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    GÉNERO
CINE

    TEMA
Crítica de la película Solo un beso del director Ken Loach (por Eva Pereiro López)

    OTROS DATOS
Título original: Ae Fond Kiss.
Año: 2004.
Nacionalidad: Gran Bretaña.
Duración: 104 min.
Actores: Atta Yaqub (Casim) y Eva Birthistle (Roisin).
Guión: Paul Laverty.
Música: George Fenton.
Fotografía: Barry Ackroyd.





















Magazine/Cine y otras artes
Lecciones de tolerancia para mayores
Por Eva Pereiro López, lunes, 29 de noviembre de 2004
Casim es DJ en un pub de moda, sueña con abrir su propio local. Un día se cruza con Roisin, profesora de música en un colegio católico. Se enamoran, pero la relación se complica por las creencias y tradiciones familiares de él y la encrucijada profesional a la que tiene que enfrentarse ella.
La intolerancia religiosa (aquí musulmana y católica) no es un tema al que Ken Loach nos tenga acostumbrados. En general suele focalizarse más en las desigualdades sociales (desde Lloviendo piedras hasta la magnífica Felices dieciséis), aunque de vez en cuando se haya dado algún respiro como en la espléndida Tierra y Libertad o La canción de Carla. Los suburbios obreros de Glasgow son para el tándem Loach-Laverty –su guionista- más que terreno conocido, de ahí probablemente el éxito de anteriores películas tan fieles a la realidad. En Sólo un beso, la Escocia natal vuelve a ser el escenario elegido, aunque esta vez aplazan la lucha por la dignidad y el derecho al trabajo para concentrarse en la historia de una relación con marejada religiosa de fondo.

Sin ser ésta su mejor película, los fanes de Loach no deberían salir muy decepcionados. El argumento aparentemente convencional (chico conoce a chica) tiene un fondo mucho menos romántico y numerosos son los matices que enriquecen esta historia y dan fuerza a su discurso social, siempre tan justo, sensato y tolerante. El interés del tema planteado es innegable teniendo en cuenta el mapa multicultural de cualquier ciudad más o menos importante de esta vieja Europa. El debate sobre las culturas es trascendental, y aquí suena a calle, a cotidiano. La riqueza del melting pot que formamos todos tiene, todavía, muchas fronteras por derribar, de camino a la panadería o al quiosco de la esquina.
La película pierde fuerza en ciertos momentos, pero Loach logra a pesar de todo hacer una bella defensa por la democracia laica. Mantiene un discurso que critica por igual cualquier actitud integrista sea musulmana o católica apostando por el vive y deja vivir. Un canto a la tolerancia y al respeto

Desconozco el éxito que ha podido tener su estreno en el Reino Unido. Si ha llegado o no a calar más allá del puñado de fieles que buscan algo más que el simple entretenimiento, pero reconozcamos que la probabilidad de que Sólo un beso haya logrado atraer a una comunidad mayor de espectadores es más importante –ya se sabe, lo romántico vende bien. Si este fuese el caso, el empecinamiento de Loach en denunciar (¡agradecidos estamos muchos!) la realidad y su injusticia, la intolerancia y la miseria habrá encontrado un nuevo filón. Aunque me temo que mi pasión por esta causa justa me está traicionando.

Casim es escocés y pakistaní de origen; su familia, musulmana, está muy enraizada en su comunidad y le ha preparado un bonito porvenir (casamiento incluido con una prima lejana completamente desconocida de la que él sólo posee una fotografía). Hasta el momento, el joven no ha mostrado signo de rebeldía debido al aprecio y respeto que demuestra por sus progenitores. Pero Roisin va a cruzarse en su camino. Ella es irlandesa, católica y profesora de música en un colegio católico al que asiste la hermana menor de Casim. Con el comienzo de su relación llegarán también las desdichas para ambos. El será renegado por su familia y ella tropezará con la jerarquía de su colegio que desaprueba su relación.

La película pierde fuerza en ciertos momentos, pero Loach logra a pesar de todo hacer una bella defensa por la democracia laica. Mantiene un discurso que critica por igual cualquier actitud integrista sea musulmana o católica apostando por el vive y deja vivir. Un canto a la tolerancia y al respeto en estos momentos difíciles en los que los abusos y el odio se exacerban con demasiada facilidad. Quizás los maestros y profesores en los colegios deberían tomarla como instrumento de trabajo. Loach y Laverty, como siempre, no fallan con sus inestimables radiografías de la sociedad actual.
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