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    AUTOR
Nigel Townson (Dir)

    GÉNERO
Historia

    TÍTULO
Historia virtual de España (1870-2004) ¿Qué hubiera pasado si...?

    OTROS DATOS
Madrid, 2004.321 páginas

    EDITORIAL
Taurus




Reseñas de libros/No ficción
Un ejemplo de las posibilidades del análisis contrafactual en los estudios históricos
Por Inés Astray Suárez, martes, 06 de julio de 2004
¿Qué hubiera pasado si…? Me hice con este libro en cuanto supe de su existencia. En realidad, creo que más que un estudio histórico buscaba algo así como un manual de autoayuda. Como la mayor parte de mis colegas en la enseñanza media llevo buena parte de mi vida contestando o más bien esquivando esta pregunta. Resulta realmente desconcertante la cantidad de alternativas que algunos adolescentes son capaces de plantearse ante hechos del pasado por cuyo desarrollo real aparentan, por lo demás, escaso o nulo interés.
Para que se hagan una idea, este invierno un alumno interrumpió mi explicación (y los extraños símbolos que garabatea compulsivamente en lo que debería ser su cuaderno de trabajo) para preguntarme por que los reyes españoles de la Edad Moderna no se habían traído a los indios de América para formar un gran ejército contra sus enemigos en Europa. Disimulé (eso creo) mi perplejidad para desarrollar pacientemente los argumentos que, desde mi punto de vista, hacían absurdo o irrealizable ese proyecto. Me escuchó educadamente e incluso asintió de forma casi imperceptible cuando le recordé los riesgos de infección a los que se enfrentarían los ejércitos amerindios (acabábamos de visitar una exposición sobre el bicentenario de la expedición que llevó a América la vacuna de la viruela) pero me quedó perfectamente claro que no lo había convencido.

El prólogo de Nigel Townson contribuyó por lo menos a explicarme las causas de mi de desazón cuando me enfrento a este tipo de preguntas: en realidad, el determinismo habría caracterizado a la historia desde sus inicios. Amparado primero en visiones providencialistas, adoptó una forma laica en el siglo XIX con la aparición de las ciencias naturales y la consiguiente elaboración de leyes universales. El determinismo decimonónico, reforzado sobre todo por la teoría sobre la selección de las especies de Charles Darwin y el materialismo histórico de Karl Marx fue cuestionado brevemente a fines del siglo cuando, por ejemplo, el prestigioso historiador G. M. Trevelyan se atrevió a plantearse lo que hubiese podido ser “Si Napoleón hubiera ganado la batalla de Waterloo”. Fue una veleidad efímera. Después de la Segunda Guerra Mundial el determinismo histórico marxista y la “historia total” de los Annales (El Mediterráneo en tiempos de Felipe II sería en realidad para Towson una especie de “determinismo geográfico”) volvieron las aguas a su cauce. Educada con esos maestros es comprensible, bien mirado, que me desconcierten los “y si…” y los “y por qué no…” que me espetan alegremente mis alumnos.
Desde luego el análisis contrafactual, que es utilizado con frecuencia en diferentes campos del saber, no carece de lógica. Existe sin embargo una limitación básica que es necesario respetar. Todo planteamiento contrafactual tiene que se plausible

Para Towson el problema de fondo estriba en que la mayoría de los historiadores, trabajan según un esquema científico decimonónico. La ciencia del siglo XX dejó mucho mayor espacio para lo contingente y lo imprevisto: las leyes universales fueron sustituidas por hipótesis y probabilidades, se aspira predecir resultados probables sin postular un desenlace único y cierto. Si ni siquiera podemos estar seguros del comportamiento de las partículas ¿por qué habríamos de estarlo del de los hombres? Llegado este punto no pude menos que recordar las reflexiones (ciertamente con un planteamiento muy diferente al que inspira este libro) que hacía Felipe Fernández Armesto en Millenium (1995) sobre la “engañosa visión retrospectiva.” Conocemos el final de la película e inconscientemente explicamos todas sus escenas en función de un desenlace que tendemos a considerar inevitable. Mi autocrítica avanzó abiertamente hacia el sentimiento de culpabilidad; tengo que confesar que ni siquiera estoy segura de que nadie le haya propuesto más o menos en serio a Carlos V o a Felipe II la formación de una Armada Invencible Amerindia.

Desde luego el análisis contrafactual, que es utilizado con frecuencia en diferentes campos del saber, no carece de lógica. Existe sin embargo una limitación básica que es necesario respetar. Todo planteamiento contrafactual tiene que se plausible. Townson achaca por ejemplo esa carencia al estudio cuantitativo que Robert Fogel realizó en los años 60 sobre lo que hubiese sido la economía norteamericana del siglo XIX sin el ferrocarril. Sus conclusiones habrían servido para resaltar la enorme importancia de este medio de transporte pero no le parece razonable plantearse su inexistencia (personalmente y una vez “liberada” de determinismos gracias a sus reflexiones y a tres sexenios de preguntas desconcertantes ya no me parece tan absurda, después de todo ¿por qué no existía la rueda en la América precolombina?)
El mayor mérito de este libro es hacernos recordar que el futuro no está predeterminado como no lo estuvo el pasado. En este sentido quizá resulte más útil para los políticos (profesionales o simples ciudadanos) que para los historiadores

El procedimiento adquiere todo su sentido en el terreno de la historia política en el que se mueven todos los artículos que componen esta obra. Es ahí donde las decisiones individuales y las actuaciones concretas reflexionadas o no, toma una mayor significación. Todas las preguntas que ocho historiadores se plantean en este libro sobre la España de los últimos 130 años son perfectamente plausibles. ¿No es legítimo preguntarse que hubiera pasado si el general Prim no hubiese sido asesinado, que sería después de todo lo más lógico? ¿Acaso no habrían sido mucho mayores las posibilidades de éxito de la monarquía de Amadeo de Saboya con el apoyo de este experimentado político que en pleno proceso revolucionario representaba la autoridad del Estado y la unidad del Ejército? ¿Y si Sagasta hubiese cedido ante las presiones de EE. UU en vez de enviar a sus tropas a una guerra que sabía perdida de antemano? ¿Qué habría sucedido si Alfonso XIII hubiera rechazado el golpe de Primo de Rivera en 1923? ¿Qué hubiera ocurrido si los partidos republicanos se hubieran presentado unidos en las elecciones de 1933? ¿Y si Indalecio Prieto hubiera aceptado la presidencia del Gobierno en mayo de 1936? ¿Habría sobrevivido la dictadura de Franco a su entrada en la Segunda Guerra Mundial? ¿Y si el dictador no hubiese aceptado el Plan de estabilización? ¿Hubiese bloqueado Carrero Blanco la transición de no haber muerto en el atentado de la calle Claudio Coello? Y la pregunta que todos nos hemos planteado estos últimos meses ¿Qué habría sucedido si Aznar no hubiese apoyado la Guerra de Irak en 2003?

En cualquier caso y como reflexión final no podemos olvidar que es de nuevo la “engañosa visión retrospectiva” la que nos hace plantearnos unas determinadas preguntas que en algunos casos parecen más bien la expresión de un deseo bien intencionado y en otros señalan culpabilidades Si los partidos republicanos se hubiesen presentado unidos a las elecciones de 1933 hubiesen hecho seguramente un ejercicio muy loable de sensatez política pero… ¿por qué hemos de suponer que podrían gobernar conjuntamente quienes no fueron si quiera capaces de llegar a ese acuerdo? Quizá Prim cometió el mayor error de su carrera política al “dejarse matar” en momento tan inoportuno, pero Alvarez Junco no puede menos que reconocer dada su formación militar de la era romántica era lógico menospreciara los repetidos avisos de quienes le recomendaban tomar precauciones ¿Era realmente prudente que Indalecio Prieto rompiese la disciplina de partido en un momento tan delicado? El mayor mérito de este libro es hacernos recordar que el futuro no está predeterminado como no lo estuvo el pasado. En este sentido quizá resulte más útil para los políticos (profesionales o simples ciudadanos) que para los historiadores. Por lo demás resulta un excelente estudio (nueve estudios en realidad) sobre la historia política de la España del siglo XIX, porque, como nos recuerda Santos Juliá en su capítulo sobre Indalecio Prieto, si algún sentido tiene la historia contrafactual es arrojar algo de luz sobre lo realmente sucedido, cometido que estos trabajos cumplen sobradamente (de la misma forma que yo espero que mis alumnos hayan entendido que Felipe II no era un completo descerebrado).
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