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Chávez, Castro y Morales

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Carlos Malamud es profesor Titular de Historia de América Latina de la UNED e investigador principal del Real Instituto Elcano

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Tabaré Vázquez

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Lula da Silva

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Néstor Kichner

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Vicente Fox

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Alvaro Uribe

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Juan Velasco Alvarado

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Análisis/Política y sociedad latinoamericana
Díez días en Los Andes
Por Carlos Malamud, miércoles, 03 de mayo de 2006
En los últimos días de abril el tablero político andino se movió sensiblemente. El 19 de ese mes, el presidente venezolano Hugo Chávez anunció la salida de su país de la CAN (Comunidad Andina de Naciones). Días más tarde, Cuba, Venezuela y Bolivia firmaron en La Habana el Tratado de Comercio de los Pueblos (TCP) y la adhesión del gobierno de Morales al ALBA (Alternativa Bolivariana para América Latina y el Caribe). Finalmente, el 1 de mayo, Evo Morales comunicó la nacionalización de los hidrocarburos, lo que según su interpretación significa el fin del saqueo de su país y la posibilidad de salir del atraso y la pobreza.
Era evidente que el anuncio del comandante Hugo Chávez de sacar a su país de la CAN iba a provocar un terremoto en la realidad geopolítica de toda América Latina y así fue. La duda está en si se trata de una medida conciente y provocada, obra de un genial estratega político o si, por el contrario, estamos frente a un sinnúmero de efectos no deseados generados por el arrebato pasional de un aprendiz de brujo. En primer lugar hay que señalar que la salida de la CAN va a afectar a toda América Latina, México incluido, y no sólo a América del Sur. Por eso, vale la pena preguntarse por las diferentes respuestas de los actores implicados. Para comenzar tenemos a los miembros de la CAN: Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela. Dos de ellos, Colombia y Perú, fueron acusados por Chávez y, posteriormente por Evo Morales, de matar a la CAN a partir de la firma de sendos Tratados de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos. Excepto para Venezuela, que tiene en el petróleo y, especialmente, en sus exportaciones a EEUU, solucionados sus problemas de comercio exterior, para los restantes miembros de la CAN los intercambios interregionales son vitales y de ahí su preocupación ante la grave crisis que se avecina.

Sin embargo, el impacto del anuncio de Chávez va mucho más allá de la región andina y repercutirá sensiblemente en Mercosur. En su momento, cuando se anunció a bombo y platillo la incorporación de Venezuela a Mercosur, sus dos principales miembros, Argentina y Brasil, pensaban que éste sería un factor clave para reactivar a un bloque regional que pasaba por sus horas más bajas. Según parece, las cosas ya no se ven de la misma manera, toda vez que tanto en Brasilia como en Buenos Aires se ve con recelo el acercamiento de Chávez a los dos socios menores de Mercosur, Paraguay y Uruguay, y su pronunciamiento por un bloque “más social”, lo que en la jerga bolivariana implica más política y, sobre todo, un mayor protagonismo de Caracas en una zona de tradicional influencia argentina y brasileña. No debe olvidarse que el anuncio de Chávez de salir de la CAN se produjo en una reunión en Asunción del Paraguay, donde también estaban presentes los presidentes de Bolivia, Paraguay y Uruguay. En esa oportunidad se anunciaba la construcción de un gasoducto entre Bolivia y Paraguay y la posibilidad de extenderlo a Uruguay para garantizar el abastecimiento energético de la región.
Lula pidió a Chávez que moderara a Morales, pero aparentemente su pedido cayó en saco roto

Pese a todo, cuando tanto Uruguay como Paraguay están a la greña con Argentina y Brasil (recordar el tema de las fábricas de celulosa en Fray Bentos) y se muestran cada vez más partidarios de firmar TLC con EEUU, es difícil que mejore la sintonía con Venezuela. Pero no sólo eso, el anuncio del presidente uruguayo, Tabaré Vázquez, de abandonar Mercosur para quedar sólo como miembro asociado (igual que Bolivia y Chile) es una bomba en la misma línea de flotación del bloque sudamericano. De ahí la preocupación de los presidentes Lula da Silva y Néstor Kirchner por el giro de los acontecimientos y su reunión con Chávez en Sao Paulo. En esa ocasión Lula se quejo por el maltrato que la Petrobrás, la empresa brasileña de petróleo, estaba recibiendo en Bolivia, lo que se terminó de confirmar tras el anuncio de nacionalización de los hidrocarburos. Lula pidió a Chávez que moderara a Morales, pero aparentemente su pedido cayó en saco roto.

En las mismas fechas se producía un importante acercamiento entre México y Ecuador, movidos por proyectos energéticos comunes. Ecuador necesita financiación extranjera para desarrollar sus infraestructuras y México, con un Vicente Fox seriamente enfrentado a Hugo Chávez, puede ayudar a conseguirla. Al mismo tiempo, Ecuador está negociando un TLC con EEUU, que si bien es duramente contestado por una parte de la población, es visto desde las elites políticas y económicas como una herramienta indispensable para el crecimiento económico del país.
¿Será suficiente el envío de médicos y educadores cubanos para resolver los problemas de los exportadores bolivianos y de los miles de puestos de trabajo en juego?

El anuncio de Venezuela de salir de la CAN provocó distintas reacciones en su seno. Mientras Colombia y Perú han defendido sus políticas comerciales, Bolivia las repudió y Ecuador intentó mantener una postura de cierta neutralidad, aunque insistiendo en la defensa de la integración andina. Desde el punto de vista de su comercio exterior, Bolivia podía ser perjudicada en sus ventas de soja a los mercados colombianos por la competencia de Estados Unidos, favorecida por el tratado de libre comercio firmado con Washington. Y si bien el presidente Uribe prometió buscar algún tipo de compensación, de momento esto suena insuficiente. De todos modos, el problema que enfrentan los bolivianos es la búsqueda de mercados alternativos para sus exportaciones a los países de la CAN. Esto explicaría la firma del TCP en La Habana, aunque queda la gran duda de la capacidad de compra de Venezuela (que ya es un mercado para Bolivia en el marco de la CAN), como especialmente de Cuba. ¿Será suficiente el envío de médicos y educadores cubanos para resolver los problemas de los exportadores bolivianos y de los miles de puestos de trabajo en juego?

Puede que el presidente Morales vea en el TCP, y en el ALBA, la solución tanto para sus problemas de mercado como de financiación de su actividad extractiva de hidrocarburos. La nacionalización de estos recursos venía siendo repetidamente anunciada desde hace semanas, tanto por el ministro del ramo como por el vicepresidente, pero no terminaba de concretarse. Sólo después del viaje a La Habana y del encuentro de Morales con Castro y Chávez esto se materializó. ¿Qué promesas y garantías recibió? ¿Serán suficientes?

Al mejor estilo de las tendencias en boga en la región, el anuncio de la nacionalización fue complementado con el despliegue militar en los pozos petroleros. Vuelven los buenos tiempos en América Latina, cuando, en el mejor estilo de Velasco Alvarado, uno de los héroes de Chávez, las Fuerzas Armadas ya no son sinónimo de represión y de alianzas imperialistas sino de nacionalismo y de defensa de la soberanía popular. Santa palabra ésta que justifica el devenir latinoamericano y las conductas de sus pueblos. Cuando casi todo el planeta se plantea cómo insertarse mejor en un mundo globalizado, en América Latina son cada vez más estridentes las voces que claman por el aislamiento y, a la larga, esto sólo puede aportar más atraso y pobreza a una zona del globo sumamente golpeada por la sinrazón y la desigualdad.
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