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martes, 17 de julio de 2007
Ravel, de Jean Echenoz
Autor: Juan Antonio González Fuentes - Lecturas[9446] Comentarios[0]
Ravel (Anagrama) es la última novela de Jean Echenoz, el escritor francés del momento. Narra de forma muy particular los 10 últimos años de vida del músico autor del Bolero.

www.ojosdepapel.com

Juan Antonio González Fuentes

Cojo un autobús que me deposita seis horas después en la Avenida de América madrileña. Hace un calor sofocante, que hace el aire casi irrespirable y empuja a refrescarse la garganta con líquidos helados constantemente. Cojo un taxi que en apenas diez minutos me deja en la urbanización que se ha convertido, casi por ensalmo, en un nuevo hogar para mí, en mi casa madrileña, que empiezo a reconocer como tal en mis pensamientos y querencias.

Subo al piso, me deshago sobre la cama de los bultos que componen mi equipaje, bebo medio litro de agua fresca de un solo trago, me doy una rápida ducha, me pongo el bañador, una camiseta, unas zapatillas deportivas..., cojo una toalla y un libro, y bajo a la gran piscina de la urbanización, que poco después de la hora de comer se encuentra casi desierta y muy habitable.

Coloco todas mis cosas en un rincón, extiendo la toalla, me colocó bajo el agua de una ducha y, goteando y fresco, me lanzo de cabeza a la piscina. De repente, todo el mal humor por el largo viaje desaparece y las aguas de la piscina me templan y sosiegan. Queda un largo y hermoso fin de semana por delante, unas horas de asueto y relax para pasarlas junto a Ella.

Salgo del agua de muy buen humor, me tumbo en la toalla, agarro el libro y, antes de dar comienzo la lectura, dejo vagar la mirada por el entorno deteniéndola en los cuerpos jóvenes de unas chicas en bikini, en la alegría de unos pocos niños que saltan al agua azul de la piscina con toda la energía del mundo concentrada en sus risas, en una pequeña nuble blanca que se despabila lenta y calmosa sobre un cielo profundamente luminoso, en el verde de las hojas de los árboles, en los colores varios de las flores...


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Jean Echenoz: Ravel (Anagrama, 2007)


Me siento en paz, tranquilo, beneficiado sin merecerlo por la vida. Abro el libro y leo el primer párrafo, luego el segundo, paso la página, luego la siguiente... No mucho tiempo después, tras cuatro o cinco baños más en la piscina, me doy cuenta de que para terminar el libro me faltan sólo unas pocas páginas, páginas que termino en casi un abrir y cerrar de ojos. El libro es breve, se lee en un suspiro, y es de tema musical, o biográfico, o histórico, o es más bien un relato, o una crónica novelada, o todo a la vez, más bien.

La lectura es Ravel (Anagrama, 2007), el último libro, de momento, del último, también de momento, fenómeno literario francés, Jean Echenoz (Orange, 1947), que pasa por ser en su país y en el resto del cotexto de la “nueva” literatura europea un ejemplo cai perfecto de novelista de lo inexplicable; un consumado maestro del arte de la distancia narrativa, cincelada eso sí con un estilo brillante aunque en voz pausada y baja, detallista y carente por completo de nostalgia, melancolía, y crispaciones o evoluciones psicológicas.

En Ravel Jean Echenoz cuenta la década final de vida del músico francés, los años que van desde 1927 hasta 1937. Evidentemente Echenoz no traza un detallado y documentadísimo acercamiento a lo que fueron realmente esos diez años de Maurice Ravel; Echenoz no ha escrito una biografía del autor de La Valse, ni ha escrito un libro de historia. No, Echenoz ha escrito un relato, un cuento, una ficción. Pero las peripecias y vicisitudes ravelianas escritas y descritas por Echenoz si son, en su mayoría, realidades, acontecimientos demostrables mediante fuentes documentales de carácter y sentido histórico: el viaje promocional a los EE.UU, el conocimiento de grandes figuras de la cultura y el espectáculo norteamericanos (Chaplin, Gershiwn, Fairbanks...), la escritura del Bolero, o de los dos conciertos para piano, o la relación con el pianista Paul Wittgenstein (hermano de Ludwig), o su atildamiento en el vestir, o su declive físico final, o el Doctorado Honoris Causa por Oxford, o su viaje por España y Marruecos, o su extraña casa en Montfort-l’Amaury...

¿Entonces? Pues estamos ante un ejemplo más (quizá el menos exigente desde un punto de vista literario y el que tiene visos de llegar a alcanzar una mayor popularidad) del tipo de escritura narrativa que ha logrado hacer escuela en las últimas décadas. Una escritura que en Sebald y Pierre Michon tiene dos ejemplos magníficos de sus posibilidades y de su concepción: una escritura total, en la que los géneros narrativos quedan mezclados, y en la que lo biográfico, lo memorialístico, la ficción pura y dura, la historia..., se cruzan entre sí para alcanzar una narración que lo es todo y, a la vez, no es ninguna de esas cosas, o mejor dicho, sí, es un relato, una relación de acontecimientos y sus consecuencias narrados en el tiempo.

Jean Echenoz ha cogido a un personaje singular de su cultura francesa y de la cultura europea, y con ese material narrativo ya dado, ha escrito una obra de ficción hilvanada mediante datos históricos, pero sobre los que se sobrevuela sin apenas entrar, concentrando la luz interna del discurso en las menudencias del día a día. Echenoz narra lo nimio envolviéndolo en el discurso de un devenir biográfico.

El resultado es llamativo, brillante, luminoso, epatante..., y a la vez, creo que deja el regusto en el lector avezado del gato por liebre, del truco, del efecto ilusorio que esconde pocas cosas tras de sí, si es que alguna esconde. Estamos ante un despliegue efectivo y plausible de piel, pero se echa de menos la carne que debería haber debajo, la sangre roja que debería recorrer todo el artefacto. Es una narración muy de nuestra época. Mucho aparataje externo empleado en voz baja y engañosamente lacónico. Es un fuego de artificio que presume con falsa modestia de su carencia de colores.

Tendrá éxito este Ravel de Echenoz. Tras su lectura el lector se siente in y no out, se nota más alto, más listo, más sabio, más perteneciente a la casta barnizada de los entendidos. Ravel es una cosita muy francesa en el sentido que los españoles le damos a tal frase: “¡muy francés!”, es decir, algo afectado, sutil, sofisticado y poco fiable. Ravel de Echenoz es una pieza de cámara en la que los músicos se mueven al son de la música de sus instrumentos, sólo que no hay partitura en los atriles.

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NOTA: En el blog titulado El Pulso de la Bruma se pueden leer los anteriores artículos de Juan Antonio González Fuentes, clasificados tanto por temas (cine, sociedad, autores, artes, música y libros) como cronológicamente.


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