia proporcionada a los países de la región por Venezuela y Cuba en el área médica. Para finalizar su discurso, comparó la lucha de George Washington con la de Simón Bolívar (una referencia constante de Chávez): “Somos los hijos y las hijas de esta lucha, y nuestra misión es la de acabar la revolución que empezaron en nuestros dos continentes”.

¿Cómo puede explicarse ese nuevo interés norteamericano?

“¿Está Washington perdiendo a Latinoamérica?” (7)

Este discurso de Washington tiene como principal objetivo el oponerse a las promesas de los líderes populistas de izquierda, y para ello intenta jugar en su propio terreno, con promesas de ayuda al desarrollo, erradicación de la pobreza, o acceso a la salud y a la educación. Los Estados Unidos son conscientes del desafío que constituye para ellos el giro a la izquierda del continente. Sin embargo, lejos de ser uniforme, la izquierda latinoamericana se divide en dos tendencias muy diferentes. Por un lado, una izquierda moderada que se diferencia de los gobiernos precedentes con nuevas políticas y un programa social, mientras respeta el marco constitucional. Se continúan aplicando parte de las políticas liberales preconizadas por las instituciones financieras internacionales y por EE.UU. y se refuerzan sus lazos con éstos últimos, Sin embargo; existen numerosas tensiones, como en el caso de Brasil, con el Presidente Lula Da Silva, o de Chile, con la Presidenta Michelle Bachelet. Por otro lado, una segunda tipología de izquierda está representada por líderes calificados por la administración Bush como “populistas radicales”, como Hugo Chávez en Venezuela, Evo Morales en Bolivia, David Ortega en Nicaragua, o Rafael Correa en Ecuador. Esta izquierda más radical nació de la frustración de la población cuyas condiciones de vida no fueron mejoradas con la transición a la democracia y la implementación de políticas liberales. Estos líderes canalizaron el descontento y ahora intentan modificar las Constituciones de sus países para poner en práctica un sistema de democracia directa y el “socialismo del siglo XXI” (8). El único punto en común que tienen las dos izquierdas es una misma voluntad de conquistar su independencia de EE.UU. Ahora bien, esta autonomía creciente preocupa a los elementos más conservadores de la administración Bush, que perciben este cambio como una amenaza contra los intereses norteamericanos.

En este nuevo contexto es interesante examinar los objetivos de la política norte-americana en América Latina. Según la Dirección del Departamento de Estado para los Asuntos del Hemisferio Occidental (9), hay que “reforzar una comunidad interamericana” constituida por “socios económicos, demócratas estables y prósperos”, “vecinos amistosos que nos ayuden a asegurar la región contra el terrorismo y las drogas ilegales”, “Estados que trabajen juntos en el mundo para promover valores políticos y económicos”. Es evidente que objetivos como éstos están amenazados por dirigentes como Chávez, que rechazan la democracia representativa, la economía de mercado y el libre comercio, e intentan excluir a los EE.UU. de la región promoviendo iniciativas como la Alternativa Bolivariana para las Américas o ALBA (que compite con el Área de Libre Comercio de las Américas o ALCA), Petrocaribe y Telesur (compite con los canales de información regional norteamericanos). Los lazos de Chávez con Castro, Morales y Correa, pero también la simpatía pasiva de los otros gobiernos de izquierda hacia Chávez, pueden llevar a plantearse, como al Presidente del Diálogo Interamericano, Peter Hakim, si los Estados Unidos están perdiendo a América Latina (10).

El giro del 11 de Septiembre

Una de las razones por la cual los Estados Unidos están perdiendo su influencia en América Latina es su negligencia tras los ataques del 11 de Septiembre. Frente al vacío en la política exterior norteamericana, los Estados latinoamericanos tuvieron la posibilidad de seguir su propio camino. Efectivamente, la región pasó de “prioridad para la política exterior norteamericana" (11) a periférica, con respecto a la guerra contra el terrorismo. Desde entonces, la política latinoamericana de la administración Bush se ha reducido a ocuparse de unos problemas sensibles o urgentes, tratándolos a través del prisma de la lucha global contra el terrorismo, como lo hicieron durante la Guerra Fría (12).

Esta política presenta un cierto grado de incoherencia, ya que lleva a Washington a enfrentarse a sus aliados más próximos. Los Estados Unidos no han aceptado la creciente independencia de los Estados Latinoamericanos y requieren de ellos un apoyo incondicional en su lucha contra el terrorismo. Ahora bien, estos países no comparten la misma agenda de seguridad que Estados Unidos. Para ellos, las amenazas mas prioritarias son la inseguridad, la pobreza y las desigualdades sociales, así que no están dispuestos a seguir Washington en esta guerra. Así, de los 34 países latinoamericanos y caribeños, solamente 7 apoyaron la guerra. Del mismo modo, en el Consejo de Seguridad de la ONU, Chile y México (aliados de los Estados Unidos) se opusieron a la resolución que autorizaba la invasión. Esta conquista de independencia es considerada inaceptable por Estados Unidos. Para demostrarlo, han ejercido represalias, como presionar a los Estados latinoamericanos para que se unan a la Coalición de la buena voluntad - coalition of the willing- a cambio, por ejemplo, de la promesa de la firma de un Tratado de Libre Comercio.

El populismo radical: ¿Un ataque a la democracia y un peligro para los intereses estratégicos americanos?

Hace poco que América Latina vuelve a ser objeto de las preocupaciones norteamericanas. El ejemplo de la toma de posición del Comando Sur de Estados Unidos (Southcom), la comandancia militar norteamericana en América Latina, es ilustrativo de este cambio. William LeoGrande (13)argumenta que al final de la Guerra Fría, el Southcom atravesó una crisis de identidad, ya que perdió su razón de ser. Tuvo que redefinirse con un nuevo papel frente a amenazas no tradicionales: la guerra contra las drogas, el terrorismo, la criminalidad, la inmigración y, sobre todo, lo que un antiguo comandante del Southcom calificaba de amenaza emergente central, el “populismo radical” (14). Del mismo modo, para el General Bantz J. Craddock, quien acusa a "los demagogos antiamericanos, antiglobalización y hostiles al libre comercio" (15) de ser responsables de la inestabilidad política. Esta línea directriz del Southcom no es insustancial en cuanto a la política de Estados Unidos en América Latina; en efecto, es el Southcom el que define la agenda de la región de manera unilateral, sin informar directamente el Departamento de Estado. Además, actualmente, es el Departamento de Defensa -cuyo presupuesto está sometido a menos controles que el del Departamento de Estado- el que se hace cargo de una parte importante de los programas de asistencia para América Latina (16).

Parece que esta amenaza se está precisando en las representaciones norteamericanas. Es el objeto de numerosos estudios procedentes de grupos de expertos norteamericanos como el Strategic Studies Institute of the US Army War College. Este Instituto ha publicado varias monografías sobre este tema, dentro de las cuales, una de las más recientes es la escrita por Max Manwaring, profesor de estrategia militar (17). Según Manwaring, la amenaza que representa Chávez es real, es una lucha ambiciosa y sutil por el poder que se insinúa poco a poco en una gran parte del hemisferio occidental. Explica de qué manera Chávez empuja a Venezuela y a otros países para que cambien radicalmente su cuadro institucional, con el objetivo de implementar una democracia directa (totalitaria) y elaborar una política de confrontación populista y nacionalista. La meta final es la de destruir la hegemonía norteamericana en toda América Latina gracias a una guerra de súper insurrección de cuarta generación y la construcción, país por país, de un gran Estado Bolivariano. Aunque esta representación del “populismo radical” sea un tanto extrema, presenta un cierto grado de verdad. Chávez esta llevando a cabo una operación de seducción en el continente y, aunque sea poco probable que tenga éxito, sus últimas intervenciones (tal como el papel que desempeñó en la liberación de los rehenes en Colombia), le han dado notoriedad internacional.

Estados Unidos emplea la retórica democrática para enfrentarse a este peligro. El surgimiento de los líderes populistas en América Latina podría transformarse en un pretexto para una intervención. Aunque la Carta de la Organización de los Estados Americanos prohíbe absolutamente toda forma de ingerencia en los asuntos internos de los Estados, Estados Unidos ha hecho diversas propuestas ante la Asamblea General que van en esta dirección. Por ejemplo, propuso en una Asamblea General en 2005 el establecimiento de un comité de control de la democracia en América Latina. No obstante, esta propuesta fue rechazada porque fue juzgada como represalia contra Venezuela. Del mismo modo, la propuesta de Condoleeza Rice, sobre el envío de una comisión de investigación a Venezuela para analizar las razones de la no renovación de la concesión Radio Caracas Televisión en 2007, fue rechazada.

Washington parece entonces obligado a intervenir de manera indirecta. Según Janette Habel (18), los Estados Unidos sienten que se encuentran en un callejón sin salida: la diplomacia ya no es suficiente debido a la incapacidad de discutir con los líderes populistas, pero la intervención militar es imposible. De modo que, por el momento, el único recurso que les queda es la instrumentalización de la ayuda al desarrollo. Como afirma el director de la Agencia Americana para el Desarrollo Internacional (la USAID), Andrew Natsios (19), "es el instrumento mas apropiado cuando la diplomacia ya no es suficiente o cuando la utilización de la fuerza militar puede hacer correr riesgos". Actualmente, la USAID financia numerosas iniciativas en Venezuela en favor de la democracia, como el Oficio para la Transición (20), creado unos meses después del golpe de Estado contra Chávez. Según la USAID, este Oficio "proporciona una asistencia a corto plazo, rápida, flexible y centrada en las necesidades de la transición". También provee fondos a varias ONGs, -como el Instituto Internacional Republicano (cuyo Presidente es John McCain, el actual candidato republicano a la Presidencia de los Estados Unidos)- que financian los partidos de oposición política, los sindicatos y las asociaciones empresariales (21).

Pero, ¿cuál es la principal preocupación de los Estados Unidos? ¿El atentado a la democracia o a sus intereses e influencia en la región? Efectivamente, los gobiernos radicales de izquierda, pero también los gobiernos moderados, van en contra de los intereses estratégicos de los Estados Unidos. Los primeros, con la nacionalización de las empresas petroleras, el rechazo de la economía de mercado y del libre comercio. Los moderados, con su toma de independencia política. Sin embargo, hasta los gobiernos radicales, aunque criticables sobre varios puntos, fueron elegidos y son el “producto de la contestación democrática de sus constituyentes” (22).

A pesar de esta legitimidad democrática, parece que la presente administración norteamericana tolera muy mal estos Estados que le plantan cara. Todavía considera que América Latina debe alinearse con su política. Para llegar a esta alineación, Estados Unidos todavía puede ejercer una presión considerable sobre estos Estados: ayuda al desarrollo, acuerdos comerciales y militares, presión diplomática y poder de atracción del gran mercado norteamericano. Pero, si la amenaza del “populismo radical” se precisa, ¿cuál podría ser la reacción de Estados Unidos? ¿Serían capaces de aceptar el hecho de que América Latina ya no es su « patio trasero » y aliarse con los gobiernos socialistas moderados para defender la democracia representativa contra este peligro? ¿Sería posible para ellos intervenir militarmente a pesar de la situación en Oriente Medio y de la opinión internacional? Y sobre todo, ¿será el nuevo gobierno que relevará a administración Bush capaz de empezar un nuevo diálogo con América Latina, y construir relaciones más igualitarias con Brasil, Chile y los otros países latinoamericanos?
 

NOTAS:

(1) President Bush Discusses Western Hemisphere Policy, Ronald Reagan Building and International Trade Center Washington, D.C., March 5, 2007

(2) In : HUNTINGTON, Samuel P., O choque de civilizacións

(3) Doctrina formulada por el General Monroe para impedir la intervención militar de potencias exteriores en el hemisferio occidental

(4) LEOGRANDE William M., From the red menace to radical populism, In: World Policy Journal, 2005/06 winter, vol22, n°4, p25-35

(5) MARCELLA Gabriel, American grand strategy for Latin America in the age of resentment, Strategic Studies Institute, U.S. Army War College, September 2007

(6) President Bush Discusses Western Hemisphere Policy, Ronald Reagan Building and International Trade Center Washington, D.C., March 5, 2007

(7) HAKIM Peter, Is Washington losing Latin America, In : Foreign Affairs, vol85, n°1, 2006, p39-53

(8) Ver referéndum sobre las reformas constitucionales elaboradas por Chávez. Fue rechazado por 51% de la población venezonala el 3 de Diciembre 2007.

(9) Bureau of Western Hemisphere Affairs, US Department of State, http://www.state.gov/p/wha/

(10) HAKIM Peter, Is Washington losing Latin America, In : Foreign Affairs, vol85, n°1, 2006, p39-53

(11) Bush declaro al principio de su primer mando que América Latina era una prioridad para la política exterior norteamericana.

(12) LEOGRANDE William M., From the red menace to radical populism, In: World Policy Journal, 2005/06 winter, vol22, n°4, p25-35

(13) LEOGRANDE William M., From the red menace to radical populism, In: World Policy Journal, 2005/06 winter, vol22, n°4, p25-35

(14) General James Hill, Posture Statement before the house armed services committee, Washington, 24 mars 2004 (Antiguo comandante del Southcom)

(15) General Bantz J Craddock, Posture Statement before the house armed services committee, 9 mars 2005 (Antiguo comandante del Southcom)

(16) HABEL Janette, « L’arrière-cour» s’émancipe, Washington a-t-il perdu l’Amérique latine?, Le Monde diplomatique, décembre 2007

(17) MANWARING, Max G., Latin America’s new security reality : irregular asymetric conflict and Hugo Chavez, Strategic Studies Institute, U.S. Army War College, august 2007

(18) HABEL Janette, « L’arrière-cour» s’émancipe, Washington a-t-il perdu l’Amérique latine?, Le Monde diplomatique, décembre 2007

(19) Testimony of Andrew Natsios, Administrator, USAID, before the Senate Appropriations Committee Subcommittee on Foreign Operations , May 8, 2001

(20) USAID Office Of Transition Initiatives ; consulter le site http://www.usaid.gov/our_work/cross-cutting_programs/transition_initiatives/

(21) Muy buena explicación de la ayuda norteamericana a Venezuela en un artículo de Tom BARRY, The new politics of political aid in Venezuela, Americas Program of the Center for International Policy, july 24, 2007

(22) LEOGRANDE William M., From the red menace to radical populism, In: World Policy Journal, 2005/06 winter, vol22, n°4, p25-35

 
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