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Yevgeny Yevtushenko: <I>Manzanas robadas</i> (Visor, 2011)

Yevgeny Yevtushenko: Manzanas robadas (Visor, 2011)

    TÍTULO
Manzanas robadas

    AUTOR
Yevgeny Yevtushenko

    EDITORIAL
Visor

    TRADUCCION DEL INGLÉS
Javier Campos (cotejada en gran parte por Yevgeny Yevtushenko)

    OTROS DATOS
ISBN: 9788498957754. Madrid, 2011. 144 páginas. 10,00 €



Yevgeny Yevtushenko (Siberia, antigua URSS, 1933) en 2010 (fuente de la foto:wikipedia)

Yevgeny Yevtushenko (Siberia, antigua URSS, 1933) en 2010 (fuente de la foto:wikipedia)

José Ángel García Caballero (Valencia, 1977). Ha publicado el libro de poemas <i>Llaves olvidadas</i> (Renacimiento, 2010; XIII Premio Surcos de Poesía)

José Ángel García Caballero (Valencia, 1977). Ha publicado el libro de poemas Llaves olvidadas (Renacimiento, 2010; XIII Premio Surcos de Poesía)


Reseñas de libros/Ficción
Extraña fruta entre las manos: Manzanas robadas (Visor, 2011), de Yevgeny Yevtushenko
Por José Ángel García Caballero, lunes, 10 de diciembre de 2012
El paraíso se pierde en la infancia. Su pérdida es cicatriz abierta en el recuerdo. La larga trayectoria poética de Yevgeny Yevtushenko respira ese sobrecogimiento del niño descuidado al que sorprenden robando fruta. Podemos cotejarlo en la reciente antología de su obra publicada en España, Manzanas robadas (Ed. Visor, 2011). Los 47 poemas ofrecen un decorado amplio de las relaciones sociales bajo el manto del comunismo soviético, así como de las pulsiones amorosas del personaje poético que transita por esa historia.

Leemos estos poemas gracias a la traducción del poeta chileno Javier Campos, que si bien presenta el serio inconveniente de ser una traducción indirecta (del inglés), aporta la virtud de haber sido cotejada en gran parte por el poeta ruso, buen conocedor del español, hasta el punto de haber escrito alguno de sus poemas en esta lengua.

 

Selección que recoge versos desde los años 50 hasta nuestros días, que mantiene una voz reconocible a lo largo del tiempo, recogiendo bien sus dos temáticas predominantes: la crítica social y política, y el sentimiento amoroso. Su poesía es un constante acto comunicativo y, como tal, un instrumento de convivencia con la historia.

 

De esta manera, mantiene una conversación abierta con el lector, casi tuteándolo, a través de un lenguaje sencillo, que consigue, la mayoría de las veces, mantener ese necesario equilibrio con la sugerencia y la evocación del que precisan los buenos poemas. En 1961, escribía el poema Ironía, que ejemplifica bien este equilibrio:

 

El siglo veinte se ha burlado de nosotros.

Hemos sido estrujados y engañados como los impuestos.

El respiro de la vida ha erosionado nuestras ideas

tan rápido como ir deshojando las hojas de una margarita.

 

Como los niños acostumbrados a crueles sarcasmos

dependemos ahora de una autodefensa

a través de la ironía no del todo escondida

ni tampoco totalmente evidente.

(…)

 

La herida abierta que atraviesa su propuesta lírica guarda un cercano paralelismo con su yo biográfico. Como recuerda Luis García Montero en el prólogo, refiriéndose a la experiencia del poeta acerca de la transición soviética al capitalismo: Se trataba al mismo tiempo del fin de una pesadilla y de la descomposición de un buen sueño. Quien había  sufrido la opresión totalitaria, recordaba también que el sueño revolucionario había tenido en su origen una voluntad de justicia y transformación social.

 

En 1991 hablaba de ese mal comienzo de la Rusia capitalista en el poema Pérdida:

 

Rusia ha perdido

                          a Rusia

                                      dentro de la propia Rusia.

Rusia se busca a sí misma

                                          como se busca en la nieve un dedo cortado

(…)

 

El amanecer tiene esa capacidad de desdibujar los sueños, de cegar al habitante que sale de su caverna, haciéndole añorar ese embrión de la promesa de la luz. Yevtushenko sabe que en la historia no hay espíritus puros, sino interacciones entre sueños y nostalgias. Ese niño, al que expulsaron del colegio y del instituto, no deja de buscar esa primera promesa de libertad, así en el poema, Antes del alba, de 1995 dice:

 

No hay ninguna parte de mi vida que haya sido irreprochable,

claro que no fue siempre sabia pero hay que recordar las culpas no pagadas,

fui un niño con los ojos llenos de vida antes del alba,

ese espacio de libertad que es mucho mejor que la libertad del día.

 

El sujeto del conocimiento histórico es la misma clase oprimida que lucha (1), recuerda Walter Benjamin en sus tesis sobre el concepto de historia. Al mismo tiempo, la poesía tiene la capacidad de indagar en la memoria sentimental de los pueblos. De este modo, la lírica de Yevtushenko combina ambas ideas y aborda esa exploración sentimental de la experiencia histórica del sujeto oprimido. Así, encontraremos un poema a la muerte de García Lorca; un poema que revive un encuentro de fútbol entre la URSS y la República Democrática de Alemania en 1955, al que asistieron varios de los mutilados soviéticos en la Segunda Guerra Mundial; a la ejecución  del líder cosaco del XVII,  Stenka Razin; o el aclamado, Babi Yar, uno de sus poemas más populares, que recuerda la matanza por parte de las SS de 33.771 personas en la ciudad de Kiev en 1941,con ayuda de la policía ucraniana en el barranco que da nombre al poema, y comienza así:

 

No hay ningún monumento sobre el barranco de Babi Yar.

Sólo desparramadas rocas como rústicas tumbas.

Tengo miedo.

                        Hoy día me siento tan viejo

como todo el pueblo judío.

(…)

 

Pero también es el sentimiento amoroso el espejo natural de la expresividad emocional. Así, abundan en su obra poemas que indagan en este sentimiento, que se esfuerzan en meditar con la soledad como modo de convivir con esa pulsión amorosa. Además, Yevtushenko habla del amor como fuerza creadora, génesis de conciencias, indisociable de las preocupaciones sociales, del sentimiento de colectividad. El final del poema, Hijos del amor, retrata bien esta perspectiva:

 

Yo fui la bujía de dos almas, de dos cuerpos

                        que en un instante se transformaron en uno solo.

Soy hijo del amor…

                        entre aquellos que no conocen el amor,

me gustaría compartir mi secreto familiar de cómo amar:

húndete en una fiebre sagrada

                        y sin duda sobrevivirás

emergiendo con un milagroso aullido entre tus manos.

 

Rafael Alberti, como Neruda, tradujo algunos poemas de Yevtushenko. Hay algunas cercanías entre los personajes poéticos de ambos, recuerda Yevtushenko a ese Alberti de raras camisas, chalecos y cabellos estentóreos que canta con voz viva delante de su pueblo al siempre sostenido ciego amor, más allá de la muerte (2).

 

Y, en consecuencia, tenemos un libro muy versátil, que recorre emocionalmente los últimos años del estalinismo, así como los 30 años últimos del sueño comunista. Hubiera sido deseable una traducción más cercana, pero el conocimiento próximo del autor por parte del traductor, la revisión por Yevtushenko de varios de los poemas, son palpables a lo largo de la edición. Acabaré citando el comienzo del poema que da título a la compilación, respira bien ese aire por el que se mueve la poesía del poeta ruso:

 

Las rejas se fueron abajo por la tormenta

y nosotros, niños ladrones entre las tristes sombras

éramos entibiados por nuestras camisas

repletas de manzanas robadas.

 

NOTAS

(1) Benjamin, W. Obras. Libro I/vol. 2. p. 313. Madrid. Ed, Abada, 2008.

(2) Alberti, R. Versos sueltos de cada día. Ed. Alianza. Madrid, 1982. p. 102.

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