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    GÉNERO
CINE

    TEMA
Crítica de la película Dogville del director Lars Von Trier (por Eva Pereiro)

    OTROS DATOS
Actores: Nicole Kidman, Stellan Skarsgård, Siobhan Fallon, Chloë Sevigny, Patricia Clarkson, Jeremy Davies, Philip Baker Hall, Paul Bettany, Lauren Bacall.
Nacionalidad: danesa
Duración: 2h57
Año de producción: 2003.









































Magazine/Cine y otras artes
Ángeles y demonios
Por Eva Pereiro López, martes, 15 de julio de 2003
A un pueblecito aislado de las montañas Rocosas llega huyendo una desconocida que va a perturbar, en tiempos difíciles del crack bursátil de 1929, la rutina aún cómoda de sus habitantes. La comunidad aceptará a la intrusa tras consenso y después de superar un periodo de prueba que le permitirá ganarse la confianza de cada uno de sus miembros. Una vez cruzado ese límite, un largo y turbulento camino la estará esperando.
Los primeros planos de este último largometraje de Lars Von Trier nos desvelan la desnudez del decorado: en un garaje oscuro se ha trazado el plano de un pueblo, delimitando con líneas blancas las casas, sus habitaciones y las calles, incluso se ha dibujado la silueta de un perro guardián. Sorprende, es cierto, pero la inmersión es completa y fácil ante este minimalismo endotérmico envuelto en una oscuridad atravesada de tanto en tanto por una luz inquisitiva de tierra y fuego. El aislamiento es extremo y acaba de comenzar en el escenario un cuento.

La historia se desarrolla delimitada por un tempo adecuado de capítulos con crescendo dramático que comienza con la presentación, a modo de introducción, por una envolvente voz en off, de cada uno de los habitantes del pueblo; padres de familia, niños, ancianos, un ‘enfermo imaginario’, un ciego que no admite su ceguera, solteros, trabajadores, una jovencita de buen ver y un escritor frustrado, filósofo y pensador que cree llevar el peso moral del islote ilustrando a la comunidad con la razón. El pan no abunda, pero la comunidad sobrevive codo a codo hasta que Grace, una Nicole Kidman bella y frágil, enciende la llama de la desconfianza y el miedo.

La aceptación de la intrusa a cambio de que ésta ayude en la vida diaria de cada miembro, su bondad, paciencia, voluntad y deseo de calor humano abren un capítulo de esperanza para Grace que se verá paso a paso transfigurado por la condición humana. No es el poder de la razón lo que distingue al hombre, según el danés, sino su capacidad de barbarie instintiva. La bondad no existe y no es más que una máscara que camufla la perversidad de cada individuo insatisfecho, insaciable y desequilibrado. De la bondad se pasa al abuso más repugnante por parte de los personajes que logran integrarlo sin molestia como favor debido, de éste a la esclavitud humillante y a la más descorazonadora y descarnada bestialidad. La esperanza se hace migajas en este cuento-horror reflejo de una raza, la humana, protituida, ávida de sí misma y vacía de humanidad, de esa que nosotros llamamos humanidad, pero ¿quiénes son ese ‘nosotros’?
Comprometido con sus ideas y su visión, Lars Von Trier ha provocado mucha expectación y también repugnancia, pero tiene como baza innegable un saber hacer perfectamente desplegado en ésta, su última película. Hay que reconocer que levantar ampollas consistentes y de forma tan elegante, merece por sí sólo nuestra más absoluta atención

Se puede o no estar de acuerdo con esta visión desoladora de la condición humana que, incluso para los detractores, resultará lógica y plausible, pero la unanimidad llegará del interés despertado por reflexiones agudas y por la aplastante maestría de estilo de la que hace gala un director acostumbrado a la crudeza de la imagen de la escuela Dogma, que aquí, sin embargo, aparece más mimada en cuanto a luminosidad y a planos estrictos de caras expresivas desprovistas, evidentemente, de superfluos maquillajes de cualquier tipo. La originalidad del trabajo va a la par con la fidelidad que Lars Von Trier nos ha hecho digerir una y otra vez. Comprometido con sus ideas y su visión ha provocado mucha expectación y también repugnancia, pero tiene como baza innegable un saber hacer perfectamente desplegado en ésta, su última película. Hay que reconocer que levantar ampollas consistentes y de forma tan elegante, merece por sí sólo nuestra más absoluta atención.

Los actores, algunos del mundillo del teatro escandinavo, y otros, caras muy conocidas del cine estadounidense, son excepcionales en sus interpretaciones y se mueven con asombrosa agilidad en un decorado inexistente que toma forma únicamente a partir de sus gestos y palabras. El cuento es contado y cuenta a su vez, interpela, perturba e inquieta hasta extremos incómodos para cualquier persona que crea guiarse por una ética digna de razón. Llega la venganza y con ella incredulidad, asombro, desconcierto, horror pero también... alivio. En el escenario se ha debatido una razón débil y moribunda ante un instinto perverso y dominante. ¿ No es acaso esa debilidad la que tanto nos ha revuelto el estómago y vaciado con las desventuras de un ángel que acaba volviéndose diablo tras tanto abuso? ¿De dónde proviene nuestro malestar, de la descripción o de nuestra reacción frente a ella?


Y aún antes de finalizar su cuento, Von Trier se permite otro acercamiento, extrapolar su visión desoladora a una sociedad globalizada, a acontecimientos socio-políticos actuales, al orden mundial, al poder... contestable también, según algunos, acertado para otros. Pero sin duda “Dogville” no pasará inadvertida para los amantes del cine responsable y comprometido. Absténganse las personas que no quieran verse azotadas por un temporal de dudas sobre su condición de ser humano intrínsecamente bueno y anclado en una rutina cómoda; los demás, bienvenidos a la boca del lobo: atreveos a replantearos algunos conceptos y certezas que hasta ahora parecían estar bastante claros.
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