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miércoles, 22 de noviembre de 2006
El baile de Irène Némirovsky: leyendo con discapacitados
Autor: Juan Antonio González Fuentes - Lecturas[5359] Comentarios[1]
He comenzado a impartir un taller de lectura para discapacitados mentales. Está siendo una de las experiencias más alucinantes de mi vida.

www.ojosdepapel.com

Juan Antonio González Fuentes

Con frecuencia me meto en líos sin ni siquiera dejar paso a la sensatez de pensarlo dos veces. Hace ahora unos meses, creo que aún en verano, los responsables culturales de una entidad financiera de mi comunidad, con los que he trabajado muy a gusto en diferentes ocasiones a lo largo de los últimos años, contactaron conmigo para ofrecerme la organización de un taller de lectura para personas mayores, para los viejos que pasan sus muchas horas en los diferentes clubes sociales que dependen de la institución bancaria, dispersos por la ciudad y la geografía regional.

Ni corto ni perezoso dije que sí, pensando para mis adentros que no podía ser muy complicado el asunto, y que ya saldría delante de alguna manera. Llegó el momento de poner en marcha el reto, y busqué en la red toda la información disponible, que es mucha y variopinta. Había que decidir cuál iba a ser la lectura con la que trabajar, la cantidad de “alumnos”, la relación con ellos, el tipo de cuestiones qué debería plantearles como lectores, en definitiva, el método de trabajo a seguir.

Cuando lo tenía todo más o menos planificado, o lo planificado que estas cosas creo que deben planificarse para no recortar a tijeretazos la espontaneidad y frescura que juzgo necesaria, me presenté donde iba a tener lugar el taller para conocer a los participantes.

Y todo mudó de repente, el planeta entero (al menos el que a mí más me incumbe directamente, el que piso), se derrumbó bajo mis pies. Había habido un pequeño mal entendido, o no me habían explicado las cosas con total precisión o..., da igual, la cuestión es que los futuros participantes en el taller no eran ancianos, gentes de la tercera edad para proseguir con el eufemismo, sino que eran discapacitados mentales (no profundos o leves)pertenecientes a una veterana asociación dedicada a procurar más y mejor vida al colectivo.

¿Discapacitados mentales para trabajar con ellos en un taller de lectura? Me entró el pánico viéndoles allí, sentados, algunos con la mirada perdida, otros adormilados, otros ensimismados... Lo primero que pensé es que el reto era para mí una quimera, fundamentalmente por mi carencia completa de preparación especializada. Sólo soy un modesto licenciado en Historia, alguien sin ninguna experiencia en el trato con gente con problemas, sin conocimiento alguno de cómo proceder desde un punto de vista pedagógico, de cómo encauzar la tarea de leer en sus condiciones especiales. Pero mi inconsciencia es proverbial, y decidí no amilanarme, probar al menos si era capaz de platearme salir airoso de este complejo reto.

Volví a sumergirme en la red electrónica y a recabar información al respecto, modifiqué los planteamientos, revisé los esquemas, cambié pretensiones aquí y allá, redefiní el trabajo... Lo único que mantuve fue la lectura, el libro que había decidido fuera el que leyesen los asistentes al taller, fuesen quienes fuesen: El baile, de Irène Némirovsky. Había tomado esta decisión atendiendo a varios motivos: la brevedad de la obra, menos de un centenar de páginas con buena letra; su enorme calidad; lo interesante de la situación que plantea; las múltiples lecturas que permite; lo “entretenido” de la trama; la interesante personalidad y vida de la propia autora.

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Irène Némirovsky

Así que llegado el día, me armé de valor y me presenté en el lugar de la cita, cargado con la veintena de ejemplares de El baile que había comprado. Me encontré ya sentados en la sala a la casi veintena de jóvenes y no tan jóvenes discapacitados que esperaban expectantes, nerviosos, curiosos y quizá con más miedo que yo mismo.

A cada uno le entregué su reluciente ejemplar de El baile. Lo cogieron, lo abrieron, lo observaron por delante y por detrás, lo olieron... Y dio comienzo el taller, dio comienzo una de las horas más alucinantes e inolvidables de mi vida en el mundo de la cultura. Fue absolutamente increíble la reacción de todos a lo que allí se hablaba, a las preguntas que se planteaban, a la presentación de Irene Némirovsky, el interés que en ellos despertó los avatares vitales de la escritora, su triste final... Leyeron con grandes dificultades los párrafos del comienzo, pero en ¡cuántos detalles en principio insignificantes caían!, ¡qué aspectos les interesaban!, ¡con qué inocente pero incontenible pasión se metieron en la historia!, ¡enseguida se hicieron íntimos del señor y la señora Kampf, de su hija adolescente Antoinette...! Fue sorprendente y verdaderamente conmovedor, increíble.

Cuando acabamos este primer encuentro de introducción y toma de contacto en el taller de lectura, se me acercó tímida una de las participantes. No podría precisar ni por aproximación su edad, pero desde luego ya no era una niña, era más bien una mujer que se desprendía ya con celeridad de su segunda juventud, y dejaba ver por todos sus lados la anciana en la que se iba a convertir en breve. Bajita, desaliñada, pobremente vestida y sin ningún gusto o distinción, de andares torpones y ajenos a cualquier atisbo de femeneidad. Con pocas dudas podría haber dicho que la expresión de su rostro reflejaba a las claras no muchas luces y un grado alto y perfilado de embrutecimiento. Había estado callada todo el encuentro, asintiendo mecánicamente a lo que escuchaba. Se me acercó despacio, dudando si mirarme a los ojos y explorando cada baldosa del suelo con el pie pequeño y tímido. Cuando llegó hasta mí, se paró y me dijo con una voz clara y segura: “es una gran escritora Némirovsky, y tengo ganas de leer este libro. No hace mucho terminé su Suite francesa, que es mucho más largo, y me encantó”.

Sólo puedo decir que aún estoy buscando todas mis piezas para recomponerme. Espero hacerlo para estar algún día a la altura de semejante lectora.

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NOTA: En el blog titulado El Pulso de la Bruma se pueden leer los anteriores artículos de Juan Antonio González Fuentes, clasificados tanto por temas (cine, sociedad, autores, artes, música y libros) como cronológicamente .


Comentarios
24.03.2007 18:15:00 - Veronica
Comentarios ...La verdad me impacta el no bajar los brazos, en seguir mas alla de las discapacidades de las personas y no abandonarlos por sus diferencias.
Personalmente hace poquito entre de voluntaria a una institucion de discapacitados mentales estoy en el ultimo año de la tecnicatura en minoridad y familia en Mendoza, Argentina y la verdad el estar con ellos ha movido mis estructuras y enriquecerme de la sencillez de ellos me reconforta. Estoy viendo que taller poder realizar con ellos ya que lectura tienen, si me podrias ayudar me gustaria mucho. Saludos










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