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Jon Juaristi: "La caza salvaje" (Planeta, 2007)

Jon Juaristi: "La caza salvaje" (Planeta, 2007)

    TÍTULO
La caza salvaje

    GÉNERO
Novela

    OTROS DATOS
Barcelona, 2007. 427 páginas. 21 €

    EDITORIAL
Planeta

    AUTOR
Jon Juaristi



Jon Juaristi

Jon Juaristi


Reseñas de libros/Ficción
Jon Juaristi: "La caza salvaje" (Planeta, 2007)
Por Juan Antonio González Fuentes, viernes, 1 de junio de 2007
Llegué a la escritura de Jon Juaristi (Bilbao, 1951) a través de su poesía, una poesía muchas veces irónica y con cierto aroma vitriólico, casi siempre sólida y apetecible, robusta en su aparente levedad, demoledora como la dinamita en su embalaje dulce y digestivo. Luego me metí con algunos de sus ensayos, eruditos esfuerzos destinados a desmontar con la pala excavadora de la racionalidad muy bien documentada, las ridículas construcciones mágicas de tradiciones inventadas y esgrimidas como puños americanos por intereses políticos concretos para justificar sus demandas y exigencias de carácter nacionalista, cuando no abiertamente xenófobo y casi siempre demencial.
Poeta, profesor, ensayista, filólogo, articulista, activista político y cultural, ex director de la Biblioteca Nacional y del Instituto Cervantes..., la figura intelectual y pública del catedrático de Literatura Española de la Universidad de Alcalá de Henares, Jon Juaristi, parece ir encajando poco a poco en la dimensión de su propia sombra, polémica y sumamente atractiva, que va agigantándose con el paso de los años dentro del panorama literario español surgido de las últimas tres décadas.

Alargando y ensanchando dicha sombra, Juaristi acaba de dejar en las librerías su primera novela, La caza salvaje, editada por Planeta y ganadora del Premio Azorín 2007 convocado por la Diputación de Alicante.

Se trata de una novela protagonizada por un cura nacionalista vasco, listo como el hambre, arribista modélico, algo erudito y un tipejo sin escrúpulos de ninguna clase, a lo largo de un extenso periodo de tiempo que va desde los años de la última guerra civil española hasta el momento en el que ya era claro que al régimen del general Franco no le quedaba mucho tiempo de existencia. En medio de este intervalo temporal, el tal Martín Abadía se mueve casi a sus anchas por la convulsa Europa del siglo XX, pasando de la Francia ocupada por los ejércitos nazis al Berlín de la última resitencia frente a los soviéticos, y recalando después, por ejemplo, en la fraticida Yugoslavia de Tito, un monasterio de San Marino, o la Córdoba muy adormecida en la que el poeta Pablo García Baena (en la novela Raúl García Lucena) escribía sus versos, o el psiquiatra Carlos Castilla del Pino (Marcos Astilla del Fresno) intentaba desarrollar cierta modernidad clínica y un reseñable aperturismo ideológico y político.
El autor construye un armazón novelesco endeble en su conjunto, lo puebla con unos personajes planos, opacos, de puro cartón piedra en no pocas ocasiones, carentes de evolución de carácter y psicológica a lo largo de la trama, y utiliza el escenario abocetado para desarrollar a lo largo de páginas y páginas sus personales reflexiones e ideas

Para quien esto escribe, el personaje de Martín Abadía es el mayor logro literario que encierra las páginas de La caza salvaje, y con él el novelista Juaristi ha conseguido cuajar una personificación acertada y efectiva, una feliz metáfora, de lo que ha sido la historia del nacionalismo vasco desde la guerra civil hasta la llegada de la democracia y el régimen parlamentario a España.

Pero si Abadía es un acierto pleno, hay que señalar que la novela en su conjunto, como aparato de ficción narrativa, es un barco cuyo diseño y ejecución le hace adoptar la tendencia irrefrenable a irse al fondo, de hundirse pesado como el plomo sin la fortuna de poder surcar ni siquiera las más tranquilas aguas del océano novelesco, aunque sólo sea flotando sin preciso rumbo sobre ellas y a la velocidad sumisa que imponen las corrientes.

Y es que Jon Juaristi, dejando a un lado sus poco abundantes dotes como novelista primerizo, ha optado por un modelo narrativo que hoy por hoy, después de todo lo que ha llovido en el arte de escribir historias desde los avances realistas del XIX hasta las aportaciones de las vanguardias y los ismos del siglo XX, es sin duda, cuando menos, poco operativo para transmitirle al lector contemporáneo, con contundencia, ritmo, tensión y fuerza, una historia que le deje de verdad muescas en las entrañas.

El modelo al que me refiero hizo fortuna entre los pensadores ilustrados dieciochescos, y cualquiera se lo puede encontrar netamente perfilado, por ejemplo, en obras del divino marqués, Sade por supuesto. El autor construye un armazón novelesco endeble en su conjunto, lo puebla con unos personajes planos, opacos, de puro cartón piedra en no pocas ocasiones, carentes de evolución de carácter y psicológica a lo largo de la trama, y utiliza el escenario abocetado para desarrollar a lo largo de páginas y páginas sus personales reflexiones e ideas, más o menos filosóficas, más o menos eruditas, más o menos interesantes y acertadas, sobre algún tema o diversos temas en cuestión.
No es desde luego el de Juaristi un caso aislado de un pensador, de un ensayista que recurre al envoltorio novelesco para extender su discurso más allá de los reducidos ámbitos en los que generalmente éste se mueve

Juaristi, insisto, cuyas condiciones de narrador, leído lo leído, ni son naturales ni parecen haber sido musculadas lo suficiente por esforzados años de folio en blanco y pluma en mano, ha seguido el modelo esbozado más arriba, lo que no es extraño dada su profesión, su formación intelectual y condición de pensador. Ha delineado un escenario histórico que conoce bien, el devenir europeo del pasado siglo, pero cargando quizá los decorados con demasiados tópicos y elementos manoseados (los nazis, por ejemplo, son de película de Indiana Jones, y los españoles guerracivilistas parecen copiados de una parodia de Berlanga). Luego ha creado un abundante grupo de personajes para poblar el escenario y moverse entre los decorados. La mayoría de estos personajes son meras caricaturas de lugares comunes perfilados mediante trazos poco trabajados. Y toda este edificio endeble, frágil de cimientos y remates, lo ha levantado Juaristi para que los personajes dialoguen entre sí o se lancen unos a otros monólogos poco probables en una situación real, digamos que discursos inverosímiles siendo optimistas, mediante los cuales, Jon Juaristi, el personaje más importante de La caza salvaje junto a Martín Abadía, comunique al lector sus reflexiones eruditas sobre el nacionalismo en general y el vasco en particular, y los evidentes peligros que para el desarrollo humano en sociedad conllevan los totalitarismos y fundamentalismos.

No es desde luego el de Juaristi un caso aislado de un pensador, de un ensayista que recurre al envoltorio novelesco para extender su discurso más allá de los reducidos ámbitos en los que generalmente éste se mueve. No es el primero ni será, por supuesto, el último. Me viene por ejemplo ahora a la memoria el caso, más o menos reciente, del filósofo alemán Peter Sloterdijk y su novela El árbol mágico (Seix Barral, 2002), caso que ya traté en estas mismas páginas en su momento con el título “La novela filosófica de un filósofo novelista” (ver link).

Concluyendo diré que quien quiera conocer las ideas de Jon Juaristi en torno a los asuntos señalados, puede hacerlo leyendo algunos de sus muy bien escritos y documentados ensayos, muestras excelentes de lo mejor del género en la contemporaneidad hispana; pienso sin ir más lejos en El linaje de Aitor. La invención de la tradición vasca (1984), El chimbo expiatorio (1994), o El bucle melancólico. Historias de nacionalistas vascos (1997). Quien desee acercarse a la faceta más puramente creativa del escritor, tiene una recomendación clara: leer el libro Poesía reunida, 1986-1999 (2001) y Prosas en verso (2002), libros en los que encuentran algunos de los mejores poemas escritos en español dentro de la corriente de la nueva sentimentalidad, o poesía de la experiencia.

Pero si no han leído nunca nada de Juaristi, no empiecen por favor por La caza salvaje, déjenlo para otro momento, y centren sus esfuerzos e ilusiones en novelas más de verdad. Ejemplos hay para dar y tomar.
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